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jueves, 12 de febrero de 2026

CULCAS, EL ÚLTIMO REY TURDETANO

Culcas o Culchas fue el último rey o régulo turdetano que se resistió a la "pax romana".

El principal autor clásico que narra los hechos relacionados con Culcas es Tito Livio en su obra "Ab Urbe condita libri" (Historia de Roma desde su fundación) en los libros XXXIII y XXXIV. Y el principal libro moderno es el que escribió José Martínez Gázquez, "La campaña de Catón en Hispania", de la Universidad de Barcelona.

Hay poca información sobre él pero suficiente para hacernos una idea de su importancia. Fue un régulo ibero turdetano de finales del siglo III a.C. y principios del II a.C. que gobernó hasta 28 ciudades (oppida), al parecer desde Jaén hasta Carmona y Huelva. En el año 209 a.C., en el marco de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, aportó al ejército romano de Escipión alrededor de 3.000 infantes y 500 jinetes procedentes de su dominio sobre tantas ciudades.

Pero pasados unos años y establecido el dominio romano ocurrió la Revuelta Ibera (197-195 a.C.), que fue una rebelión de los pueblos iberos de las provincias Ulterior y Citerior, creadas poco antes en Hispania por la república romana para regularizar el gobierno de estos territorios. Se levantaron contra esa dominación romana principalmente por haber establecido un impuesto, el stipendium, que no fue aceptado por abusivo por las tribus iberas que todavía gozaban de una cierta estructura política y capacidad de reacción.


La rebelión fue encabezada por Culcas, que regía por entonces 17 ciudades en la Hispania Ulterior, y se extendió rápido hacia el noreste, la Citerior. Entre los otros régulos de la Ulterior que se unieron a su causa destacó por su importancia Luxinio. Culcas y Luxinio contrataron inicialmente a 10.000 guerreros celtíberos, conocidos por su especial valor y dureza en la batalla, quienes fueron mandados por sus propios cabecillas, Budar y Besadino, para que se sumaran a sus tropas turdetanas. La revuelta hizo que los romanos perdiesen el control efectivo sobre numerosas regiones.

Iniciada la revuelta en la provincia Ulterior, Roma envió a los pretores Cayo Sempronio Tuditano a la provincia Citerior y Marco Helvio Blasión a la Ulterior. Poco después de que la rebelión se propagase por la Citerior, Cayo Sempronio Tuditano murió en combate. Sin embargo, Marco Helvio Blasión, que al llegar a su provincia Ulterior se dio de bruces con la revuelta, consiguió una importante victoria sobre los celtíberos en la batalla de Iliturgi (muy posiblemente Mengíbar, Jaén). La situación seguía lejos de estar controlada y Roma envió a los pretores Quinto Minucio Termo y Quinto Fabio Buteón en un nuevo intento de solucionar el conflicto. No obstante, aunque éstos lograron algunas victorias, como en la batalla de Turda (quizá Requena, Valencia), donde Quinto Minucio logró incluso capturar al general hispano Besadino, tampoco consiguieron resolver del todo la situación.

Fue entonces cuando Roma hubo de enviar en el 195 a.C. al cónsul Marco Porcio Catón al mando de un ejército consular a suprimir la revuelta. Cuando llegó a Hispania encontró toda la provincia Citerior en rebeldía, con las fuerzas romanas controlando solo algunas ciudades fortificadas. Catón estableció una alianza con Bilistages, rey de los ilergetes, y contaba también con el apoyo de Publio Manlio, recién nombrado pretor de Hispania Citerior y enviado como ayudante del cónsul. Catón había llegado a Hispania desembarcando en Rhode (Rosas, Gerona) y sofocó la rebelión en esta antigua colonia griega. Posteriormente se trasladó con su ejército a Emporion (Ampurias, Gerona), donde libraría la mayor batalla de la guerra contra un ejército indígena ampliamente superior en número. Después de una larga y difícil batalla, el cónsul consiguió una victoria total, inflingiendo 40.000 bajas en las filas hispanas. Después de la gran victoria de Catón en esta batalla decisiva, que había diezmado las fuerzas hispanas, la provincia Citerior cayó de nuevo bajo control de Roma.

Marco Porcio Catón, político, militar y escritor romano (234 a.C. - 149 a.C.), conocido tras su muerte como Catón el Viejo.


Por otro lado, la provincia Ulterior seguía sin estar controlada por Roma, y el cónsul Catón tuvo que dirigirse hacia allí para apoyar a los pretores Publio Manlio y Apio Claudio Nerón. Catón intentó establecer una alianza con los celtíberos, que actuaban como mercenarios pagados por los turdetanos encabezados en un principio por Culcas y Luxinio, pero no logró convencerles. Los encuentros se realizaron en la zona minera de Sierra Morena. Tras una demostración de fuerza, pasando con las legiones romanas por el territorio celtíbero, les convenció para que volvieran a sus tierras, y los turdetanos fueron vencidos. Así acabó la guerra en la Hispania Ulterior.

La sumisión de los iberos en la Citerior era solo en apariencia y cuando corrió el rumor de la salida de Catón hacia Roma, la rebelión se reanudó. Catón tuvo que actuar de nuevo, lo cual hizo con decisión y efectividad, venciendo a los sublevados definitivamente en la batalla de Bergium (posiblemente Berga, Barcelona). Finalmente, Catón vendió a los cautivos como esclavos y los indígenas de la provincia fueron desarmados.

Un total estimado de unos 80.000 combatientes hispanos más un número indeterminado de civiles muertos costó la victoria de Roma. Además, el botín de guerra que se llevó a Roma fue enorme. Para evitar posibles revueltas futuras, Catón rebajó los impuestos en la Hispania romana. Pronto Roma inició su expansión por el resto de Hispania, que le costó mucho más de lo que pensaba.

Y sobre Culcas no se sabe qué fue de él durante el conflicto, pues Tito Livio ya no lo nombra más en su obra durante el proceso de la Revuelta Ibera. No se sabe si murió en alguna importante batalla como la de Iliturgi o en otra menor cuando llegó Catón a Sierra Morena y el Alto Guadalquivir. O si fue apresado en algún momento del conflicto y ajusticiado posteriormente, o sobrevivió aunque despojado de todos o gran parte de sus poderes y privilegios.


Culcas es un personaje tan destacado como poco conocido de nuestra historia, y solo tiene un monumento que lo recuerde. Se trata del metálico Guerrero Ibero que hizo el artista José Ríos para Jaén, situándose en lo alto del Cerrete de los Lirios, en un parque de la capital jiennense. Inspirado en el Guerrero de la doble armadura, destacada escultura del siglo V a.C. hallada en la necrópolis de Cerrillo Blanco de la antigua ciudad ibera de Ipolca (la romana Obulco, actual Porcuna, Jaén), José Ríos lo dedicó a Culcas, que, como se ha dicho, su mandato abarcó hasta la actual provincia de Jaén, seguramente la parte occidental turdetana y túrdula, incluyendo posiblemente, por tanto, la ciudad de Jaén, la ibera Aurgi. Ahí está el guerrero de más de 6 metros de altura, con su escudo con la figura del lagarto - dragón, símbolo de origen inmemorial de la ciudad de Jaén, oteando firme el horizonte, vigilando la ciudad, el último que se resistió ante unas legiones que finalmente impusieron el poder de Roma que nunca más se puso en cuestión por estas tierras.


jueves, 30 de enero de 2025

LIBRO "JAÉN SAGRADO Y MISTERIOSO"

 


El día 18 de diciembre de 2024 se publicó mi tercer libro, también dedicado a la ciudad de Jaén, aunque también aparecen lugares de algunas poblaciones de la provincia por su relación con ella.

Esta obra recoge el testigo de "El Dragón de Jaén" y "Jaén paranormal" tomando la información más destacada que aparece en ellos pero actualizándola, ampliándola y mostrando temas y datos inéditos fruto de la investigación en estos últimos años, para así convertirse "Jaén sagrado y misterioso" en el libro más completo de los que se han realizado de estas temáticas. Es el libro de los enigmas de la ciudad de Jaén y sus lugares históricos y sagrados.

Líneas ley o corrientes de energías telúricas y los lugares históricos por donde pasan, las leyendas fundamentales y más significativas, correlaciones estelares en la ciudad, a destacar la del Dragón y la Virgen de la Capilla, la Mesa de Salomón, Jaén como centro sagrado ancestral desde al menos la época ibera, misterios y leyendas paranormales...

Como se dice en el texto de la contraportada:

Esta obra es una guía de los lugares sagrados de la ciudad de Jaén y de cómo se relacionan en conjunto en la geografía del municipio, que de esta manera se muestra con una sorprendente geografía sagrada que este libro plasma como si fuera un atlas.

Por sus páginas aparecen lugares muy conocidos y otros no tanto o nada, desde la catedral hasta yacimientos prehistóricos, pasando por iglesias o palacios, exponiéndose historia y leyendas, religión y mitos, santos y dioses, arte y símbolos, ortodoxia y heterodoxia, pues todo convive en un Jaén de origen pentamilenario, que es una de las ciudades más antiguas y enigmáticas de España, la ciudad del Lagarto - Dragón, y que pudo ser el centro sagrado ancestral de un amplio territorio.

En sus manos tiene amplia información basada en la documentación y la investigación, la cual ha dado como frutos nuevos datos y reveladores descubrimientos que hasta ahora no se habían publicado sobre la capital del Santo Reino.


Disponible en las librerías de Jaén: Escolar, Metrópolis, Delfos y Don Libro.

Compra online para España peninsular:
https://www.libreriadonlibro.com/libro/jaen-sagrado-y-misterioso_1418676

miércoles, 17 de diciembre de 2014

LA GIOCONDA DEL PRADO

La Gioconda del Prado es un maravilloso óleo sobre tabla de 76 cm por 57 cm, de autor anónimo, fechado entre 1503 y 1516. Se considera la mejor copia de "La Gioconda" o "La Mona Lisa" de Leonardo da Vinci (Louvre, París), y a partir de 2010, con su restauración, se descubre que esta del Museo del Prado (Madrid) fue pintada al mismo tiempo que la original y, por tanto, tiene que ser de un discípulo suyo muy cercano y hábil, quizá Francesco Melzi o Andrea Salai, si bien expertos italianos apuntan a un discípulo español, acaso Fernando Yáñez de la Almedina o Hernando Llanos.
Alessandro Vezzozi rechaza las atribuciones a Melzi o Salai señalando que da Vinci documentó en sus manuscritos al autor como un «Fernando, pintor español» que podría ser Fernando (variante de Hernando) Llanos o Fernando Yáñez de la Almedina. También Pietro Marani, considerado el principal experto en Leonardo, descarta la autoría de Salai o de Melzi, que aún no era ni aprendiz de Leonardo.

La Gioconda del Prado antes de la restauración.

La Gioconda del Prado tras la restauración muestra un magnífico estado.

La Gioconda española se conserva mucho mejor que la original, considerada sumamente frágil y que los responsables del Louvre se niegan a restaurar por los riesgos que implica. Según los expertos, este cuadro gemelo permitirá descifrar algunos de los famosos misterios que rodean al original.
Su estado de conservación es mucho mejor que el de la obra del Louvre por la naturaleza de la tabla de mejor calidad, siendo de nogal con un grosor de 18 mm, a diferencia de la obra del Louvre, de chopo, de inferior calidad y de 13 mm de grosor. Su aspecto más limpio y su ejecución más nítida permiten obtener información sobre el paisaje de fondo y sobre detalles de elementos poco visibles en el cuadro de París: el color pelirrojo del cabello, el vestido, el velo, la silla... La tabla de tan buena calidad suscita interrogantes sobre quién encargó la obra. Según palabras de Almudena Sánchez Martín, restauradora del Prado, "el nogal es una de las maderas de mayor calidad, una madera cara, que no la utilizaban muchos pintores, nada más que los que podían permitírselo, y ha demostrado a lo largo de 500 años la gran estabilidad que tiene esta madera con el paso del tiempo". Según palabras de Ana González Mozo, "el cielo está pintado con lapislázuli, es una obra hecha con materiales de mucha calidad,... los materiales son muy buenos, nadie trabaja con materiales tan buenos si no es un encargo importante". Asimismo el periodista Javier Sierra ha comentado que "también presenta laca roja, que es también muy rara, un material muy costoso".
Vincent Delieuvin, conservador de pintura italiana del museo del Louvre, afirmó, en una entrevista de la revista Ars Magazine en su número 15, que "es muy posible que Leonardo interviniera en La Gioconda del Prado" así como que "los arrepentimientos que se aprecian en estas copias de taller tienen relación con los dibujos autógrafos de Leonardo y seguramente puedan tener intervenciones suyas", haciendo referencia a una carta de Pietro de Novellara a Isabel de Este donde le relataba una visita al taller de Leonardo en Florencia en 1501. Asimismo, en el dibujo del paisaje de la obra del museo del Prado, a la derecha de la figura, hay estrechas relaciones con el dibujo de Leonardo da Vinci llamado "Masa rocosa", datado hacia 1510-1515 (conservado en el castillo de Windsor), de ahí que la datación del cuadro del Prado se dilate en el tiempo hasta el 1516.

La Gioconda del Louvre.

Todos estos datos reconocidos oficialmente dejan entrever ciertos misterios sobre la Gioconda del Prado. Ya es muy llamativo que esta Gioconda, seguramente retrato de Lisa Gherardini, fuera pintada a la vez que la del Louvre en el taller de Leonardo y seguramente bajo su supervisión como poco, y que además esté realizada con mejores materiales.
Javier Sierra narra bien el enigma de la Gioconda de Madrid abriendo una fascinante posibilidad:
Ya a principios del siglo XX la obra había estado envuelta en polémica. Con el robo de la Gioconda del Louvre, la prensa volvió los ojos hacia esta poco considerada obra; un desconocido que firmaba como "The Spaniard" envió en 1911 una carta a The New York Herald aduciendo detalles técnicos que demostraban que el cuadro era un auténtico Leonardo. Según este anónimo, las descripciones que Vasari (el biógrafo de los principales artistas del Renacimiento, contemporáneo de ellos, y a quien debemos el título del cuadro) había hecho de la pintura de Leonardo se correspondían más con el cuadro del Prado que con el del Louvre.
Cuando un siglo después, a principios de 2011, se comprobó que el fondo negro de la obra era un añadido de 1750 y se procedió a retirarlo, apareció un paisaje idéntico al de la Gioconda de París. La noticia corrió alrededor del mundo con gran revuelo en los círculos artísticos y llamadas a la prudencia por parte de los responsables del museo del Prado.
Hay varias lagunas en torno a esta obra que son dignas de mención. La primera es su propia procedencia. La mención más antigua al cuadro de Madrid data de 1666 y se encuentra en el inventario de obras del Alcázar de Madrid. La hipótesis de los expertos es que fue un regalo de Diego Mesía, gobernador de Milán y experto en arte, a la corte española. Otra hipótesis apunta a que quizá lo importó a España Pompeo Leoni, escultor de Felipe II, el mismo que había adquirido de Orazio (hijo de Melzi, heredero universal de Leonardo) los dos códices de da Vinci que hoy se custodian en la Biblioteca Nacional.
El segundo enigma, sobre el que se han vertido ríos de tinta, se refiere a la identidad de la dama retratada. Vasari había descrito así la pintura: "En las cejas se apreciaba el modo en que los pelos salen de la carne, más o menos abundantes y, girados según los poros, no podían ser más reales."
Curiosamente, la Gioconda de París no tiene cejas, y estas no aparecen tampoco en las radiografías de la tabla, mientras que sí son bien visibles en la Gioconda de Madrid.
Existe también un boceto de Rafael Sanzio realizado en una de las visitas al taller de Leonardo, que muestra una dama más juvenil que la del Louvre flanqueada por dos columnas. Este elemento apenas se insinúa en la Gioconda francesa, pero sí destaca (y mucho) en la del Prado.
Javier Sierra ha encontrado otra pista en el Trattato dell’arte della pittura, escrito por un discípulo de Rafael llamado Giovanni Paolo Lomazzo, en donde dio con un encendido elogio a las obras de Leonardo; el autor las enumera y entre ellas alude a "la Gioconda y la Mona Lisa», es decir, ¡las cita como dos obras diferentes!


Por tanto, de una manera u otra, se abre la magnífica posibilidad de que la Gioconda del Prado sea una obra auténtica de Leonardo da Vinci que ha estado durante siglos en las Colecciones Reales de España hasta hoy que se muestra en el Museo del Prado de forma continua y llamando poderosamente la atención de las miradas con su mirada... y su sonrisa.



jueves, 12 de diciembre de 2013

LAS CLAVES ESOTÉRICAS DE LA ALHAMBRA

El palacio de la Alhambra, el gran monumento emblemático de la ciudad de Granada, tiene un significado esotérico que impregna toda la construcción, el cual una parte se refleja en su configuración y belleza pero otra permanece discreta y paciente.
Muhammad I, el fundador de la dinastía nazarí, más conocido como Alhamar y que nació en la también enigmática Arjona (Jaén), empezó las obras del palacio de la Alhambra a mediados del siglo XIII que hasta entonces solo era una fortaleza. Y Muhammed V, aliado de Pedro I en la guerra civil castellana y que tan belicoso fue con las tierras jiennenses cuna de su estirpe real, mandó construir el Patio de los Leones en 1377, finalizándose en 1390, siendo el culmen del palacio granadino. En poco más de un siglo la Alhambra tomó su forma fundamental conteniendo todas sus claves esotéricas. Para presentar estas claves, que vamos a considerar como siete, me apoyaré en el profesor y escritor Antonio Enrique, autor del "Tratado de la Alhambra hermética "(Port Royal, 2004).
Emplazada en un lugar privilegiado de al-Ándalus, confluencia de tres ríos y siete colinas que valió a diversos autores de la Antigüedad compararlo con los míticos Campos Elíseos, la Alhambra yergue sus contornos de fantasía bajo el palio de las nieves perpetuas de Sierra Nevada y sobre los verdes de su Vega legendaria, desde la cual parece un fantástico navío encallado en la colina de la Asabika, donde el palacio se asienta.


Y esta es la primera clave del monumento: la Alhambra surge ante nuestra vista como una prolongación natural y armónica del paisaje donde se asienta, no como una imposición humana de poder sobre un territorio. Existe, pues, continuidad entre paisaje y monumento, como si la Alhambra no hubiese sido tallada por mano humana, sino construida por la propia fuerza de los elementos telúricos.


Una segunda clave, ya en el interior, nos llevaría al mágico aserto de que «lo de arriba es igual a lo de abajo». Es así como la Alhambra semeja suspendida en el aire. La razón es muy concreta: la construcción posee superestructura (arcos, bóvedas, techumbres) mucho más sólida que la infraestructura (columnas, basas, capiteles) donde se apoya. Luego su efecto visual es este: la masa no parece pesar; de alguna manera la construcción semeja burlar las leyes gravitatorias. Así, el gótico europeo invierte aquí el sentido de su equilibrio, puesto que no se adelgaza hacia arriba, sino al contrario: de arriba hacia abajo. Lo cual redunda en la escenificación mágica del desdoblamiento espacial debido al reflejo de la construcción en las aguas de los estanques que le anteceden. Tal es el sentido del palacio de Comares, sobre el estanque de los Arrayanes, o de la torre de las Damas sobre la alberca del Partal.



La tercera clave ha de referirse forzosamente a la proporción de todos y cada uno de los volúmenes que se integran y articulan en la Alhambra. Absolutamente todas sus partes conforman un código de medidas áuricas. Como paradigma, pudiéramos referirnos al salón del Trono, inserto en la torre de Comares. La altura de la pirámide que corona tan increíble estancia es igual al radio del perímetro de sus cuatro lados, la suma de los cuales equivale a la altura total de la torre en cuyo interior se ubica. Antiguamente se denominaba cuadratura del círculo a tal efecto. La epínomis universal puede perfectamente constatarse en el patio de los Arrayanes, cuyo cociente entre ancho y largo nos ofrece el resultado de la mitad del número pi, esto es, la epínomis. Y si desde el mismo patio, contemplamos la torre sobre su arcada, arriba del estanque, podemos constatar que el total (suma de la altura total más la altura desde el suelo al listón que separa frontal de la torre y techumbre de la arcada) es igual a la mayor (altura total), como la menor (altura hasta el listón) es igual a la mayor.


La cuarta clave es para su simbolismo. Existe un simbolismo teológico y otro escatológico, como también de orden cromático y geométrico, y aún botánico, pues en la Alhambra todo es en razón a cuanto representa. El teológico contempla el salón del Trono como su mejor emplazamiento. Su techumbre es toda una escenificación del Paraíso, tal como lo establece la sura coránica que ornamenta una de las cenefas de sus muros. Pero lo es en la secuenciación geométrica, no figurativa. Vemos ahí, en este supremo artesonado, los siete cielos de su estructura, con origen en el último, o más alto, un cupulino que, en su centro, representa el ojo de Alá, el cual no es sino dos cuadrados cruzados en un octógono. Y es de aquí, de esta célula madre, de donde parte toda geometría prolongando sus segmentos, los cuales configuran polígonos sin fin, las ruedas de sus lacerías (zafates y candilejos), como plasmación de un firmamento constelado. El sultán se situaba en majestad exactamente debajo de este trono divino, como su contrapartida humana y tal como si hubiese de recibir su inspiración sagrada. Toda la Alhambra no es sino la prolongación de los ejes e intersecciones laberínticas que parten de este octógono; sus volúmenes se insertan en ellos, graduándose conforme una visualidad que confunde los perfiles. El simbolismo escatológico contempla, análogamente, el palacio de Comares como la representación de los distintos tránsitos de una jina, o itinerario astral, según el Libro copto de los Muertos: las siete puertas del Amenti (los siete arcos del Pórtico norte), el propio Amenti (sala de la Barca, con su artesonado de barca invertida), el Ialou (salón del Trono con las siete esferas de su bóveda), a lo que hay que añadir el iconográfico mar de Num (el propio estanque de Arrayanes, planta asociada –como el ciprés– a la inmortalidad). De manera que, caminando, trasponemos el Espacio al Tiempo. Mayor metáfora de eternidad no existe.


Otro tanto podría decirse del patio y palacio de los Leones. El arquetipo no es ya el Edén, sino su referencia coránica en el mundo terrenal: el oasis sagrado de Sabá, Iram de las Columnas, el palacio de Salomón. Pues es lo cierto, por inquietante que parezca. La Alhambra está concebida como Templo y Palacio de Salomón, según lo define el Libro de los Reyes. Y su proporción es exacta. El Templo de Salomón es Comares y el Palacio de Salomón Los Leones, con su fuente de mar de bronce. La célebre Fuente de los Leones es, sin duda alguna, uno de los elementos más misteriosos de la Alhambra. La fuente se ha comprobado con la reciente restauración que es un conjunto del siglo XIV realizado con mármol de Macael (Almería); por tanto, es contemporánea al palacio aunque posiblemente imita modelos más antiguos. Lo que parece indudable es que la fuente y sus leones constituyen una evocación salomónica. Al igual que el célebre Mar de Bronce (aunque con leones y no toros), son 12 los animales que sustentan la fuente. Estos tendrían también una significación astrológica, identificándose con los 12 signos del zodiaco y los 12 meses del año. Este detalle vendría refrendado por el hecho de que 3 de los leones miran hacia el norte, 3 hacia el sur, 3 hacia el oeste y 3 hacia el este, mirando los centrales de cada terna exactamente a esos puntos cardinales; además, de la fuente surgen los cuatro ríos del Paraíso señalados por los cuatro leones cardinales, ríos que fluyen cada uno a las cuatro estancias que rodean al patio. Todo ello sin olvidar que en la frente de algunos de estos leones descubrimos enigmáticos símbolos grabados...



Con ello, damos de pleno en la quinta clave, que no es sino la de su eclecticismo ideológico e iconográfico. ¿Eran conscientes los nazaríes del Reino de Granada de constituir el ápice de sabiduría, resultante de la transmisión cultural de todos los pueblos precedentes en al-Ándalus? ¿Fueron, por otra parte, como se especula, ciertos sus contactos con la orden templaria, desde sus encomiendas en la serranía de Cazorla, a través de familias jiennenses depositarias de su legado? Pues la Alhambra es una síntesis estilizada de elementos de muy diversa extracción: persas, egipcios, romanos, mozárabes, hebreos. Sobre todo, hebreos. Granada se llamaba entonces Gárnatha al-yeud, la Granada de los judíos. En la Alhambra, en su excepcional programa iconográfico, en su ocultismo cabalístico, dejaron constancia, puede decirse, de su código genético.


La sexta clave es para la luz, la luminosidad como elemento arquitectónico dinámico, implícito en la construcción misma. Esta luminosidad, inseparable del agua, que la refracta y reverbera, medida con precisión, minuciosa y primorosamente, es lo que provoca la sensación de irrealidad que nos asalta. Es una irrealidad, sin embargo, que se palpa, que se siente: una irrealidad, por así decir, tangible. El efecto es de espejismo. Los perfiles son nítidos en Comares, pero ondulantes, insinuantes, en Los Leones, porque en la Alhambra, como en todo edificio iniciático, existe una zona yang (épica, ascética, masculina) y otra yin (femenina y lírica, mística). Hay un vapor de oro que todo lo anega, procedente de las aéreas arcadas, que gradúan toda luminosidad, e irisa y descompone en todos los matices del espectro. Así puede observarse en los ajimeces y celosías de los cielos suntuarios de las salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, ésta última constituida en crisol de operación alquímica bajo la regencia del signo de Géminis, según consta en el poema inscrito en sus estucos de Ibn Zamrac. E igualmente por la noche, cuando el agua de las fuentes y mil hontanares cesa, y los mármoles irradian el plateado fulgor lunar, y el azul de las estrellas más remotas.



Y clave séptima final: la soledad, el sigilo, el recogimiento interior. Como todo monumento sagrado, la Alhambra transforma. Simplemente, hay que dejarse ir. La lección de la Alhambra consiste en constatar que no existe nada más apremiante para el ser humano de hoy que la constatación del gozo interior, recobrar el sentido del júbilo y la alegría de vivir. Comenzando por uno mismo, es posible entregar a los demás lo más positivo de nosotros mismos. Recuperando el instinto estético, en el más universal de los monumentos españoles, contribuimos a la paz y el entendimiento entre Oriente y Occidente, porque la Alhambra significa eso mismo: coexistencia, armonía, equilibrio entre lo uno y lo otro, y entre lo que se ve y no puede verse: la pura magia de los sentidos.


domingo, 1 de diciembre de 2013

LOS CAMINOS DEL ALMA, DE JUAN MIGUEL BUENO


Una preciosa exposición se muestra en estos días en el Museo Provincial de Jaén: "Los caminos del alma", de Juan Miguel Bueno. Su interés va más allá del artístico, que lo tiene y mucho; es también simbolismo, esoterismo, espiritualidad...


Juan Miguel Bueno Montilla nace en Sevilla en 1967 pero a los seis años se traslada con su familia a Porcuna, pues su familia es de la provincia de Jaén. Su formación artística comienza a temprana edad en el estudio de su padre, el pintor Manuel Bueno Carpio. Se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Granada, ciudad que supuso un revulsivo en su vida; a partir de entonces empezó a acumular experiencias vitales siempre muy unidas a su búsqueda de conocimiento espiritual, que ya estaba presente desde niño, y nunca olvidando su raíces, su pueblo, Porcuna, que tanto refleja en sus obras. Ahora, Juan Miguel es budista tibetano, que combina perfectamente con su conocimiento de nuestra cultura ancestral, que le sirve de arraigada base para crecer.

Dama íbera

Porcuna bajo la Luna

En "Los caminos del alma", Juan Miguel Bueno nos muestra su obra más íntima, aquella que hizo para ilustrar una búsqueda espiritual de más de treinta años. Su pintura está inspirada en la obra de místicos de diversas tradiciones. Sus cuadros nos invitan a iniciar un viaje hacia el interior de nosotros mismos. Con la inocencia de un niño nos adentramos en el cuerpo de la Gran Madre. Los versos de san Juan de la Cruz, las enseñanzas de Ibn al-Arabi, los escritos iluminados de los libros de alquimia, el amor cortés de los trovadores de Occitania, la cábala de la antigua Sefarad y el budismo tántrico de los lamas tibetanos nos orientarán hacia ese lugar donde sólo existe el momento presente; entonces, nuestra mente, liberada de todos sus miedos, podrá descansar en su paz natural y comprenderá la conexión espiritual que une a todos los seres del mundo.
Este último párrafo es casi literal del texto que aparece en el folleto de la exposición y que inicia también el libro catálogo de esta. Resume muy bien el sentido de la obra expuesta, y si se sabe algo de simbología y esoterismo es lo que se capta y se siente; incluso sin saber, la fuerza de sus imágenes arcanas y arquetípicas llegan al alma del visitante, que, como dice Juan Miguel Bueno, suele salir de la sala del museo con una significativa sonrisa y calma.

El Monte

La protección

Lo ancestral está muy presente en su obra, lo ibérico, lo medieval cristiano y andalusí; el arte de Diego Velázquez o de William Blake; lo contemporáneo de Picasso y del onírico Dalí; y lo local de Lorenzo Goñi o Manuel Kayser. Las estrellas de ocho puntas o tartésicas, las estrellas de seis puntas o Semillas de la Vida, el toro, la Luna, la granada, el corazón, la llave, la Mano de Fátima, el lagarto y casi siempre la Diosa Madre... una pléyade de símbolos utilizados sabiamente, desde el alma.

Todos tienen una estrella dentro

Turris eburnea

Todo junto se transforma, como si de un trabajo alquímico se tratara, en una obra única, fascinante, de una gran energía, llena de búsqueda sincera y aprendizaje enriquecedor, de Verdad, es decir, de ese conocimiento que es común a todas las religiones y filosofías, y que solo profundizando en sus vertientes más esotéricas se puede empezar a vislumbrar. Todo un viaje iniciático al que el autor invita humilde pero poderosamente a todo el curioso visitante.

Maternidad


Quisiera agradecer la amabilidad de Juan Miguel Bueno explicándome detenidamente su obra, tan ligada a su vida, a sus inquietudes espirituales, a su búsqueda de la Verdad...
Ha sido todo un placer conocer su sorprendente obra y, sobre todo, a él.
Muchas gracias. Un cordial saludo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL CAMINO MOZÁRABE DE SANTIAGO EN JAÉN

El Camino Mozárabe es el que recorrían los mozárabes del sur peninsular en peregrinaje hacia Santiago de Compostela, y que se une a la Vía de la Plata en Mérida. Los mozárabes eran los cristianos que durante la Edad Media vivían en territorio bajo dominio musulmán, conservando a pesar de las dificultades buena parte de sus costumbres y cultura hispanas; por tanto, también ellos desde un principio hacían su propio Camino de Santiago siguiendo las antiguas vías hacia el noroeste. Desde hace unos años este milenario camino ha sido rescatado y puesto parcialmente en valor para que los modernos peregrinos puedan seguir los pasos de nuestros ancestros. La ruta principal del Camino Mozárabe es desde Granada (concretamente desde su catedral) hasta Mérida pasando por Córdoba. Tres ramas se unen a esta ruta principal: una rama une Almería con Granada, otra Jaén con Alcaudete (Jaén) y la tercera Málaga con Baena (Córdoba). De esta forma el Camino Mozárabe nos lleva por las tierras de Almería, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba y Badajoz en un recorrido histórico, religioso y cultural de enorme interés y valor.
Jaén capital, como he dicho, es el inicio de una de las ramas del Camino Mozárabe. Esta rama tiene dos etapas: la primera es hasta Martos pasando por Torredelcampo y Jamilena; la segunda es desde Martos hasta Alcaudete, donde se une al camino principal que viene de Alcalá la Real y en origen de Granada.
En este artículo vamos a recorrer el Camino por el casco histórico de Jaén, que tiene bien señalizada la ruta, y de camino, valga la redundancia, vamos a hacer unos apuntes históricos y misteriosos de los lugares por donde pasaremos.
El inicio es en la plaza de Santa María, el lugar más emblemático de la ciudad, a los pies del templo más importante y sagrado, la Catedral de la Asunción de María. Su imponente fachada asombra por su majestuosidad, grandeza y belleza, dejando en segundo plano los otros dos edificios de interés de la plaza que le terminan de dar su carácter monumental, el Ayuntamiento y el Obispado.



Si nos fijamos en el pavimento de la plaza, enfrente de la puerta de la catedral que guarda san Miguel, veremos una baldosa que nos indica que estamos en el principio del Camino Mozárabe de Santiago.


Antes de empezar la ruta es conveniente hacer una visita a la catedral, bien por curiosidad o, mejor, para iniciar el Camino introduciéndonos en la atmósfera especial de este templo que nos preparará convenientemente para nuestra peregrinación.


Y para ello es recomendable llegar hasta la capilla de Santiago, en un lugar de honor en la cabecera junto a la Capilla Mayor. En la capilla encontramos en el retablo neoclásico un cuadro de Santiago Matamoros y otro de la aparición de la Virgen del Pilar a este apóstol. Puede ser un buen sitio para reflexionar sobre el Camino, que es un camino espiritual en la búsqueda de nosotros mismos, de nuestra divinidad en unión con el Todo-Dios. Pero otro sitio puede servirnos para este menester, y no es otro que debajo, ni más ni menos, que de la preciosa cúpula, centro de la catedral, pues en una de sus cuatro pechinas está el relieve de Santiago a lomos de su caballo; las otras tres pechinas están ocupadas por las representaciones de san Miguel, santa Catalina y san Eufrasio, siendo estos dos últimos patrones de Jaén y, el último, discípulo del mismo Santiago. Esto nos indica la importancia que a Santiago se le da en la catedral de Jaén.


Como ven, Santiago está muy presente en la catedral jiennense, teniendo incluso dedicados a él dos asientos del magnífico coro.


Esta obra maestra del Renacimiento, obra del genial Andrés de Vandelvira bien seguido por otros arquitectos como Juan de Aranda o Eufrasio López de Rojas, invita siempre a mirar hacia arriba, a elevar la mirada hacia sus bóvedas, a elevar el espíritu hacia el cielo...
Salimos de la catedral con buen ánimo de iniciar la ruta y desde la misma baldosa del Camino Mozárabe miramos en la dirección que nos indica, hacia la calle Maestra, eje principal de la antigua ciudad como su propio nombre indica.


En su inicio, un poco escondida en la fachada de la casa de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, está la plaquita de llamativo color que nos confirma el Camino, y de esta manera recorremos esta calle, también de las más emblemáticas de Jaén con sus elegantes casas tradicionales bien conservadas en general, y sus restaurantes y bares que sirven de punto de reunión y descanso a numerosos jiennenses y turistas. Solo los desperfectos en parte de su embaldosado enturbia el agradable paseo que nos ofrece.


La calle Maestra no es larga y en su final nos encontramos con el antiguo palacio del Condestable Iranzo (o lo que queda de él), personaje de gran importancia para Jaén y Castilla por aquellos años del siglo XV que vió el reinado de Enrique IV y la transición hasta el mandato de los Reyes Católicos. En realidad el palacio lo construyó en una posesión de los Torres, de la familia más importante de la ciudad, pues su esposa era María Teresa de Torres y Portugal, que entabló posteriormente a la muerte de su marido amistad con la reina Isabel I. Fue don Miguel Lucas de Iranzo un hombre especial que dio un impulso importante a la ciudad, se relacionó con diversos sectores de la población marginados como los judíos y gustaba de las celebraciones, todo ello aderezado por su interés por lo mágico, entre lo que se puede contar una especie de recorrido esotérico por los lugares sagrados de la ciudad. Murió asesinado en 1473 mientras rezaba en la catedral por sus enemigos políticos con la excusa de su apoyo a los judíos, quizá por algo más...


El palacio pasó a ser tras los siglos el Casino Primitivo y ahora es el Palacio Municipal de Cultura, conservando parte del edificio original, como unas arcadas del patio y un salón mudéjar. El insigne lugar ha tenido hasta presencias fantasmales...
Al lado de la fachada que da a la calle Maestra nos encontramos con una bifurcación en cuya esquina está un detallado panel del Camino Mozárabe de Santiago que incluye todas las poblaciones de la ruta, un plano con el recorrido por la ciudad de Jaén y una breve descripción de este.


Tomamos entonces la dirección indicada dejando la calle Maestra y tomando la calle Madre de Dios, llamada así por el antiguo hospital que en ella había, fundada por Luis de Torres, hijo del condestable Iranzo y Teresa de Torres.


En lo alto de esta corta pero empinada calle encontramos un curioso monumento, el Arco de San Lorenzo, cuya capilla fue precisamente utilizada por el hospital de la Madre de Dios.


El Arco es lo que queda de la desaparecida iglesia de San Lorenzo, y para salvarse fue declarado monumento nacional en 1877. Es una pequeña joya gótica mudéjar que merece la pena un alto en el camino. En él está enterrado Juan de Olid, secretario del condestable Iranzo, y se veló el cadáver de Fernando IV el Emplazado, que murió en Jaén en 1312; sí, se trata de ese rey al que maldijeron en Martos por mandar ejecutar a los Carvajales y cuya historia se mezcla con la leyenda y el misterio que envolvía aquellos tiempos de persecución a los caballeros templarios.


El carácter fúnebre parece perseguir a este monumento bajomedieval, que tiene hasta su leyenda fantasmal, la del padre Canillas, que se aparece precisamente para una misa de difuntos.


Sea como fuere, la cuestión es que el Arco de San Lorenzo conserva un encanto difícil de explicar en su interior y hasta en su exterior, pues pasando por él parece que cruzamos un pequeño túnel del tiempo hasta el medievo... a pesar del muchas veces molesto tráfico de vehículos que nos recuerda el tiempo actual que vivimos.


Junto a él una placa nos señala el Camino y tomamos la calle Almendros Aguilar, la antigua calle Maestra Alta, a diferencia de la que dejamos hace un rato que era la calle Maestra Baja, las dos columnas vertebrales del casco histórico.


La calle Almendros Aguilar fue antaño señorial, con grandes casonas de las que ahora por desgracia poco queda, destacando entre ellas una de monumental fachada renacentista de la que se dice fue propiedad en un principio del obispo Alonso Suárez a principios del siglo XVI, teniendo muchos usos a lo largo del tiempo hasta ahora que es una casa de vecinos.


Llegamos así hasta la plaza de Santiago, y aquí se nos cuela la decepción. Qué pena que esta ciudad no tenga su iglesia de Santiago, derrumbada en ese fatídico siglo XIX en el que empezaron a perderse muchos edificios históricos. Fue un templo cabeza de una parroquia y que tenía su importancia debido a su evidente relación con los santiaguistas. Una ruta jacobea sin templo dedicado a Santiago; en fin, nos queda un muro lateral que da a la calle Almendros Aguilar, muro que guarda parte de la cripta de la antigua iglesia y que se convirtió en refugio de la Guerra Civil. Por lo demás, estamos en un espacio urbano degradado por el enorme solar que ocupa la parte superior de la plaza, pero al menos la vista se alegra con las bellas vistas del monte de Santa Catalina con su Cruz y el Castillo que ya se ve de refilón.



Otra indicación junto al muro de la desaparecida iglesia, donde se encuentra la entrada al refugio, nos confirma la dirección a seguir, que es continuando por la calle Almendros Aguilar. Andamos ahora por un tramo más estrecho y humilde de la calle hasta llegar a su final donde otra placa jacobea nos vuelve a confirmar que sigamos recto en nuestro caminar para adentrarnos en el barrio de San Juan. Esta placa está en la esquina junto a la calle Elvín, que muestra una típica estampa con un tradicional espacio al fondo a manera de carmen escalonado; algunos proyectos para poner en valor tan pintoresco lugar han ido cayendo en el olvido, como aquel que quería hacer de este carmen ajardinado un punto de encuentro e interpretación de las culturas medievales de la ciudad. Ahí sigue esperando...


Llegamos pronto a la plaza de San Juan, dominada por la iglesia de San Juan Bautista con su torre del Concejo. Del templo gótico original no queda mucho, pero sus trazas están ahí con sus arcos apuntados, y la dicha torre medieval sigue señalando la hora oficial de la ciudad. Si al peregrino le apeteciera podría hacer una visita a su remodelado interior, donde encontrará alguna obra de gran valor, como el grupo escultórico del Calvario del siglo XVI.


En la primera esquina (por cierto, descuidada estéticamente) que nos encontramos en la plaza está la indicación de que el Camino ahora debe descender por una calle lateral a la iglesia, la calle de San Juan, y no por la que el plano del panel que vimos al final de la calle Maestra, que nos indicaba otra un poco más allá de la plaza en la que estamos.


La diferencia es poca entre una calle y otra, no tiene mayor importancia. Sin más, descendemos por la calle de San Juan, que tiene su encanto junto al muro de la iglesia.


Y llegamos a la calle Martínez Molina, con lo que regresamos a la antigua Maestra Baja que, como recordarán, era la calle que ahora en su inicio se llama solo Maestra y que fue el principio de nuestra ruta. La baldosa del Camino Mozárabe, que apenas si se ve en el pintado y pintorrejeado muro del solar de San Andrés, nos señala el sentido que debemos tomar. Estamos detrás de la iglesia de San Juan, cuya cabecera está bien cuidada en contraste con lo que tiene enfrente, en el otro lateral de la calle, el solar de San Andrés, polémico y en actualidad por la muy posible destrucción de unos importantes restos de casas medievales y huertos tradicionales con la excusa de la construcción de un instituto de enseñanza secundaria; estamos junto a la judería, y en este solar se han encontrado objetos valiosos, como un puntero y un amuleto hebreos. Ojalá se puede resolver a buen beneficio de la ciudad.


En este tramo de la calle Martínez Molina nos reencontraremos de nuevo con más movimiento de gentes, entre ellas los turistas que siguen esta vía desde la plaza de Santa María para visitar principalmente los Baños Árabes, situados en los bajos del palacio del conde de Villardompardo, en concreto de Fernando de Torres y Portugal, el más conocido de su linaje de los Torres que tan poderosos fueron en la ciudad, llegando a ser virrey del Perú en unos años durante el reinado de Felipe II.


Ahí es donde llegamos, al palacio de tan insigne conde, con su grande y sobria fachada que esconde un bello patio renacentista (que por ahora no se puede visitar por obras para acondicionar bien el edificio para los museos que acoge) y en sus cimientos los Baños Árabes del siglo XI, los más grandes de los que existen en España y muy bien conservados. Es un lugar con historia, arte, leyendas y misterios; si el peregrino gustara podría hacer una visita pero nosotros no nos vamos a detener en este edificio porque el Camino debe proseguir, nos esperan otros tres lugares más relacionados con nuestro andar espiritual. Y el primero está en la misma plaza donde se encuentra este palacio, la plaza de Santa Luisa de Marillac, conocida popularmente como la del Pato, por la fuente que en la imagen pueden ver.


La fuente, que encargara otro insigne personaje de Jaén, José del Prado y Palacio, para la antigua plaza del Mercado y que finalmente se trajo aquí, se compone de una oca, no un pato, que lucha con una serpiente que intenta morderle el cuello. La oca, símbolo inequívoco del Camino de Santiago, ha querido la providencia, o no, que se encuentre aquí, en una plaza del centro histórico que forma parte del tradicional Camino Mozárabe de Santiago. La oca, con sus patas palmípedas, su alas, encima de una pirámide octogonal, la serpiente, la lucha, el agua... símbolos claros de la Diosa Madre de la Sabiduría en su enfrentamiento con el reptil que quiere impedir la transmisión del conocimiento, una dualidad muy significativa para reflexionar. En fin, símbolos comunes en el Jaén esotérico que desde la catedral hasta la Magdalena toma sentido: la Diosa Madre, el conocimiento, el lagarto - dragón que lo guarda y protege, el héroe que vence al reptil, la cueva con agua...


En una esquina de esta plaza del Pato tenemos la indicación jacobea para que prosigamos nuestra ruta, ya con la sensación de que estamos guiados por la simbólica oca en nuestra búsqueda del conocimiento. Nos adentramos en la calle Santo Domingo, dirección hacia la Magdalena. Llegamos pronto a la elegante fachada principal del convento de Santo Domingo, en realidad de Santa Catalina. Aconsejo entrar en su patio, una obra magnífica, un lugar amplio, un remanso de paz... a pesar de que fuera sede de los inquisidores dominicos, de sus escuelas y de un orfanato; ahora es el Archivo Histórico Provincial, y su actividad y su equilibrada arquitectura hace, como he dicho, que sea en verdad un sitio tranquilo, que invita al descanso, a la reflexión, a conocer... santa Catalina, santa de sabiduría, patrona de Jaén, heredera de la Diosa...


Al fondo ya se ve, estamos llegando... ya hemos llegado al centro de la emblemática Magdalena. Otra placa a la derecha nos confirma el Camino.


Pero pronto nuestra mirada se gira hacia la izquierda, al monumento del Lagarto de la Magdalena o de Jaén. El lagarto de la famosísima leyenda, el lagarto que en realidad es un esotérico dragón...


Avanzamos un poco y ya contemplamos la sencilla belleza de la iglesia de María Magdalena; su torre coronada por un campanario octogonal parece saludarnos a nuestra llegada a la plaza del mismo nombre.


A nuestra izquierda se nos recuerda la presencia de otras culturas en Jaén, como fue la judía, por ese hexagrama que luce en la tradicional fachada de la casa que fue hace once siglos el sitio de nacimiento de Hasday ibn Shaprut, el sabio judío que fue uno de los principales personajes del califato de Córdoba.


A unos pasos, enfrente de la iglesia, se encuentra la Fuente de la Magdalena, alrededor de la cual se fundó la ciudad por lo menos desde época romana, quizás antes, pues seguramente ya era importante y sagrado para los iberos. Se trata del nacimiento de aguas desde una cueva en la que la leyenda sitúa la guarida del lagarto - dragón que tuvo que ser vencido por un héroe, pero para ello tuvo que recorrer las calles de Jaén hasta el otro extremo en un recorrido similar a este que estamos siguiendo con motivo del Camino Mozárabe y que yo he denominado la ruta sagrada del dragón como ya muchos sabéis por las investigaciones que he realizado.


Nos encontramos en un lugar muy especial en el que se unen todos los misterios históricos, religiosos y esotéricos de Jaén, es un lugar de iniciación, como parece indicarnos la advocación del lugar, santa María Magdalena, la gran iniciada del cristianismo.


La bonita portada gótico isabelina, la torre morisca, el antiquísimo patio de la mezquita que fue, el interior de la iglesia, sus nervios góticos, los símbolos... Pasée por ella el peregrino, empápese del lugar, de la luz sobre sus piedras y ladrillos, del rumor del agua de la alberca del patio, de sus rincones, de sus columnas, de las vistas al castillo de Santa Catalina (oh, fiel fortaleza siempre allí arriba protegiéndonos en nombre de la santa sabia), del entorno... 
Va a ser el último sitio sagrado que visitemos en la ciudad, pero es un inicio...


Dejamos con cierta nostalgia este lugar tan especial para seguir nuestro Camino, y la placa, bien puesta, nos señala la dirección a seguir por la calle Magdalena Baja.


Unos doscientos metros más allá llegamos a un pequeño ensanche de la calle con una vista estupenda del castillo a través de la calle Cruz de la Magdalena. El castillo nos ofrece quizás su mejor vista cerca ya del final de nuestra ruta urbana y parece recordarnos que sigue ahí como si fuera un eterno guardián de la ciudad y sus secretos.


Al final del dicho ensanche otra placa, que es la última, nos vuelve a indicar perfectamente el Camino, que ya continua por la calle de la Puerta de Martos, que nos recuerda que nos acercamos al lugar donde estuvo la salida hacia Martos, ciudad que es el final de la primera etapa del Camino Mozárabe.


Y, tras un centenar de metros, llegamos al sitio donde se alzó la gran Puerta de Martos, lamentablemente derrumbada, la salida de la muralla hacia el camino secular hasta la también histórica y misteriosa localidad de Martos, a unos 20 kilómetros, pasando antes por Torredelcampo y Jamilena.


A partir de aquí, el casco antiguo se acaba, la vieja ciudad se terminaba, ya era extramuros, los mozárabes pisaban un camino envuelto de campos y montes, de naturaleza y alguna que otra ermita y fuente, ese ya es otro camino, otra forma de andar, de sentir, interiorizando lo que se observó, anhelando el siguiente paso que le acerque poco a poco a Santiago de Compostela.
Por mi parte es todo, hasta aquí llego. Me vuelvo a las faldas de Santa Catalina... Quizás algún día vaya más allá de la Puerta Martos, y, a lo mejor, se lo cuente a ustedes. Pero, a lo mejor, algunos de ustedes se animarán antes que yo y me lo contarán a mí...
Buen viaje.