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jueves, 30 de enero de 2025

LIBRO "JAÉN SAGRADO Y MISTERIOSO"

 


El día 18 de diciembre de 2024 se publicó mi tercer libro, también dedicado a la ciudad de Jaén, aunque también aparecen lugares de algunas poblaciones de la provincia por su relación con ella.

Esta obra recoge el testigo de "El Dragón de Jaén" y "Jaén paranormal" tomando la información más destacada que aparece en ellos pero actualizándola, ampliándola y mostrando temas y datos inéditos fruto de la investigación en estos últimos años, para así convertirse "Jaén sagrado y misterioso" en el libro más completo de los que se han realizado de estas temáticas. Es el libro de los enigmas de la ciudad de Jaén y sus lugares históricos y sagrados.

Líneas ley o corrientes de energías telúricas y los lugares históricos por donde pasan, las leyendas fundamentales y más significativas, correlaciones estelares en la ciudad, a destacar la del Dragón y la Virgen de la Capilla, la Mesa de Salomón, Jaén como centro sagrado ancestral desde al menos la época ibera, misterios y leyendas paranormales...

Como se dice en el texto de la contraportada:

Esta obra es una guía de los lugares sagrados de la ciudad de Jaén y de cómo se relacionan en conjunto en la geografía del municipio, que de esta manera se muestra con una sorprendente geografía sagrada que este libro plasma como si fuera un atlas.

Por sus páginas aparecen lugares muy conocidos y otros no tanto o nada, desde la catedral hasta yacimientos prehistóricos, pasando por iglesias o palacios, exponiéndose historia y leyendas, religión y mitos, santos y dioses, arte y símbolos, ortodoxia y heterodoxia, pues todo convive en un Jaén de origen pentamilenario, que es una de las ciudades más antiguas y enigmáticas de España, la ciudad del Lagarto - Dragón, y que pudo ser el centro sagrado ancestral de un amplio territorio.

En sus manos tiene amplia información basada en la documentación y la investigación, la cual ha dado como frutos nuevos datos y reveladores descubrimientos que hasta ahora no se habían publicado sobre la capital del Santo Reino.


Disponible en las librerías de Jaén: Escolar, Metrópolis, Delfos y Don Libro.

Compra online para España peninsular:
https://www.libreriadonlibro.com/libro/jaen-sagrado-y-misterioso_1418676

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL CABALLERO Y EL CABALLO

Todos tenemos la imagen del caballero medieval a lomos de su caballo guerreando por su rey o señor y su fe. Pero la figura del caballero trasciende lo obvio. El simbolismo del caballero está muy vinculado con el concepto hermético del desarrollo del hombre. El caballero es el dominador, el logos, principio que prevalece sobre la materia, que sería la cabalgadura. Así pues, la mística de la caballería estaría fundamentada en ese esfuerzo por lograr un tipo humano, el caballero, que sería superior en conocimiento y virtud al resto de los hombres. El simbolismo del caballero lo encontramos en todas las tradiciones. Ananda Coomaraswamy, citada por Cirlot, dice que "el caballo es el símbolo del vehículo corporal y el caballero es el espíritu; cuando alguien llega al término de su evolución, la silla queda desocupada y la montura muere necesariamente".


La representación del caballo es una de las más antiguas, apareciendo ya en las figuras rupestres del Paleolítico. En su origen, y a pesar de que su simbolismo resulte complejo, fue interpretado como un ser ctónico, es decir, vinculado a la tierra, si bien a menudo se le relacionó con los dominios lunares. En la religión zoroástrica, el caballo tiene su lado oscuro y negativo. En la mitología griega los centauros, mitad hombre y mitad caballo, son una clara exposición de la parte instintiva del ser humano. El caballo está presente como animal que acompaña a algunos dioses de esta mitología relacionados con lo ctónico y lo material, como es el caso principalmente de los caballos negros de Hades y los caballos de Poseidón y su esotérica consorte, Deméter, la señora de los caballos, la diosa madre - materia también conocida como Cibeles y Ceres. Además, Helios, el dios Sol, surca el cielo con su carro tirado por cuatro caballos blancos. El caballo blanco posee toda una simbología positiva y solar, constituyendo la representación del vigor, la virilidad y la juventud. Jung consideraba al caballo como la expresión del lado mágico que hay en el hombre. Quizás con ese sentido hay que considerar a Pegaso, el caballo alado que podía volar hasta llegar al cielo en presencia de los dioses, siendo el caballo favorito de Zeus, el dios supremo de la mitología griega.
Se puede entonces considerar al caballo simbólicamente como parte del hombre, esa parte material que sirve de medio corporal al espíritu para que se desarrolle, que es el caballero. En las leyendas y en los relatos medievales aparece con frecuencia la figura del caballero negro y, también, la del caballero verde y la del caballero rojo. Tales colores tienen un profundo significado hermético que habla de la transformación del individuo, desde un estado de oscuridad y regeneración (negro), pasando por un estado de aprendizaje (verde) hasta llegar a la sublimación (rojo).
El término caballero, como el de caballería y, por tanto, el de caballo, estarían relacionados, según algunos autores, con los conceptos de la cábala. Su origen etimológico seguramente no sea el mismo y sea cuestión de casualidad, pero no lo es que la cábala hermética constituye una clave indispensable para conocer el auténtico contenido de los llamados libros cerrados (esos textos cuya enseñanza no debía ser conocida por los profanos) y que los que conocían esta cábala, los que hablaban la lengua de los sabios herméticos, eran los magos - alquimistas, los trovadores y los caballeros.
De esto surge en realidad la figura del caballero andante que busca desafíos y hacer el bien, es decir, superarse personalmente en una búsqueda individual, un auténtico camino de iniciación. Se rige por un código de honor, el comportamiento caballeresco que todavía entendemos en nuestros días, para sí mismo y por el prójimo, sea hombre o mujer, teniendo hacia esta última un respeto inusual en siglos pasados, del que proviene el amor cortés hacia la dama que tanto cantaron los trovadores. El caballero andante, esotérico, es una figura literaria, es un ejemplo de comportamiento del que busca el conocimiento. Son ejemplos destacados y paradigmáticos los personajes semilegendarios de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo, como Lanzarote y Perceval; y los literarios Amadís de Gaula o Don Quijote de la Mancha, el cual guarda tras su capa superficial un verdadero caballero andante.



Incluso las órdenes militares de caballería en sus más altos niveles tienen que ver con ese concepto del esotérico caballero. Hospitalarios y templarios encabezan estas órdenes, a destacar estos últimos que son considerados en las principales obras griálicas como los caballeros del Santo Grial, es decir, sus custodios, relacionándose, por tanto, con los artúricos, que buscan el Grial para protegerlo, un brillante Grial que debería interpretarse como alto conocimiento.



Y siempre el caballero con su caballo, inseparable compañero de camino, hasta el punto que es parte de él, pues es el medio con el cual recorre su camino de búsqueda, ese camino hacia el bien y la verdad.

viernes, 31 de octubre de 2014

TODOS LOS SANTOS EN JAÉN... SAMAÍN.

Era costumbre, y sigue siendo todavía en buena medida para mucha gente, celebrar en Jaén el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, con una gran cena familiar de casi la misma importancia que la de Navidad. Antiguamente ese día el sonido de las campanas dominaba toda la ciudad. Desde las tres de la tarde, después de los credos, doblaban a muerto en la catedral, en las iglesias, en los conventos; lentas, reiterativas, las campanas se hacían dueñas de la población y encogían los ánimos; también durante la noche, y en lo alto de las torres los campaneros encendían fuegos que arrojaban siniestros resplandores.



Las visitas al cementerio, el desfile de coronas y de flores, de mantos y lutos, los responsos entre las tumbas, las carteleras de “Don Juan Tenorio”, todo contribuía a impresionar, a predisponer a las gentes para conmemorar el inmediato día de los Fieles Difuntos y asistir a las tres misas de privilegio.


Por las calles de la ciudad se situaban las castañeras, los paveros y los vendedores de mieles. Después de cantadas en los templos las vísperas de difuntos, las familias se reunían para rezar el rosario, comenzar la novena o el mes de ánimas. Se juntaban en casa de los abuelos o de los padres, si aquéllos faltaban, y se encendían lamparillas, una por el alma de cada allegado, otras por todos los difuntos. También se prendían las mariposas, muchas veces puestas dentro de las calabazas y melones ahuecados que tanto les gustaban, y gustan, a los niños para pasearlos por las calles. Y con ocasión de estas reuniones familiares se cenaban los platos propios del otoño. Una sopa sustanciosa, una verdura y el pavo de los Santos, acompañado de las primeras aceitunas de cornezuelo y de buenos vinos, y de postre castañas y batatas asadas, y las gachas con picatostes; luego se incorporaron dulces como los huesos de santo o los buñuelos. Después de la cena tan copiosa el tiempo transcurría entre los recuerdos de los que se fueron, hasta el momento de irse a dormir en una noche que para muchos era de sobrecogimiento y temor. El miedo a las almas errantes hacía que en la noche de vísperas del día de difuntos las gentes taparan las cerraduras de las puertas con las típicas gachas, para así evitar que en aquella inquietante noche entraran por ellas a sus casas.
Y este recuerdo de los queridos difuntos se estiraba devoto durante todo noviembre en una ciudad en donde había muchas cofradías dedicadas a las benditas Ánimas del Purgatorio; era el mes de Ánimas, el dichoso mes, que entra con los Santos y sale con san Andrés.
El tiempo fue suavizando las costumbres de aquel día, los rezos empezaron a relegarse y la cena fue perdiendo su carácter solemne y de tristes o respetuosos recuerdos. Y ahora solo queda una sombra de esta tradición, tan presionada por superficiales y comerciales costumbres estadounidenses, pero a pesar de todo sigue sobreviviendo y teniendo su encanto… Por cierto, parece ser que el hecho de hacer una gran cena familiar era costumbre peculiar de la ciudad de Jaén y no de otros lugares del entorno, teniendo un origen y motivación desconocidos pero de raiz muy popular… Quizás habría que remontarse al Samaín…
El Samaín, como se dice en Galicia, o Samhain para los británicos o Samonios para los galos, es la festividad de origen celta que está en la base de las tradiciones de los días de Todos los Santos y de Difuntos. Era la más importante de la antigua religión que no solo hay que considerar celta y que dominó Europa hasta la llegada e imposición del cristianismo a partir de finales del siglo II, celebrándose en tiempos más recientes siempre en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre pero que originalmente abarcaba tres noches que oscilaban alrededor del 5 de noviembre, en medio del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, cuando hubiera Luna llena. En el Samhain, que en su etimología gaélica significa “fin del verano”, se celebraba el final de la temporada de cosechas y sobre todo el Año Nuevo celta, que comenzaba con la estación oscura o invernal de seis meses que duraba hasta primeros de mayo; además era la fecha clave para reverenciar a los antepasados. Por tanto, era una fiesta de transición, por el paso de un año a otro, y también de apertura al otro mundo, el de los muertos, con una serie de festividades que duraban tres días con sus noches y que finalizaban con la fiesta de los espíritus en la noche de Luna llena, y con ello se iniciaba el Año Nuevo.


Los celtas celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los sacerdotes druidas, sirviendo como médium, se comunicaban con los antepasados esperando su guía en esta vida o la preparación para la otra en el Más Allá. Se creía que los espíritus de los ancestros venían en esa fecha a visitar sus antiguos hogares y la comunicación con ellos era más fácil. Se encendían velas y se dejaban en las habitaciones o en las ventanas para ayudar a guiar al hogar a los espíritus de los antepasados y de los seres queridos fallecidos. Incluso algunos ponían más sillas en las mesas y alrededor de las chimeneas para los invitados invisibles. En algunos sitios se preparaba una comida especial para los difuntos, que solía ser algún tipo de pastel o torta. Para los espíritus perdidos o que no tenían descendientes se ponían manzanas en las calles y en los caminos, y para mantener a otros espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares dejaban comida fuera, en las puertas o en los altares. Se vaciaban nabos o melones, posteriormente también calabazas tras el descubrimiento de América, para ponerles velas dentro como recordatorio de los difuntos y hacer una especie de procesión de almas. Algunas de estas costumbres siguen vivas con el sabor original en zonas de Galicia (donde ya se ha dicho se llama Samaín) y también de León, Zamora y el norte de Cáceres. Y Samhain o Samonios es como se llamaba para los antiguos celtas su primer mes del año, el que ahora es el mes de noviembre, con lo que todo el mes podría estar dedicado a las ánimas, como era costumbre en Jaén.
En la mitología celta, los áes sidhe o pueblos feéricos, es decir, de las hadas, también celebraban Samhain y dejaban más abierta la posibilidad de interactuar con los humanos. En la víspera de noviembre las hadas, de aspecto y altura humanos, podían tomar maridos mortales y se abrían todas las grutas de las hadas para que cualquier hombre que fuera lo suficientemente valiente pudiera entrar y admirar sus palacios llenos de tesoros. Pero eran muy pocos los hombres que se aventuraban voluntariamente en aquel reino encantado, pues sentían por las hadas un gran respeto mezclado con temor.


De esta manera, en Samhain o Samaín se abría el portal hacia el mundo de los muertos y otras dimensiones, era el momento perfecto para la comunicación, la adivinación y las invocaciones.

Extraído de uno de los capítulos del libro "Jaén paranormal".

jueves, 1 de mayo de 2014

BELTANE

Beltane (Buenfuego en irlandés) es una antigua festividad, una de las principales del calendario celta (y europeo en general), celebrada el 1 de mayo. Tiene mayor calado en Irlanda o Escocia, aunque también se celebra en otras regiones como Gales, Bretaña (Francia), Cornualles (Inglaterra) o Galicia (España). Sobrevive en la actualidad con prácticas folclóricas en Europa y la América anglosajona, y ha experimentado cierto grado de renacimiento tanto en lo folclórico como con ciertos ritos neopaganos.
Para los celtas, la noche de Beltane marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral, cuando las manadas de ganado se llevaban hacia los pastos verdes que solían ser las tierras de pasto de las montañas. Pero su motivo era la celebración de la fiesta en honor al dios Belenos. Este nombre significa brillante, resplandeciente y designaba al dios de la luz, el Sol y el fuego, energías renovadoras. Los romanos lo sincretizaron con Apolo. A Belenos se le asoció como compañera a la diosa Sirona. En Asturias su nombre ha quedado reflejado en la toponimia local; por ejemplo, en el concejo de Ponga se encuentra la localidad de Beleño, cuyo nombre deriva del dios celta.
En esta fiesta de renovación y fertilidad presidida por el dios de la luz y el Sol, Belenos, junto a su compañera Sirona, está claro su sentido primaveral, en la que con el creciente influjo del Sol la Naturaleza muestra su fertilidad. Por tanto, la simbología de lo masculino y de lo femenino se muestra abiertamente.



Una de las principales actividades de la festividad consistía en encender hogueras en las montañas y colinas por la noche. En la antigua Irlanda, la principal hoguera de Beltane se encendía en la colina central de Uisneach, "el ombligo de Irlanda", centro de rituales del país, el cual se encuentra ahora situado en lo que es Westmeath. En Irlanda, el prendimiento de hogueras parece haber sobrevivido mejor únicamente hasta el presente en el condado de Limerick, especialmente en la ciudad de Limerick con su noche de hoguera anual, aunque algunos grupos culturales han expresado interés en revivir el hábito en Uisneach y quizás en la Colina de Tara.
En el norte de España también hay presencia de celebraciones ancestrales en estas fechas. En Galicia se celebraba con una recogida nocturna en los campos de cultivo con antorchas llamadas fachucos, cuyas cenizas eran esparcidas por la tierra. En Cantabria, en el primer día de mayo se celebra desde tiempo inmemorial la fiesta de la Maya, o Consagración de la Primavera, en la que se planta un gran tronco de árbol en el centro de las aldeas y se le engalana con cintas y ramas de colores, con una clara simbología de reverencia fálica que se relaciona con la fertilidad de la estación primaveral. Se elige asimismo a la Mayadama, una moza que es vestida con ropas blancas adornadas con flores y motivos vegetales. En todas las tierras del centro de España se celebra ancestralmente el "pingado del mayo", como inicio de la primavera, con especial tradición en las tierras altas de Castilla, especialmente de Segovia, Burgos y Soria.



En general estamos hablando de la Festividad de los Mayos, también conocida como los Mayos simplemente o como Fiestas de Mayo. Esta celebración primaveral generalmente se hacía coincidir con el primer domingo de dicho mes y tenía antiguamente connotaciones rituales totémicas a la divinidad primaveral o de los árboles, que se han ido perdiendo con el paso de los tiempos.
La celebración de las fiestas mayales es común en muchos países de Europa donde existen variantes similares de la misma festividad, originada por Beltane como estoy exponiendo. Esta tradición fue asimilada por los romanos en su adoración y culto a multitud de dioses. También asimilaron esta tradición mayumea en honor de la llegada de la primavera y de las primeras flores del año, el día que corresponde con el actual primer día de mayo. Todo poblado romano tenía además de los dioses oficiales los propios autóctonos. En Hispania se adoraba a la diosa Bona Dea, también llamada Maya, Maia o Fauna, diosa de la fertilidad en la mitología romana con la que se celebraba la llegada de la primavera. Precisamente la maya o el mayo es un tronco o palo alto (árbol de mayo) que se alza o se alzaba en algunas regiones de Europa, en la plaza o lugar público durante el mes de mayo y donde concurrían los mozos y mozas a divertirse con bailes y festejos. Los jóvenes competían por trepar por el árbol hasta llegar a la parte superior donde debían coger una bandera, mientras las muchachas les animaban desde abajo bailando y cantando en torno al árbol. Aunque hable en pasado es evidente que estas tradiciones perviven de un modo u otro.



El Cristianismo ha asimilado esta Fiesta de Mayo como otras festividades paganas. Así, en relación con la Fiesta de Mayo, surgieron celebraciones como la Cruz de Mayo, reemplazando el tótem sagrado del árbol o el mástil por el símbolo cristiano de la Cruz, que sabemos que debe mucho como símbolo al árbol. Asimismo, en otras variantes, se identifica esta celebración con la introducción de la veneración a la Virgen María, sincretizando la fiesta de la Naturaleza y la fertilidad femeninas del pasado.

Pero Beltane tiene una vertiente más oscura. Se trata de la Noche de Walpurgis, celebrada en la noche del 30 de abril al 1 de mayo, principalmente en grandes regiones de Europa Central y del Norte. Es la conocida también como "la noche de brujas".
El origen de la festividad procede de antiguas celebraciones paganas germanas, adorando e invocando a los dioses de la fertilidad durante esa noche, pero este Beltane se adoptó para usos de brujería. Cuando llegó el cristianismo pronto, por tanto, se le atribuyó relación con el mal, incluso se le relacionó con un supuesto cumpleaños de Satanás. Puede ser una exageración, pero parece estar basada esta acusación en que realmente estos ritos paralelos a Beltane coqueteaban con el lado oscuro disfrazado de luz.
En la antigua Roma, el mes de mayo estaba consagrado a los antepasados (maiores). Era un mes en que en toda Europa se consideraba que los aparecidos hacían sus incursiones entre los vivos, entre ellos también los malintencionados, pudiendo haber aparecidas o mujeres embrujadas que quisieran engañar a los hombres casándose con ellos, con lo que había que tener mucha precaución durante este periodo.
En el centro y norte de Europa estaba muy extendida la creencia de que existía una divinidad que protegía a las brujas y que las reunía una vez al año en una montaña. Se decía que las brujas salían de sus casas formando cortejos hacia el punto de reunión. También es, como sabemos, una creencia en España, el conocido como akelarre. En la sierra del Harz, en concreto en su cima más alta, el Blocksberg, se celebraba una de las principales reuniones en esa noche. Así lo relata un autor de principios del siglo XVII:
Con relación a lo que pueden hacer las brujas se dice que untándose con ciertos ungüentos, hechos con grasa de gato o de lobo, leche de burra y no sé qué cosa más, pueden salir de sus casas montadas en palos o escobas por una vía común e incluso por un agujero angosto y volar por los aires, y así transportarse de un lugar a otro hasta donde celebran sus festines y francachelas con diablos. Se halla divulgada la especie de que las brujas de toda Germania, después de hacer su unto, son llevadas en cortísimo tiempo, durante la noche de las calendas de mayo, al monte llamado Blocksberg y Heinberg, en tierras de los bructeros, parte por sus demonios familiares y dilectos, que adoptan formas de macho cabrío, puerco, ternero y otros animales semejantes, parte sobre horcas y báculos, pasando luego toda la noche en juegos, comilonas y danzas con sus amantes.



¿Invención, exageración o verdad? Pienso que de todo un poco. Partiendo de una base, en la que quizás sí se hacían ritos dirigidos a entidades oscuras, se exageró sus manifestaciones y hasta se metieron en el mismo saco otros ritos tradicionales de esta fiesta de Beltane.
Es curioso que fue durante la Noche de Walpurgis de 1776 cuando el alemán Adam Weishaupt creó en los bosques bávaros a los Illuminati, los Iluminados de Baviera, ese grupo secreto que se dice ha perdurado hasta nuestros días y que supuestamente ejercen desde entonces el mal, disimulado de luz y liberalidad, como una escogida élite para dominar la Humanidad. Como parte de sus maquinaciones perversas también estaría la celebración misma del día del trabajador, que es, como sabemos, el 1 de mayo. Ese día de 1886, unos obreros anarquistas de Chicago organizan una huelga y muchos mueren por disparos represivos. Tres años después se designó ese día como del trabajador. Según los conspiracionistas, los mismos que organizaron la huelga tenían preparada la represión, formando parte de los Illuminati. De esta manera, daban en este día una falsa celebración a los trabajadores que en realidad no son más que esclavos que creen ganar derechos en un sistema socioeconómico que dominan ellos, que lo que hacen en ese día es celebrar su cumpleaños como organización, una organización que inventa y promueve los movimientos que llamamos de izquierda y derecha, y sus enfrentamientos. Una especie de burla satánica que se celebra ese día del 1 de mayo.
Es más, muchos piensan que el mismo dios Belenos no es más que el falso dios de la luz, Lucifer, con lo que tendría sentido que los que profundizasen en su culto, llámense brujas y brujos, o los Illuminati, en realidad lo hacían o lo hacen con la oscuridad, con el mal.

sábado, 19 de abril de 2014

¿CUÁNDO MURIÓ JESÚS?

Sobre las fechas claves en la vida de Jesús de Nazaret no hay nada seguro. De su nacimiento ya hablé en otro artículo (http://ianuacaeli.blogspot.com.es/2009/12/cuando-nacio-jesus.html), del cual hay más información y polémica debido a la suplantación de la fecha del 25 de diciembre, festividad pagana del Sol Invicto; pero de su muerte también hay datos muy interesantes que nos pueden dar la fecha real en la que pasó su pasión y muerte que se conmemora en la Semana Santa.

Crucifixión, de Peter Paul Rubens.

Se sabe que Jesús va a Jerusalén por la Pascua, al parecer a finales de marzo del año 30. Es crucificado un día antes del Sabbat (sábado), durante los preparativos de la Pascua, porque en ese año la fiesta coincidió con el Sabbat. Esta fiesta se celebra el 15 del mes judío de Nisán. En aquel periodo el 15 cayó solamente dos veces en sábado: en los años 30 y 33. Si Jesús predica durante un año, sólo puede ser el correcto el que correspondería al viernes 7 de abril del año 30. Si, en cambio, predicó durante tres años, como dicen los Evangelios, debió de ser el 3 de abril del 33. En todo caso, se está de acuerdo en que el fallecimiento debió de producirse a las 3 de la tarde, hora de Jerusalén, y resucitó en la madrugada del domingo sobre las 4 de la mañana, es decir, que no estuvo tres días muerto sino que resucitó al tercer día considerando el viernes, cuando murió, el primer día.
Entre los dos años posibles, el 30 y el 33,  hay fuertes razones históricas a favor del segundo. De lo contrario, habría que comprimir las predicaciones de Juan el Bautista, que murió antes, y del mismo Jesús a unos cuantos meses de duración.
La fecha del 7 de abril del año 30 la mantiene el jesuita japonés Yoshimasa Tsuchiya, según los cálculos de un calendario perpetuo de propia invención y considerando el hecho de que la muerte de Jesús ocurriera dos días antes de la luna llena, después del equinoccio de primavera. Esa misma fecha es la que da Juan José Benítez en su "Caballo de Troya", donde Jesús muere de parada cardiaca a las 14.57 horas y 30 segundos; ya sabemos que la fuente de información de J.J. Benítez es considerada por muchos como de dudosa o poca validez, pero es interesante dar el dato tan preciso del escritor español.
La otra posible fecha de su óbito, el 3 de abril del 33, la defienden dos científicos de la Universidad de Oxford, Colin J. Humphreys y W.G. Walddington. Parten de varios hechos: cuando muere ocurre un fenómeno natural casi al anochecer cual fue una Luna de un color rojo intenso que salió por encima de Jerusalén bañando el Gólgota con una luz crepuscular. Los dos científicos lo interpretan como un eclipse parcial de Luna. En el informe que envía Poncio Pilatos al emperador Tiberio le dice que "el Sol se oscureció, salieron estrellas en el cielo y por todas partes la gente encendió las lámparas". Hace referencia también a que sobre el mediodía el Sol desapareció tras las nubes de polvo gris en una furiosa tormenta de arena que se levantó de pronto. La conclusión es que entre el año 26 y el 36, años de gobierno del procurador de Judea, Poncio Pilatos, sólo hubo un eclipse parcial de Luna al comienzo de la noche y que fuera visible desde Jerusalén: el 3 de abril del año 33, a las 18.20 horas. La misma opinión tienen los astrónomos Livin Mircea y Tiberiu Oproiu, del Instituto Astronómico del Observatorio de Cluj (Rumanía), basándose en el eclipse en Jerusalén de ese año.


Por tanto, si Jesús nació el 6 o 7 a.C., según expuse en el artículo de su nacimiento, y murió el 30 o el 33, entonces vivió entre 35 y 39 años, no los 33 años que siempre se le adjudican.
Pero, en fin, tampoco tiene mayor importancia, y más si tenemos en cuenta el enorme valor espiritual de sus enseñanzas.

viernes, 31 de enero de 2014

LOS TESOROS OCULTOS DE LOS TEMPLARIOS

Las grandes riquezas de la Orden de caballeros del Temple despertaron la codicia del rey de Francia Felipe IV el Hermoso y del papa Clemente V. La sede del Temple en París casi se había convertido en el centro monetario internacional, depósito del tesoro real francés, generando envidias, especulaciones y leyendas en torno a esta orden que parecía ya tan alejada de su lema "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam" (nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre).



Entre las especulaciones y leyendas generadas destacaron sobremanera las referidas a la existencia y ubicación de un fabuloso tesoro una vez que la orden se disolvió en 1307, lo que motivó su búsqueda hasta incluso nuestros días. Poco antes de las detenciones, el gran maestre Jacques de Molay hizo quemar muchos libros y reglas de la orden. Hay datos que aseguran que un grupo de caballeros protagonizó una fuga organizada en la que pudieron llevarse el tesoro, sacado en secreto de la preceptoría de París, de noche, antes de las detenciones del 13 de octubre. Fue transportado hasta la costa atlántica, muy posiblemente hasta el puerto de La Rochelle, base naval de la orden, y cargado en dieciocho galeras.


Se habla de que los templarios pudieron custodiar no uno sino varios tesoros. Uno sería económico, otro de documentos y otro de reliquias, las más codiciadas de la cristiandad. A partir de aquí se ha dicho mucho de esta orden que se considera por algunos la primera banca de la historia: que estuvieron en América explotando minas de plata doscientos años antes del descubrimiento oficial; que dejaron sus secretos cifrados en el arte arquitectónico; que establecieron el culto a las vírgenes negras como símbolo de femenina sabiduría; que conservaron durante un siglo la Sábana Santa; que custodiaban el Santo Grial; que encontraron las Tablas de la Ley, el Arca de la Alianza y la Mesa de Salomón. En fin, tantas cosas que han hecho al Temple la orden más misteriosa de la historia.
Parece claro que el objetivo primordial de los nueve primeros hombres de la Orden de los Caballeros del Templo, cuando se asientan en 1118 en las caballerizas del antiguo templo de Salomón en Jerusalén, era la búsqueda de algo de capital importancia. Investigadores como Louis Charpentier creen que al cabo de nueve años de búsqueda, Hugo de Payens y sus ocho caballeros encontraron en Jerusalén el Arca junto a otras piezas de gran valor que llevaron a Francia, a la región del Languedoc, el último bastión de los cátaros antes de su exterminio a mediados del siglo XIII. Años después, tras la extinción de los templarios, una cúpula dirigente y clandestina se debió de instalar al otro lado de los Pirineos, en determinadas fortalezas templarias de los reinos de Aragón y de León, quizás con alguno de sus secretos tesoros. Desde hace muchos siglos, el Arca ha sido buscada en los subterráneos del antiguo templo de Salomón, en Aksum (norte de Etiopía), en alguna cámara secreta de las pirámides de Egipto, en la capilla de Rosslyn en Escocia, en alguna catedral gótica francesa o en castillos templarios como el de Ponferrada (León).
Para muchos, por tanto, el tesoro templario debió de ser la posesión del Arca de la Alianza durante un cierto tiempo. Arca que, además de contener las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná, podría ser un artefacto de un alto nivel tecnológico cuya existencia no podía ser revelada a nadie por la peligrosidad que confería su uso y hasta su mera posesión. Hay un relieve del Arca con una inscripción en el portal norte de la catedral de Chartres; la inscripción dice "Hic amittitur archa cederis" (Aquí queda depositada, obrarás según el Arca). ¿Una prueba de que el Arca fue encontrada por los templarios?


Para otros, el gran tesoro templario sería más bien el Santo Grial. Según la literatura griálica medieval, encabezada por el Pasifal (Parzival - Perceval) de Wolfram von Eschenbach, el brillante Grial era custodiado por un tipo de caballeros que hace pensar en los templarios. Además, el castillo donde se guardaba estaba, según los indicios, en el sur de Francia, en el Languedoc de los cátaros. Quizás estos junto a los templarios guardaron este tesoro. Se cuenta que del castillo de Montségur, uno de los últimos reductos cátaros que resistían, el día antes de caer en manos francesas en aquel tremendo asedio de 1244, escaparon por las escarpadas rocas un grupo de hombres con algo muy preciado, quizás el Santo Grial, que se llevó a las cuevas de Lombrives o más bien cruzó los Pirineos hacia otros cobijos en la península Ibérica; luego, a lo mejor, formó parte de ese tesoro templario que se trasladó a otras tierras incluso más allá del Atlántico. La leyenda o historia de los templarios como guardianes del Grial ha sido seguramente la que más literatura ha motivado, con personajes precursores como el nazi Otto Rahn, que con tanto ahínco investigó y buscó el Grial en las tierras pirenaicas.


Porque el tesoro oculto templario podría estar relacionado con sus viajes transoceánicos, lo que además explicaría otro de sus enigmas: el origen de sus inmensas riquezas que luego sirvieron para financiar la gran cantidad de templos góticos que presuntamente mandaron construir.
Y las claves podrían estar en la capilla de Rosslyn. La historia nos dice que el tercer conde de Saint Clair construyó en Rosslyn una capilla octogonal, de inspiración templaria y repleta de simbolismo esotérico, que es considerada por masones de todo el mundo como su lugar sagrado y en la que se dice enterraron los templarios sus tesoros, incluido el Santo Grial. En ella hay esculpidas mazorcas de maíz y otras plantas americanas. Esta es una de las evidencias que sustentan la autenticidad de una posible expedición realizada a América en 1398 por el noble Henry Saint Clair, con la ayuda de los hermanos Zeno, avezados navegantes venecianos. Su intención era fundar una nueva Jerusalén. En el caso de que fuera cierto este viaje se podría especular con la idea de que escondieran allí sus riquezas tanto materiales como religiosas. Uno de los indicios de la incursión templaria en América nace de una leyenda familiar en Escocia de la que tenemos datos gracias a la obra de uno de los descendientes de Saint Clair, Andrew Sinclair, titulada "La espada y el grial" (1992). Nos dice que el príncipe Henry Saint Clair partió en 1398 con trescientos colonos y doce embarcaciones. Su travesía  condujo a la expedición hasta la costa nordeste de los actuales Estados Unidos, que desembarcó en Nueva Escocia y dejó sus huellas en la costa de Massachusetts. Allí pasaron la primavera de 1399 para, después, regresar algunos de ellos a su lugar de origen. En una losa de la capilla de Rosslyn, construida en 1446 por un nieto de Henry, los miembros del clan Sinclair descubrieron la vinculación de sus antepasados con los templarios y comprobaron como, tras la disolución de la orden, un grupo de caballeros se refugió en las propiedades escocesas de los Sinclair, llevando consigo parte de sus documentos y riquezas. La familia Sinclair gastó, desde entonces, gran cantidad de dinero que, al parecer, procedían de América. Un secreto que ha quedado reflejado en un antiquísimo sello, datado en 1214, en el que puede leerse Secretum Templi al tiempo que muestra a un supuesto indio con plumas.




Y no es el único. En Francia, en el tímpano de la catedral de Vézelay, fechado alrededor de 1150, se halla representado otro amerindio con grandes orejas. O la presencia de indígenas americanos adornados con plumas en los conocidos graffitis de la catedral de Gisors.
Esta posibilidad de presencia templaria en América que muestran los Sinclair entronca con las investigaciones de Jacques de Mahieu, según el cual la flota templaria habría llegado a México en 1307 desde La Rochelle huyendo de la sabida persecución, a través de una ruta que los propios templarios ya habrían marcado desde tiempo antes, entre los años 1272 y 1294. Y el citado Charpentier cree que esas minas de plata estarían ubicadas en el Yucatán (México). Ahora bien, las islas Canarias podrían servirles de escala, vía América, y además como refugio y escondite del tesoro, ya que eran lugares seguros al no estar todavía conquistados, cosa que pasaría siglo y medio después por la corona castellana. De esta forma, el santuario de Nuestra Señora de la Candelaria contendría las claves de los tesoros materiales y espirituales que habrían sido puestos a salvo antes de la abolición de la orden. Esta tesis la mantienen investigadores españoles como Rafael Alarcón, Emiliano Bethencourt, Félix Rojas o José Antonio Hurtado, así como el noruego Thor Heyerdahl, quien afirmó en su día que Colón ya había viajado a América varios años antes de su descubrimiento oficial formando parte de una expedición danesa, pero parece más probable que más bien Colón sabía de las rutas hacia América por sus contactos, como proponen algunos, con personas que habían heredado el conocimiento templario a través de ciertas órdenes españolas y portuguesas fundadas tras la abolición de la orden del Temple.
Además, en los ropajes de la Virgen de la Candelaria original existían talladas unas extrañas letras cuyo significado aún se desconoce. La actual talla también lleva impresas estas letras. ¿Un mensaje cifrado relacionado con el Temple?



Si de las riquezas económicas poco se sabe, poco más se sabe de los tesoros religiosos o de conocimiento secreto. Ya he comentado la posibilidad del Arca de la Alianza y el Santo Grial. También estaría la Mesa de Salomón, que se cuenta no encontraron en Jerusalén sino más bien en Europa, siendo muchos los que opinan que estaba guardada en España, mayoritariamente se suele considerar que en Toledo o Jaén, ciudades a las que habría llegado de mano de los visigodos tras saquear Roma, que a su vez habría robado la Mesa del Templo de Salomón. La cuestión de si estaba en Toledo o en Jaén es fundamentalmente por el motivo de si hubo traslado de este importante objeto sagrado con la conquista árabe; hay quien cree que la Mesa no salió del mágico Toledo, en la enigmática Cueva de Hércules u otras poblaciones cercanas de la provincia, y otros piensan que sí fue trasladada por los árabes para llevársela fuera de España hasta Damasco pero que unos fieles guardianes consiguieron arrebatársela a tiempo por tierras de Jaén y allí se quedó en secreto. Luego, con el pasar de los siglos, el Temple se interesó por su paradero, quizás se quedó conforme sabiendo que estaba bien protegida, a lo mejor colaboraron, y en el tiempo de su persecución y abolición intentaron tomar la reliquia, con lo que se envió para ello desde París a un tal Petrus Verginus, o Pedro Bergino, pero parece ser que no se lo permitieron sus fieles guardianes en Jaén o Toledo. Fuera como fuese, de la Mesa de Salomón no sabemos nada seguro en nuestros días, solo leyendas y pistas que se pueden interpretar de distintas maneras.



Del gran tesoro de conocimiento y espiritual de los templarios tenemos como gran símbolo el Bafomet, esa extraña cabeza barbuda que tanto sirvió para acusarlos de herejía e idolatría. Unos dicen que sería la representación del rostro de Jesús de la Sábana Santa que ellos custodiaron durante un siglo, otros que era un ídolo de antiguos cultos oscuros, y otros que representaba el saber, la Sofía, que tanto anhelaban los caballeros templarios. ¿Conocimiento desde la oscuridad o desde la luz? El desconocimiento de lo que se traían en concreto entre manos los templarios hace que se nos muestren como ambiguos; lo que nos muestran precisamente sus supuestos tesoros, lo mismo amontonando riqueza material que espiritual, lo mismo del lado del mal que del bien, o eso parece...

domingo, 1 de diciembre de 2013

LOS CAMINOS DEL ALMA, DE JUAN MIGUEL BUENO


Una preciosa exposición se muestra en estos días en el Museo Provincial de Jaén: "Los caminos del alma", de Juan Miguel Bueno. Su interés va más allá del artístico, que lo tiene y mucho; es también simbolismo, esoterismo, espiritualidad...


Juan Miguel Bueno Montilla nace en Sevilla en 1967 pero a los seis años se traslada con su familia a Porcuna, pues su familia es de la provincia de Jaén. Su formación artística comienza a temprana edad en el estudio de su padre, el pintor Manuel Bueno Carpio. Se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Granada, ciudad que supuso un revulsivo en su vida; a partir de entonces empezó a acumular experiencias vitales siempre muy unidas a su búsqueda de conocimiento espiritual, que ya estaba presente desde niño, y nunca olvidando su raíces, su pueblo, Porcuna, que tanto refleja en sus obras. Ahora, Juan Miguel es budista tibetano, que combina perfectamente con su conocimiento de nuestra cultura ancestral, que le sirve de arraigada base para crecer.

Dama íbera

Porcuna bajo la Luna

En "Los caminos del alma", Juan Miguel Bueno nos muestra su obra más íntima, aquella que hizo para ilustrar una búsqueda espiritual de más de treinta años. Su pintura está inspirada en la obra de místicos de diversas tradiciones. Sus cuadros nos invitan a iniciar un viaje hacia el interior de nosotros mismos. Con la inocencia de un niño nos adentramos en el cuerpo de la Gran Madre. Los versos de san Juan de la Cruz, las enseñanzas de Ibn al-Arabi, los escritos iluminados de los libros de alquimia, el amor cortés de los trovadores de Occitania, la cábala de la antigua Sefarad y el budismo tántrico de los lamas tibetanos nos orientarán hacia ese lugar donde sólo existe el momento presente; entonces, nuestra mente, liberada de todos sus miedos, podrá descansar en su paz natural y comprenderá la conexión espiritual que une a todos los seres del mundo.
Este último párrafo es casi literal del texto que aparece en el folleto de la exposición y que inicia también el libro catálogo de esta. Resume muy bien el sentido de la obra expuesta, y si se sabe algo de simbología y esoterismo es lo que se capta y se siente; incluso sin saber, la fuerza de sus imágenes arcanas y arquetípicas llegan al alma del visitante, que, como dice Juan Miguel Bueno, suele salir de la sala del museo con una significativa sonrisa y calma.

El Monte

La protección

Lo ancestral está muy presente en su obra, lo ibérico, lo medieval cristiano y andalusí; el arte de Diego Velázquez o de William Blake; lo contemporáneo de Picasso y del onírico Dalí; y lo local de Lorenzo Goñi o Manuel Kayser. Las estrellas de ocho puntas o tartésicas, las estrellas de seis puntas o Semillas de la Vida, el toro, la Luna, la granada, el corazón, la llave, la Mano de Fátima, el lagarto y casi siempre la Diosa Madre... una pléyade de símbolos utilizados sabiamente, desde el alma.

Todos tienen una estrella dentro

Turris eburnea

Todo junto se transforma, como si de un trabajo alquímico se tratara, en una obra única, fascinante, de una gran energía, llena de búsqueda sincera y aprendizaje enriquecedor, de Verdad, es decir, de ese conocimiento que es común a todas las religiones y filosofías, y que solo profundizando en sus vertientes más esotéricas se puede empezar a vislumbrar. Todo un viaje iniciático al que el autor invita humilde pero poderosamente a todo el curioso visitante.

Maternidad


Quisiera agradecer la amabilidad de Juan Miguel Bueno explicándome detenidamente su obra, tan ligada a su vida, a sus inquietudes espirituales, a su búsqueda de la Verdad...
Ha sido todo un placer conocer su sorprendente obra y, sobre todo, a él.
Muchas gracias. Un cordial saludo.

lunes, 21 de octubre de 2013

LEYENDAS DE TESOROS DEL JAÉN OCULTO

Algunas de las leyendas de nuestro querido Jaén que más llaman la atención son las de los tesoros ocultos; tesoros escondidos por nuestros antepasados no se sabe bien por qué motivo.
En la plaza de los Huérfanos, en donde estaba una de las imponentes puertas de la muralla, la de Baeza, de la que ahora solo queda poco más que los cimientos, se sitúa una de las leyendas de este tipo más curiosas y esotéricas que se conservan.
Cuenta que unos ganaderos que estaban de viaje pidieron pasar la noche en una casa entre la plaza de los Huérfanos y la calle del mismo nombre. Aceptando la dueña por la generosa retribución que le ofrecían los pastores, estos se alojaron en el sótano, como ellos querían. A media noche la hija de los dueños se despertó y oyó unos extraños susurros que procedían de los sótanos de la casa, y sigilosamente descendió hacia ellos y vió, sin que los hombres se percataran de su presencia, como estos se encontraban alrededor de una vela encendida y pronunciaban unas palabras en un idioma que no comprendía, tras lo cual se abrió mágicamente uno de los muros; sin pausa, los pastores entraron por la grieta y al poco salieron cargados de monedas, joyas y otros objetos preciosos. Apagaron la vela y entonces la brecha del muro se cerró. Al día siguiente los ganaderos abandonaron la casa, y la muchacha, que había memorizado las extrañas palabras que oyó pronunciar, pidió a su madre, tras decirle escuetamente lo que había visto, que la acompañara al sótano esa misma noche. Encendió la vela, que estaba ya muy pequeña por el uso de los pastores, y repitió el ritual que había observado, pronunciando las palabras mágicas; entonces, efectivamente, se abrió de nuevo el muro, ante el gran asombro de la madre. Mientras que la madre se quedó sosteniendo la vela, la hija entró en la cueva y deslumbrada ante el magnífico tesoro que cobijaba se entretuvo y no hizo caso de la advertencia de la madre avisándole de que la vela estaba ya tan gastada que estaba a punto de apagarse y que, por tanto, cogiera lo que pudiera y que saliera enseguida, hasta que por fin la vela se apagó sin que la muchacha reaccionara a tiempo ante los gritos de la madre que veía cómo la entrada a la cueva se cerraba. La madre, desesperada, se lanzó hacia el muro, pero este ya era de nuevo una sólida pared de piedra. Allí dentro se quedó la muchacha y ya no tenía remedio, pues solo ella conocía las palabras del ritual.
Esta bonita y misteriosa leyenda recuerda poderosamente al cuento perteneciente a "Las mil y una noches" de la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones: la cueva que guarda un inmenso tesoro y que solo puede ser abierta y cerrada con la pronunciación de unas palabras mágicas, y en la que hay que tener mucho cuidado de no quedar encerrado.

Hay que tener en cuenta que la plaza de los Huérfanos está en lo que fue la entrada de la judería de Jaén, por la que se accedía desde el exterior por la Puerta de Baeza, que tenía a sus pies el barranco y arroyo de los judíos, con su puente homónimo. De esta manera se ha dicho que los ganaderos no eran sino judíos que volvieron a por sus riquezas que habían escondido en los sótanos de su casa antes de que fueran expulsados.

Plaza de los Huérfanos. Judería de Jaén.

Pero viendo el cariz esotérico de la leyenda también se les puede considerar como unos magos, seguramente judíos, que sabían de los tesoros ocultos de Jaén, pero esos tesoros no tienen que ser siempre materiales, sino que serían sagrados y tendrían que ver con el secreto conocimiento que guarda la ciudad. Otras leyendas jiennenses insisten en ello, en las galerías y cuevas que poseen un tesoro, y todo en un contexto misterioso y oculto que hay que respetar.
Existe otra leyenda en la ciudad que cuenta que en alguno de los muros del Castillo de Santa Catalina o en lo que era el recinto más amplio del Alcázar Viejo, había una cabeza de toro esculpida en piedra. Esta cabeza de toro tenía debajo un letrero con la siguiente frase: Enfrente del toro está el tesoro.

El barrio de la Magdalena a los pies del monte y el castillo de Santa Catalina.

Muchos fueron los que subieron al monte de Santa Catalina con picos y palas para buscar el tesoro que presuntamente indicaba el toro. El terreno de los alrededores de la cabeza estaba lleno de agujeros y montones de arena y piedras debido a las excavaciones, pero nadie daba con el ansiado tesoro.
Un día llegó un testarudo buscador de fortuna. Buscó durante muchas horas por todas partes. Comenzó, como todos hacían, por la parte de enfrente del toro, que es lo que indicaba la inscripción. Luego cavó a la derecha, después a la izquierda, más tarde por un lado, por otro, detrás... El resultado, al igual que sus antecesores, es que no encontró nada. La frustración y el enfado de haber trabajado tanto inútilmente y verse en la misma situación de tantos otros que lo habían intentado le llevó al arrebato de coger el pico, acercarse a la cabeza del toro y con gran fuerza e ira le propinó un tremendo golpe a la escultura de piedra en toda la frente, haciéndole un buen desperfecto. Más tranquilo tras vengarse de esa manera de la engañosa cabeza, se dio media vuelta dispuesto a abandonar el lugar, pero de repente escuchó un intenso tintineo metálico. Al volver la mirada hacia la escultura, vio con asombro que un gran chorro de monedas de oro surgía del agujero en la frente del toro. Había encontrado el tesoro que tanto deseaba. Y se dio cuenta que la inscripción que había debajo de la cabeza del toro no engañó nunca a nadie, sino que debía ser interpretada correctamente: al decir "enfrente del toro está el tesoro" se debía adivinar que era "en frente", pues era en la frente del animal donde esperaba ser descubierto el tesoro, no en las tierras que tenía enfrente.

Uno de los toros ibéricos encontrados en Cerrillo Blanco, Porcuna. Museo de Jaén.

Quizás nos esté queriendo contar algo más allá de lo evidente, como es normal en las verdaderas leyendas, pues estas buscan transmitir un mensaje a través del tiempo. Y sospecho que a lo mejor esta leyenda del toro y el tesoro oculta una idea, pues son varios los detalles que parecen indicarlo.
Primero, el lugar y su advocación, en lo alto del sagrado monte de Santa Catalina, donde se encuentra el castillo del mismo nombre, siendo una santa esotérica como pocas, de origen egipcio y en general del Mediterráneo oriental, sincretismo de las diosas de la sabiduría como eran Isis y, sobre todo, Hécate.
En este lugar dedicado, por tanto, a la Diosa del Conocimiento estaba la cabeza del toro, animal de ancestral culto en la Península Ibérica y que es símbolo del dios masculino, solar, de la fertilidad y la muerte, y también del conocimiento. Entonces hay una especie de dualidad femenina-masculina tan común en todos los cultos antiguos.
En Egipto, el toro sagrado era Apis, sobre cuya frente se colocaba el ureus y el disco solar, indicativos de su divinidad. Era símbolo de todo lo que he dicho anteriormente y era heraldo del dios primigenio Ptah. Luego, en época ptolemaica, el toro Apis se sincretizó con Osiris, dando origen a Serapis, manteniendo la figura del toro como su símbolo principal. Y es que para Grecia, de donde era originaria la dinastía ptolemaica, el toro también estaba unido a sus principales deidades masculinas, como Zeus, Poseidón o Helios, los grandes dioses del poder, el conocimiento y el Sol respectivamente.
Para los habitantes de Oriente Próximo el toro tenía un significado similar, como por ejemplo en relación al gran dios masculino Baal / Bel de los fenicios y cartagineses.
Y en todos los cultos al toro se incluían los sacrificios del animal en honor al dios que representara, para de esta forma conseguir su beneplácito y sus dones.
De esta manera, el toro es el dios masculino, del conocimiento solar, cuyo símbolo es el dorado disco del Sol, la luz dorada, el oro...

Toro Apis, con disco solar y ureus sobre su frente. Museo Nacional de Roma.

Sabiendo todo esto no sería entonces tan extraño pensar que esta leyenda nos informa de antiguos cultos en Jaén a la deidad masculina simbolizada por el toro, el cual se sacrificaba (¿en la leyenda, fuerte golpe en la frente?) para recibir los dones de fertilidad o/y conocimiento (¿el tesoro de monedas de oro que surge de la frente, la cabeza, la parte más sagrada del animal?).
No hay que olvidar que hay una significativa referencia histórica al toro en Jaén: en el barrio de la Magdalena, el lugar fundacional de la ciudad en donde está el sagrado nacimiento de agua a los pies del monte de Santa Catalina, existían unos famosos baños, y estos eran conocidos como los del Toro pues se decía que estaban presididos por una gran escultura de este animal...
Pero es otro mítico animal el que es símbolo del barrio de la Magdalena y de toda la ciudad: el lagarto. Esta leyenda del Lagarto de la Magdalena o de Jaén es la más popular de la ciudad y su fama es tal que la identifica. La versión más extendida es la de que en la cueva de la fuente que hay enfrente de la iglesia de la Magdalena se cobijaba un lagarto gigantesco que cuando salía se comía a las personas y animales que iban a por agua. Era tal el estado de miedo y desesperación que la población no sabía ya qué hacer. Pero resulta que había un preso en la cárcel condenado a muerte que pidió que se le perdonara si lograba matar al lagarto. Desesperados, los vecinos accedieron a su proposición. Entonces él pidió un caballo, una lanza, un saco de pólvora, una piel de cordero y un costal de panes calientes recién hechos. Fue de noche frente a la cueva con el costal de panes calientes y cuando el lagarto los olió, salió de la cueva; al ver al hombre fue hacia él pero este salió cabalgando y le iba echando los panes al lagarto, cruzando así la ciudad, cuyos habitantes permanecían en sus casas horrorizados. El preso llevó de esta manera al monstruoso lagarto hasta junto a la iglesia de San Ildefonso y allí le tiró el saco de pólvora envuelto en la piel del cordero y el lagarto se lo tragó creyendo que era un cordero y al poco de devorarlo la pólvora estalló y el lagarto reventó.
De esta manera la ciudad se pudo librar del terrible animal gracias al valor y la astucia del preso, que, por supuesto, fue liberado.

Monumento al Lagarto de la Magdalena en la calle de Santo Domingo. Jaén.


Una variante de la leyenda dice que fue un pastor el que hizo reventar al lagarto arrojándole la piel de un cordero rellena de yesca ardiendo, con lo que el lagarto se abrasó y murió. Ximénez Patón, en su "Historia de la antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén", de 1628, recoge esta versión de la leyenda. La otra versión menos popular y conocida, recogida por Alfredo Cazabán a principios del siglo XX, es la que cuenta que fue un caballero de reluciente armadura, o de armadura de espejos, el que se plantó delante del lagarto y este se quedó deslumbrado al brillar el sol en la armadura, hecho que aprovechó el caballero para matarlo de un espadazo.

Alfredo Cazabán.

Hay que tener en cuenta que en las crónicas antiguas no se habla de un lagarto sino de una gran sierpe, es decir, una enorme serpiente, es decir, típica denominación en los textos antiguos para este tipo de monstruos que no dejan de ser los legendarios dragones, y eso precisamente es, un dragón, lo que aparece en el escudo de la catedral de Jaén y lo que tradicionalmente se ha dicho asemeja la ciudad acostada a los pies del cerro de Santa Catalina, como dice Ximena Jurado en el siglo XVII y el deán Mazas en el XVIII.
El dragón es el guardián de los tesoros ocultos, normalmente en cuevas y lugares subterráneos, y el héroe debe luchar contra él para conseguir ese tesoro. ¿Ven las similitudes con las otras leyendas de tesoros? Y es que todo Jaén podría ser un tesoro en el que ciertos lugares destacarían, que serían los lugares sagrados ocupados por templos desde hace, como poco, la Edad Media, seguramente muchos siglos antes. Siguiendo la pista de que la antigua ciudad se parece a un dragón, elaboré una completa investigación que se hizo libro con el título de “El Dragón de Jaén”: los lugares sagrados desde el castillo hasta la catedral forman la figura celeste de la constelación del Dragón, el guardián de las tres manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, las hijas de Atlas; Dragón que fue muerto por el héroe por excelencia, Hércules, que se llevó su preciado y dorado tesoro de las tres frutas… Esto nos puede retrotraer hasta tiempos ancestrales e indefinidos en los que ya la búsqueda de tesoros era una tarea fundamental, pero no para lo material sino para el conocimiento y lo espiritual.

Hércules matando al dragón del Jardín de las Hespérides. Rubens. Museo del Prado, Madrid.


Artículo publicado en el nº 7, junio de 2013, de la revista Rayud, del colegio Ramón Calatayud de Jaén. Mi agradecimiento a Pedro Antonio López Yera, coordinador general de esta publicación, por invitarme a colaborar en ella.