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jueves, 30 de enero de 2025

LIBRO "JAÉN SAGRADO Y MISTERIOSO"

 


El día 18 de diciembre de 2024 se publicó mi tercer libro, también dedicado a la ciudad de Jaén, aunque también aparecen lugares de algunas poblaciones de la provincia por su relación con ella.

Esta obra recoge el testigo de "El Dragón de Jaén" y "Jaén paranormal" tomando la información más destacada que aparece en ellos pero actualizándola, ampliándola y mostrando temas y datos inéditos fruto de la investigación en estos últimos años, para así convertirse "Jaén sagrado y misterioso" en el libro más completo de los que se han realizado de estas temáticas. Es el libro de los enigmas de la ciudad de Jaén y sus lugares históricos y sagrados.

Líneas ley o corrientes de energías telúricas y los lugares históricos por donde pasan, las leyendas fundamentales y más significativas, correlaciones estelares en la ciudad, a destacar la del Dragón y la Virgen de la Capilla, la Mesa de Salomón, Jaén como centro sagrado ancestral desde al menos la época ibera, misterios y leyendas paranormales...

Como se dice en el texto de la contraportada:

Esta obra es una guía de los lugares sagrados de la ciudad de Jaén y de cómo se relacionan en conjunto en la geografía del municipio, que de esta manera se muestra con una sorprendente geografía sagrada que este libro plasma como si fuera un atlas.

Por sus páginas aparecen lugares muy conocidos y otros no tanto o nada, desde la catedral hasta yacimientos prehistóricos, pasando por iglesias o palacios, exponiéndose historia y leyendas, religión y mitos, santos y dioses, arte y símbolos, ortodoxia y heterodoxia, pues todo convive en un Jaén de origen pentamilenario, que es una de las ciudades más antiguas y enigmáticas de España, la ciudad del Lagarto - Dragón, y que pudo ser el centro sagrado ancestral de un amplio territorio.

En sus manos tiene amplia información basada en la documentación y la investigación, la cual ha dado como frutos nuevos datos y reveladores descubrimientos que hasta ahora no se habían publicado sobre la capital del Santo Reino.


Disponible en las librerías de Jaén: Escolar, Metrópolis, Delfos y Don Libro.

Compra online para España peninsular:
https://www.libreriadonlibro.com/libro/jaen-sagrado-y-misterioso_1418676

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL CABALLERO Y EL CABALLO

Todos tenemos la imagen del caballero medieval a lomos de su caballo guerreando por su rey o señor y su fe. Pero la figura del caballero trasciende lo obvio. El simbolismo del caballero está muy vinculado con el concepto hermético del desarrollo del hombre. El caballero es el dominador, el logos, principio que prevalece sobre la materia, que sería la cabalgadura. Así pues, la mística de la caballería estaría fundamentada en ese esfuerzo por lograr un tipo humano, el caballero, que sería superior en conocimiento y virtud al resto de los hombres. El simbolismo del caballero lo encontramos en todas las tradiciones. Ananda Coomaraswamy, citada por Cirlot, dice que "el caballo es el símbolo del vehículo corporal y el caballero es el espíritu; cuando alguien llega al término de su evolución, la silla queda desocupada y la montura muere necesariamente".


La representación del caballo es una de las más antiguas, apareciendo ya en las figuras rupestres del Paleolítico. En su origen, y a pesar de que su simbolismo resulte complejo, fue interpretado como un ser ctónico, es decir, vinculado a la tierra, si bien a menudo se le relacionó con los dominios lunares. En la religión zoroástrica, el caballo tiene su lado oscuro y negativo. En la mitología griega los centauros, mitad hombre y mitad caballo, son una clara exposición de la parte instintiva del ser humano. El caballo está presente como animal que acompaña a algunos dioses de esta mitología relacionados con lo ctónico y lo material, como es el caso principalmente de los caballos negros de Hades y los caballos de Poseidón y su esotérica consorte, Deméter, la señora de los caballos, la diosa madre - materia también conocida como Cibeles y Ceres. Además, Helios, el dios Sol, surca el cielo con su carro tirado por cuatro caballos blancos. El caballo blanco posee toda una simbología positiva y solar, constituyendo la representación del vigor, la virilidad y la juventud. Jung consideraba al caballo como la expresión del lado mágico que hay en el hombre. Quizás con ese sentido hay que considerar a Pegaso, el caballo alado que podía volar hasta llegar al cielo en presencia de los dioses, siendo el caballo favorito de Zeus, el dios supremo de la mitología griega.
Se puede entonces considerar al caballo simbólicamente como parte del hombre, esa parte material que sirve de medio corporal al espíritu para que se desarrolle, que es el caballero. En las leyendas y en los relatos medievales aparece con frecuencia la figura del caballero negro y, también, la del caballero verde y la del caballero rojo. Tales colores tienen un profundo significado hermético que habla de la transformación del individuo, desde un estado de oscuridad y regeneración (negro), pasando por un estado de aprendizaje (verde) hasta llegar a la sublimación (rojo).
El término caballero, como el de caballería y, por tanto, el de caballo, estarían relacionados, según algunos autores, con los conceptos de la cábala. Su origen etimológico seguramente no sea el mismo y sea cuestión de casualidad, pero no lo es que la cábala hermética constituye una clave indispensable para conocer el auténtico contenido de los llamados libros cerrados (esos textos cuya enseñanza no debía ser conocida por los profanos) y que los que conocían esta cábala, los que hablaban la lengua de los sabios herméticos, eran los magos - alquimistas, los trovadores y los caballeros.
De esto surge en realidad la figura del caballero andante que busca desafíos y hacer el bien, es decir, superarse personalmente en una búsqueda individual, un auténtico camino de iniciación. Se rige por un código de honor, el comportamiento caballeresco que todavía entendemos en nuestros días, para sí mismo y por el prójimo, sea hombre o mujer, teniendo hacia esta última un respeto inusual en siglos pasados, del que proviene el amor cortés hacia la dama que tanto cantaron los trovadores. El caballero andante, esotérico, es una figura literaria, es un ejemplo de comportamiento del que busca el conocimiento. Son ejemplos destacados y paradigmáticos los personajes semilegendarios de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo, como Lanzarote y Perceval; y los literarios Amadís de Gaula o Don Quijote de la Mancha, el cual guarda tras su capa superficial un verdadero caballero andante.



Incluso las órdenes militares de caballería en sus más altos niveles tienen que ver con ese concepto del esotérico caballero. Hospitalarios y templarios encabezan estas órdenes, a destacar estos últimos que son considerados en las principales obras griálicas como los caballeros del Santo Grial, es decir, sus custodios, relacionándose, por tanto, con los artúricos, que buscan el Grial para protegerlo, un brillante Grial que debería interpretarse como alto conocimiento.



Y siempre el caballero con su caballo, inseparable compañero de camino, hasta el punto que es parte de él, pues es el medio con el cual recorre su camino de búsqueda, ese camino hacia el bien y la verdad.

jueves, 7 de agosto de 2014

LA TABLA ESMERALDA

La Tabla Esmeralda es un pequeño y conciso texto atribuido a Hermes Trismegisto, el gran sabio mítico, para unos, o totalmente real, para otros, que se relaciona con el dios egipcio Tot (Dyehuty), dios de la sabiduría, que conlleva serlo de la escritura, la música y la magia.


Este texto sería uno de los muchos atribuidos a este sabio primordial, pero este se considera la base de la alquimia, pues en él está condensado el arte de la Gran Obra, objetivo de la alquimia o arte del perfeccionamiento. Como la Tabla Esmeralda contiene el secreto de la Gran Obra, todo adepto se esfuerza en seguir sus preceptos para así elevar sus conocimientos en el camino hacia la perfección.


Esta obra se data entre los siglos VI y VII porque las referencias y los textos más antiguos conocidos de ella son de esa época. Se tratan de textos árabes como el Kitab Sirr al-Khaliqa wa Sanat al-Tabia (hacia 650 d.C.) y el Kitab Sirr al-Asar (hacia 800 d.C.). Se considera que llegó al Occidente cristiano entre los siglos X y XI a través de traducciones árabes, pero aceptar esto supone pensar que ya existía de antes, de textos griegos, por lo menos de la época dorada del movimiento hermético en el Egipto ptolemáico. Para los hermetistas su origen sería mucho más antiguo, es decir, escrito directamente por Tot - Hermes hace varios miles de años, incluso en tiempos antediluvianos o atlantes. Hay muchas leyendas alrededor de la Tabla Esmeralda, pero la básica dice que su nombre se debe a que cuando apareció estaba grabada en dos columnas de mármol verde o en una placa de esmeralda.



El mensaje de la Tabla Esmeralda es expresado de modo simbólico, su sola lectura no revela su significado. El acceso a la Gran Obra requiere trascender nuestra limitación racional, de ahí que todo alquimista conlleve una transmutación personal paralela que le permita acceder al lenguaje del símbolo. El Todo, el Uno, tan sólo se expresa simbólicamente, y es necesario el aprendizaje en la hermenéutica del símbolo. De no ser así, su sola simplicidad generará incredulidad.

El texto dice así:

Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero.
Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar los milagros de una sola cosa.
Y como todas las cosas proceden del Uno, por mediación del Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por adaptación.
Su padre es el Sol, su madre la Luna, el viento lo ha llevado en su vientre; su nodriza es la Tierra.
El padre de toda la perfección del mundo entero está aquí.
Su fuerza permanece íntegra si es convertido en Tierra.
Separarás la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, suavemente y con gran entendimiento.
Asciende de la Tierra al Cielo y vuelve a descender a la Tierra, recogiendo las fuerzas de lo que está arriba y lo que está abajo. Así tendrás la gloria del mundo entero, y toda oscuridad se alejará de ti.
Esta es la fuerza, fuerte con toda la fuerza, pues vence toda cosa sutil y penetra toda cosa sólida.
Así el mundo fue creado.
De ello saldrán admirables adaptaciones, cuyo medio es ofrecido aquí.
Por eso soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía universal.
Lo que he dicho sobre la obra del Sol está completo.

Edición del texto en latín de Chrysogonus Polydorus. Nuremberg, 1541.

jueves, 12 de diciembre de 2013

LAS CLAVES ESOTÉRICAS DE LA ALHAMBRA

El palacio de la Alhambra, el gran monumento emblemático de la ciudad de Granada, tiene un significado esotérico que impregna toda la construcción, el cual una parte se refleja en su configuración y belleza pero otra permanece discreta y paciente.
Muhammad I, el fundador de la dinastía nazarí, más conocido como Alhamar y que nació en la también enigmática Arjona (Jaén), empezó las obras del palacio de la Alhambra a mediados del siglo XIII que hasta entonces solo era una fortaleza. Y Muhammed V, aliado de Pedro I en la guerra civil castellana y que tan belicoso fue con las tierras jiennenses cuna de su estirpe real, mandó construir el Patio de los Leones en 1377, finalizándose en 1390, siendo el culmen del palacio granadino. En poco más de un siglo la Alhambra tomó su forma fundamental conteniendo todas sus claves esotéricas. Para presentar estas claves, que vamos a considerar como siete, me apoyaré en el profesor y escritor Antonio Enrique, autor del "Tratado de la Alhambra hermética "(Port Royal, 2004).
Emplazada en un lugar privilegiado de al-Ándalus, confluencia de tres ríos y siete colinas que valió a diversos autores de la Antigüedad compararlo con los míticos Campos Elíseos, la Alhambra yergue sus contornos de fantasía bajo el palio de las nieves perpetuas de Sierra Nevada y sobre los verdes de su Vega legendaria, desde la cual parece un fantástico navío encallado en la colina de la Asabika, donde el palacio se asienta.


Y esta es la primera clave del monumento: la Alhambra surge ante nuestra vista como una prolongación natural y armónica del paisaje donde se asienta, no como una imposición humana de poder sobre un territorio. Existe, pues, continuidad entre paisaje y monumento, como si la Alhambra no hubiese sido tallada por mano humana, sino construida por la propia fuerza de los elementos telúricos.


Una segunda clave, ya en el interior, nos llevaría al mágico aserto de que «lo de arriba es igual a lo de abajo». Es así como la Alhambra semeja suspendida en el aire. La razón es muy concreta: la construcción posee superestructura (arcos, bóvedas, techumbres) mucho más sólida que la infraestructura (columnas, basas, capiteles) donde se apoya. Luego su efecto visual es este: la masa no parece pesar; de alguna manera la construcción semeja burlar las leyes gravitatorias. Así, el gótico europeo invierte aquí el sentido de su equilibrio, puesto que no se adelgaza hacia arriba, sino al contrario: de arriba hacia abajo. Lo cual redunda en la escenificación mágica del desdoblamiento espacial debido al reflejo de la construcción en las aguas de los estanques que le anteceden. Tal es el sentido del palacio de Comares, sobre el estanque de los Arrayanes, o de la torre de las Damas sobre la alberca del Partal.



La tercera clave ha de referirse forzosamente a la proporción de todos y cada uno de los volúmenes que se integran y articulan en la Alhambra. Absolutamente todas sus partes conforman un código de medidas áuricas. Como paradigma, pudiéramos referirnos al salón del Trono, inserto en la torre de Comares. La altura de la pirámide que corona tan increíble estancia es igual al radio del perímetro de sus cuatro lados, la suma de los cuales equivale a la altura total de la torre en cuyo interior se ubica. Antiguamente se denominaba cuadratura del círculo a tal efecto. La epínomis universal puede perfectamente constatarse en el patio de los Arrayanes, cuyo cociente entre ancho y largo nos ofrece el resultado de la mitad del número pi, esto es, la epínomis. Y si desde el mismo patio, contemplamos la torre sobre su arcada, arriba del estanque, podemos constatar que el total (suma de la altura total más la altura desde el suelo al listón que separa frontal de la torre y techumbre de la arcada) es igual a la mayor (altura total), como la menor (altura hasta el listón) es igual a la mayor.


La cuarta clave es para su simbolismo. Existe un simbolismo teológico y otro escatológico, como también de orden cromático y geométrico, y aún botánico, pues en la Alhambra todo es en razón a cuanto representa. El teológico contempla el salón del Trono como su mejor emplazamiento. Su techumbre es toda una escenificación del Paraíso, tal como lo establece la sura coránica que ornamenta una de las cenefas de sus muros. Pero lo es en la secuenciación geométrica, no figurativa. Vemos ahí, en este supremo artesonado, los siete cielos de su estructura, con origen en el último, o más alto, un cupulino que, en su centro, representa el ojo de Alá, el cual no es sino dos cuadrados cruzados en un octógono. Y es de aquí, de esta célula madre, de donde parte toda geometría prolongando sus segmentos, los cuales configuran polígonos sin fin, las ruedas de sus lacerías (zafates y candilejos), como plasmación de un firmamento constelado. El sultán se situaba en majestad exactamente debajo de este trono divino, como su contrapartida humana y tal como si hubiese de recibir su inspiración sagrada. Toda la Alhambra no es sino la prolongación de los ejes e intersecciones laberínticas que parten de este octógono; sus volúmenes se insertan en ellos, graduándose conforme una visualidad que confunde los perfiles. El simbolismo escatológico contempla, análogamente, el palacio de Comares como la representación de los distintos tránsitos de una jina, o itinerario astral, según el Libro copto de los Muertos: las siete puertas del Amenti (los siete arcos del Pórtico norte), el propio Amenti (sala de la Barca, con su artesonado de barca invertida), el Ialou (salón del Trono con las siete esferas de su bóveda), a lo que hay que añadir el iconográfico mar de Num (el propio estanque de Arrayanes, planta asociada –como el ciprés– a la inmortalidad). De manera que, caminando, trasponemos el Espacio al Tiempo. Mayor metáfora de eternidad no existe.


Otro tanto podría decirse del patio y palacio de los Leones. El arquetipo no es ya el Edén, sino su referencia coránica en el mundo terrenal: el oasis sagrado de Sabá, Iram de las Columnas, el palacio de Salomón. Pues es lo cierto, por inquietante que parezca. La Alhambra está concebida como Templo y Palacio de Salomón, según lo define el Libro de los Reyes. Y su proporción es exacta. El Templo de Salomón es Comares y el Palacio de Salomón Los Leones, con su fuente de mar de bronce. La célebre Fuente de los Leones es, sin duda alguna, uno de los elementos más misteriosos de la Alhambra. La fuente se ha comprobado con la reciente restauración que es un conjunto del siglo XIV realizado con mármol de Macael (Almería); por tanto, es contemporánea al palacio aunque posiblemente imita modelos más antiguos. Lo que parece indudable es que la fuente y sus leones constituyen una evocación salomónica. Al igual que el célebre Mar de Bronce (aunque con leones y no toros), son 12 los animales que sustentan la fuente. Estos tendrían también una significación astrológica, identificándose con los 12 signos del zodiaco y los 12 meses del año. Este detalle vendría refrendado por el hecho de que 3 de los leones miran hacia el norte, 3 hacia el sur, 3 hacia el oeste y 3 hacia el este, mirando los centrales de cada terna exactamente a esos puntos cardinales; además, de la fuente surgen los cuatro ríos del Paraíso señalados por los cuatro leones cardinales, ríos que fluyen cada uno a las cuatro estancias que rodean al patio. Todo ello sin olvidar que en la frente de algunos de estos leones descubrimos enigmáticos símbolos grabados...



Con ello, damos de pleno en la quinta clave, que no es sino la de su eclecticismo ideológico e iconográfico. ¿Eran conscientes los nazaríes del Reino de Granada de constituir el ápice de sabiduría, resultante de la transmisión cultural de todos los pueblos precedentes en al-Ándalus? ¿Fueron, por otra parte, como se especula, ciertos sus contactos con la orden templaria, desde sus encomiendas en la serranía de Cazorla, a través de familias jiennenses depositarias de su legado? Pues la Alhambra es una síntesis estilizada de elementos de muy diversa extracción: persas, egipcios, romanos, mozárabes, hebreos. Sobre todo, hebreos. Granada se llamaba entonces Gárnatha al-yeud, la Granada de los judíos. En la Alhambra, en su excepcional programa iconográfico, en su ocultismo cabalístico, dejaron constancia, puede decirse, de su código genético.


La sexta clave es para la luz, la luminosidad como elemento arquitectónico dinámico, implícito en la construcción misma. Esta luminosidad, inseparable del agua, que la refracta y reverbera, medida con precisión, minuciosa y primorosamente, es lo que provoca la sensación de irrealidad que nos asalta. Es una irrealidad, sin embargo, que se palpa, que se siente: una irrealidad, por así decir, tangible. El efecto es de espejismo. Los perfiles son nítidos en Comares, pero ondulantes, insinuantes, en Los Leones, porque en la Alhambra, como en todo edificio iniciático, existe una zona yang (épica, ascética, masculina) y otra yin (femenina y lírica, mística). Hay un vapor de oro que todo lo anega, procedente de las aéreas arcadas, que gradúan toda luminosidad, e irisa y descompone en todos los matices del espectro. Así puede observarse en los ajimeces y celosías de los cielos suntuarios de las salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, ésta última constituida en crisol de operación alquímica bajo la regencia del signo de Géminis, según consta en el poema inscrito en sus estucos de Ibn Zamrac. E igualmente por la noche, cuando el agua de las fuentes y mil hontanares cesa, y los mármoles irradian el plateado fulgor lunar, y el azul de las estrellas más remotas.



Y clave séptima final: la soledad, el sigilo, el recogimiento interior. Como todo monumento sagrado, la Alhambra transforma. Simplemente, hay que dejarse ir. La lección de la Alhambra consiste en constatar que no existe nada más apremiante para el ser humano de hoy que la constatación del gozo interior, recobrar el sentido del júbilo y la alegría de vivir. Comenzando por uno mismo, es posible entregar a los demás lo más positivo de nosotros mismos. Recuperando el instinto estético, en el más universal de los monumentos españoles, contribuimos a la paz y el entendimiento entre Oriente y Occidente, porque la Alhambra significa eso mismo: coexistencia, armonía, equilibrio entre lo uno y lo otro, y entre lo que se ve y no puede verse: la pura magia de los sentidos.


jueves, 9 de agosto de 2012

EL SAGRADO NÚMERO 3

Mágico y esencial número 3, el del poder creativo, la realización y el equilibrio. Sus símbolos son el tridente, el trébol y especialmente figuras como el trisquel y el triángulo equilátero, que es además su representación geométrica.
 
Tenemos las triadas de dioses en la mitología y esoterismo de todo el mundo, de donde deriva la trinidad cristiana, que en esencia son las partes creativas y manifestadas de la divinidad en equilibrio. En Egipto eran Osiris, Isis y Horus; en la India Brama, Visnú y Siva; en el budismo están las Tres Joyas Valiosas, que son Buda, Dharma y Sangha; en la mitología de Grecia tres son los dioses que se reparten el poder, Zeus, Poseidón y Hades, cada uno señor de una parte del mundo y cada uno con su correspondiente consorte; son comunes también en la antigua Grecia las triples diosas o ninfas, a destacar la poderosa Hécate, la Trivia romana, al igual que para los celtas, que tenían la triple Brígida y las tres Damas Sagradas. En el cristianismo son el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo, que esotéricamente sería más correcto como el Padre (masculino), el Espíritu Santo (femenino) y el Hijo.
Unas veces la trinidad puede representar el acto creativo divino del principio-idea, proceso y fin-culminación; en otras sería la dualidad unida y equilibrada por un tercer principio superior. Si se profundiza, en esencia es lo mismo.
En la tradición esotérica oriental del I Ching y el Feng Shui los trigramas son los elementos básicos.
En la Kábala es fundamental. Por ejemplo, tres son las letras-números madres, y en la estructura del Árbol de la Vida sefirótico está presente tanto en sus tres pilares verticales como en los tres mundos horizontales.
En el hermetismo el tres es el Poder Supremo. Hermes es Trimegisto, el Tres Veces Grande. En alquimia, que es desarrollo del hermetismo, es esencial pues son las tres partes de la realización de la Obra, que se relacionan con tres colores: negro, blanco y rojo. Tres son el ternario: sal, mercurio y azufre, que representan las partes de nuestro ser, cuerpo, alma y espíritu. El triángulo es muy utilizado en alquimia; con el vértice hacia arriba es el elemento fuego, solar, activo y masculino; con el vértice hacia abajo es el agua, lunar, pasivo y femenino. De aquí derivaría el hexagrama, el sello de Salomón o estrella de David, dos triángulos equiláteros superpuestos que simbolizan la unión de esos dos principios masculino y femenino, además del precepto hermético de lo que está arriba es como lo que está abajo; ambos principios se hallan sometidos a un tercer principio, el Azoth, que no se representa en el hexagrama pues es inmaterial, pero que se puede imaginar como un punto en el centro.

Es el 3, por tanto, el número que daría equilibrio al 2, a la dualidad. La dualidad se encuentra y se une en un tercer punto o estado. En el 3 participan las dos partes y es a la vez una nueva. Esto se ve claramente en uno de sus símbolos, los dos círculos que se unen por sus centros formando una tercera figura central, la "vesica piscis", la vejiga del pez, o mandorla - almendra. O en el símbolo del yin y el yang, los opuestos complementarios que forman el círculo que los engloba y une. En el centro y en la unión de las dos partes está el equilibrio.

Hasta en la estructura de la materia se hace notar el tres. Por ejemplo, los átomos están formados de tres partículas fundamentales: protón, neutrón y electrón, identificando el hermetismo el protón y el electrón con la dualidad masculino y femenino.
Más se podría exponer y profundizar sobre el significado del tres. Hagámoslo en parte pensando más directamente en el ser humano:
Los puntos energéticos del cuerpo, los chacras, son siete: la triada inferior, la triada superior y el central, el del corazón, que los equilibra y armoniza con el amor. También energética como anatómicamente el cuerpo se compone de dos pares de extremidades que se unen a la tercera parte, al tronco, que culmina en la cabeza. Incluso el chacra de la visión intuitiva es el llamado tercer ojo, que culmina y supera a los dos de la visión material, situándose en medio, en el centro del cerebro.
Tres son las partes fundamentales de la vida: niñez-juventud, madurez y vejez.
Se dice y especula que son tres como mucho las amistades auténticas que se tienen en la vida, los conocidos comúnmente como amigos íntimos.
También se puede especular si también son tres los enamoramientos o relaciones amorosas que se tienen en la vida, cumpliendo cada una una función o parte de nuestro desarrollo sentimental. Quizás a la tercera es cuando se encuentra el amor más fuerte o auténtico, el llamado amor de la vida. Estaríamos hablando de términos medios en el que el tres sería esta media. Entonces si se encuentra antes de tres se puede considerar a la persona como afortunada por merecimientos propios, es decir, porque tiene un buen karma. Si se encuentra después de tres o nunca es que tenía mucho que aprender y corregir, lo que los orientales llaman limpiar karma, y denota desequilibrios sentimentales-emocionales.
Entre los verdaderos amantes parece ser que existe un campo energético autónomo a los de los dos individuos, hombre y mujer, un tercero que parece co-creado a partir de su unión. Sería una emanación del Absoluto que unifica a la pareja debido al amor que se profesan, un campo de energía que algunos llegan a sentir.
También se dice que es tres el número ideal de hijos que puede tener una pareja, tanto desde el punto de vista natural o biológico de mantener la población general de individuos como en el equilibrio familiar, en donde el primogénito es seguido de un segundo hermano y finaliza en el benjamín, formando una unidad con tres personas con circunstancias familiares distintas en cuanto a la relación entre ellos y con los padres. Hay una corriente esotérica que considera que el número de hijos ideal es seis, tres varones y tres hembras, que recordaría al símbolo del hexagrama.
En general se podría considerar que si cualquier cosa es realmente importante para la vida de un persona esta se cumplirá por término medio al tercer intento si hay constancia y se hace de corazón: cualquier propósito como un cambio de vida, un examen, un trabajo, ir a un lugar, conseguir un objeto, adquirir un conocimiento, etc. Si se consigue antes del tercer intento es que era imprescindible en su vida en ese momento; después de tres veces es que era una dura prueba que superar y aprender, el dicho karma que hay que limpiar. Si no se consigue es que no se ha aprendido lo suficiente o simplemente es que no era necesario para su vida.
En la sabiduría popular se refleja en dichos como "no hay dos sin tres" o "a la tercera va la vencida", dando a entender que a la tercera ocasión o con la tercera parte o fase se encuentra la culminación, el final y el equilibrio.
Sin duda, desde tantos puntos de vista y más allá de ciertas especulaciones, el 3 es un número muy especial, un número clave en la estructura de la Creación y, por tanto, de nuestras vidas en todos los aspectos.

domingo, 15 de enero de 2012

EL BAFOMET DE LA CATEDRAL DE JAÉN

Se suele considerar que la figura conocida popularmente como "la mona" del friso gótico en la cabecera de la catedral de Jaén podría ser el bafomet de este esotérico templo. No es una identificación tan ridícula como la primera denominación pero igualmente equivocada. Ya fue esta pequeña escultura protagonista de un artículo en este blog, y dejé claro que si de algo se trata es de la imagen de un maestro cantero de la época, quizás Enrique Egas, autor del friso en 1500 contratado por el obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce. Conociendo el valor simbólico de la catedral y de la escultura, comparada con la de otros templos, la bauticé como "el alquimista de la catedral de Jaén", el maestro o iniciado hermético satisfecho con su obra.



El bafomet es una imagen que se representa básicamente como una cara de un hombre con barba partida en dos y que simboliza el origen de la Sabiduría. Es conocida por formar parte de los cultos templarios, que les costó ser acusados de herejía como excusa para su disolución.


Prácticamente en el centro del friso gótico se encuentra un pequeño relieve que pasa desapercibido para la mayoría de los ojos curiosos. A pesar de que está a cierta altura del suelo y que está algo estropeado se puede observar que se trata de una cabeza con una barba ligeramente partida en dos y con una especie de aureola coronándola.



El bafomet de la catedral de Jaén (Fotografía cortesía de Javier Rojas Gómez)


Este sí que se puede considerar con más acierto el bafomet de la catedral de Jaén, pues tiene las características propias de este símbolo esotérico. Para los ortodoxos sería la representación del Santo Rostro de Jesús, al cual el templo sirve casi de enorme relicario.



El Santo Rostro de Jaén, tan adorado como retocado desde la Edad Media. Se puede observar que la barba sigue estando ligeramente partida en dos.


Pero es que cabalísticamente, que es como hay que interpretarlo en un contexto esotérico como el que está, el Santo Rostro o Gran Rostro es una de las tres denominaciones o principios de la Creación representados por el Anciano de los Ancianos, cuyo atributo es la Sabiduría, y que tiene como principio inicial a la Cabeza del Anciano. De esta Cabeza o Rostro de Dios brota o emana la Creación. Eso es precisamente lo que los templarios representaban con el bafomet.



El Santo Rostro en el coro de la catedral de Jaén.



Como decía, la cabeza o bafomet del friso gótico tiene una aureola que la corona, y es que, como apunta la cábala, la Cabeza del Anciano viste la Corona, símbolo de su soberanía y de que es el origen de todo. Corona es como se llama al primer sefirot o atributo de Dios, que se sitúa en lo alto del Árbol de la Vida.


Por tanto, conociendo el templo en el que estamos, que centra su culto en el Santo Rostro, y siendo conscientes de su valor simbólico profundo, no es de extrañar que el friso gótico, gran conjunto esotérico legado por el obispo Suárez, tenga en su centro un cabalístico bafomet.

jueves, 22 de diciembre de 2011

EL DISEÑO SAGRADO DEL CAMINO DE SANTIAGO. UNOS APUNTES E IMÁGENES PARA LA REFLEXIÓN

La catedral más grande de Francia, una obra gótica impresionante... quizás aquí empiece el Camino aunque no sea lo oficial...


La catedral de Amiens es la más norteña de los grandes templos góticos franceses, que quizás forman en su conjunto la constelación de Virgo, en honor a la Diosa Madre... a Nuestra Señora, Notre-Dame. La estrella de ocho puntas es uno de sus símbolos fundamentales, el número de la intermediación entre la tierra y el cielo... Como la gran estrella del bellísimo rosetón central de la catedral de Amiens.


O quizás esas catedrales reflejan la constelación de la Osa Mayor, las estrellas del norte donde según los antiguos egipcios se dirigen las almas para luego recorrer su destino celestial. Esta constelación es el Árbol de la Vida, por lo que antes hay que pasar por delante del Dragón, pero también es el Carro de Santiago y de esta manera tendrán como guía a la oca para recorrer el Camino de la Vía Láctea, el que marcó en el cielo con su leche la Diosa... Todo femenino al fin y al cabo, pues femenino es el inicio y el camino en nuestro mundo, un camino iniciático que es como una espiral, un laberinto hacia nuestro interior...


El inicio del Camino de Santiago en Amiens... quizás eso denota el laberinto octogonal de su catedral... Perfecto, hipnótico, es el octógono de los templos que son puertas del cielo, como la planta de la Cúpula de la Roca en Jerusalén, como otros monumentos del Camino, todos ellos lugares de iniciación que muchos relacionan, claro está, con las cofradías de maestros constructores y también con los templarios, sus guardianes... ¿ven la cruz paté, o de pata de oca, en el laberinto?

Es posible que uno de los iniciados que sabían esto fue san Fermín, el famoso santo pamplonica que viajó hasta aquí, se hizo obispo e intentó evangelizar a sus habitantes pero que tuvo que sufrir a sus detractores, que lo decapitaron en el 303. San Fermín de Amiens, patrón de la ciudad, tiene en su honor unos grandes bajorrelieves en la catedral describiendo su vida y leyenda.


Sí es oficial que el Camino empieza en otra ciudad del mágico gótico francés, París. Allí hubo una gran iglesia dedicada a Santiago de la que solo queda una esbelta torre que nos recuerda la relación secular de la ciudad del Sena con Compostela.


Y otra ciudad reconocida como inicio del Camino es Chartres, con quizás la catedral de más puro gótico y que fue maestra de las demás. Situada en un lugar que se sabe de los más sagrados para los antiguos celtas, su excelencia y misterio ha perdurado durante siglos hasta ahora.


Aquí el celestial doce configura su gran rosetón central como los dos laterales, siempre dominados por el también celestial azul de sus vidrieras, un azul especial y precioso, el azul de Chartres. Y al principio de su nave central otro laberinto, este más conocido que el de Amiens, circular con doce niveles, que parece dividido en cruz y centrado por una flor de seis pétalos.


Curiosamente, una de sus capillas con más devoción es la de Nuestra Señora del Pilar, con su imagen encima de la columna o pilar...


Desde el norte, siguiendo lo que señala la Vía Láctea, el Camino va serpenteando hacia el sur y el oeste, donde el Sol se pone todos los días. Con el diseño del Camino que presenté nos podríamos trasladar al lugar que centra la configuración de la ruta sagrada, marcado por la columna o pilar, el de la Virgen María que se apareció a Santiago y sus discípulos señalando el sitio en Zaragoza junto al Ebro, en donde con el tiempo se alza la magnífica basílica de Nuestra Señora del Pilar.


La imagen de la Virgen con Niño suele estar adornada de grandes mantos, pero ciertos días al mes se muestra sin ellos y entonces se puede ver bien la figura encima del pilar, que está adornado de oro y que deja poco espacio para ver que se trata de jade. Por supuesto, el fondo del camarín está decorado con celestiales estrellas de ocho puntas.

                                                                                       (Foto de David Abián, davidabian.com)

Pero Zaragoza no forma parte oficial de la vía principal del Camino, sí de alguno secundario, lo que no quita su fundamental importancia, más oculta que evidente, en esta ruta sagrada.

De todas formas, antes que Zaragoza está Jaca, centro del Camino aragonés y que posee una de las catedrales románicas más importantes de Europa. Se empezó a construir en la misma época que la de Compostela, entre los siglos XI y XII. De alguna manera son el principio y final del Camino monumental en España.



Entre sus joyas escultóricas y simbólicas destaca el crismón sobre la puerta principal. El crismón está muy relacionado con el Camino, se encuentra en muchos de sus templos, y aparte de simbolizar a Cristo parece marcar al lugar como sagrado formando parte de la ruta de conocimiento. Muchas connotaciones esotéricas tiene el crismón, que el lector curioso si quiere puede indagar, y básicamente tiene forma circular con varios radios, seis u ocho. El de Jaca tiene ocho radios, tiene dentro varios símbolos aparte de los habituales, está escoltado por dos leones y tiene varios textos en latín aconsejando al buscador...


Como muestra, reproduzco el texto de la base del crismón: "Si quieres vivir, tú que estás sometido a la ley de la muerte, ven aquí suplicante, renunciando a los alimentos envenenados. Purifica de vicios tu corazón para que no perezcas de una segunda muerte."

Camino purificador, Camino alquímico... Los alquimistas llamaban metafóricamente "Camino de Santiago" al proceso de la Gran Obra, ya saben, el que tiene como final la consecución de la Piedra Filosofal...
Otro crismón, como no podía ser menos, centra la portada principal de la pequeña iglesia de Santiago en Roncesvalles, el lugar que encabeza el inicio del Camino francés en España. Por desgracia, está deteriorado pero deja ver sus seis radios, y parece muy similar al de Frómista...


Siguiendo el Camino, cerca está Pamplona, lugar de nacimiento de san Fermín, tan celebrado y famoso. Este es el san Fermín de Amiens, ¿recuerdan? Una vez decapitado en aquella ciudad gala con el tiempo su cabeza fue llevada a Pamplona y su santidad honrada desde entonces en Amiens y Pamplona.


Un poco más lejos continuando el Camino llegamos a Logroño, otro centro importante del diseño sagrado. Junto a su iglesia dedicada a Santiago se encuentra algo muy curioso, una plaza con una representación en el suelo del juego de la oca, que como todos sabrán a estas alturas representa al Camino de Santiago. Milenarios son ambos y varios han sido los intentos de relacionar concretamente cada una de las 63 casillas del juego y sus símbolos con los lugares y etapas que conforman el Camino, a mi entender ninguno convincente completamente. En este de la plaza de Santiago de Logroño se hace también un intento de correlacionar en cierto modo el juego con el Camino. Me parece una obra interesante y original, y una de las cosas que más me han llamado la atención es el símbolo del laberinto del juego, no sé si será por casualidad pero se trata de uno muy parecido al de Amiens.



Tras pasar por hitos del Camino como Burgos, cuya catedral nos recuerda sin duda a las francesas a pesar de sus variantes hispanas, llegamos al lugar más al sur de la ruta, Frómista, otro lugar clave del diseño sagrado y que destaca sobremanera por su preciosa iglesia románica de San Martín de Tours. Es interesante esta advocación, pues san Martín, siendo un soldado romano, se convirtió al cristianismo con una experiencia en la que se le apareció Cristo como si fuera un mendigo, y esto ocurrió en Amiens pocos años después de que san Fermín muriera allí. Seguramente será casualidad... La cuestión es que también se hizo obispo, concretamente de la ciudad francesa de Tours, incluida en la ruta jacobea del norte del país galo, y defendió ante el emperador que no fuera ejecutado el obispo hispano Prisciliano, el conocido líder cristiano gnóstico que tanta relación tuvo con el Camino y que, considerado hereje por la Iglesia Católica, fue ejecutado finalmente, lo que provocó el disgusto y enfado de san Martín de Tours, a pesar de que este no compartía las ideas priscilianistas, quizás no era contrario del todo.


El templo de Frómista es otra de las maravillas monumentales del Camino, situado casi en mitad de este en España, y construido en la misma época que el de Jaca y Compostela. Un crismón adorna el dintel de una de sus puertas interiores, muy parecido al que hay en Roncesvalles, como ya dije.


Después de Frómista está Sahagún y León, cuya catedral de nuevo nos recuerda al principio del Camino en el norte de Francia, pero esta aún más, con su estilo de refinado gótico y maravillosas vidrieras.

Siguiendo decididamente el Camino la dirección marcada de Zaragoza al Finisterre, nos adentramos en el Bierzo, de antiguas y enigmáticas poblaciones, como Astorga y Ponferrada, donde el castillo templario todavía domina la población, como si aún sus caballeros bajo el signo de la cruz tau guardaran el Camino.


La cruz tau, usada por templarios, franciscanos y antonianos, todos presentes en el Camino. Símbolo de vida, de espiritualidad, que porta el maestro, el sabio... como Santiago. Y llegamos a Compostela, la brumosa ciudad, única y mágica, ¿campo de la estrella?, el gran destino para los ortodoxos, pues es el lugar, sea real o simbólico, donde está la tumba de Santiago.


La catedral también es, como dije, el final del Camino monumental, de la misma época que los templos de Jaca y Frómista. Sin duda, su gran joya es el Pórtico de la Gloria, un compendio de simbología basado en el Apocalipsis... Una serie de estupendas esculturas centradas por la puerta doble en forma de tau... el Árbol de la Vida...


Y en el centro, debajo de Cristo, el apóstol Santiago, con su báculo con la empuñadura en forma de tau, simbolizando sin duda a todos esos maestros del Camino, del camino interior que hay que recorrer en la vida como si un juego de la oca se tratase.


Hasta el Camino, en su diseño físico que presenté, tiene forma de tau, una enorme cruz de ángulos rectos que unen principio y final, norte y sur, este y oeste. Como si de un enorme crismón se tratara... parecido al de Jaca... y al de esta catedral de Compostela, pues en el centro de la portada de las Platerías hay un crismón similar de ocho radios escoltado también por dos leones... La relación parece clara...


Pero el Camino no termina en Compostela. Termina en la costa gallega, la Costa de la Muerte. Un lugar destacado es Padrón, donde la leyenda dice que llegó el cuerpo de Santiago en una barca tras haber sido muerto en Tierra Santa. La barca fue amarrada a un pedrón, se dice que este pedrón es el que da nombre a la población, Padrón. En fin, la cosa es que este pedrón se conserva en la iglesia de Santiago de la localidad y resulta ser un ara de origen romano, quizás anterior, en honor a Neptuno, el dios del mar, pero también de la iniciación, su tridente tan parecido a la pata de oca es solo uno de los indicios que lo relacionan con el Camino.


Otro lugar destacado sería la cercana Noia, relacionada con el desembarco de Noé, ni más ni menos, el gran líder de la nueva humanidad tras el Diluvio hace miles de años, y que si hacemos caso de la mitología comparada fue instruido y avisado por el dios que los romanos denominaron Neptuno. Allí, la inusual cantidad de losas funerarias de claro significado esotérico nos hace ver que estamos en un sitio señalado muy especialmente por los iniciados.

Pero los dos sitios que claramente son finales del Camino son Muxía y Finisterre. En Muxía se le presentó a Santiago la Virgen María montada en una barca de piedra que se acercó hasta la rocosa costa para darle ánimos y guía, similar a lo que pasó en Zaragoza, pero aquí como vemos el mar es el protagonista, pues la Señora vino cual Venus en su nacimiento sobre la concha venera... la vieira, símbolo fundamental del Camino, que lo identifica, y que es un símbolo femenino, de la Diosa...


Aquí, junto al santuario de la Virgen de la Barca, siguen las rocas que según la leyenda son los restos de la barca milagrosa, sí, milagrosa, pues las gentes del lugar les adjudican ciertas propiedades mágicas... las piedras de la Diosa, presentes también en otros lugares sagrados.
Y Finisterre, el final de la tierra, donde un importante santuario celta hubo en honor al Sol, lo que los romanos llamaban "ara solis". Un lugar privilegiado para observar el ocaso del Sol, cómo este se sumerge y oculta en el horizonte del mar, espectáculo que a los romanos que por primera vez lo vieron les llenó de temor y respeto.

Cuánto de la milenaria religión egipcia hay en todo el Camino, desde el principio hasta el final...

Final del Camino, donde el Sol muere por el oeste hasta que renazca al día siguiente por el este, como el peregrino que vino del este a morir al oeste, que aquí muere en la tierra y renace en una nueva vida purificado por el agua del mar y el fuego del Sol. Ha cambiado, ha transmutado... ¡Ultreya! ¡Hay Más Allá!