lunes, 30 de noviembre de 2009

LA MESA DE SALOMÓN: ¿DÓNDE ESTÁ? 2ª parte

Decía que con la invasión musulmana, la Mesa de Salomón pasó a manos árabes, pero esto es solo una versión de lo que pudo pasar. Otra versión de la historia dice que nunca encontraron la Mesa y si lo hicieron no salió del lugar donde la encontraron. En esa línea está la opinión de que sigue en Toledo, en la famosa y secreta cueva de Hércules, la cual algunos han buscado y siguen buscando con más o menos problemas y trabas administrativas. Los godos escondieron todos sus tesoros en Toledo y alrededores al ver que los musulmanes avanzaban implacables; se encontró en el siglo XIX el tesoro de Guarrazar, cerca de Toledo, posible parte de ese gran tesoro de los godos. Otros opinan que la Mesa estuvo y está cerca de donde se encontró este tesoro, en la iglesia visigoda-mozárabe de Santa María de Melque, en la provincia de Toledo, perteneciente al pueblo de San Martín de Montalbán, en donde se cuenta la leyenda de tesoros ocultos protegidos por los templarios, que tenían allí un castillo; la Mesa estaría en túneles subterráneos que unen el castillo de Montalbán con Santa María de Melque.
Siguiendo esta versión de que no se movió de donde los visigodos la cobijaban, entonces, como también pudo ser ese lugar Jaén o Martos, quizás estuvo y esté en alguna galería subterránea o cueva de estas dos cercanas ciudades, ambas con alta peña, secretos pasadizos y cuevas de los que se sabe su existencia, y leyenda de lagarto o dragón que se cobija en ellas quizás protegiendo un tesoro como es típico de sus leyendas.
Otras populares tradiciones cuentan que estando la Mesa en Toledo, los godos la sacaron de allí y la llevaron a otro lugar, a Medinaceli (Soria), por eso fue llamada Medina Talmeida, "Ciudad de la Mesa", y Medina al Shelim, "Ciudad de Salomón", de donde viene su nombre. O en la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria). O en Alcalá de Henares (Madrid), donde fue encontrada por Tariq tras pasar por el Monte Zulema o Gebelculema, es decir, el Monte de Salomón. O al noreste de Guadalajara, a donde Tariq llegó tras pasar el desfiladero de Torija (que quizás provenga, según algunos, del nombre de este caudillo), llegando a Zafatán y a “Al-Mayda”, “la mesa”.
Estuviera en Toledo o en alguna población o santuario cercano intentándola ocultar de los musulmanes, la versión inicial que comentaba cuenta que fue encontrada por ellos, y entonces empezó una disputa por su posesión entre los caudillos árabes Tariq y Muza. Unos dicen que la ocultaron, uno u otro, en algún lugar de los dichos anteriormente o próximos, para intentar quedarse con ella secretamente, pero otros opinan que el califa de Damasco, al que debían pleitesía, reclamó la preciada Mesa de Salomón, con lo que con una nutrida escolta fue puesta en camino hacia algún puerto andaluz para embarcar hacia oriente. La guarnición cruzó tierras manchegas, pasó Sierra Morena y llegó hasta tierras andaluzas, a la actual provincia de Jaén, y, cuenta un texto de principios del siglo pasado, que una noche pernoctó en el cenobio cristiano de Giribaile, donde fue atendida por los monjes que allí había; pero estos, sabedores del preciado objeto que llevaba, les dio a los escoltas junto a la comida y bebida un narcótico que les hizo no despertarse en toda la noche para así quitarles la Mesa. Los monjes llevaron la Mesa hasta Ossaria, un municipio jiennense que es actualmente Martos, Torredonjimeno y Jamilena. Un abad de Giribaile ocultó la Mesa en el santuario de San Nicolás en Ossaria y escribió a los obispos Totila y Rufinus, custodios de la Mesa en Toledo y conocedores del Shem Shemaforash, avisándoles para que fueran a Ossaria para continuar su labor de guardianes. Unos años después, en una guerra civil entre musulmanes, el santuario de San Nicolás fue destruido y los dos obispos y su comunidad tuvieron que irse. Totila al convento de La Negra, en Fuensanta de Martos, y Rufinus a Arjona, donde fundó una ermita de San Nicolás. No se sabe si la Mesa les acompañó y se la llevaron a uno de estos dos lugares, de todas formas al poco tiempo los árabes los expulsaron de nuevo, con lo que Rufinus se fue a Monte Sión, en Chiclana de Segura, y Totila peregrinó al monasterio de Santa Catalina, en el Sinaí (Egipto), aunque murió por el camino. De esta forma, el abanico de posibles lugares de la provincia de Jaén en los que la Mesa pueda estar se hace muy grande, al que hay que sumar la posibilidad de que fuera trasladada a la ciudad de Jaén, en alguna galería oculta sobre todo debajo de la catedral, como se suele considerar; en la catedral, José Moreno encontró durante la Guerra Civil unos legajos entre los cuales figuraban una lista de “los que buscaron la cava”, es decir, una serie de nombres de los que buscaron una cueva donde se hallaba la Mesa de Salomón.
Destacados personajes han estado implicados en la historia de la Mesa en estas tierras del Alto Guadalquivir, con los caballeros calatravos siempre presentes de una manera u otra. Un fraile templario llamado Petrus Verginus (Pedro Bergino) la buscó mandado por su orden a principios del siglo XIV, estableciéndose en el desaparecido monasterio de Monte Sión, dejando inscrita cerca una gran piedra con símbolos que se relacionan con la Mesa de Salomón, la conocida como Piedra del Letrero, ya destruída, pero que fue objeto de estudio durante siglos por otros buscadores. Obispos como Nicolás de Biedma (s. XIV), Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (s. XVI) o Baltasar Moscoso y Sandoval (s. XVII) están muy implicados en esta historia. Sociedades secretas españolas y extranjeras se han interesado vivamente en el tema, destacando la logia de los Doce Apóstoles, de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, formada por destacadas personalidades españolas y extranjeras que hicieron de la búsqueda de la Mesa su objetivo; esta logia es conocida por las notas dejadas por José Moreno en la catedral de Jaén y por los documentos de RILKO en la British Library. En sus actividades salen a relucir lugares todos de Jaén como La Iruela (cerca de Cazorla), la ermita de Santa Potenciana (Villanueva de la Reina), Espelúy, la Piedra del Letrero en Chiclana (donde estuvo el obispo Rufinus y el templario Petrus Verginus) y especialmente Arjona, en donde se les relaciona con el santuario de los Mártires san Bonoso y san Maximiano, enigmático templo que el obispo Moscoso y Sandoval mandó construir en el solar de la antigua ermita de San Nicolás, la del antiguo obispo guardián Rufinus. Esta logia fue la que hizo en 1912 la conocida como “lápida templaria” de Arjona, una de las doce que inicialmente se hicieron y que tan famosa ha hecho Juan Eslava Galán; estaba en la cripta del barón de Velasco (perteneciente a la logia), en la iglesia de San Juan en Arjona, y ahora se encuentra en el Ayuntamiento de esta localidad. En ella aparece un diseño geométrico en el que quizás se reproduzca lo que había en la Mesa de Salomón.
Ya se había disuelto la logia de los Doce Apóstoles cuando en 1926 se encontró algo excepcional: en una finca cercana a Torredonjimeno (junto con Martos, la antigua Ossaria) un campesino halló un tesoro visigodo formado por coronas, cruces y otras piezas; en algunas de ellas aparecen inscritas los nombres de Trutila y Rovine, los nombres germanizados de Totila y Rufinus, los dos obispos guardianes de la Mesa de Salomón…
Con esta segunda parte, en realidad la cuarta si sumamos las introductorias, doy por terminado por ahora este apasionante tema de la ubicación de la Mesa de Salomón, objeto sagrado que seguro de una forma u otra seguirá dando que hablar.

sábado, 28 de noviembre de 2009

LA MESA DE SALOMÓN: ¿DÓNDE ESTÁ? 1ª parte

Un objeto hecho de oro, incrustado de numerosas piedras preciosas, que contenía de forma encriptada, mediante un diseño geométrico y alfanumérico, el Nombre de Dios, el Shem Shemaforash, el Nombre de Poder secreto que es la clave o principio básico de la Creación, unas palabras que solo el sumo sacerdote conocía y que pronunciaba una vez al año al Arca de la Alianza para renovar el pacto divino. Un objeto de conocimiento y, por ello, sagrado que el sabio rey Salomón mandó hacer y que guardó en su famoso Templo de Jerusalén. Se trata de la Mesa, Espejo, Tabla o Cofre de Salomón.
Un objeto así es normal que haya levantado desde hace siglos, milenios, el interés y la codicia de los hombres, con buenas o malas intenciones.
Las numerosas crónicas y leyendas orientales y occidentales, hebreas, árabes y cristianas, que describen este objeto y hablan de sus propiedades y ubicación a lo largo del tiempo parecen confirmar su existencia, importancia y sacralidad, pero nada hay seguro y quizás no sea más que un objeto con valor material; además es posible que la Mesa, el Espejo y el Cofre fueran diferentes objetos y no las diversas denominaciones de uno solo como se suele interpretar. De todas formas, es tal la insistencia de estas historias y leyendas hasta nuestros días que no hay más remedio que darle una aceptable credibilidad. Y lo fundamental, sabiendo el supuesto enorme valor sagrado de la Mesa de Salomón, es saber dónde está, pero eso se antoja tan difícil como su significado.
La historia que se suele relatar es la siguiente:
Tras el reinado de Salomón en el siglo X a.C., Israel fue invadido y su Templo saqueado y destruído por los babilonios regidos por Nabucodonosor II en el 587 a.C. Es posible que el tesoro sagrado hubiera sido escondido por los sacerdotes judíos en algunos subterráneos secretos del Templo o cercanos. Con la construcción del segundo templo el tesoro tuvo de nuevo un lugar apropiado, pero en el año 70 las legiones de Tito Flavio toman y saquean Jerusalén incluyendo el nuevo templo y sus objetos sagrados, que esta vez parece ser que no pueden ser escondidos y son llevados a Roma, siendo colocados en el templo de Júpiter Capitolino y después en los palacios imperiales; de esto hay testimonio del historiador Flavio Josefo, que habla de una mesa de oro junto al candelabro de oro de siete brazos, apareciendo este último en las esculturas del arco triunfal de Tito en Roma. ¿Es esa mesa de oro la Mesa de Salomón?
En plena época de desmembramiento del Imperio Romano, en el 410, los visigodos de Alarico toman Roma y saquean los tesoros, que pasan a formar parte de su llamado tesoro antiguo o sagrado. Tras unos años en Italia y la Galia lo depositaron en Tolosa, en la actual Francia, la capital goda desde el 418. El destacado historiador del siglo VI Procopio de Cesarea (Palestina) confirma que Alarico escapó con los tesoros de Salomón, los que en tiempos antiguos habían sido tomados de Jerusalén por los romanos. El tesoro sagrado o antiguo era patrimonio de la nación visigoda y, por tanto, intocable, a diferencia del tesoro real, que constituía la reserva monetaria del estado. En el 507, después de la derrota ante los francos en la batalla de Vouille, los visigodos de Alarico II se instalaron definitivamente en Hispania y el tesoro fue llevado a Toledo, la nueva capital de su estado, donde fue guardado en un palacio secreto o en una cueva conocida como Gruta de Hércules.
El rey Rodrigo, según la leyenda, entró en la casa o palacio cerrado con muchos cerrojos o cueva secreta y vio la Mesa de Salomón o abrió el Cofre, viendo mágicamente las imágenes de aquellos que acabarían con su reino, que no fueron otros que los musulmanes que en el 711, al mando de Tariq, invadieron España. Estos llegaron hasta Toledo, apoderándose del tesoro antiguo godo, que estaba en la Mansión de los Monarcas, donde se dice que encontraron la mesa en la que estaba inscrito el nombre de Salomón y otra mesa de ágata, junto a un espejo mágico, grande y redondo formado por una aleación de metales, también de Salomón, en el que si se miraba se podía ver en él la imagen de los siete climas del universo. ¿Es la primera mesa con el nombre de Salomón o el espejo mágico la famosa Mesa de Salomón? ¿No será que eran dos objetos sagrados en vez de uno y que se confunden ambos?
Otras tradiciones y estudiosos situan la casa, palacio o cueva de Hércules no en Toledo sino en Jaén, sobre todo en la población, cercana a la capital, de Martos, en las cuevas del monte que domina la ciudad, la Peña; Martos es considerada legendariamente como la tercera piedra o columna de Hércules, y tuvo un importante templo dedicado al mítico héroe. Un obispo de Jaén del siglo XVII, Moscoso y Sandoval, estuvo indagando sobre estas grutas hercúleas de Martos.
Sea como fuere, la cuestión es que pasó a manos árabes, pero parece ser que por poco tiempo. Y aquí la historia del paradero de la Mesa se vuelve aún más confusa si cabe...

martes, 24 de noviembre de 2009

¿FUE JAÉN UNA CIUDAD DE LA ATLÁNTIDA?

Se ha sabido hace poco tiempo que las murallas encontradas en un solar de Marroquíes Bajos se van a conservar. No esperábamos menos ante la importancia del hallazgo. Y muchos dirán que cuál es el valor de un trozo de muralla incompleto y del que se conserva poco más que los cimientos. Para empezar, esos restos tienen más de 4.000 años de antigüedad, ahí es nada, de la Edad del Cobre, de un tiempo del que en España y en el mundo no se tiene mucho; es un testigo del principio de nuestra civilización. Lo segundo es que forma parte de una población de considerable tamaño (los arqueólogos la llaman macroaldea) que por aquellos tiempos parece ser que no era muy común y que en Andalucía solo tiene otro referente en Los Millares. Y lo tercero es que la configuración de esta ciudad, como me gusta considerarla, es de lo más curioso y extraño: circular con una serie de fosos con agua y murallas concéntricos; un trabajo de ingeniería sorprendente que salvó dificultades orográficas e hidrológicas para mantener su diseño estrictamente a base de circunferencias concéntricas.


Solo por pertenecer a una ciudad con esta antigüedad y diseño ya merece ser conservada. La pena es que solo es un trozo, y aunque otros fragmentos de muralla, fosos y casas se van a conservar en otras partes de esta macroaldea, no dejan de ser las migajas de algo magnífico que en buena parte se ha perdido u ocultado bajo los nuevos bloques de edificios que ocupan amplias zonas de los terrenos de Marroquíes Bajos. El progreso es el progreso, la ciudad tiene que crecer, dicen; sí, pero ese progreso podría haberse hecho al lado ¿será por campo? y no destruyendo una de las zonas arqueológicas más importantes de España y, me atrevo a decir, del mundo. Estoy seguro que en algún otro país o incluso otra ciudad de España, se habría respetado íntegra, dejando a los arqueólogos hacer su trabajo con tranquilidad, sabiendo que el destino de sus hallazgos va a ser la conservación.
Si no fuera bastante con todo lo dicho para darnos cuenta de la importancia de esta antiquísima ciudad y de preservar todo lo que se pueda, además resulta que su diseño tan curioso y espectacular, circular con fosos y murallas concéntricos, es motivo de especulaciones en las que los arqueólogos e historiadores oficiales no quieren entrar pero en las que sí insisten otros investigadores e interesados por este tema: el diseño es muy parecido al que describió Platón para la capital de la Atlántida.


Nombrar la Atlántida es para los científicos ortodoxos y oficialistas como nombrar el diablo a una monja beata, pero por desgracia para ellos no pueden negar que lo que se está encontrando desde hace unos 15 años en Jaén es extrañamente similar a lo que contaba el sabio griego sobre Atlantis. Todavía se pueden acoger a que esta ciudad de Jaén no estaba a unos kilómetros del mar como la mítica o que sus restos no se han encontrado, por tanto, debajo de los lodos de una enorme inundación marina, pero su tamaño es semejante, unos 1.200 metros de diámetro totales en su área de extensión alrededor de su centro, y su configuración de fosos y murallas concéntricos, similar. Quizás Platón describió de una forma idealizada y aproximada la lejana ciudad del Occidente de la que las antiguas crónicas y leyendas de viajeros y sabios hablaban, sobre todo egipcios, por lo que es posible que no estuviera cerca del mar, pero sí al lado de una gran laguna y numerosos ríos como era entonces esa zona de Jaén, ni que tuviera unas magníficas murallas de diversos metales y el templo de Poseidón en el centro, sino las normales murallas de piedra, que ya es bastante, y sus pequeños lugares de culto; ni que tuviera 9.000 años de antigüedad, que ahora serían casi 12.000, sino que tenga 5.000 como es el caso y que no es poco, es mucho para lo conocido hasta ahora.

Dibujo de cómo sería la ciudad calcolítica de Marroquíes Bajos, por el arqueólogo Narciso Zafra.

Particularmente opino que la macroaldea calcolítica de Marroquíes Bajos no fue la capital de la Atlántida, si es que esta civilización existió. Pero sí creo que esta extraordinaria población tiene un porqué que los científicos se resisten a estudiar: lo más seguro es que esta ciudad formara parte de una civilización histórica que seguía los patrones y la herencia de otra anterior a la que consideraban su origen, su madre, y esa civilización, que tambíen sería el germen de Tartessos, podría ser lo que los antiguos llamaban Atlántida... hace 12.000 años. Pero esa es otra historia...

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA VIRGEN MARÍA Y LOS LUGARES DE PODER

En los inicios del cristianismo, el culto a María, la madre de Jesús, tuvo una importancia muy secundaria y seguramente más ajustada a su importancia en la nueva religión. Pero a partir del siglo XI hubo un inesperado fervor hacia esta figura, incluso en detrimento de Jesucristo. Coincide esta época con las cruzadas, una época convulsa y de cambios en la que destacaron en buena medida por su repercusión los templarios y san Bernardo de Claraval, que tanto apoyo les dispensó. La orden cisterciense de san Bernardo de Claraval y los que casi se podrían considerar su brazo armado, los templarios, están detrás de muchas de las apariciones de la Virgen María, porque, aunque a muchos creyentes no les gusta admitirlo, las apariciones marianas de la época no son más que milagros inventados por ellos para cristianizar lugares sagrados desde la antigüedad, o ¿sería más bien para perpetuar los lugares sagrados disimulándolos como cristianos? Algunos otros sitios fueron cristianizados (?) en vez de con la Virgen María con otros santos de significado heterodoxo (san Miguel, san Juan, san Bartolomé, san Cristóbal…) según la advocación pagana o uso que de aquel lugar se hiciera como santuario anteriormente, y muy pocas veces, paradójicamente, con Cristos.
En España, la Reconquista fue una época propicia para estas supuestas apariciones de Nuestra Señora, como se gustó denominarla en aquellos entonces y que se ha mantenido hasta ahora. Surgieron por todas partes historias milagrosas que repiten un guión muy parecido: en época de la invasión musulmana se escondió la imagen de la Virgen para protegerla de ser destruída, una escultura que había sido traida normalmente desde Tierra Santa y tallada por san Lucas, y tras permanecer oculta varios siglos es encontrada debido a alguna señal o aparición extraordinaria en el lugar por un pastor o campesino (que muchas veces tienen algún tipo de minusvalía física) en una cueva, dentro del tronco de un árbol, debajo de una campana enterrada, dentro de un muro o algo similar; la talla que se encuentra suele ser de madera, pequeña, sentada en actitud de majestad con el Niño Jesús en brazos, y su cara suele ser de tez morena o negra; la Virgen pide al que la encuentra que haga en su honor una ermita o santuario en el sitio donde estaba la talla, y si no se le hace caso y la imagen es trasladada ella siempre vuelve extrañamente de una manera u otra al lugar hasta que consigue que los paisanos hagan su voluntad.
Y es que el lugar donde se adora a la Virgen no puede ser cualquiera, debe ser donde la milagrosa aparición indique. En esos sitios hubo anteriormente algún culto pagano a la Diosa Madre, la dispensadora de vida y conocimiento, y su representación se solía hacer dentro de una cueva o dolmen, que simbolizan el útero materno, con una piedra sagrada, el betel, la casa de Dios y puerta del cielo, Ianua Caeli, siendo así un lugar sagrado en donde el hombre tomaba contacto con la divinidad dadora de bienes. De esta manera, las antiguas diosas, o Venus como se les suele denominar en arqueología, pasaron a ser las Vírgenes Marías, muchas veces negras, color que esotéricamente simboliza a la tierra fértil y la sabiduría iniciática, como bien sabían ya en Oriente los egipcios, Salomón e incluso los árabes.
¿Pero qué hace de un lugar con unas determinadas piedras, cueva, dolmen, etc. un sitio especial que merece ser considerado como sagrado? Porque se considera que allí es más fácil el contacto con lo divino, una especie de puerta hacia lo invisible que se produce porque precisamente allí existen ciertas fuerzas o energías que elevan a la persona hacia un estado de armonía y paz que mucha gente siente como cierto bienestar y alivio físico y mental, y que incluso a las personas más sensibles les lleva a entrar en un estado alterado de conciencia que les hace pasar la puerta que les conduce hasta esa otra realidad en una dimensión que nuestros sentidos ordinarios no perciben. Esas energías, cuando son positivas, son las que equilibran nuestros cuerpos y mentes, y elevan el espíritu humano, y son las que se conocen como fuerzas telúricas, es decir, fuerzas de la Tierra, que se manifiestan en determinados puntos del planeta por ciertas características del terreno como su composición, orografía (montes, fallas...), magnetismo, presencia de aguas, etc. El agua es un elemento muy importante, sobre todo las subterráneas, para que esas energías se hagan presentes, por eso muchos de los santuarios antiguos y modernos bajo la advocación de la Virgen María, están junto a un nacimiento o fuente, que por lo demás es otro símbolo alegórico y literal de vida. Tampoco hay que olvidar la importancia de la orientación de la cueva, dolmen, ermita o cualquier edificio que acoja la imagen sagrada, hacia posiciones especiales del Sol, la Luna o determinadas estrellas y constelaciones que dan su influjo energético desde el cielo hasta la Tierra.
Que desde el Paleolítico y el Neolítico, como se ha comprobado muchas veces, esos puntos especiales se conocieran y utilizaran, demuestra que desde siempre el hombre ha tenido sensibilidad por esas energías sutiles, es más, en la antigüedad ese sentido estaba más desarrollado que ahora en este tiempo en el que el materialismo se ha instalado arrogante pero en el que todavía la gente se moviliza, aunque no sepa bien por qué, hacia los lugares de poder.