lunes, 22 de agosto de 2011

LAS NUEVAS CARAS DE BÉLMEZ

El jueves 18 de agosto se levantó el precinto notarial en una de las habitaciones de la casa natal de María Gómez Cámara, en la calle Cervantes nº 7 de Bélmez de la Moraleda (Jaén), la conocida como casa de las nuevas caras de Bélmez que desde hace unos años, tras el fallecimiento de María Gómez, también presenta fenómenos paranormales. Por iniciativa del GIPB (Grupo de investigaciones parapsicológicas Bélmez) la notario de Huelma Elena Ramos precintó una de las habitaciones de la planta baja, en donde se manifiestan las extrañas caras, el 18 de febrero, y tras 6 meses se ha vuelto a abrir. Con esto se quiere demostrar que allí no ha entrado nadie en todo este tiempo y que cualquier modificación que ocurriera en la pared que fue enfoscada con cemento el día del precinto no tiene nada que ver con intervención exterior alguna. De esta manera, al entrar de nuevo a la habitación se pudo ver con sorpresa por parte de la notario, miembros del GIPB, periodistas, albañiles y curiosos que la pared tiene modificaciones en forma de manchas de manera que no se pueden tachar de simples humedades, que son fácilmente distinguibles. Algunas de esas manchas parecen como radiaciones o ramificaciones desde un punto central, algo nunca visto, y otras son inicio de caras, siempre formándose a partir de dos puntos que pueden ser los ojos y otras manchitas abajo que empiezan a formar la nariz y la boca.

Os pongo dos fotografías obtenidas el día después de abrir la habitación, una general de la pared y otra de una parte de ella, para que podáis juzgar por vosotros mismos, aunque siempre lo mejor es visitar la casa, que está abierta para cualquiera que quiera verla.





¿Humedades que en esta casa, como en la anterior, tienen la extrema casualidad de formar imágenes humanas? ¿Pareidolia y ganas de ver lo que no hay? ¿Auténtico fenómeno paranormal en el que se manifiestan unos seres? Para mí el misterio sigue vivo...

viernes, 22 de julio de 2011

MARÍA MAGDALENA

María Magdalena, de Magdala, cerca del Tiberíades en Galilea, es mecionada en el Nuevo Testamento entre las mujeres que acompañaron y siguieron a Jesús (Lucas 8, 2-3) donde también se dice que habían sido echados fuera de ella siete demonios (Marcos 16, 9). Ella es la segunda persona nombrada a los pies de la cruz (Mc 15,40; Mt 27,56; Jn 19,25; Lc 23,49.). Ella vio a Cristo yaciendo en su tumba y fue la primera testigo reconocida de la Resurrección.



La Iglesia Ortodoxa desde un principio distinguió tres personas: la “pecadora” de Lucas 7,36-50; la hermana de Marta y Lázaro, Lc 10,38-42 y Jn 11; y a María Magdalena.
Por otro lado, la mayoría de los padres de la Iglesia Católica sostuvieron que estas tres personas fueron una y la misma. Posteriormente, los protestantes creen que eran dos, y tal vez tres personas distintas.

El primer hecho, mencionado en el Evangelio en relación a este tema, es la unción de los pies de Cristo por una mujer, una “pecadora” en la ciudad (Lucas 7, 37-50). Inmediatamente después, san Lucas describe un circuito misionero en la Galilea y nos cuenta de una mujer que siguió a Cristo entre ellos siendo “María la llamada Magdalena, de quien fueron exorcizados siete demonios” (Lucas 8, 2); pero no nos dice que es con ella con quien se identifica “la pecadora” del capítulo anterior. En 10, 38-42, nos cuenta la visita de Cristo a Marta y María “en cierto pueblo”; es imposible identificar el pueblo, pero queda claro más adelante que Cristo había definitivamente dejado Galilea y es bastante posible que este “pueblo” fuera Betania. Esto parece confirmado por la parábola precedente del buen samaritano, la cual casi con certeza fue dicha en el camino entre Jericó y Jerusalén. Pero aquí nuevamente notamos que nada sugiere una identificación de las tres personas (la “pecadora”, María Magdalena y María de Betania) y si solo tenemos a san Lucas para que nos guíe, ciertamente no tenemos fundamentos para identificarlas. San Juan, sin embargo, claramente identifica María de Betania con la mujer que ungió los pies de Cristo (12; cf. Mt 26 y Mc 14). Es notable que ya en el 11, 2 san Juan haya hablado de María como “aquella que ungió los pies del Señor”; es concebible que san Juan, sólo porque escribió mucho tiempo después de los eventos y en un tiempo cuando María estaba muerta, que desee apuntarnos que ella era realmente la misma conocida como la “pecadora”. Del mismo modo, san Lucas pudo no haber revelado su identidad precisamente porque no deseaba difamar a alguien aún vivo; ciertamente ocurre algo similar en el caso de san Mateo (5, 7) quien oculta su identidad con Leví, el publicano.
Si el argumento anterior se mantiene correcto, María de Betania y la “pecadora” son una y la misma persona con María Magdalena. Con san Juan aprendimos el nombre de la “mujer” que ungió los pies de Jesús previo a la Última Cena. Podemos notar aquí que parece innecesario mantener esto porque san Mateo y san marcos dijeron “dos días antes de la Pascua” mientras que san Juan dice “seis días”, hay, por lo tanto, dos distintas unciones una tras la otra. San Juan no necesariamente quiere decir que la Cena y la unción tuvieron lugar seis días antes, sino que Cristo llegó a Betania seis días antes de la Pascua. Entonces, en aquella Cena María recibió el glorioso encomio, “ella ha realizado una buena obra en mí...al ungir mi cuerpo para mi entierro...donde sea que este Evangelio sea predicado...que también lo que ella ha hecho por mí sea relatado en memoria de ella”. Considerando todo esto, ¿es creíble que esta María no tuviera lugar a los pies de la Cruz, como tampoco en la tumba de Cristo? Sin embargo, es María Magdalena quien, de acuerdo a todos los evangelistas, estuvo a los pies de la cruz y asistió en el funeral y fue la primera testigo registrada de la Resurrección. Y mientras san Juan la llama “María Magdalena” en 19,25; 20,1 y en 20,18, la llama simplemente “María” en 20,11 y 20,16.
Bajo esta visión, la serie de eventos constituyen un todo consistente; la “pecadora” aparece temprano en el ministerio buscando el perdón; ella es descrita inmediatamente después como María Magdalena, “mujer de la cual salieron siete demonios”; poco después la encontramos “sentada a los pies del Señor y escuchando sus palabras”. En un período posterior María y Marta se vuelven a Cristo y El les devuelve a su hermano Lázaro; poco tiempo después, lo invitan a cenar y María nuevamente repite el acto que había realizado como penitente. En la Pasión ella está a su lado; ella lo ve yaciendo en la tumba; y es la primera testigo de su Resurrección.

Los evangelios gnósticos de santo Tomás y san Felipe, incluso el atribuido a la misma María Magdalena, encontrados en Nag Hammadi (Egipto) tras estar muchos siglos enterrados, aportan importantes matices, de tal manera que nos hacen ver a la Magdalena como posiblemente su más avanzada discípula, la que mejor supo entender al Maestro y, entonces, la que quizás continuó más fielmente sus enseñanzas, creándose así una iglesia, de la que participaría san Juan de forma destacada, que podría ser considerada la más auténtica heredera del magisterio de Jesús y que desgraciadamente tuvo que soportar desde muy temprano los recelos de las demás facciones cristianas y luego la persecución y el intento de eliminarla completamente por parte de la Iglesia oficialmente establecida.

Esta facción de seguidores de la iglesia de María Magdalena, que se podría considerar la más puramente cristiana, habría tenido continuación a lo largo de los siglos a pesar de todo, con grandes altibajos y casi siempre manteniéndose en la discreción o en el secretismo, y enmarcándose dentro del gnosticismo, como fueron los bogomilos, los cátaros, posiblemente parte de los templarios y ciertas facciones de sociedades secretas y discretas hasta nuestros días.


Un buen ejemplo de esa posible continuidad de la iglesia de María Magdalena estaría expresada en la obra de Leonardo da Vinci, destacando su Santa Cena, en donde el lugar de san Juan podría estar ocupado por la figura de la Magdalena, junto a Jesucristo.
La Iglesia Griega sostiene que la santa tras la resurrección del Maestro se retiró a Éfeso (en la actual Turquía) con María, la madre de Jesús, y allí murió. Sus reliquias fueron transferidas a Constantinopla en el año 886 y son preservadas allí. Gregorio de Tours (De miraculis, I, xxx) apoya la idea que ella se fue a Éfeso.


Sin embargo, de acuerdo a la tradición francesa, María Magdalena, Lázaro y algunos acompañantes se fueron a Marsella convirtiendo a toda la Provenza. Se dice que la Magdalena se retiró a un cerro, la Sainte-Baume (Santo Bálsamo), donde se entregó a una vida de penitencia por treinta años.


Al llegar el momento de su muerte fue llevada por ángeles a Aix, al oratorio de san Maximino, donde recibió el viático; entonces, su cuerpo yace en un oratorio construido por san Maximino en Villa Lata, luego llamada Saint-Maximin.


La Historia se mantiene silenciosa respecto a esas reliquias, hasta el año 745, cuando, de acuerdo al cronista Sigebert, fueron cambiadas a Vézelay por temor a los sarracenos. No hay registro de su regreso, pero en el año 1279, cuando Carlos II, rey de Nápoles, levantó el convento en la Sainte-Baume para los dominicos, se encontró el sepulcro intacto con una inscripción que declaraba por qué había sido escondido. En el año 1600 las reliquias fueron colocadas en un sarcófago, enviado por Clemente VIII, con la cabeza colocada en una vasija separada. En el año 1814, la iglesia de la Sainte-Baume, derrumbada durante la Revolución, fue restaurada y en la gruta fue nuevamente consagrada. La cabeza de la santa ahora yace allí, donde ha estado por tanto tiempo y donde ha sido centro de muchos peregrinajes.


Es muy interesante ahondar en esta tradición occidental sobre la vida de María Magdalena tras la resurrección de Jesús. La tradición con más adeptos es que por la persecución de los judíos contra los primeros cristianos tuvieron que embarcarse los tres hermanos, María, Marta y Lázaro, con algunos otros, en una nave desmantelada, y que caminando a merced de las olas del Mediterráneo entró en el puerto de Marsella, aunque otra versión muy extendida dice que llegaron primero a Saintes-Maries-de-la-Mer, en la Camarga, donde todavía se recuerda y celebra tal hecho.


Santa María Magdalena predicaba junto al gran templo de Diana, en cuyo sitio se ve todavía una antiquísima capilla en honor de la santa. Según la misma tradición, Lázaro fue obispo de Marsella, en donde murió, y llevó a Tarascón la luz del evangelio. Marta también predicó en esta zona del sur francés, enfrentándose incluso a un dragón, al que venció solo con agua bendita. Años más tarde, en el año 47, la Magdalena se retiró a una caverna, que ha venido a ser muy célebre, bajo el nombre de la Sainte-Baume; allí, en aquel desierto humano, es donde finalizó sus días en las prácticas de la más austera penitencia. Existe una leyenda de la Sainte-Baume. Esta leyenda es una de las más bellas y se encuentra intercalada en un relato que forma parte de un sermón de un dominico que refiere que habiéndose aparecido esta santa a un religioso de su orden que estaba allí, le trazó el cuadro de la vida penitente que había llevado en la gruta en donde ella se había retirado en la Provenza. Este relato, en resumen, cuenta lo siguiente sobre la Magdalena:
La santa le dijo al padre Elías, testigo de la aparición en la gruta, que habían llegado en gran número a Marsella desde Jerusalén, arrojados sobre una nave y abandonados a la gracia de Dios. Marsella los acogió y abrazó la fe cristiana como casi toda la comarca. Una inspiración del cielo condujo sus pasos a una cueva solitaria, y apenas moraba en ella cuando, al fijar sus ojos en la fuente preparada por la Providencia, percibió en la sombra una serpiente de aspecto horrible, una enorme boa. Al ver a la santa se levanta y a sus espantosos silbidos saltan una innumerable multitud de sierpes de toda especie, que dirigen contra ella sus ojos y su furor. Por el pavor que le causaron, aunque no temía a la muerte, rogó a Jesús. La enorme serpiente la cogió entre sus afilados dientes, pero al momento se apareció un ángel que la arrancó de los dientes del dragón y le dijo: “Feliz eres por haber creído, ¡oh María!”. Y hollando después al dragón dijo: “Sal de aquí, tú y tus serpientes”. Y el dragón y las serpientes, volando aquél, y éstas arrastrando, se precipitaron al desierto. Desapareció el ángel después de haber purificado con su aliento de fuego la caverna. Cuando la Magdalena hubo recorrido todo este recinto, y vió que era inaccesible para los hombres, se puso de rodillas llorando y exclamó: “¡Bendito seáis, oh Jesús mio, por haber cumplido mis deseos! Dignaos ahora también a hacer manar para vuestra sierva agua de este peñasco”. Al momento mismo la enorme peña se abrió y empezó a derramar un manantial. Luego advirtió que en la parte derecha de la gruta había muchos espíritus que le aconsejaban que abandonara las plegarias, con lo que comprendió que eran demonios. Al clamar a Dios el arcángel san Miguel se presentó, puso en fuga a los ángeles de las tinieblas y le dijo que el Altísimo vela sobre ella. Y esto diciendo, plantó una cruz en la entrada de la gruta.


Allí permaneció la Magdalena durante mucho tiempo con otras muchas experiencias místicas como la de dos ángeles que la subían; en una de ellas un ángel le dijo que allí quedaría tanto tiempo como el Salvador permaneció sobre la Tierra. Se volvió insensible al calor y al frío, sus vestidos se calleron a pedazos pero sus cabellos habían crecido hasta el punto de cubrirla entera. Se pasaba la vida en la meditación de los misterios de Cristo. Incluso en los postreros días de su vida el mismo Jesucristo la visitó, resplandeciente como en el Tabor.


Siguen las crónicas diciendo que tras 33 años oculta y sabiendo que por fin el Señor quería llamarla para sí, a través de un hombre que la había encontrado y que hizo de mensajero, hizo que el obispo Maximino estuviese preparado para celebrar una misa el día por ella señalado, en el cual iría sin falta. Algunos días después, estando preparado Maximino, entró la Magdalena en su oratorio y le contó todo lo que le había pasado durante su retiro, lo cual mandó escribir el obispo para que quedara para la posteridad. Después de que la Magdalena le contó toda su vida eremítica, le pidió a Maximino que le diese la comunión y apenas la recibió murió.
Continúa la tradición diciendo que el cuerpo de Santa María Magdalena, después de su muerte, arrojaba de sí un olor delicioso. El obispo Maximino, acompañado del clero, le hizo los honores del entierro, y se añade que fueron tantos los milagros con que la santa señaló y engrandeció esta pompa funeral que los fieles en los tiempos sucesivos erigieron en su obsequio el hermoso mausoleo de alabastro que aún se conserva en la capilla subterránea. El día 22 de julio del año 81, observa uno de sus historiadores, fue el de la muerte de la Magdalena. Se ignora exactamente los años que vivió porque carecemos de fundamento sólido en que apoyarnos; pero según lo escrito por algunos historiadores de su vida, murió con 79 años. A los 15 dió principio a sus liviandades, doce vivió de este modo, tres empleó en acompañar a Jesús, dieciséis consumió en la predicación y treinta y tres permaneció en la soledad de su amada cueva.
San Maximino declaró al clero que cuando muriera quería ser sepultado a los pies de la santa. Procuró dar a conocer al pueblo el lugar de la penitencia de la Magdalena e hizo accesible la gruta a la veneración de los fieles. Se extendió tanto la devoción a la Magdalena que la roca fue habitada en el año 450 por los casianistas y después por los monjes de san Benito. Unos y otros estuvieron también sucesivamente en Saint-Maximin para custodiar la reliquias de la santa cuya devoción florecía en los dos lugares. Se alteró la Provenza después por la incursiones de los musulmanes y se resolvió ocultar aquel precioso tesoro confiando a algunas personas el secreto del lugar donde se escondía en el año 716. Carlos de Anjou, hijo de Carlos I, rey de Jerusalén, de Sicilia y conde de Provenza se hallaba en la ciudad de Aix en 1278 mientras su padre, hermano de san Luis rey de Francia, estaba ocupado en los negocios de Italia. Sabiendo este príncipe la historia de la Magdalena, quiso encontrar los preciosos restos. Apeló a la oración y a los santos ejercicios, y refieren las crónicas que la misma santa le reveló el lugar en que se había ocultado su cuerpo, es decir, en un campo inmediato a la iglesia de Saint-Maximin, donde se encontraba una frondosa planta de hinojos, haciendo el hallazgo en 1279. Es de advertir que el padre fray Isidoro de Sevilla dice que esta revelación de la santa a Carlos de Anjou tuvo lugar en Barcelona y no en la Provenza, pues en 1279 fue hecho prisionero por un general de la mujer de Pedro III de Aragón, y estando preso en Barcelona, en la noche del 21 de julio, se le apareció la santa, le libró milagrosamente y le hizo la revelación. Sea lo que sea, el príncipe mandó cavar en aquel punto y descubrió el sepulcro de alabastro y los otros tres de mármol. Subido después este príncipe al trono, como Carlos II, fomentó esta devoción a las reliquias de la santa con una feria franca anual en la ciudad de Saint-Maximin.


Como se puede comprender, no debe ser casualidad que si la Magdalena vivió, murió y fue venerada desde aquel momento en el sur de la actual Francia, se la relacione directamente con los movimientos religiosos considerados heréticos por la Iglesia Católica como fue el catarismo, tan arraigado en la zona, y otras cuestiones más o menos paralelas como las sociedades secretas y las líneas familiares que guardan el sagrado conocimiento, el que nos legó María Magdalena, la amada discípula de Jesús.

jueves, 30 de junio de 2011

UN VIAJE AL CENTRO

Cuando, acercándonos a Chartres, vimos por primera vez en el horizonte las dos torres de la catedral, una repentina emoción nos invadió, pues empezamos a ser conscientes de que nos aproximábamos a un lugar y un momento únicos. Aquel magnífico templo gótico parecía llamarnos ahora más fuerte que nunca… ¿Cómo describir la sutil emoción y satisfacción de llegar hasta sus muros, maletas en mano todavía, y observar sus grandiosas portadas, y ver al ángel del reloj y al asno de la zanfonía…?




Al día siguiente, día del solsticio de verano, entramos por primera vez en la catedral, y fue como traspasar el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro que soñamos… Allí, en la nave central intuimos más que vimos el laberinto, oculto por numerosas sillas y la poca luz del templo, y en esa casi penumbra acentuada por el día nublado, se elevan las bóvedas de crucería hacia el cielo, el cielo azul de las maravillosas vidrieras, que te dejan hipnotizado por unos instantes al observarlas… es el azul de Chartres…
Aquel día no se produjo “el milagro del Sol”, porque las nubes impidieron que el rayo solar pasara por el pequeño orificio de una vidriera hasta el punto señalado en el suelo, pero ¿qué más da?, eso solo es una curiosidad elaborada siglos después de la construcción del templo, lo importante es que estábamos allí, sintiendo por primera vez el verdadero milagro de ese lugar, su energía, que se manifestaba en su poder de convocarnos y de invitarnos a la introspección, pues muchos sentimos la necesidad de permanecer allí solos, buscando en nuestras sensaciones y pensamientos, buscando el centro de nosotros…




Los dos días siguientes fueron los de la búsqueda de los sitios relacionados con la catedral de Chartres.
Primeramente fuimos al encuentro de los megalitos que rodean la ciudad, testigos de que estábamos en un lugar sagrado milenario… ¿ de hace 5.000, 10.000 años? No lo sabemos, pero los indicios indican una antigüedad más próxima a la segunda cifra. Lo más importante del día fue comprobar el estado energético y su posible corrección del dolmen “madre”, de enormes rocas semicaidas. Las personas más sensitivas, cuatro mujeres, afirmaron que lo habían corregido y que desde ese momento la red energética que lo une con los otros megalitos de la región se había reconectado, y humildemente los demás aportamos nuestra ayuda al lugar y a la red. En aquel día pasamos de la lluvia insistente de la mañana al radiante sol, justo cuando el trabajo energético en el dolmen comenzaba; ¿una señal, un indicio…? De la lluvia al sol, del agua al fuego… Y ya con el día abierto, soleado y ventoso, recorrimos otros sitios megalíticos de norte a sur en los que pudimos sentir su energía, y muchas veces presente en el horizonte las lejanas torres de la catedral, como una guía, un faro…



Al día siguiente opté por visitar junto a unas personas estupendas otra catedral relacionada con Chartres. Otra de la misma época y advocación: Notre Dame de París. Una verdadera joya que a pesar del gran número de turistas no pierde su encanto, pues es de una gran belleza, y de mucha energía… Afuera, en las torres, las quimeras mirando al horizonte, entre ellas el Pensador, ¿qué piensa, qué espera?, ¿habrá llegado ya el tiempo que piensa y que espera? Dentro el tiempo pasó rápido rodeados de luminosas vidrieras, abajo verdes y azules, arriba azules y rojas… y las sensaciones fueron muchas, incluidas la emoción y el compañerismo, que se acentuaron cuando “casualmente” nos encontramos con otros compañeros de aventura de Chartres. Y digo “compañeros” porque así lo sentimos todos desde el primer día: que estábamos todos allí para vivir unos días inolvidables, juntos y unidos con un pensamiento, un sentimiento y un afán similares.
Aprovechando la estancia en París recorrimos una línea considerada sagrada, la línea rosa, el antiguo meridiano cero que en esta preciosa ciudad se señala en la iglesia de St. Sulpice y que hacia el norte atraviesa St. Germain des Prés, antiguo templo merovingio, y llega hasta la plaza del Louvre, entre las dos pirámides de cristal. Simbolismo, arte, historia y modernidad mezclados…




Y llegó el viernes día 24, el de san Juan Bautista, y el laberinto de Chartres se despejó para poderse recorrer. Para ese día los compañeros españoles y de otros países habían aumentado en número, y todos dimos prioridad, cómo no, a hacer el laberinto. Realmente es algo único hacer el camino del laberinto, enroscado como una serpiente. El laberinto te invita y te lleva de nuevo a la introspección, te acerca y te aleja de su centro varias veces, consiguiendo que también lo hagas interiormente y que mientras tanto diversas sensaciones, pensamientos y hasta visiones vengan a los que lo recorren, dicen que por influencia del cambio de frecuencia energética que tiene el laberinto en sus distintas partes, hasta que por fin permite que llegues a su centro, a tu centro, y que sientas con claridad el calor de la serpiente telúrica, el calor de la serpiente interna.
Incluso los que no nos consideramos especialmente sensitivos pudimos notar la fuerza del laberinto. Imagínense los que sí lo son… Y todo ello en un ambiente de tranquilo y sereno entusiasmo.
En estas experiencias lo subjetivo es muy importante, pero no desde el punto de vista de que es algo imaginado o fruto de la sugestión, sino porque precisamente esto está dirigido para que cada uno tenga y viva las sensaciones que le correspondan para su elevación mental y espiritual. Por lo general no es algo que se pueda ni deba explicar, ya que uno mismo debe sacar sus conclusiones y enseñanzas con el tiempo. El que con mente abierta y tranquilidad ha permanecido en cualquier lugar sagrado lo comprenderá.
Y había una cuestión común: de alguna forma sabíamos que habíamos conseguido bajar energía del cielo hacia la Tierra, y que nosotros habíamos sido su canal al mismo tiempo que nos beneficiábamos de ella. Fue un descenso de la luz para que la Madre Tierra y nosotros nos eleváramos. ¿Es por eso que esta catedral está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción?
Entre aquella noche y la mañana siguiente nos despedimos de aquella extraordinaria máquina energética y espiritual que es la catedral de Chartres, al mismo tiempo que nos despedíamos los compañeros, nunca con tristeza, sino con alegría y cordialidad, con la sensación de que nos conocíamos de hace mucho tiempo y con la conciencia de haber vivido ya unos días únicos que nos hermanarán para siempre. Nos volveremos a ver en el camino, no dudéis de esto.



Atrás dejé la cabeza de la serpiente telúrica, principio de los 1.600 km. del Camino de Santiago que allí comienza, y al finalizar el día regresaba a Jaén, que siempre emociona al ver en el horizonte su monte sagrado y la catedral con sus dos torres, otro templo que es un lugar de poder, que simbólicamente es otra cabeza de serpiente-dragón, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción… De un centro sagrado a otro, y a mi centro…


jueves, 16 de junio de 2011

CHARTRES Y LA REACTIVACIÓN DE LOS LUGARES SAGRADOS. 3/3

Del 21 al 24 de junio muchos de nosotros ayudaremos a reconectar la Tierra con el Cielo, activando las antiguas Puertas o Conexiones, que se cerraron en tiempos remotos, para equilibrar la baja energía vibracional de nuestro planeta con las intensas energías que están llegando del Cosmos y que se canalicen adecuadamente, ayudando a que el parto de la Tierra sea lo más liviano posible y a la elevación de la conciencia individual y colectiva, contribuyendo a crear la masa crítica necesaria para dar el Salto que un futuro prometedor nos ofrece.
Para ello, personas procedentes de muchos lugares acudiremos a la catedral de Chartres para activar esa poderosa máquina energética que es su laberinto el viernes 24, que es el día de la semana que se abre al público y además coincide con san Juan. Lo haremos tras comenzar la reconexión el 21, día del solsticio de verano, y en los días siguientes reactivar las conexiones telúricas y el poderoso circuito de dólmenes que rodean a este lugar y que están orientados hacia determinadas estrellas.


Catedral de Chartres.



Chartres es el lugar más sagrado de Francia desde tiempos remotos, el gran santuario galo de la Madre Tierra y el oráculo solar druídico. Esta prodigiosa catedral fue conscientemente construída sobre el cerro de Carnutis, la Is (o lugar sagrado) de los Carnutos, nombre que significa los Guardianes de la Piedra. Porque en él estaba emplazada la Piedra Sagrada de la diosa Belisana, el dolmen que hoy yace oculto bajo la excepcional catedral, pisando (controlando) la cabeza de la gran Serpiente Telúrica (Wouivre) de la Europa occidental y mediterránea, como hoy hace una de las dos Vírgenes que rigen la catedral.
Hasta allí viajaron desde tiempos remotos las gentes de las Galias en busca de curación. Y allí acudiremos a revitalizar la Serpiente Telúrica con ayuda de las fuerzas celestes, a poner en marcha ese maravilloso instrumento musical-vibratorio que es la más prodigiosa de las catedrales góticas.
El hecho de que dos puntos de cita fundamentales sean Chartres y Compostela es porque están construídas sobre poderosos lugares megalíticos que, como todos los otros donde se alzan estas piedras, actúan como agujas de acupuntura para la Tierra, y porque, si Chartres es la cabeza de la Serpiente telúrica y fue oráculo solar de los druidas, Compostela es la cola de esa gran Serpiente y fue oráculo lunar druídico, siendo así respectivamente el principio y el final de la magnífica corriente energética del occidente europeo que originó el Camino de Santiago.
Chartres encabeza los lugares sagrados del norte de Francia, cuyas principales catedrales, como son las de París, Amiens o Ruán, están dedicadas, como la de Chartres, a Notre-Dame, Nuestra Señora, la Diosa Madre que con el cristianismo se sincretizó en la Virgen María.
Compostela es el lugar central de una serie de sitios que se dirigen hacia el Atlántico, hacia el fin de la tierra, como Finisterre, Muxía, Noia o Padrón, en los cuales el culto a Santiago y a Nuestra Señora la Virgen María siempre está presente.


Catedral de Santiago de Compostela.



Finisterre, el final ancestral del Camino de Santiago.



A todos los que lean estas líneas y se sientan más que interesados, llamados por esta gran ocasión, les animo a que participen, a que ayuden en esta conexión sagrada cosmo-telúrica que nos acercará al padre Sol y a la madre Tierra. No es cuestión de supersticiones ni mal entendidas magias, es cuestión de energías, de vibración y frecuencias, todo en la Creación es energía manifestada de diversas formas, y sus ciclos están presentes en lo más grande y lo más pequeño, y en ellos hay bajadas y subidas del nivel vibratorio… ahora estamos en un ascenso… Y por encima, la mente, que modula, que crea… todo es mental… Los que sepan, aunque básicamente, de hermetismo, la sagrada ciencia de Hermes - Thot, lo comprenderán…
Para los que quieran participar transcribo las palabras de Enrique de Vicente de cómo hacerlo. Cuantos no puedan acudir a Chartres podrán participar activamente a partir del 21 de junio, pero especialmente el 24, en torno a todos los lugares megalíticos, pero también en cualquier otro lugar o casa donde se reúnan en torno a un cuarzo, la piedra que mejor conduce las energías telúricas. También en las catedrales o lugares donde, con certeza, haya habido megalitos, con tal de que el terreno no haya sido taponado con cemento. Eso es lo que lamentablemente hicieron en la catedral de Compostela con motivo de reducir las humedades que producían las corrientes de aguas subterráneas que ayudaban a hacer fluir la energía, pero, como la catedral se sitúa sobre uno de los puntos claves de la gran Serpiente telúrica, quienes quieran pueden hacerlo allí o en los lugares megalíticos y geoglíficos que van de allí hasta Finisterre, aunque no tenemos la certeza de que la activación de Chartres sea capaz de “destaponar” aquel antiguo lugar sagrado.


Dolmen de Menga, Antequera (Málaga)



Nunca debería hacerse cerca de un volcán, por muy inactivo que esté, ni en las costas o playas, debido a la poderosa naturaleza eléctrica de las fuerzas que intentaremos movilizar.
¿Por qué especialmente el 24 de junio? Porque estaremos en la catedral de Chartres ese día, viernes, que es cuando dejan recorrer su laberinto, entre las 10 y 19 h. Coincide además que es el día de san Juan Bautista.
¿Cómo?
De pie, imaginándonos que somos como un tubo o como una aguja de acupuntura que se introduce en la Tierra y la conecta con el Cielo (o quien lo visualice mejor, como un árbol cuya punta toca el Cielo y que hunde sus raices en la Tierra).
Visualizamos que hay una energía luminosa que baja del Cielo, que entra por nuestras cabezas, y que despierta las redes telúricas, las venas por la que discurre la sangre de la Tierra.
Esa energía siempre desciende a la Tierra, que es la que necesita ser activada y equilibrada. Nunca la hacemos ascender hacia arriba, pues conseguiríamos el efecto contrario al deseado.
Nosotros somos los transmisores, los canales que conectamos la Tierra con el Cielo, los interruptores que conectamos la corriente eléctrica, para que fluya por las venas telúricas. Porque los seres humanos tenemos esa capacidad. Investigadores como el Dr. Havelock Fidler han demostrado que los megalitos están cargados (o no) con una energía de origen humano, que es transferible de unas piedras a otras.
Quienes estemos en una catedral o lugar megalítico o petroglífico podemos irnos desplazando y “poner agujas”, una y otra vez, en torno a los mismos, como si activáramos diferentes puntos de los meridianos de acupuntura terrestres.
Quienes estén en otros lugares podrían poner cuarzos en el centro y hacer el trabajo en torno a ellos. Luego, pueden coger cada uno un cuarzo con sus manos, visualizando el Laberinto de Chartres, hermanándose con todos los que estaremos allí, trabajando para poner en marcha esa poderosa maquinaria creada por las hermandades de constructores en el lugar perfecto. Ahora es el Momento.
Lo más importante es que cada uno de los seres humanos que participemos, en cualquier lugar, sintamos que estamos conectados con la Cadena de Luz. Que hagamos todo con amor, con alegría, con risa.
Es como un nuevo nacimiento de las redes telúricas, de las venas de la Tierra. Como si estas fuesen recorridas por una nueva sangre, por una nueva electricidad, impregnadas por el símbolo del amor y la alegría, insertando estos sentimientos en ese nuevo despertar de las venas de la Tierra. Como si nuestro planeta fuera un ser vivo y su sangre recibiera una nueva información de amor y alegría.
Porque, como sostienen tantas Tradiciones, la Tierra ahora va a darse a luz a sí misma, como si fuese una partenogénesis. Como también lo hará el Sol, dando nacimiento al Sexto Sol que anuncian las Tradiciones mesoamericanas.
Por eso es tan importante ahora el despertar de la Luz en la Luz. En cierta manera, la mujer ha de hacer el mismo proceso que la Tierra, y el hombre el mismo proceso que el Sol, para nacer a un nuevo mundo en el cual el uno no dependa del otro, sino que formen un Nuevo Ser entre los dos.


El laberinto de la catedral de Chartres.