miércoles, 23 de enero de 2013

EL AYUNO, LA SALUD Y LA ESPIRITUALIDAD

El ayuno es una medida eficaz para ayudar a mejorar o conservar nuestra salud. No está de moda (ni falta que hace pues no es cuestión de modas), incluso hay muchos que no lo ven bien imbuidos en esta sociedad consumista que lo relaciona con la enfermedad o la escasez, y no se suele tratar este tema en los medios de comunicación, pero están demostradas sus virtudes, no sólo en lo físico sino también en lo psíquico y hasta en lo espiritual como las milenarias tradiciones esotéricas y religiosas han considerado.

El ayuno al que me refiero consiste en no ingerir alimentos y agua durante un día completo, una, dos o cuatro veces al mes, lo cual provoca un cambio metabólico en las reservas del sujeto, así como la activación de todos los procesos de regeneración, desintoxicación y depuración del organismo. Se trata de hacer reposar fisiológicamente el cuerpo para que la energía que normalmente usamos en los procesos digestivos pueda ser dedicada a fines curativos. No son recomendables los ayunos largos, sino un solo día de ayuno intensivo sin agua.

En general, se producen numerosos efectos terapéuticos. Hay diversos estudios médicos en universidades y centros hospitalarios que han constatado muchos de ellos. Según E. Ser, “Ayuno controlado” (1994):
El metabolismo basal (digestión en reposo) disminuye y, por tanto, las necesidades de todo el organismo.
Se realizan menos actividades con el consiguiente ahorro de energía.
Las reservas orgánicas de nutrientes son economizadas y reequilibradas espontáneamente. Cuando el glucógeno (el combustible del cuerpo) se consume, pasan a quemarse las reservas de grasa o tejido adiposo. Se equilibra así la línea.
Se produce un fenómeno de inversión energética. La energía no se dirige a las actividades normales de digestión, etc., sino que se concentra en la eliminación de toxinas y se acelera la regeneración celular o autólisis (los tejidos tienen unas sustancias o enzimas que regeneran ellas solas las células envejecidas o deterioradas).
Se invierten las funciones de algunos órganos, como el estómago que en vez de dedicarse a la asimilación de alimentos se convierte en un sistema de eliminación, ya que las mucosas toman un papel depurativo y limpiador.
Se reducen la secreciones orgánicas, como el sudor o la mucosidad. El cuerpo se torna ligero, fresco y sutil.
Las constantes vitales, como la respiración y la circulación tienden a suavizarse, aliviarse y relajarse.
Se tonifican y revitalizan absolutamente todos los sistemas del cuerpo (nervioso, circulatorio, endocrino, linfático, muscular, etc.), especialmente los de asimilación y almacenamiento (estómago, intestinos, bazo, vesícula biliar, etc.), que se limpian de impurezas obstructivas e ineficaces; y los de eliminación (hígado, riñones, pulmones, piel e intestino), que procesan las reservas pendientes sin tener que recibir un nuevo material de desperdicio.
Desaparecen todos los atrofamientos orgánicos, acumulaciones patológicas, desequilibrios, pequeñas lesiones y disfunciones.
Se normaliza el peso.
Aumenta la capacidad respiratoria.
Las secreciones fisiológicas se normalizan.
Se interrumpe el consumo de los agentes causantes de enfermedad o la toxemia.
Mejora la claridad del pensamiento y fortalecimiento de la mente.
Entre otros de sus múltiples beneficios incrementa el catabolismo (proceso de eliminación o destrucción de células), mejora el funcionamiento de la tiroides, metaboliza reservas orgánicas, beneficia el hígado (consume el glucógeno, nuestro “combustible”, y las reservas de grasas), cura las úlceras, el estreñimiento y todos los transtornos intestinales, y da elasticidad corporal.
El ayuno es ideal para equilibrar el sistema hormonal, para dejar de beber y fumar, para curar el insomnio, la ansiedad y la depresión; purifica la piel y elimina el acné y eccemas; ayuda, lógicamente, a adelgazar y mantener la línea, además de que equilibra y sensibiliza el apetito; cura tejidos enfermos, inflamaciones, piedras, protuberancias o excrecencias anormales; es un tranquilizador natural y previene las infecciones; mejora la memoria; aumenta el riego sanguíneo al cerebro y favorece la intuición y la claridad mental, aumenta la concentración y la fuerza de voluntad, desapega la mente y te da determinación espiritual como veremos más adelante.
Según el Dr. Schneider, el ayuno cura enfermedades de tipo crónico: la angina de pecho, asma bronquial, asma cardiaco, alteraciones de la presión sanguínea, alteraciones de la circulación, varices, reumatismo, hemorroides, jaquecas, inflamaciones renales, paradentosis, preeclampsia y eclampsia (convulsiones en embarazadas y recién paridas), y acorta la duración de anginas, gripe y neumonías.
Hellmut Lützner y María Wilhemi-Buchinger apuntan que es bueno para enfermedades de las vías urinarias, asma crónico y trastornos de la menstruación, cefaleas, migrañas, glaucomas (aumento de la presión intraocular), porfiria (erupciones causadas por la exposición al Sol), hepatitis crónicas, transtornos circulatorios, diabetes mellitus, enfermedades dermatológicas crónicas (eczema, psoriasis, etc.), poliglobulías (exceso de hematíes), sobrecargo graso del hígado, trastornos de circulación, enfermedades del metabolismo, reumatismos, reumatismo articular y de las partes blandas, deterioros vertebrales (artrosis, osteocondriosis, espondiloartrosis, gota, etc.).
Carrintong, Hazard, Dewey y Mcfaden, conocidos médicos higienistas, recomiendan el ayuno también para enfermedades ópticas (astigmatismos, miopías, presbicias), trastornos auditivos crónicos (hipoacusias, sorderas parciales), en las alteraciones cardiacas y crónicas (angina de pecho, palpitaciones, ataques cardiacos, fermentaciones intestinales agudas, distensiones de estómago, indigestiones agudas), y enfermedades del sistema nervioso (parálisis, epilepsia).
Ayuda asímismo en enfermedades agudas en las que hay fiebre, náuseas, vómitos, diarreas, disenterías; es preventiva para enfermedades víricas; en catarros, asma y bronquitis normaliza la secreción de mucosas.
El Dr. Luigi Segatore afirma que el ayuno es beneficioso tanto para los individuos que tienen alguna enfermedad del metabolismo como para los individuos que están completamente sanos.
El ayuno puede ayudar incluso a procurar bienestar en enfermedades terminales. No obstante debe tenerse cuidado al ayunar en enfermedades degenerativas graves, enfermedades graves de hígado y riñones, enfermedades cardiacas graves, diabéticos e hipoglucémicos o personas con anemia.
En realidad, el ayuno no cura, es el cuerpo el que cura mientras no comemos. Nuestro propio sistema lo hace todo naturalmente, espontáneamente. Los animales ayunan instintivamente cuando están enfermos. Por eso se trata de una de las terapias naturales más efectivas, un mecanismo perfecto de regeneración del cuerpo y de la mente. El cuerpo se ahorra la tremenda energía que gasta en los procesos de digestión y lo invierte en procesos de eliminación, autocuración e introversión mental.
El Dr. Heung asegura que el ayuno fortalece la intuición y la percepción interior y exterior.
El ayuno es uno de los grandes secretos, no sólo para purificar el cuerpo y curar muchas enfermedades, sino también para sutilizar la mente, equilibrar el prana (energía vital) y favorecer la canalización de la energía sexual y, por consiguiente, ayuda, según las tradiciones esotéricas orientales, a la transmutación en energía kundalini, la energía que al despertar sube por la columna vertebral, a través de los centros energéticos llamados chakras, hasta el cerebro elevando el nivel de conciencia espiritual.
El efecto sobre la sexualidad es grande. Revitaliza el semen en el hombre y los óvulos en la mujer. Sirve tanto para controlar la actividad sexual como para reequilibrarla o potenciarla si se quiere.
Ayunar durante un día produce un efecto capital sobre los líquidos vitales, especialmente la sangre y la linfa, ya que ayuda a la eliminación de todas las toxinas supérfluas. La linfa es un fluido vital para el cuerpo, pues purifica la sangre, da combustible de protección al sistema inmunológico, ayuda en la secreción hormonal y da alimento y energía al cerebro. Una vez nutrido el cerebro, la linfa extra forma espermatozoides y óvulos. El ayuno equilibra la formación de esperma y óvulos, y, por lo tanto, ayuda al control sexual, pero al mismo tiempo revitaliza por completo toda la energía sexual.
En la doctrina esotérica oriental llamada Tantra el ayuno se llama upavasa (upa: cerca, vasa: vivir). La upavasa es el momento ideal para prácticas espirituales, para retomar el ritmo de la meditación tras una etapa de relajación, para recuperarse de una etapa de estrés o depresión, o para dedicarse a sadhana profundo en épocas de especial inspiración espiritual. Para el Tantra el ayuno lo renueva todo: el cuerpo, la mente y el espíritu, y predispone el organismo para el despertar de la kundalini y la experiencia mística.

La tradición esotérica occidental también considera todo esto, de ahí que los eremitas y muchos considerados santos hayan incluido el ayuno en sus prácticas, y que haya quedado como uno de los preceptos en ciertos días sagrados en religiones como la cristiana o la islámica: el ayuno junto a la oración como catalizadores de la espiritualidad.

Se debe ayunar desde el amanecer de un día hasta el amanecer del siguiente, mejor en Luna llena, Luna nueva y 11 días después de esos días. La Luna influye en los líquidos de la Tierra (como las mareas) y también en los líquidos del cuerpo (más de la mitad del cuerpo es agua). En esos días su influjo es mayor por lo que es recomendable ayunar sin introducir más agua al cuerpo.
Los médicos inciden en que el ayuno tiene más efecto si no se ingiere nada de agua. No obstante, con agua también es bueno, ya que ayuda a depurar, y puede hacerse al principio cuando no se está acostumbrado al ayuno o en días muy calurosos que se haya hecho esfuerzo. Es mejor no hacer mucho esfuerzo físico en el día de ayuno, pero si se quiere hacer ejercicio suave, andar o respirar al aire libre, también ayudan a un proceso más exhaustivo de desecho de toxinas. Si se está físicamente bien se puede hacer ejercicio con toda normalidad; es incluso posible que se note más resistencia ese día.
Al ayunar no debe temerse sentirse débil, porque los alimentos del día anterior permiten estar 24 horas o más sin apenas ninguna necesidad más de nutrientes. El metabolismo basal (asimilación en reposo y en ayuno de la última comida) dura unas 16 horas, es decir, el cuerpo tiene energía de sobra las 16 horas siguientes a la última comida, y las horas que quedan hasta que se rompe el ayuno se nutre sin problemas de las reservas de grasa y proteínas (y se podría estar así durante días, sólo bebiendo agua).
“Todo el sistema funciona con una eficiencia completamente diferente a como lo hacía antes”, sentencia el Dr. Bhret. “El ayuno es la medida terapéutica más común a todas las enfermedades” concluye el Dr. Schneider.
El ayuno debe romperse con agua con limón (que es el limpiador natural más efectivo del cuerpo y es altamente alcalino, por lo que neutraliza la acidez del estómago vacío) y sal (favorece la limpieza intestinal para la eliminación rectal y también neutraliza la acidez), y algo suave como un trozo de plátano maduro, que debe comerse casi entero sin masticar y funciona como una esponja absorbiendo todas las impurezas del intestino que se han acumulado en el día de ayuno y que luego son eliminadas en la excreción. Conviene esperar media hora y luego desayunar un yogur, vegetales o algún alimento suave.

Antes de llegar a hacer un ayuno total de un día es mejor empezar a ayunar gradualmente. Al principio se puede hacer con fruta (naranjas, uvas, etc.), infusiones (tres al día: malva, salvia, manzanilla, melisa, hinojo, anis, poleo, tila, pero sin miel ni azúcar) o caldo de verduras (apio, lechuga, zanahoria, puerro, perejil, tomate). Luego se puede probar con agua, hasta llegar a una jornada completa sin ingerir nada. Con la práctica el cuerpo se acostumbrará al ayuno y éste será cada vez más fácil de realizar. Es más, el cuerpo necesitará ayunar, pedirá ayunar.
Es normal que durante el ayuno la lengua pueda estar oscurecida o sucia, también la orina se oscurece, especialmente al día siguiente, así como se tiene cierta halitosis o aliento desagradable. Todos estos efectos son normales y se deben a la quema de toxinas. La halitosis está provocada por la degradación de lípidos (grasas) en el estómago y a los intercambios gaseosos y de toxinas en los alveolos pulmonares.
Los ayunos largos de días o semanas no son necesarios en absoluto, son optativos para algunas enfermedades y siempre deben ser hechos bajo la guía de un médico especialista. Lo más aconsejable, como he dicho, es el ayuno de un día realizado de forma regular, que tiene relación con las fases lunares. Se puede hacer también algún día ayuno parcial, siendo el más recomendable el ayuno nocturno o de cena, que ayuda a la eliminación de toxinas y a adelgazar.
El ayuno, para que sea eficaz, tiene ciertas normas como se ha visto, pero es flexible según las circunstancias personales y ambientales, cuestión de sentido común.
En definitiva, el ayuno es una de las principales vías para el bienestar psicofísico y espiritual, esto último porque según las tradiciones esotéricas ayuda a calmar la mente, por tanto, a relajarse y meditar, eleva la intuición, y al equilibrar energías, con el tiempo, ayuda a despertar la energía kundalini.

martes, 15 de enero de 2013

DOCUMENTAL DE MISTERIOS PARA SEVILLA OCULTA DE 20 TV

Os presento el documental, en el que he tenido la fortuna de colaborar como presentador y asesor, realizado por unos amigos, estudiantes de periodismo en la Universidad de Sevilla, que han hecho un trabajo magnífico, profesional, que ha sido premiado con su reciente emisión en la televisión local de Sevilla "20 TV", en el programa "Sevilla oculta", con la intercesión de José Manuel García Bautista, gran y conocido investigador sevillano que también colabora en el documental.
El resultado es un trabajo estupendo, con una muy buena audiencia en Sevilla, en el que en su primer capítulo se tratan los enigmas paranormales del edificio del Parlamento de Andalucía (anterior Hospital de las Cinco Llagas) y del Hogar Virgen de los Reyes (en donde presento y entrevisto a José David Flores, que nos cuenta su inquietante misterio), y una curiosa historia, ya casi leyenda, ocurrida durante la procesión de la Esperanza de Triana hace unos años. Disfrutad del documental.

martes, 18 de diciembre de 2012

SATURNALES, SOL INVICTO Y NAVIDAD

Las Saturnales, o Saturnalia en latín, eran unas importantes fiestas romanas en honor a Saturno, dios de la agricultura. Se celebraban del 17 al 23 de diciembre por el fin del período de progresivo oscurecimiento de los días que culmina en el solsticio de invierno, normalmente el día 21. Eran seguidas por el nacimiento del nuevo período de triunfo de la luz o nacimiento del Sol Invicto, que se celebraba el 25 de diciembre.

Las Saturnales fueron las festividades de la finalización de los trabajos del campo, celebradas tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando por fin había tiempo para descansar. Según la mitología fueron creadas por Jano, el dios de las dos cabezas, de las dos puertas solsticiales, que había recogido a Saturno cuando fue derrocado por su hijo Júpiter, con el objeto de conmemorar el reinado de Saturno, que fue la añorada Edad de Oro. Los romanos asociaban a Saturno, dios agrícola protector de sembrados y garante de cosechas con el dios griego Crono, el de la mítica Edad de Oro de la Tierra, cuando los hombres vivían felices, sin separaciones sociales.
Estas fiestas, que se remontan a mucho más allá de la fundación de Roma, consistían principalmente en representar la igualdad que reinaba originalmente entre los hombres. Originalmente sólo duraban un día, pero el emperador Augusto pidió que se celebraran durante tres días, a los cuales más tarde se añadieron más. Durante estas fiestas se suspendía el poder de los amos sobre sus esclavos, y estos tenían derecho a hablar y actuar con total libertad; por eso era conocida también como las "fiestas de los esclavos". No se respiraba más que placer y alegría. Los tribunales y las escuelas cerraban, no estaba permitida la guerra ni la ejecución de criminales, ni ejercer otro arte que el de la cocina, se enviaban regalos y se daban suntuosas comidas. Además, todos los habitantes de la ciudad dejaban de trabajar; la población acudía en masa al monte Aventino, para disfrutar del aire campestre. Los esclavos podían criticar los defectos de sus amos, jugar contra ellos y estos les servían en la mesa, sin importar los platos que se rompieran. Eran días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos.
Las fiestas comenzaban el 17 de diciembre con un sacrificio en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público festivo (lectisternium) al que estaba invitado todo el mundo y al grito multitudinario de "Io, Saturnalia".

Esta fiesta era tan apreciada por el pueblo que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas a atender a la costumbre popular visto el fracaso que supuso intentar reducir a 3 ó 5 días de celebraciones propuestas respectivamente por Augusto y Calígula. A finales del siglo I las vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco días.
En las fiestas Saturnales se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la nueva venida de la luz. Los amigos y familiares se hacían regalos en un principio recordando a antiguos rituales, velas o figurillas de barro, y luego otros objetos, algunas veces de broma.

Sol Invicto, en forma completa "Deus Sol Invictus" (el invencible dios Sol) fue un título religioso aplicado al menos a tres divinidades distintas durante el imperio romano: El Gabal, Mitra y Sol, el Helios griego.
El Festival del Nacimiento del Sol Invencible (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al renacimiento del Sol.


Al final de la Saturnalia se celebraba el nacimiento del Sol invencible, personificado en el dios Mitra, el 25 de diciembre. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma, especialmente entre los soldados.
El título de Sol Invicto ganó definitiva popularidad por primera vez bajo el emperador romano Heliogábalo que impuso el culto de El Gabal, dios Sol de su ciudad nativa de Emesa (Siria). A la muerte del emperador en el 222, el nuevo culto cayó algo en desuso aunque los emperadores posteriores siguieron acuñando moneda con la corona solar radiante durante cerca de un siglo.
Aureliano fortaleció la posición del dios del Sol como la principal divinidad del panteón romano. Su intención era dar a todos los pueblos del imperio, civiles o soldados, occidentales u orientales, un solo dios en quien ellos podrían creer sin traicionar a sus propios dioses. El centro del culto fue un nuevo templo construido en 271 en Campus Agrippae en Roma con grandes decoraciones que fueron financiadas con el botín obtenido de Palmira (Siria). Aureliano no persiguió a otras religiones; sin embargo, durante su breve reinado, parecía seguir el principio de "un dios, un imperio", idea que más tarde adoptó completamente el emperador Constantino el Grande. En algunas monedas aparece con el título "deus et dominus natus" (dios y señor nato), título que más tarde sería adoptado también por Diocleciano. Lactancio argumenta que Aureliano habría prohibido adorar a todos los demás dioses si hubiera tenido tiempo suficiente para hacerlo.
Los emperadores anteriores a Constantino grabaron al Sol Invicto en sus monedas oficiales con la leyenda "Soli Invicto Comiti", para de este modo invocar al Sol Invicto como compañero del emperador. Las estatuillas del Sol Invicto, cargadas por portaestandartes, aparecen en tres lugares en los relieves del Arco de Constantino. La moneda oficial de Constantino continuó llevando la leyenda relativa al Sol Invicto hasta el 323.


Juliano el Apóstata declararía a Helios como la única divinidad, siendo las otras divinidades simples expresiones de este único dios. Durante el tiempo de este emperador la religión del Sol se conviritió en la religión oficial dentro del imperio.
La religión y fiesta del Sol Invictus continuó siendo parte de la religión estatal hasta que el paganismo fue abolido por decreto del emperador Teodosio I el 27 de febrero de 380 en el célebre edicto de Tesalónica, en el cual el emperador estableció que la única religión del estado era el cristianismo niceno, prohibiendo de facto todas las otras.

Navidad proviene de la palabra latina "nativitas" (natividad) que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Jesús el Cristo que es celebrado cada 25 de diciembre, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta del nacimiento de Jesús. La fiesta de la Navidad fue reconocida 300 años después de su muerte, cuando el emperador Constantino permitió el cristianismo en el imperio romano, después de haber sido perseguido desde tiempos de Nerón, porque la fecha había encontrado popularidad entre los romanos cristianos al tratarse de la fecha del renacimiento del dios Sol. Existe discrepancia entre si existieron o no celebraciones del nacimiento de Jesús antes de esa fecha. La fecha del nacimiento de Jesús la calcularon algunos de los primeros cristianos basándose en una tradición judía que fijaba para los profetas su fecha de fallecimiento y de su concepción en el mismo día; como creyeron que Jesús murió un 25 de marzo, calcularon nueve meses después y fijaron el 25 de diciembre como su nacimiento. Por eso los cristianos ortodoxos celebran la Navidad el 7 de enero en el calendario gregoriano, porque según su calendario, el juliano, el 25 de marzo cae en el 7 de abril gregoriano.
La fiesta cristiana de la Navidad parece haber sido trasladada hacia el año 330, en tiempos de Constantino, al 25 de diciembre. Con ello se quería significar a Cristo como el verdadero Sol Invicto. Es importante observar que a partir del año 315 empiezan a aparecer en las monedas los primeros símbolos cristianos.
El emperador Constantino había sido un seguidor fiel de las tradiciones paganas y particularmente del dios Sol. Su conversión al cristianismo se debe a una supuesta visión que tuvo, cuando iba con su ejército, en la que vio una cruz frente al Sol y escuchó una voz que le dijo "con este signo vencerás" (in hoc signo vinces). Esto fue motivo para llevar el símbolo de una cruz en su estandarte y ganar la batalla del Puente Milvio. Probablemente sea por estas fechas cuando tiene lugar el cambio de la fiesta de la Navidad al 25 de diciembre. El mensaje recabado de la célebre visión de Constantino fue en el sentido de la prevalencia de Cristo sobre el Sol: Cristo es el verdadero Sol Invicto. Sólo faltaba trasladar la fecha del nacimiento de Jesús al 25 de diciembre, día en que se festejaba el nacimiento del Sol Invicto.
Y así se quedó la Navidad, la fiesta del nacimiento de Jesús, sustituyendo a la del Sol Invicto y de camino a las Saturnalias, de las que tantas tradiciones y costumbres recogió adaptándolas al cristianismo. Para los cristianos, esta sustitución como otras posteriores, por un lado puede considerarse como algo positivo pues se sobrepuso al paganismo, pudiéndose considerar un triunfo de la nueva fe, pero por otro no lo es tanto, porque la nueva religión oficial desde entonces tuvo que ceder autenticidad sincretizándose con los antiguos cultos. Este cristianismo se tuvo que adaptar, en definitiva, al paganismo para ser la religión oficial del imperio romano, pudiéndose considerar incluso que la Iglesia Cristiana oficial no es sino la religión romana adaptada a las nuevas circunstancias e intereses políticos, un lastre que continua hasta nuestros días claramente en la Iglesia Católica Apostólica y Romana, y que ha servido para ser atacada y cuestionada teológica y políticamente hasta nuestros días.

sábado, 17 de noviembre de 2012

ALEJANDRO MAGNO Y JULIO CÉSAR

Muchos grandes personajes históricos están muy bien considerados, como Alejandro Magno y Julio César, los dos grandes héroes de la antigüedad grecolatina. Un repaso a lo que se cuenta de ellos los ponen a un nivel idealizado que ha perdurado en nuestros tiempos, pues hasta en el cine y libros actuales salen por lo general bien parados. La influencia grecolatina en la historia es enorme y sus grandes personalidades alabadas más allá de lo que merecen en muchas ocasiones, imponiendo su punto de vista. En estos dos casos su genio militar en cuanto a lo estratégico es indudable, sobre todo en el primero, pero esto no debe llevarnos a darles cualidades positivas que se les imputan y que no son otra cosa que una forma de tapar sus personalidades reales. Hombres como estos que triunfaron a base de golpe de espada e intrigas no pueden ser muy ejemplares más que en lo perverso. Egocéntricos, narcisistas, tiranos, despiadados, psicópatas, criminales, genocidas... es como se merecerían que fueran considerados y recordados. Utilizaron su gran inteligencia solo para su búsqueda de poder, por encima de todo y todos, costara lo que costara, por esto triunfaron en su mundo, que es tan parecido al nuestro por desgracia.
Según cuenta la leyenda, en el Templo de Hércules de Cádiz, situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, Julio César tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante. Son las dos vidas paralelas de Plutarco, dos vidas de ambición sin límites para dos hombres que se endiosaron fatalmente.
En estos dos buenos documentales que pongo a continuación podemos acercarnos a una visión más real de lo que fueron estos dos personajes. Por lo menos sirven para que contrastemos la imagen suavizada e idealizada que se nos ha ofrecido habitualmente.