miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL CAMINO MOZÁRABE DE SANTIAGO EN JAÉN

El Camino Mozárabe es el que recorrían los mozárabes del sur peninsular en peregrinaje hacia Santiago de Compostela, y que se une a la Vía de la Plata en Mérida. Los mozárabes eran los cristianos que durante la Edad Media vivían en territorio bajo dominio musulmán, conservando a pesar de las dificultades buena parte de sus costumbres y cultura hispanas; por tanto, también ellos desde un principio hacían su propio Camino de Santiago siguiendo las antiguas vías hacia el noroeste. Desde hace unos años este milenario camino ha sido rescatado y puesto parcialmente en valor para que los modernos peregrinos puedan seguir los pasos de nuestros ancestros. La ruta principal del Camino Mozárabe es desde Granada (concretamente desde su catedral) hasta Mérida pasando por Córdoba. Tres ramas se unen a esta ruta principal: una rama une Almería con Granada, otra Jaén con Alcaudete (Jaén) y la tercera Málaga con Baena (Córdoba). De esta forma el Camino Mozárabe nos lleva por las tierras de Almería, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba y Badajoz en un recorrido histórico, religioso y cultural de enorme interés y valor.
Jaén capital, como he dicho, es el inicio de una de las ramas del Camino Mozárabe. Esta rama tiene dos etapas: la primera es hasta Martos pasando por Torredelcampo y Jamilena; la segunda es desde Martos hasta Alcaudete, donde se une al camino principal que viene de Alcalá la Real y en origen de Granada.
En este artículo vamos a recorrer el Camino por el casco histórico de Jaén, que tiene bien señalizada la ruta, y de camino, valga la redundancia, vamos a hacer unos apuntes históricos y misteriosos de los lugares por donde pasaremos.
El inicio es en la plaza de Santa María, el lugar más emblemático de la ciudad, a los pies del templo más importante y sagrado, la Catedral de la Asunción de María. Su imponente fachada asombra por su majestuosidad, grandeza y belleza, dejando en segundo plano los otros dos edificios de interés de la plaza que le terminan de dar su carácter monumental, el Ayuntamiento y el Obispado.



Si nos fijamos en el pavimento de la plaza, enfrente de la puerta de la catedral que guarda san Miguel, veremos una baldosa que nos indica que estamos en el principio del Camino Mozárabe de Santiago.


Antes de empezar la ruta es conveniente hacer una visita a la catedral, bien por curiosidad o, mejor, para iniciar el Camino introduciéndonos en la atmósfera especial de este templo que nos preparará convenientemente para nuestra peregrinación.


Y para ello es recomendable llegar hasta la capilla de Santiago, en un lugar de honor en la cabecera junto a la Capilla Mayor. En la capilla encontramos en el retablo neoclásico un cuadro de Santiago Matamoros y otro de la aparición de la Virgen del Pilar a este apóstol. Puede ser un buen sitio para reflexionar sobre el Camino, que es un camino espiritual en la búsqueda de nosotros mismos, de nuestra divinidad en unión con el Todo-Dios. Pero otro sitio puede servirnos para este menester, y no es otro que debajo, ni más ni menos, que de la preciosa cúpula, centro de la catedral, pues en una de sus cuatro pechinas está el relieve de Santiago a lomos de su caballo; las otras tres pechinas están ocupadas por las representaciones de san Miguel, santa Catalina y san Eufrasio, siendo estos dos últimos patrones de Jaén y, el último, discípulo del mismo Santiago. Esto nos indica la importancia que a Santiago se le da en la catedral de Jaén.


Como ven, Santiago está muy presente en la catedral jiennense, teniendo incluso dedicados a él dos asientos del magnífico coro.


Esta obra maestra del Renacimiento, obra del genial Andrés de Vandelvira bien seguido por otros arquitectos como Juan de Aranda o Eufrasio López de Rojas, invita siempre a mirar hacia arriba, a elevar la mirada hacia sus bóvedas, a elevar el espíritu hacia el cielo...
Salimos de la catedral con buen ánimo de iniciar la ruta y desde la misma baldosa del Camino Mozárabe miramos en la dirección que nos indica, hacia la calle Maestra, eje principal de la antigua ciudad como su propio nombre indica.


En su inicio, un poco escondida en la fachada de la casa de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, está la plaquita de llamativo color que nos confirma el Camino, y de esta manera recorremos esta calle, también de las más emblemáticas de Jaén con sus elegantes casas tradicionales bien conservadas en general, y sus restaurantes y bares que sirven de punto de reunión y descanso a numerosos jiennenses y turistas. Solo los desperfectos en parte de su embaldosado enturbia el agradable paseo que nos ofrece.


La calle Maestra no es larga y en su final nos encontramos con el antiguo palacio del Condestable Iranzo (o lo que queda de él), personaje de gran importancia para Jaén y Castilla por aquellos años del siglo XV que vió el reinado de Enrique IV y la transición hasta el mandato de los Reyes Católicos. En realidad el palacio lo construyó en una posesión de los Torres, de la familia más importante de la ciudad, pues su esposa era María Teresa de Torres y Portugal, que entabló posteriormente a la muerte de su marido amistad con la reina Isabel I. Fue don Miguel Lucas de Iranzo un hombre especial que dio un impulso importante a la ciudad, se relacionó con diversos sectores de la población marginados como los judíos y gustaba de las celebraciones, todo ello aderezado por su interés por lo mágico, entre lo que se puede contar una especie de recorrido esotérico por los lugares sagrados de la ciudad. Murió asesinado en 1473 mientras rezaba en la catedral por sus enemigos políticos con la excusa de su apoyo a los judíos, quizá por algo más...


El palacio pasó a ser tras los siglos el Casino Primitivo y ahora es el Palacio Municipal de Cultura, conservando parte del edificio original, como unas arcadas del patio y un salón mudéjar. El insigne lugar ha tenido hasta presencias fantasmales...
Al lado de la fachada que da a la calle Maestra nos encontramos con una bifurcación en cuya esquina está un detallado panel del Camino Mozárabe de Santiago que incluye todas las poblaciones de la ruta, un plano con el recorrido por la ciudad de Jaén y una breve descripción de este.


Tomamos entonces la dirección indicada dejando la calle Maestra y tomando la calle Madre de Dios, llamada así por el antiguo hospital que en ella había, fundada por Luis de Torres, hijo del condestable Iranzo y Teresa de Torres.


En lo alto de esta corta pero empinada calle encontramos un curioso monumento, el Arco de San Lorenzo, cuya capilla fue precisamente utilizada por el hospital de la Madre de Dios.


El Arco es lo que queda de la desaparecida iglesia de San Lorenzo, y para salvarse fue declarado monumento nacional en 1877. Es una pequeña joya gótica mudéjar que merece la pena un alto en el camino. En él está enterrado Juan de Olid, secretario del condestable Iranzo, y se veló el cadáver de Fernando IV el Emplazado, que murió en Jaén en 1312; sí, se trata de ese rey al que maldijeron en Martos por mandar ejecutar a los Carvajales y cuya historia se mezcla con la leyenda y el misterio que envolvía aquellos tiempos de persecución a los caballeros templarios.


El carácter fúnebre parece perseguir a este monumento bajomedieval, que tiene hasta su leyenda fantasmal, la del padre Canillas, que se aparece precisamente para una misa de difuntos.


Sea como fuere, la cuestión es que el Arco de San Lorenzo conserva un encanto difícil de explicar en su interior y hasta en su exterior, pues pasando por él parece que cruzamos un pequeño túnel del tiempo hasta el medievo... a pesar del muchas veces molesto tráfico de vehículos que nos recuerda el tiempo actual que vivimos.


Junto a él una placa nos señala el Camino y tomamos la calle Almendros Aguilar, la antigua calle Maestra Alta, a diferencia de la que dejamos hace un rato que era la calle Maestra Baja, las dos columnas vertebrales del casco histórico.


La calle Almendros Aguilar fue antaño señorial, con grandes casonas de las que ahora por desgracia poco queda, destacando entre ellas una de monumental fachada renacentista de la que se dice fue propiedad en un principio del obispo Alonso Suárez a principios del siglo XVI, teniendo muchos usos a lo largo del tiempo hasta ahora que es una casa de vecinos.


Llegamos así hasta la plaza de Santiago, y aquí se nos cuela la decepción. Qué pena que esta ciudad no tenga su iglesia de Santiago, derrumbada en ese fatídico siglo XIX en el que empezaron a perderse muchos edificios históricos. Fue un templo cabeza de una parroquia y que tenía su importancia debido a su evidente relación con los santiaguistas. Una ruta jacobea sin templo dedicado a Santiago; en fin, nos queda un muro lateral que da a la calle Almendros Aguilar, muro que guarda parte de la cripta de la antigua iglesia y que se convirtió en refugio de la Guerra Civil. Por lo demás, estamos en un espacio urbano degradado por el enorme solar que ocupa la parte superior de la plaza, pero al menos la vista se alegra con las bellas vistas del monte de Santa Catalina con su Cruz y el Castillo que ya se ve de refilón.



Otra indicación junto al muro de la desaparecida iglesia, donde se encuentra la entrada al refugio, nos confirma la dirección a seguir, que es continuando por la calle Almendros Aguilar. Andamos ahora por un tramo más estrecho y humilde de la calle hasta llegar a su final donde otra placa jacobea nos vuelve a confirmar que sigamos recto en nuestro caminar para adentrarnos en el barrio de San Juan. Esta placa está en la esquina junto a la calle Elvín, que muestra una típica estampa con un tradicional espacio al fondo a manera de carmen escalonado; algunos proyectos para poner en valor tan pintoresco lugar han ido cayendo en el olvido, como aquel que quería hacer de este carmen ajardinado un punto de encuentro e interpretación de las culturas medievales de la ciudad. Ahí sigue esperando...


Llegamos pronto a la plaza de San Juan, dominada por la iglesia de San Juan Bautista con su torre del Concejo. Del templo gótico original no queda mucho, pero sus trazas están ahí con sus arcos apuntados, y la dicha torre medieval sigue señalando la hora oficial de la ciudad. Si al peregrino le apeteciera podría hacer una visita a su remodelado interior, donde encontrará alguna obra de gran valor, como el grupo escultórico del Calvario del siglo XVI.


En la primera esquina (por cierto, descuidada estéticamente) que nos encontramos en la plaza está la indicación de que el Camino ahora debe descender por una calle lateral a la iglesia, la calle de San Juan, y no por la que el plano del panel que vimos al final de la calle Maestra, que nos indicaba otra un poco más allá de la plaza en la que estamos.


La diferencia es poca entre una calle y otra, no tiene mayor importancia. Sin más, descendemos por la calle de San Juan, que tiene su encanto junto al muro de la iglesia.


Y llegamos a la calle Martínez Molina, con lo que regresamos a la antigua Maestra Baja que, como recordarán, era la calle que ahora en su inicio se llama solo Maestra y que fue el principio de nuestra ruta. La baldosa del Camino Mozárabe, que apenas si se ve en el pintado y pintorrejeado muro del solar de San Andrés, nos señala el sentido que debemos tomar. Estamos detrás de la iglesia de San Juan, cuya cabecera está bien cuidada en contraste con lo que tiene enfrente, en el otro lateral de la calle, el solar de San Andrés, polémico y en actualidad por la muy posible destrucción de unos importantes restos de casas medievales y huertos tradicionales con la excusa de la construcción de un instituto de enseñanza secundaria; estamos junto a la judería, y en este solar se han encontrado objetos valiosos, como un puntero y un amuleto hebreos. Ojalá se puede resolver a buen beneficio de la ciudad.


En este tramo de la calle Martínez Molina nos reencontraremos de nuevo con más movimiento de gentes, entre ellas los turistas que siguen esta vía desde la plaza de Santa María para visitar principalmente los Baños Árabes, situados en los bajos del palacio del conde de Villardompardo, en concreto de Fernando de Torres y Portugal, el más conocido de su linaje de los Torres que tan poderosos fueron en la ciudad, llegando a ser virrey del Perú en unos años durante el reinado de Felipe II.


Ahí es donde llegamos, al palacio de tan insigne conde, con su grande y sobria fachada que esconde un bello patio renacentista (que por ahora no se puede visitar por obras para acondicionar bien el edificio para los museos que acoge) y en sus cimientos los Baños Árabes del siglo XI, los más grandes de los que existen en España y muy bien conservados. Es un lugar con historia, arte, leyendas y misterios; si el peregrino gustara podría hacer una visita pero nosotros no nos vamos a detener en este edificio porque el Camino debe proseguir, nos esperan otros tres lugares más relacionados con nuestro andar espiritual. Y el primero está en la misma plaza donde se encuentra este palacio, la plaza de Santa Luisa de Marillac, conocida popularmente como la del Pato, por la fuente que en la imagen pueden ver.


La fuente, que encargara otro insigne personaje de Jaén, José del Prado y Palacio, para la antigua plaza del Mercado y que finalmente se trajo aquí, se compone de una oca, no un pato, que lucha con una serpiente que intenta morderle el cuello. La oca, símbolo inequívoco del Camino de Santiago, ha querido la providencia, o no, que se encuentre aquí, en una plaza del centro histórico que forma parte del tradicional Camino Mozárabe de Santiago. La oca, con sus patas palmípedas, su alas, encima de una pirámide octogonal, la serpiente, la lucha, el agua... símbolos claros de la Diosa Madre de la Sabiduría en su enfrentamiento con el reptil que quiere impedir la transmisión del conocimiento, una dualidad muy significativa para reflexionar. En fin, símbolos comunes en el Jaén esotérico que desde la catedral hasta la Magdalena toma sentido: la Diosa Madre, el conocimiento, el lagarto - dragón que lo guarda y protege, el héroe que vence al reptil, la cueva con agua...


En una esquina de esta plaza del Pato tenemos la indicación jacobea para que prosigamos nuestra ruta, ya con la sensación de que estamos guiados por la simbólica oca en nuestra búsqueda del conocimiento. Nos adentramos en la calle Santo Domingo, dirección hacia la Magdalena. Llegamos pronto a la elegante fachada principal del convento de Santo Domingo, en realidad de Santa Catalina. Aconsejo entrar en su patio, una obra magnífica, un lugar amplio, un remanso de paz... a pesar de que fuera sede de los inquisidores dominicos, de sus escuelas y de un orfanato; ahora es el Archivo Histórico Provincial, y su actividad y su equilibrada arquitectura hace, como he dicho, que sea en verdad un sitio tranquilo, que invita al descanso, a la reflexión, a conocer... santa Catalina, santa de sabiduría, patrona de Jaén, heredera de la Diosa...


Al fondo ya se ve, estamos llegando... ya hemos llegado al centro de la emblemática Magdalena. Otra placa a la derecha nos confirma el Camino.


Pero pronto nuestra mirada se gira hacia la izquierda, al monumento del Lagarto de la Magdalena o de Jaén. El lagarto de la famosísima leyenda, el lagarto que en realidad es un esotérico dragón...


Avanzamos un poco y ya contemplamos la sencilla belleza de la iglesia de María Magdalena; su torre coronada por un campanario octogonal parece saludarnos a nuestra llegada a la plaza del mismo nombre.


A nuestra izquierda se nos recuerda la presencia de otras culturas en Jaén, como fue la judía, por ese hexagrama que luce en la tradicional fachada de la casa que fue hace once siglos el sitio de nacimiento de Hasday ibn Shaprut, el sabio judío que fue uno de los principales personajes del califato de Córdoba.


A unos pasos, enfrente de la iglesia, se encuentra la Fuente de la Magdalena, alrededor de la cual se fundó la ciudad por lo menos desde época romana, quizás antes, pues seguramente ya era importante y sagrado para los iberos. Se trata del nacimiento de aguas desde una cueva en la que la leyenda sitúa la guarida del lagarto - dragón que tuvo que ser vencido por un héroe, pero para ello tuvo que recorrer las calles de Jaén hasta el otro extremo en un recorrido similar a este que estamos siguiendo con motivo del Camino Mozárabe y que yo he denominado la ruta sagrada del dragón como ya muchos sabéis por las investigaciones que he realizado.


Nos encontramos en un lugar muy especial en el que se unen todos los misterios históricos, religiosos y esotéricos de Jaén, es un lugar de iniciación, como parece indicarnos la advocación del lugar, santa María Magdalena, la gran iniciada del cristianismo.


La bonita portada gótico isabelina, la torre morisca, el antiquísimo patio de la mezquita que fue, el interior de la iglesia, sus nervios góticos, los símbolos... Pasée por ella el peregrino, empápese del lugar, de la luz sobre sus piedras y ladrillos, del rumor del agua de la alberca del patio, de sus rincones, de sus columnas, de las vistas al castillo de Santa Catalina (oh, fiel fortaleza siempre allí arriba protegiéndonos en nombre de la santa sabia), del entorno... 
Va a ser el último sitio sagrado que visitemos en la ciudad, pero es un inicio...


Dejamos con cierta nostalgia este lugar tan especial para seguir nuestro Camino, y la placa, bien puesta, nos señala la dirección a seguir por la calle Magdalena Baja.


Unos doscientos metros más allá llegamos a un pequeño ensanche de la calle con una vista estupenda del castillo a través de la calle Cruz de la Magdalena. El castillo nos ofrece quizás su mejor vista cerca ya del final de nuestra ruta urbana y parece recordarnos que sigue ahí como si fuera un eterno guardián de la ciudad y sus secretos.


Al final del dicho ensanche otra placa, que es la última, nos vuelve a indicar perfectamente el Camino, que ya continua por la calle de la Puerta de Martos, que nos recuerda que nos acercamos al lugar donde estuvo la salida hacia Martos, ciudad que es el final de la primera etapa del Camino Mozárabe.


Y, tras un centenar de metros, llegamos al sitio donde se alzó la gran Puerta de Martos, lamentablemente derrumbada, la salida de la muralla hacia el camino secular hasta la también histórica y misteriosa localidad de Martos, a unos 20 kilómetros, pasando antes por Torredelcampo y Jamilena.


A partir de aquí, el casco antiguo se acaba, la vieja ciudad se terminaba, ya era extramuros, los mozárabes pisaban un camino envuelto de campos y montes, de naturaleza y alguna que otra ermita y fuente, ese ya es otro camino, otra forma de andar, de sentir, interiorizando lo que se observó, anhelando el siguiente paso que le acerque poco a poco a Santiago de Compostela.
Por mi parte es todo, hasta aquí llego. Me vuelvo a las faldas de Santa Catalina... Quizás algún día vaya más allá de la Puerta Martos, y, a lo mejor, se lo cuente a ustedes. Pero, a lo mejor, algunos de ustedes se animarán antes que yo y me lo contarán a mí...
Buen viaje.

jueves, 18 de julio de 2013

VIDA DESPUÉS DE LA VIDA, DE RAYMOND MOODY

Raymond Moody (Georgia, EE.UU., 1944) es un médico psiquiatra y licenciado en filosofía que se hizo famoso por su libro "Vida después de la vida", publicado en 1975, una obra que fue un best seller y que destaca por ser el primer libro que dio a conocer al gran público el tema de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), abriendo camino a otras muchas investigaciones y publicaciones.
"Vida después de la vida" es un informe sobre un estudio cualitativo en el que Moody entrevistó a 150 personas que habían sufrido una experiencia cercana a la muerte. El libro presenta un conjunto de narraciones sobre lo que se siente al morir y pasar al otro lado de la existencia aunque al final esas personas volvieron a la vida terrenal, por lo que, evidentemente, pudieron contarlo. Basándose en su recolección de casos, Moody identificó un conjunto de elementos comunes en las ECM: Sonidos tales como un zumbido; una gran sensación de paz y bienestar, y ausencia de dolor; estar fuera del cuerpo físico; flotar a la deriva y en un túnel de luz; sentimiento de ascender al cielo; ver a familiares ya fallecidos; ver una luz dorada; encontrarse y, a menudo, comunicarse con un ser de luz; tener una rápida sucesión de imágenes de su pasado en forma de revisión de su vida; experimentar otro mundo de mucha belleza; y aversión con la idea de volver a la vida terrenal. La persona que ha tenido una experiencia cercana a la muerte casi siempre cambia su mentalidad, pierde el miedo a la muerte, enfoca la vida de otra manera, se hace más espiritual, da igual cuales fueran sus creencias antes de la experiencia.
Esta obra pionera levantó la polémica sobre la continuidad de la vida después de la muerte y la existencia, pues, de una conciencia o alma que continúa la vida en otros planos o dimensiones. Otros muchos investigadores y científicos siguen hasta el día de hoy con este tema con nuevos casos, datos y evidencias, manteniendo vivo este debate que ya en muchos casos no es solo religioso o de creencias, sino también de análisis y ciencia, aunque los que han tenido una ECM lo tienen muy claro que es cierto.
Aquí tenéis el estupendo documental, todo un clásico imprescindible, que se hizo basándose en el libro "Vida después de la vida" en el que el mismo Raymond Moody participa junto a algunas de las personas que con su testimonio nos informan de las experiencias cercanas a la muerte.







martes, 28 de mayo de 2013

¿HACIA QUÉ PASADO MIRAN LOS MOAIS?

En el océano Pacífico, lejos de cualquier otra tierra, se encuentra la isla de Pascua, Rapa Nui, uno de los lugares más enigmáticos del planeta. Sus originales estatuas, los moais, son los testigos de su pasado misterioso. La mayoría de los moais se muestran como una gran cabeza con parte del torso, algunas veces solo parecen ser una cabeza.
Podría pensarse que los moais son así, pero hay que tener en cuenta que están semienterrados. Los hay que se dejan ver completos, los que se encuentran en las plataformas  ceremoniales, mostrando que se tratan de figuras hasta la cadera.
La mayoría de los libros y documentales sobre la isla de Pascua obvian esta cuestión, haciendo creer a la gente que la mayoría de los moais son solo cabezas y poco más. Pero desde hace tres años se está informando, eso sí, con no mucha difusión, de que todos los moais tienen cuerpo, cuestión que ha sido un descubrimiento para muchos pero que ya se sabía como poco desde 1.915, en concreto fueron Katherine y William Scoresby los que primeramente expusieran los diagramas de los primeros torsos de los moais.
De todas formas ha supuesto una agradable sorpresa, y resulta magnífico poder observar los cuerpos de algunos moais que hasta hace poco estaban bajo tierra, cuerpos que en algunos casos supera los 8 metros de profundidad. Esto ha sido gracias a la labor de una entidad privada sin ánimo de lucro, "Easter Island Statue Project", http://www.eisp.org/, que ha asumido la competencia de las excavaciones. Siempre hay detractores que preferirían que dejaran las cosas tal y como están, pero los arqueólogos de esta entidad afortunadamente han seguido haciendo su trabajo.

Es curioso, por no decir extraño, que sabiendo que los moais son estatuas con cuerpo no se hayan excavado en tanto tiempo desde hace un siglo, con la única excepción de algunos en los años 70. Además, el interés por verlos completos es grande pues presentan relieves e inscripciones que podrían ser de la escritura autóctona denominada rongo rongo. Quizá la clave de que no haya tenido la atención que se merecen por parte de la comunidad científica es que la profundidad de la parte enterrada de los moais puede hacer variar la datación de su construcción. Si se demuestra que la profundidad es de hasta 8 metros en la excavación, estaríamos sin duda ante una antigüedad de varios miles de años, y no de los entre mil y quinientos años que ahora se les concede. Algunos piensan incluso que esa profundidad de enterramiento podría suponer una antigüedad superior a los 10.000 años, quizá incluso a 15.000 años, lo que nos colocaría en la época de finales de la última glaciación, algo que sería incompatible con la existencia de una civilización con escritura en base a los actuales dogmas científicos. Esa época sería la datada para la antigua civilización madre, la conocida mayoritariamente como Atlántida.
Los datos no cuadran a juzgar por las evidencias, a menos que los enterraran, pero menudo trabajo hacerlo con cientos de estatuas cuando ya el pueblo de Rapa Nui estaba en imparable y dramático declive.
Quizá estamos ante otra evidencia de que la civilización es mucho más antigua de lo que se piensa. Además aquella civilización sí podría tener los saberes y medios para hacer y transportar estas enormes estatuas de piedra, porque de los pascuenses de nuestra era siento decir que se duda con razón. Sus leyendas hablan de métodos no convencionales, utilizando una misteriosa energía.
Por el momento los datos de la escritura presente en los moais permanece sin darse a conocer porque, según parece, los expertos que están intentando descifrar los textos no saben descifrarla y hay ciertas controversias; algunos creen que se refieren a medidas del tiempo, otros a labores de marineros que tan importantes eran para los pascuenses. En fin, habrá que esperar a ver si es posible desentrañar su significado.
Mientras tanto, alguno se atreve a dar hipótesis sobre lo que pudo pasar en el pasado remoto: Lo más probable es que una ola gigante barrió la isla y su antigua civilización, que se perdió en las brumas del tiempo. Las estatuas no fueron enterradas, pero el paso del tiempo, el escombro y el polvo borraron a esta civilización, de la cual no se sabe nada. Se cree pudo estar relacionado con el mito de la Atlántida y del continente cuyas leyendas resurgieron con este descubrimiento excepcional.

De nuevo la gran inundación, el Diluvio, el cataclismo que hizo desaparecer a la Atlántida, la civilización madre cuya influencia alcanzó todo el planeta.
Espero que no pase mucho tiempo para que conozcamos más datos de los responsables de la excavación y de la traducción de los textos encontrados en algunas de las estatuas que están desenterrando.
¿Hacia qué pasado miran las gigantescas estatuas? Muchas miran hacia el centro de la isla, el lugar sagrado de enterramiento de su mítico líder, Hotu Matu'a. Otras miran desde la costa hacia el sol poniente, hacia el oeste; se dice que algunas están orientadas hacia ciertas posiciones de la constelación de Orión o de las Pléyades, como otros monumentos de la antigüedad en diversos lugares del mundo.
Fijaos en las palabras del Consejo de Ancianos de Rapa Nui:
“De acuerdo con las más antiguas tradiciones y genealogías, fue Hotu Matu’a el primer Ariki Henua, supremo título real que se daba al Soberano de la Isla, quien vino desde Hiva, donde hubo un cataclismo y tuvo que emigrar de allí arribando a esta isla con su gente, tras el previo envío de siete emisarios, siguiendo las orientaciones del consejero Hau Maka.
El fenómeno del cataclismo no es ajeno a las inmensas aguas del Pacífico, y son varias las hipótesis sobre la situación de Hiva, lugar donde se produjo este cataclismo. Pero es el archipiélago de las Marquesas en el que hallamos sorprendente coincidencia histórico-tradicional y toponímica: Hiva Oa, Fatu Hiva y Nuku Hiva; las tres islas mencionadas llevan incorporado el nombre de Hiva.
...Tradicionalmente, la población sucedió a partir de la migración de un pueblo que emigró debido al cataclismo que inminentemente hundía la tierra natal llamada Hiva, no siendo la única afectada, sino que se extendió a todas las demás islas del Pacífico”.
Hiva, la tierra de sus orígenes, la gran isla que se hundió tras un cataclismo y que estaría al oeste de Pascua; sus restos podrían ser las islas Marquesas o según otros la isla de Rapa Iti, justo al oeste de Rapa Nui. El enigma de Pascua continua, pero ya empezamos a tener más pistas gracias al redescubrimiento de los impresionantes cuerpos de los moais.

martes, 23 de abril de 2013

CERVANTES Y SHAKESPEARE, UNIDOS EN LA MUERTE

El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, declarado por la Unesco en 1995, por ser el día de 1616 en el que coincidieron las muertes de los dos escritores más universales, el español Miguel de Cervantes y el inglés William Shakespeare. Sin embargo, esto no es así.
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547. Hay quienes dudan de su lugar y fecha de nacimiento, aunque lo dicho es lo que se admite mayoritariamente debido a que su acta de nacimiento, fechada el 9 de octubre, está en Alcalá de Henares y que él mismo dijo que era de esta villa madrileña en la "Información de Argel" de 1580. 
Está considerado una de las máximas figuras de la literatura mundial y es conocido sobre todo por haber escrito "Don Quijote de la Mancha", que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal, además de ser el libro más editado y traducido de la historia, sólo superado por la Biblia. Su influencia, por tanto, se ha extendido a lo largo del tiempo hasta nuestros días.
"El príncipe de los ingenios", sobrenombre que se le concedió a Cervantes, muere en Madrid a la edad de 68 años, se decía de hidropesía pero más bien pudiera ser de diabetes, en la conocida Casa de Cervantes, situada en la esquina entre la calle León y la calle Francos, ahora calle Cervantes, en el denominado Barrio de las Letras de la capital de España. Cervantes deseó ser enterrado en la iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas, en el mismo barrio, ya que cuando él fue llevado preso a Argel la congregación de los trinitarios ayudó, haciendo de intermediarios y recogiendo fondos, para que él y su hermano Rodrigo fueran liberados. Fue amortajado con el hábito de san Francisco, sin pompas ni ceremonias, con la cara descubierta y con una sencilla cruz de madera en su mano derecha, y llevado desde la calle León hasta el convento de la Trinitarias por sus hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, en la que profesó el 2 de abril anterior. Esto ocurrió el 23 de abril, es decir, fue sepultado en esta fecha, pero su muerte seguramente ocurrió el día de antes, el 22 de abril, como sostenía Luis Astrana Marín, uno de los mayores especialistas en Cervantes, pues la costumbre en aquella época, como ahora, es que se dejase pasar al menos un día desde la muerte hasta el entierro, velando el cadáver durante la noche. Por tanto, si fue sepultado el 23 de abril es que murió el 22, como lo testifican los propios franciscanos, que fueron los que le enterraron.
En el momento en que Cervantes fue enterrado  en el convento de Trinitarias este tenía una capilla pequeña con acceso por la calle Huertas, pero posteriormente fue edificada una iglesia mayor en el mismo sitio y se trasladó a este nuevo templo a las personas que se encontraban enterradas en el anterior. El cuerpo de Cervantes también fue trasladado pero se desconoce el lugar exacto en el que se encuentra, añadiéndose otra incertidumbre a la biografía del insigne escritor. Algunos investigadores se han propuesto encontrar sus restos mortales sin éxito, pues pudiera ser incluso que su cuerpo fuera echado junto a los de otros en una escombrera en el mismo convento o fuera de él en el transcurso de las obras unas décadas después; murió pobre y fue enterrado con humildad, y ese era el tratamiento que a los cuerpos de los pobres se les daba incluso en un convento.
Por lo menos una digna placa de mármol puesta por la Academia Española en la fachada del convento nos recuerda que fue enterrado aquí por su voluntad.
Nos queda lo más importante, sus obras, como las "Novelas ejemplares" o "Los trabajos de Persiles y Segismunda", y a la cabeza la obra maestra de "Don Quijote de la Mancha", que tantas lecturas y significados puede tener partiendo desde el más sencillo de la parodia ejemplarizante de las novelas de caballerías hasta el que, sin duda, oculta la búsqueda interior del héroe que hace lo que tiene que hacer según su conciencia aunque para la mayoría pueda resultar incomprensible y, por tanto, lo tomen por loco, ocultando de esta manera muchos detalles en sus textos de carácter esotérico e iniciático.
William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra, el 26 de abril de 1564. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon, o simplemente El Bardo, Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y el más conocido de la literatura universal. Destacó sobre todo como dramaturgo, siendo sus obras las que se representan más veces y en mayor número de países que las de cualquier otro escritor. Su influencia en la cultura actual es grande, en la literatura por supuesto, pero muy notoria en el cine, industria dominada, como sabemos, por los paises anglosajones.
Se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su afiliación religiosa (secretamente católico en contra del protestantismo anglicano que se imponía a la fuerza) e incluso la autoría de sus obras. Esto último es lo que más controversias ha levantado hasta hoy. Una importante minoría piensa que Shakespeare no sería más que un hombre de paja que encubriría la verdadera autoría de otro dramaturgo que habría preferido mantener en secreto su identidad. Esta teoría tiene diferentes bases: ambigüedades y lagunas en la documentación histórica acerca de Shakespeare; el convencimiento de que las obras requerirían un nivel cultural más elevado del que se cree que tenía Shakespeare; supuestos mensajes en clave ocultos en las obras; y paralelos entre personajes de las obras de Shakespeare y la vida de algunos dramaturgos. Recientemente las dudas sobre la autoría de Shakespeare se han acrecentado tras las declaraciones de Derek Jacobi y Mark Rylance. Ambos han divulgado la denominada "Declaración de duda razonable" sobre la identidad del famoso dramaturgo. La declaración cuestiona que Shakespeare, un plebeyo en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon, escribiera las geniales obras que llevan su nombre. El comunicado argumenta que un hombre con una educación limitada, como reconocían sus contemporáneos, y que no viajó nunca fuera de su país no pudo poseer los rigurosos conocimientos legales, históricos, geográficos y matemáticos que salpican las tragedias, comedias y sonetos atribuidos a Shakespeare. A lo largo del tiempo han existido teorías que subrayan que William Shakespeare era tan sólo un alias tras los que podían esconderse otros ilustres nombres como el escritor Christopher Marlowe (1564-1593), gran dramaturgo quien, como espía, habría fingido su propia muerte para seguir con sus actividades tanto en Inglaterra como en el extranjero mientras escribía las obras que se le asignaron a Shakespeare, que admitió ser su tapadera pues era además empresario teatral; o el filósofo y hombre de letras Francis Bacon (1561-1626) o Edward de Vere (1550-1604), decimoséptimo conde de Oxford. Jacobi asegura inclinarse por Edward de Vere, que frecuentó la vida cortesana en el reinado de Isabel I (1533-1603), y lo califica como su candidato preferido dadas las supuestas similitudes entre la biografía del conde y numerosos hechos relatados en los libros de Shakespeare.
Pero para el motivo principal de este artículo lo importante es la fecha de la muerte de Shakespeare. Falleció el 23 de abril de 1616, pero hay que tener en cuenta que esta fecha es del calendario juliano que todavía se seguía usando en Inglaterra. En el calendario gregoriano la fecha es el 3 de mayo. Lo mismo pasa entonces con su nacimiento, que sería el 6 de mayo de 1564.
Entonces resulta que Shakespeare murió el 3 de mayo y Cervantes el 22 de abril, eso sí, del mismo año, 1616, que no deja de ser curioso; en pocos días fallecieron los que están considerados los más célebres escritores de la historia.
Siempre se ha tendido a asociar la muerte de Shakespeare con la bebida, pues se ha dicho comúnmente que murió como resultado de una fuerte fiebre producto de su estado de embriaguez tras haberse reunido con Ben Jonson y Michael Drayton para festejar algunas nuevas ideas literarias. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es muy probable que el escritor inglés padeciera de cáncer.
Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras, una cantidad considerable en la época. El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia (de la que no quedan descendientes directos suyos) sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave.
Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano. Tal vez temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, el propio Shakespeare habría compuesto el siguiente epitafio para su lápida:

Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.

Una leyenda afirma que las obras inéditas de Shakespeare yacen con él en su tumba. Nadie se ha atrevido a comprobar la veracidad de la leyenda, tal vez por miedo a la maldición del citado epitafio. Sea por respeto o miedo la cuestión es que se ha respetado el cuerpo de Shakespeare en la iglesia de la Trinidad de Stratford, no como lamentablemente ocurrió con Cervantes en la iglesia del convento de las Trinitarias de Madrid, a lo que contribuyó su humilde y anónimo lugar de enterramiento.