jueves, 12 de febrero de 2026

CULCAS, EL ÚLTIMO REY TURDETANO

Culcas o Culchas fue el último rey o régulo turdetano que se resistió a la "pax romana".

El principal autor clásico que narra los hechos relacionados con Culcas es Tito Livio en su obra "Ab Urbe condita libri" (Historia de Roma desde su fundación) en los libros XXXIII y XXXIV. Y el principal libro moderno es el que escribió José Martínez Gázquez, "La campaña de Catón en Hispania", de la Universidad de Barcelona.

Hay poca información sobre él pero suficiente para hacernos una idea de su importancia. Fue un régulo ibero turdetano de finales del siglo III a.C. y principios del II a.C. que gobernó hasta 28 ciudades (oppida), al parecer desde Jaén hasta Carmona y Huelva. En el año 209 a.C., en el marco de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, aportó al ejército romano de Escipión alrededor de 3.000 infantes y 500 jinetes procedentes de su dominio sobre tantas ciudades.

Pero pasados unos años y establecido el dominio romano ocurrió la Revuelta Ibera (197-195 a.C.), que fue una rebelión de los pueblos iberos de las provincias Ulterior y Citerior, creadas poco antes en Hispania por la república romana para regularizar el gobierno de estos territorios. Se levantaron contra esa dominación romana principalmente por haber establecido un impuesto, el stipendium, que no fue aceptado por abusivo por las tribus iberas que todavía gozaban de una cierta estructura política y capacidad de reacción.


La rebelión fue encabezada por Culcas, que regía por entonces 17 ciudades en la Hispania Ulterior, y se extendió rápido hacia el noreste, la Citerior. Entre los otros régulos de la Ulterior que se unieron a su causa destacó por su importancia Luxinio. Culcas y Luxinio contrataron inicialmente a 10.000 guerreros celtíberos, conocidos por su especial valor y dureza en la batalla, quienes fueron mandados por sus propios cabecillas, Budar y Besadino, para que se sumaran a sus tropas turdetanas. La revuelta hizo que los romanos perdiesen el control efectivo sobre numerosas regiones.

Iniciada la revuelta en la provincia Ulterior, Roma envió a los pretores Cayo Sempronio Tuditano a la provincia Citerior y Marco Helvio Blasión a la Ulterior. Poco después de que la rebelión se propagase por la Citerior, Cayo Sempronio Tuditano murió en combate. Sin embargo, Marco Helvio Blasión, que al llegar a su provincia Ulterior se dio de bruces con la revuelta, consiguió una importante victoria sobre los celtíberos en la batalla de Iliturgi (muy posiblemente Mengíbar, Jaén). La situación seguía lejos de estar controlada y Roma envió a los pretores Quinto Minucio Termo y Quinto Fabio Buteón en un nuevo intento de solucionar el conflicto. No obstante, aunque éstos lograron algunas victorias, como en la batalla de Turda (quizá Requena, Valencia), donde Quinto Minucio logró incluso capturar al general hispano Besadino, tampoco consiguieron resolver del todo la situación.

Fue entonces cuando Roma hubo de enviar en el 195 a.C. al cónsul Marco Porcio Catón al mando de un ejército consular a suprimir la revuelta. Cuando llegó a Hispania encontró toda la provincia Citerior en rebeldía, con las fuerzas romanas controlando solo algunas ciudades fortificadas. Catón estableció una alianza con Bilistages, rey de los ilergetes, y contaba también con el apoyo de Publio Manlio, recién nombrado pretor de Hispania Citerior y enviado como ayudante del cónsul. Catón había llegado a Hispania desembarcando en Rhode (Rosas, Gerona) y sofocó la rebelión en esta antigua colonia griega. Posteriormente se trasladó con su ejército a Emporion (Ampurias, Gerona), donde libraría la mayor batalla de la guerra contra un ejército indígena ampliamente superior en número. Después de una larga y difícil batalla, el cónsul consiguió una victoria total, inflingiendo 40.000 bajas en las filas hispanas. Después de la gran victoria de Catón en esta batalla decisiva, que había diezmado las fuerzas hispanas, la provincia Citerior cayó de nuevo bajo control de Roma.

Marco Porcio Catón, político, militar y escritor romano (234 a.C. - 149 a.C.), conocido tras su muerte como Catón el Viejo.


Por otro lado, la provincia Ulterior seguía sin estar controlada por Roma, y el cónsul Catón tuvo que dirigirse hacia allí para apoyar a los pretores Publio Manlio y Apio Claudio Nerón. Catón intentó establecer una alianza con los celtíberos, que actuaban como mercenarios pagados por los turdetanos encabezados en un principio por Culcas y Luxinio, pero no logró convencerles. Los encuentros se realizaron en la zona minera de Sierra Morena. Tras una demostración de fuerza, pasando con las legiones romanas por el territorio celtíbero, les convenció para que volvieran a sus tierras, y los turdetanos fueron vencidos. Así acabó la guerra en la Hispania Ulterior.

La sumisión de los iberos en la Citerior era solo en apariencia y cuando corrió el rumor de la salida de Catón hacia Roma, la rebelión se reanudó. Catón tuvo que actuar de nuevo, lo cual hizo con decisión y efectividad, venciendo a los sublevados definitivamente en la batalla de Bergium (posiblemente Berga, Barcelona). Finalmente, Catón vendió a los cautivos como esclavos y los indígenas de la provincia fueron desarmados.

Un total estimado de unos 80.000 combatientes hispanos más un número indeterminado de civiles muertos costó la victoria de Roma. Además, el botín de guerra que se llevó a Roma fue enorme. Para evitar posibles revueltas futuras, Catón rebajó los impuestos en la Hispania romana. Pronto Roma inició su expansión por el resto de Hispania, que le costó mucho más de lo que pensaba.

Y sobre Culcas no se sabe qué fue de él durante el conflicto, pues Tito Livio ya no lo nombra más en su obra durante el proceso de la Revuelta Ibera. No se sabe si murió en alguna importante batalla como la de Iliturgi o en otra menor cuando llegó Catón a Sierra Morena y el Alto Guadalquivir. O si fue apresado en algún momento del conflicto y ajusticiado posteriormente, o sobrevivió aunque despojado de todos o gran parte de sus poderes y privilegios.


Culcas es un personaje tan destacado como poco conocido de nuestra historia, y solo tiene un monumento que lo recuerde. Se trata del metálico Guerrero Ibero que hizo el artista José Ríos para Jaén, situándose en lo alto del Cerrete de los Lirios, en un parque de la capital jiennense. Inspirado en el Guerrero de la doble armadura, destacada escultura del siglo V a.C. hallada en la necrópolis de Cerrillo Blanco de la antigua ciudad ibera de Ipolca (la romana Obulco, actual Porcuna, Jaén), José Ríos lo dedicó a Culcas, que, como se ha dicho, su mandato abarcó hasta la actual provincia de Jaén, seguramente la parte occidental turdetana y túrdula, incluyendo posiblemente, por tanto, la ciudad de Jaén, la ibera Aurgi. Ahí está el guerrero de más de 6 metros de altura, con su escudo con la figura del lagarto - dragón, símbolo de origen inmemorial de la ciudad de Jaén, oteando firme el horizonte, vigilando la ciudad, el último que se resistió ante unas legiones que finalmente impusieron el poder de Roma que nunca más se puso en cuestión por estas tierras.