viernes, 21 de abril de 2017

EL ANTIGUO JAÉN Y LA ATLÁNTIDA

El documental de National Geographic "El resurgir de la Atlántida", estrenado en España el 5 de marzo, producido por James Cameron y dirigido y presentado por Simcha Jacobovici, ha incluido a Jaén como uno de los lugares significativos en su búsqueda de la historicidad de la Atlántida. El documental llega pronto a centrarse en el sur de España donde ya encuentran los indicios más claros de que la civilización atlante existió y que se trataría de la cultura de la Edad del Cobre y el Bronce que se desarrolló en el sur de la Península Ibérica. La capital debería estar en algún lugar del amplio Golfo de Cádiz, es decir, más allá de las Columnas de Hércules, que es el Estrecho de Gibraltar, y el yacimiento de Marroquies Bajos, en la ciudad de Jaén, sería una ciudad hermana de la capital atlante, es decir, perteneciente a esa cultura, pues por su datación y diseño encaja perfectamente en esta teoría. Como muchos ya sabrán, Marroquíes Bajos, la macroaldea de la Edad del Cobre, es decir, con unos 5.000 años de antigüedad en su inicio, hallada en Jaén, tiene un diseño sorprendente y perfectamente ejecutado a base de círculos concéntricos de fosos junto a murallas con amplio espacio entre círculos para habitar, teniendo un diámetro total por su parte más extensa de unos 1.200 metros, lo que supone un trabajo de una gran dificultad técnica. Este diseño es lo más parecido que se ha encontrado hasta ahora a lo que Platón describió para la capital atlante, por eso la relación clara que se ha propuesto. En la parte en la que se habla de Marroquíes Bajos, que nombran como la antigua Jaén, se cuenta con la colaboración de la arqueóloga Estela Pérez para que explique brevemente el diseño de la ciudad, y con la presencia de Georgeos Díaz-Montexano, investigador y escritor, en cuya teoría sobre la Atlántida se basa principalmente el documental y que consiguió que National Geographic se interesara e incluyera a Jaén como parte fundamental de su reportaje. Luego hay otro pequeño trozo del documental en el que van a la Cueva del Toril, en el paraje de Otíñar de la Sierra Sur de Jaén, en el que Georgeos Díaz muestra a Simcha Jacobovici uno de los destacados petroglifos que allí hay, donde abundan los círculos concéntricos, dándole la interpretación de que se trata del símbolo ancestral que derivó en la Menorá judía, tratándose básicamente de unos círculos concéntricos partidos por la mitad.
Aquí tienen las partes del documental en donde aparece Jaén:



video

El documental ha supuesto cierto revuelo en la sociedad y las administraciones jiennenses. Ha servido para que mucha gente se diera cuenta de la gran importancia del yacimiento, de que lamentablemente se haya perdido un parte considerable y que hay que conservar lo que queda, que no es poco, y para comprobar que desde que se descubrió y se empezó a excavar y estudiar hace algo más de 20 años no se haya protegido debidamente por los intereses inmobiliarios de unos y la desidia de otros a pesar que se supo de su gran valor desde el principio. Se abrió un debate en Jaén por estos motivos además de por el de la interpretación histórica del yacimiento, seguido y ampliado por los medios de comunicación locales, con opiniones y declaraciones muy acertadas de algunos pero también muy desafortunadas de otros. Pero eso es otro tema que no procede para este artículo. Por ahora, por lo menos, se ha conseguido cierta concienciación ciudadana y la acción por parte del Ayuntamiento de la ciudad de paralizar por el momento los permisos de obras en la zona arqueológica y pedir a la Junta de Andalucía que se hagan parques arqueológicos, entre ellos uno prometido hace años que protegería lo que es el centro de la milenaria macroaldea.

Vista de buena parte del yacimiento de Marroquíes Bajos, que está en gran medida destruído o cubierto por edificaciones o parques modernos. La parte central de la antigua ciudad de la Edad del Cobre es el solar del fondo, que ahora ya está rodeado por su cuatro lados de edificios pues se ha construído delante un Centro de Salud. En primer plano el gran solar en donde rodó National Geographic, donde estaba prevista la construcción de la Ciudad de la Justicia y que ahora se ha abortado. Se puede observar cómo la avenida de delante tiene forma curvada, al igual que algunas otras de la zona, debido a que se han adaptado al terreno que originó la forma circular de los fosos y murallas de la antigua ciudad calcolítica.

Durante este tiempo tras el estreno del documental y con el debate originado, Georgeos Díaz-Montexano, el investigador que llamó la atención a National Geographic sobre Jaén, ha aparecido en algunos artículos de medios locales dando su opinión y aportando algunos datos adicionales de su estudio que no aparecieron en el documental. El más interesante fue el que se publicó por el Diario Jaén el 19 de marzo y que luego él amplió dándole difusión por las redes sociales.
Se trata de que Georgeos Díaz se percató de que en la Cueva del Toril, en donde como ya se sabe hay interesantes petroglifos, se encuentran, junto a un símbolo de tres círculos concéntricos con un trazo radial (posible símbolo de la capital de Atlantis), tres signos que se hallan presentes en las escrituras tartesia e ibérica meridional, pero con un aspecto más arcaico, y que se corresponderían con los signos que representan la vocal A, la sílaba TA y la consonante L, o sea, ATAL. Escritos de derecha a izquierda, como era habitual en ambos estilos. Al haber sido inscritos casi en espiral se pueden leer de manera continua (empezando siempre por el signo superior y a la derecha) lo mismo como ATAL que como ATALA.
La inscripción está muy desgastada por la erosión debido al paso de mucho tiempo y presenta la misma pátina que cubre  los cercanos círculos concéntricos. Los arqueólogos que han estudiado la cueva no han identificado los signos con algo conocido.
Quizás, comenta Georgeos Díaz, podría tratarse de la versión indígena ibera, Atal o Atl, del nombre de la isla Atlantis que en el Critias de Platón se dice había derivado del nombre del rey Atlas. ¿Es mera coincidencia fortuita que justo encima, con el mismo aspecto de erosión y pátina, se aprecie un símbolo de tres círculos concéntricos con un posible canal central, similar al diseño de la metrópolis de la Atlántida?

La inscripción comentada de la Cueva del Toril, 
Otíñar, Sierra Sur de Jaén. Fotografía: Scientific Atlantology International Society (SAIS).

Como se puede observar en la doble fotografía, la de la izquierda es la original y la de la derecha con la interpretación de Georgeos Díaz, hay lo que podría ser el símbolo simplificado de la ciudad de la Atlántida con sus tres canales o fosos circulares rodeando la isla central donde se hallaba la acrópolis sagrada y un posible trazo horizontal que parece representar el canal central que conectaba la acrópolis con el exterior de los canales y el puerto marítimo. Y justo debajo los tres signos de escritura lineal pretartésica, que he comprobado y considero que es cierto, que se corresponden con las letras A-TA-L, es decir, ATAL, o simplemente ATL, claramente la palabra o raiz que designa a aquella antigua y misteriosa civilización que los griegos denominaron Atlantis o Atlántida por el dios Atlas o Atlante.

El hispano-cubano Georgeos Díaz-Montexano, heterodoxo por su firme creencia en la Atlántida pero científico en sus métodos de estudio, que él denomina "Atlantología Científica", se basa en diversas fuentes antiguas, entre ellas los códices con los textos más antiguos conocidos de Platón y otros autores clásicos. Su estudio de las fuentes primarias lingüísticas y materiales le han llevado a interpretar algunos detalles importantes de una manera distinta a la conocida y aceptada. Su hipótesis es que la Atlántida fue un imperio entre Iberia y el norte de África occidental que se enfrentó con los griegos y que sufrió un cataclismo que hizo desaparecer su capital y buena parte de su territorio compuesto de islas frente al estrecho de Gibraltar, en el Océano Atlántico, junto a las costas gaditanas. Este desastre, posiblemente un terremoto y tsunami, ocurrió hacia el 1.550 a.C., en la Edad del Bronce, con lo que cronológicamente esta civilización podría encajar en la ortodoxia, pero el problema es que el origen de esta cultura lo sitúa en una época cercana al fin de la era glacial, teniendo en cuenta los textos platónicos basados en los egipcios, es decir, hacia el 9.500 a.C., con lo que aumenta la oposición y negación por lo general de la comunidad científica oficial, que ya tiene en contra de principio por la sencilla razón de nombrar a la Atlántida.

Esquema general de la capital de la Atlántida según Platón.

Se puede estar más o menos a favor o en contra de las teorías de Georgeos Díaz, pero es de valorar y reconocer su larga y constante investigación llevada con rigurosidad, y en cuanto a Jaén y los jiennenses, es de agradecer que haya conseguido que una institución como National Geographic haya puesto sus ojos en esta ciudad, en su importante y excepcional yacimiento de Marroquíes Bajos. Además, fue él el primero en publicar que esta ciudad calcolítica estaba diseñada de forma similar a la capital de la Atlántida que describió Platón.

Gráfico realizado por Georgeos Díaz-Montexano.

Sobre la relación de la Atlántida con Jaén, ya en este blog di mi opinión sobre este tema en dos artículos de 2009 y 2010:

¿Fue Jaén una ciudad de la Atlántida?

La exposición sobre las excavaciones arqueológicas de la Ciudad de la Justicia de Jaén

Pero anteriormente, en mi libro "El Dragón de Jaén" (febrero de 2009), en su último capítulo, "Un ancestral lugar de poder", hablo sobre el tema y propongo unas teorías. Hago unos extractos de ese capítulo:

El viejo Jaén parece agarrarse a las faldas del sagrado monte de Santa Catalina mientras que el nuevo se expande hacia el norte por los primeros llanos que anuncian el Valle del Guadalquivir, pero resulta que la zona más moderna es también el viejo Jaén, pues en todos esos terrenos, conocidos como Marroquíes Bajos, se ha descubierto inesperadamente, desde hace poco más de una década, la existencia de una macro aldea de la Edad del Cobre que empezó a poblarse como poco hace 5.000 años y que constituye uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa y el mundo por su gran tamaño, por lo que está aportando al conocimiento del pasado y por la única, por el momento, y sorprendente configuración con la que fue construida, consistente en una serie de seis grandes fosos circulares y concéntricos, de 1.200 metros de diámetro máximo, que recogían las aguas remanentes del Raudal de la Magdalena para surtir a la población en todas su necesidades incluidas las agrícolas, haciendo al mismo tiempo una labor defensiva; una obra de ingeniería impresionante para la época. Una ciudad que a partir del segundo milenio a.C. se fue despoblando y perdiendo su estructura concéntrica, que en época musulmana mantuvo una población más pequeña pero bien establecida junto a numerosas huertas y que en la Baja Edad Media se quedó solo como terrenos para la agricultura hasta nuestros días. Y ahora se está desenterrando ese asombroso pasado, encontrándose utensilios, viviendas, almazaras, enterramientos familiares y en necrópolis, etc. de diversas épocas, pero lo que no se han encontrado todavía son templos, y es que se sospecha que Marroquíes Bajos fue una zona para vivir, una zona donde se estableció el grueso de la población sobre todo en sus orígenes, mientras que a los pies del monte de Santa Catalina siempre estuvieron los templos, junto al sagrado nacimiento de las aguas de la Magdalena y al lado de otras aguas sacralizadas como el raudal de Santa María, espacio el del monte y sus faldas habitado quizás por la élite social y que cuando fue necesario, seguramente por motivos defensivos, tuvo que acoger al resto de la población, como se sabe que ocurrió en época ibérica. Quizás hubo alguna vez un templo en Marroquíes Bajos, con mayor probabilidad en las épocas romana y musulmana, para cubrir las necesidades religiosas cotidianas de la población residente en el lugar, pero, como he dicho, es más que una sospecha que los recintos sagrados importantes estuvieron arriba, junto al cerro, desde el principio, desde hace no se sabe cuantos milenios.

Dibujo de cómo fue la ciudad calcolítica de Marroquíes Bajos (III milenio a.C.), realizado por el arqueólogo Narciso Zafra.

Y hay un dato, molesto para la mayoría de los arqueólogos pero esperanzador para los investigadores más abiertos de mente, que abre un camino increíble: esta extensa ciudad calcolítica de Marroquíes Bajos con forma circular y compuesta por anillos concéntricos de tierra y fosos con agua se parece mucho a la ciudad principal de la Atlántida que el griego Platón describió en sus obras “Timeo” y “Critias”. Para los que creen que la Atlántida es un fantasioso mito o una alegoría filosófica de Platón esto no es más que una casualidad, pero para los que creemos en la posibilidad de que existió, este dato es algo que hace pensar en una relación entre ambas; eso no quiere decir que haya que creer directamente que Jaén fue la capital atlante, pues esta, según Platón, estaba en una isla o península junto al mar, y este no es el caso, pero sí se puede pensar que la ciudad de Marroquíes Bajos fue una de las poblaciones que siguió el modelo atlante porque estuvo bajo la influencia de aquella civilización milenios atrás o de alguna heredera, como las todavía poco conocidas turdetana y tartéssica, aunque estas se consideran oficialmente posteriores a la Edad del Cobre.
Es como poco curioso que esta ciudad de Marroquíes Bajos se hiciera, digamos, al estilo atlante, al modo de la capital de la Atlántida, la ciudad que fundó Atlas… el padre de las tres o siete Atlántides de Occidente, es decir, las Hespérides, las “ninfas del poniente”, con las cuales tanta relación esotérica tiene Jaén, como he demostrado a lo largo de esta obra: las tres morillas – Hespérides, las esferas – manzanas de oro, el lagarto – dragón, el héroe – Hércules… y la correlación con las constelaciones del mito, que son el Dragón, Hércules, Osa Mayor – manzano y Osa Menor – Hespérides. Este mito aparece tan insistentemente en el Jaén oculto y sagrado que no hay más remedio que pensar que esta ciudad andaluza es una seria candidata a que era o se le consideraba el Jardín de las Hespérides, fuera este lugar algo real o simbólico. Un jardín o paraíso, es lo mismo, a donde estaba prohibido entrar excepto para el padre de las ninfas que lo habitaban, Atlas, el cual fue engañado, según una versión, por Hércules para que entrara en el jardín y le consiguiera las tres manzanas de oro; en la otra versión Hércules penetró en el jardín y para conseguir los preciados frutos mató al dragón que los protegía. ¿No es fascinante que en Jaén, tan relacionado con el mito del Jardín de las Hespérides, hubiera una ciudad al estilo de Atlas, el padre de las Hespérides y el único que podía entrar en el jardín? Abajo la ciudad atlante surtiéndose de las sagradas aguas del monte y arriba el monte, sus nacimientos de aguas, los templos, el dragón, el Árbol de la Vida y sus frutos: abajo una ciudad de Atlas y arriba el sagrado Jardín de las Hespérides.

La ciudad al estilo atlante de Marroquíes Bajos y el sagrado Jardín de las Hespérides. Los fosos de Marroquíes Bajos se surtían de las aguas del Raudal de la Magdalena, cuyo curso coincide con la línea ley del Árbol de la Vida del Monte de Santa Catalina (a cuyos pies están el Dragón y la Cruz-Árbol que forman los templos de la ciudad), llegando hasta el penúltimo foso, quizás el principal porque tenía las murallas defensivas más sólidas.

Cuando se atiende a las breves descripciones clásicas que existen del Jardín de las Hespérides y su situación, solo hay un dato que podría contrariar a la hipótesis de su localización jiennense, el de que estaba cerca del océano, por lo que se suele pensar que estaría en la zona de Cádiz-Huelva, como la capital tartéssica y, según una conocida teoría, la capital de la Atlántida si esta hubiera existido. Pero esta no es más que una teoría también, basándose en la creencia griega de que los dos trabajos occidentales de Heracles, que fueron el robo de los rebaños de Gerión y el robo de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, ocurrieron allí porque en esa parte de la actual Andalucía existía un importante culto a Melkart – Heracles – Hércules. [...] Solo el hecho de que se considere que su situación era cerca del océano contraría la teoría aurgitana, porque evidentemente lo de occidental, en Hesperia, lo cumple. Y, junto a esto último, los otros pocos datos existentes sobre el jardín de los dioses también los podría cumplir, pues el mito cuenta que pertenecía a Atlas, formando parte de un extenso territorio bajo su dominio en el que la ganadería destacaba, que estaba cercado por unos muros para protegerlo, que era de una gran frondosidad, por lo que se deduce que tenía abundantes aguas, y, lo más importante, que se situaba en las laderas o a los pies del monte Atlas, el monte que habitaba este titán y desde el que sostenía la bóveda celeste, el monte en el que los caballos del carro del Sol terminaban su viaje todos los días, es decir, por donde se ponía el Sol… (y monte y sierra destacados tiene Jaén al oeste). [...] De todas formas, lo más importante es saber que estamos hablando de un entorno habitado y seguramente sacralizado desde hace milenios, una zona que se extiende hacia el sur, siempre con impresionantes montes al oeste entre los que destaca Jabalcuz; una zona donde existen numerosos restos antiguos que incluyen asentamientos, dólmenes y pinturas rupestres interesantísimas, algunas ciertamente enigmáticas, constituyendo uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de España, en donde subsiste todavía la actividad ganadera, como se sabe que existe desde muy antiguo, y en el que hay parajes bellísimos y frondosos con nombres tan sugerentes como Valparaíso, un valle muy próximo al casco urbano de Jaén, por lo que todo en conjunto hace pensar en el mítico Jardín de las Hespérides y el monte Atlas a cuyos pies se extendía, y más cuando se tiene en cuenta que muchos de los lugares más significativos de esta zona están prácticamente alineados a lo largo de 10 kilómetros partiendo desde la ciudad de Jaén en dirección sur sureste hasta Otíñar, otro lugar, sin duda, especial, constituyendo la línea ley de la Sierra de Jaén.
Todo esto, por supuesto, no quiere decir que Jaén fuera el Jardín de las Hespérides, porque lo que tenemos son indicios y no pruebas, y, además, ni siquiera sabemos si en realidad alguna vez existió este jardín sagrado. No me atrevería a decir que se trata de un lugar ficticio, porque aunque sobre lo real se impone claramente lo simbólico, lo que nos transmite esto último en esencia es que era un lugar o lugares donde se guardaba celosamente el preciado Conocimiento, ya que desde siempre ha habido sitios especiales relacionados con lo esotérico, los lugares de poder, y uno de ellos era Jaén.

Hasta aquí los extractos del libro "El Dragón de Jaén" que dejan clara mi opinión al respecto de la relación entre Jaén y la Atlántida, que no es otra que, básicamente, el antiguo Jaén y su entorno, quizás una especie de Jardín de las Hespérides, son herederos de la cultura de la Atlántida que desapareció antes, quizás muy anteriormente, con lo que Jaén no pudo ser, obviamente, la capital de aquella civilización, de la cual además Platón dijo que estaba junto a las costas oceánicas; pero, sin duda, el antiguo Jaén, cuyo nombre más antiguo conocido es Auringi y Orongi - Oringi, fue un lugar muy destacado, un lugar sagrado, fuera coetáneo o posterior a la Atlántida.

Plano de la ciudad de Marroquíes Bajos, Jaén.

Mi opinión, contrastando diversas informaciones de todo tipo, es que la Atlántida fue una civilización atlántica, valga la redundancia, próxima a Iberia y el norte de África, tanto que incluso estos dos territorios fueron parte de esa cultura, cuyo origen hay que remontarlo a una época indeterminada anterior al fin de la era glacial, es decir, anterior al 10.000 a.C., que posiblemente sucumbió en esa época de grandes cambios planetarios o muy extensos que ya la ciencia empieza a corroborar y cuyo recuerdo es el Diluvio presente en todas las tradiciones y mitos; pero unos pueblos atlantes supervivientes hicieron que su memoria y parte de su legado se transmitiera a lo largo de los milenios llegando hasta el principio de las civilizaciones históricas conocidas, como Egipto, Sumeria, Mesoamérica o Sudamérica, cuyos inicios fueron repentinos y con un nivel de conocimientos extrañamente muy alto y parecido, inicio que en Europa fue quizás, como poco, con la época dolménica y la denominada Edad del Cobre hace algo más de 5.000 años, con lo que ya, al menos, se empareja con las demás civilizaciones conocidas, y cuyo foco principal y más antiguo pudo ser Iberia, como podría demostrar hallazgos como la estructura atlante de la ciudad calcolítica de Jaén. Luego, Tartessos no sería más que el último florecimiento de la herencia atlante en lo que fue parte de su territorio. Es significativo y hay que tener en cuenta que el historiador y geógrafo griego Estrabón escribió sobre los turdetanos, herederos inmediatos de los tartesios, que "son considerados los más cultos de los iberos, ya que conocen la escritura y, según sus tradiciones ancestrales, incluso tienen crónicas históricas, poemas y leyes en verso que ellos dicen de seis mil años de antigüedad." Esto es algo que rompe esquemas y nos lleva a deducir que al menos deberíamos remontarnos al 6.000 a.C. para encontrar los orígenes de la civilización en Iberia, muy posiblemente relacionada de un modo u otro con la Atlántida.


Esquema y dibujo de la Atlántida según la descripción de Platón.

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL CABALLERO Y EL CABALLO

Todos tenemos la imagen del caballero medieval a lomos de su caballo guerreando por su rey o señor y su fe. Pero la figura del caballero trasciende lo obvio. El simbolismo del caballero está muy vinculado con el concepto hermético del desarrollo del hombre. El caballero es el dominador, el logos, principio que prevalece sobre la materia, que sería la cabalgadura. Así pues, la mística de la caballería estaría fundamentada en ese esfuerzo por lograr un tipo humano, el caballero, que sería superior en conocimiento y virtud al resto de los hombres. El simbolismo del caballero lo encontramos en todas las tradiciones. Ananda Coomaraswamy, citada por Cirlot, dice que "el caballo es el símbolo del vehículo corporal y el caballero es el espíritu; cuando alguien llega al término de su evolución, la silla queda desocupada y la montura muere necesariamente".


La representación del caballo es una de las más antiguas, apareciendo ya en las figuras rupestres del Paleolítico. En su origen, y a pesar de que su simbolismo resulte complejo, fue interpretado como un ser ctónico, es decir, vinculado a la tierra, si bien a menudo se le relacionó con los dominios lunares. En la religión zoroástrica, el caballo tiene su lado oscuro y negativo. En la mitología griega los centauros, mitad hombre y mitad caballo, son una clara exposición de la parte instintiva del ser humano. El caballo está presente como animal que acompaña a algunos dioses de esta mitología relacionados con lo ctónico y lo material, como es el caso principalmente de los caballos negros de Hades y los caballos de Poseidón y su esotérica consorte, Deméter, la señora de los caballos, la diosa madre - materia también conocida como Cibeles y Ceres. Además, Helios, el dios Sol, surca el cielo con su carro tirado por cuatro caballos blancos. El caballo blanco posee toda una simbología positiva y solar, constituyendo la representación del vigor, la virilidad y la juventud. Jung consideraba al caballo como la expresión del lado mágico que hay en el hombre. Quizás con ese sentido hay que considerar a Pegaso, el caballo alado que podía volar hasta llegar al cielo en presencia de los dioses, siendo el caballo favorito de Zeus, el dios supremo de la mitología griega.
Se puede entonces considerar al caballo simbólicamente como parte del hombre, esa parte material que sirve de medio corporal al espíritu para que se desarrolle, que es el caballero. En las leyendas y en los relatos medievales aparece con frecuencia la figura del caballero negro y, también, la del caballero verde y la del caballero rojo. Tales colores tienen un profundo significado hermético que habla de la transformación del individuo, desde un estado de oscuridad y regeneración (negro), pasando por un estado de aprendizaje (verde) hasta llegar a la sublimación (rojo).
El término caballero, como el de caballería y, por tanto, el de caballo, estarían relacionados, según algunos autores, con los conceptos de la cábala. Su origen etimológico seguramente no sea el mismo y sea cuestión de casualidad, pero no lo es que la cábala hermética constituye una clave indispensable para conocer el auténtico contenido de los llamados libros cerrados (esos textos cuya enseñanza no debía ser conocida por los profanos) y que los que conocían esta cábala, los que hablaban la lengua de los sabios herméticos, eran los magos - alquimistas, los trovadores y los caballeros.
De esto surge en realidad la figura del caballero andante que busca desafíos y hacer el bien, es decir, superarse personalmente en una búsqueda individual, un auténtico camino de iniciación. Se rige por un código de honor, el comportamiento caballeresco que todavía entendemos en nuestros días, para sí mismo y por el prójimo, sea hombre o mujer, teniendo hacia esta última un respeto inusual en siglos pasados, del que proviene el amor cortés hacia la dama que tanto cantaron los trovadores. El caballero andante, esotérico, es una figura literaria, es un ejemplo de comportamiento del que busca el conocimiento. Son ejemplos destacados y paradigmáticos los personajes semilegendarios de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo, como Lanzarote y Perceval; y los literarios Amadís de Gaula o Don Quijote de la Mancha, el cual guarda tras su capa superficial un verdadero caballero andante.



Incluso las órdenes militares de caballería en sus más altos niveles tienen que ver con ese concepto del esotérico caballero. Hospitalarios y templarios encabezan estas órdenes, a destacar estos últimos que son considerados en las principales obras griálicas como los caballeros del Santo Grial, es decir, sus custodios, relacionándose, por tanto, con los artúricos, que buscan el Grial para protegerlo, un brillante Grial que debería interpretarse como alto conocimiento.



Y siempre el caballero con su caballo, inseparable compañero de camino, hasta el punto que es parte de él, pues es el medio con el cual recorre su camino de búsqueda, ese camino hacia el bien y la verdad.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

LA GIOCONDA DEL PRADO

La Gioconda del Prado es un maravilloso óleo sobre tabla de 76 cm por 57 cm, de autor anónimo, fechado entre 1503 y 1516. Se considera la mejor copia de "La Gioconda" o "La Mona Lisa" de Leonardo da Vinci (Louvre, París), y a partir de 2010, con su restauración, se descubre que esta del Museo del Prado (Madrid) fue pintada al mismo tiempo que la original y, por tanto, tiene que ser de un discípulo suyo muy cercano y hábil, quizá Francesco Melzi o Andrea Salai, si bien expertos italianos apuntan a un discípulo español, acaso Fernando Yáñez de la Almedina o Hernando Llanos.
Alessandro Vezzozi rechaza las atribuciones a Melzi o Salai señalando que da Vinci documentó en sus manuscritos al autor como un «Fernando, pintor español» que podría ser Fernando (variante de Hernando) Llanos o Fernando Yáñez de la Almedina. También Pietro Marani, considerado el principal experto en Leonardo, descarta la autoría de Salai o de Melzi, que aún no era ni aprendiz de Leonardo.

La Gioconda del Prado antes de la restauración.

La Gioconda del Prado tras la restauración muestra un magnífico estado.

La Gioconda española se conserva mucho mejor que la original, considerada sumamente frágil y que los responsables del Louvre se niegan a restaurar por los riesgos que implica. Según los expertos, este cuadro gemelo permitirá descifrar algunos de los famosos misterios que rodean al original.
Su estado de conservación es mucho mejor que el de la obra del Louvre por la naturaleza de la tabla de mejor calidad, siendo de nogal con un grosor de 18 mm, a diferencia de la obra del Louvre, de chopo, de inferior calidad y de 13 mm de grosor. Su aspecto más limpio y su ejecución más nítida permiten obtener información sobre el paisaje de fondo y sobre detalles de elementos poco visibles en el cuadro de París: el color pelirrojo del cabello, el vestido, el velo, la silla... La tabla de tan buena calidad suscita interrogantes sobre quién encargó la obra. Según palabras de Almudena Sánchez Martín, restauradora del Prado, "el nogal es una de las maderas de mayor calidad, una madera cara, que no la utilizaban muchos pintores, nada más que los que podían permitírselo, y ha demostrado a lo largo de 500 años la gran estabilidad que tiene esta madera con el paso del tiempo". Según palabras de Ana González Mozo, "el cielo está pintado con lapislázuli, es una obra hecha con materiales de mucha calidad,... los materiales son muy buenos, nadie trabaja con materiales tan buenos si no es un encargo importante". Asimismo el periodista Javier Sierra ha comentado que "también presenta laca roja, que es también muy rara, un material muy costoso".
Vincent Delieuvin, conservador de pintura italiana del museo del Louvre, afirmó, en una entrevista de la revista Ars Magazine en su número 15, que "es muy posible que Leonardo interviniera en La Gioconda del Prado" así como que "los arrepentimientos que se aprecian en estas copias de taller tienen relación con los dibujos autógrafos de Leonardo y seguramente puedan tener intervenciones suyas", haciendo referencia a una carta de Pietro de Novellara a Isabel de Este donde le relataba una visita al taller de Leonardo en Florencia en 1501. Asimismo, en el dibujo del paisaje de la obra del museo del Prado, a la derecha de la figura, hay estrechas relaciones con el dibujo de Leonardo da Vinci llamado "Masa rocosa", datado hacia 1510-1515 (conservado en el castillo de Windsor), de ahí que la datación del cuadro del Prado se dilate en el tiempo hasta el 1516.

La Gioconda del Louvre.

Todos estos datos reconocidos oficialmente dejan entrever ciertos misterios sobre la Gioconda del Prado. Ya es muy llamativo que esta Gioconda, seguramente retrato de Lisa Gherardini, fuera pintada a la vez que la del Louvre en el taller de Leonardo y seguramente bajo su supervisión como poco, y que además esté realizada con mejores materiales.
Javier Sierra narra bien el enigma de la Gioconda de Madrid abriendo una fascinante posibilidad:
Ya a principios del siglo XX la obra había estado envuelta en polémica. Con el robo de la Gioconda del Louvre, la prensa volvió los ojos hacia esta poco considerada obra; un desconocido que firmaba como "The Spaniard" envió en 1911 una carta a The New York Herald aduciendo detalles técnicos que demostraban que el cuadro era un auténtico Leonardo. Según este anónimo, las descripciones que Vasari (el biógrafo de los principales artistas del Renacimiento, contemporáneo de ellos, y a quien debemos el título del cuadro) había hecho de la pintura de Leonardo se correspondían más con el cuadro del Prado que con el del Louvre.
Cuando un siglo después, a principios de 2011, se comprobó que el fondo negro de la obra era un añadido de 1750 y se procedió a retirarlo, apareció un paisaje idéntico al de la Gioconda de París. La noticia corrió alrededor del mundo con gran revuelo en los círculos artísticos y llamadas a la prudencia por parte de los responsables del museo del Prado.
Hay varias lagunas en torno a esta obra que son dignas de mención. La primera es su propia procedencia. La mención más antigua al cuadro de Madrid data de 1666 y se encuentra en el inventario de obras del Alcázar de Madrid. La hipótesis de los expertos es que fue un regalo de Diego Mesía, gobernador de Milán y experto en arte, a la corte española. Otra hipótesis apunta a que quizá lo importó a España Pompeo Leoni, escultor de Felipe II, el mismo que había adquirido de Orazio (hijo de Melzi, heredero universal de Leonardo) los dos códices de da Vinci que hoy se custodian en la Biblioteca Nacional.
El segundo enigma, sobre el que se han vertido ríos de tinta, se refiere a la identidad de la dama retratada. Vasari había descrito así la pintura: "En las cejas se apreciaba el modo en que los pelos salen de la carne, más o menos abundantes y, girados según los poros, no podían ser más reales."
Curiosamente, la Gioconda de París no tiene cejas, y estas no aparecen tampoco en las radiografías de la tabla, mientras que sí son bien visibles en la Gioconda de Madrid.
Existe también un boceto de Rafael Sanzio realizado en una de las visitas al taller de Leonardo, que muestra una dama más juvenil que la del Louvre flanqueada por dos columnas. Este elemento apenas se insinúa en la Gioconda francesa, pero sí destaca (y mucho) en la del Prado.
Javier Sierra ha encontrado otra pista en el Trattato dell’arte della pittura, escrito por un discípulo de Rafael llamado Giovanni Paolo Lomazzo, en donde dio con un encendido elogio a las obras de Leonardo; el autor las enumera y entre ellas alude a "la Gioconda y la Mona Lisa», es decir, ¡las cita como dos obras diferentes!


Por tanto, de una manera u otra, se abre la magnífica posibilidad de que la Gioconda del Prado sea una obra auténtica de Leonardo da Vinci que ha estado durante siglos en las Colecciones Reales de España hasta hoy que se muestra en el Museo del Prado de forma continua y llamando poderosamente la atención de las miradas con su mirada... y su sonrisa.



viernes, 31 de octubre de 2014

TODOS LOS SANTOS EN JAÉN... SAMAÍN.

Era costumbre, y sigue siendo todavía en buena medida para mucha gente, celebrar en Jaén el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, con una gran cena familiar de casi la misma importancia que la de Navidad. Antiguamente ese día el sonido de las campanas dominaba toda la ciudad. Desde las tres de la tarde, después de los credos, doblaban a muerto en la catedral, en las iglesias, en los conventos; lentas, reiterativas, las campanas se hacían dueñas de la población y encogían los ánimos; también durante la noche, y en lo alto de las torres los campaneros encendían fuegos que arrojaban siniestros resplandores.



Las visitas al cementerio, el desfile de coronas y de flores, de mantos y lutos, los responsos entre las tumbas, las carteleras de “Don Juan Tenorio”, todo contribuía a impresionar, a predisponer a las gentes para conmemorar el inmediato día de los Fieles Difuntos y asistir a las tres misas de privilegio.


Por las calles de la ciudad se situaban las castañeras, los paveros y los vendedores de mieles. Después de cantadas en los templos las vísperas de difuntos, las familias se reunían para rezar el rosario, comenzar la novena o el mes de ánimas. Se juntaban en casa de los abuelos o de los padres, si aquéllos faltaban, y se encendían lamparillas, una por el alma de cada allegado, otras por todos los difuntos. También se prendían las mariposas, muchas veces puestas dentro de las calabazas y melones ahuecados que tanto les gustaban, y gustan, a los niños para pasearlos por las calles. Y con ocasión de estas reuniones familiares se cenaban los platos propios del otoño. Una sopa sustanciosa, una verdura y el pavo de los Santos, acompañado de las primeras aceitunas de cornezuelo y de buenos vinos, y de postre castañas y batatas asadas, y las gachas con picatostes; luego se incorporaron dulces como los huesos de santo o los buñuelos. Después de la cena tan copiosa el tiempo transcurría entre los recuerdos de los que se fueron, hasta el momento de irse a dormir en una noche que para muchos era de sobrecogimiento y temor. El miedo a las almas errantes hacía que en la noche de vísperas del día de difuntos las gentes taparan las cerraduras de las puertas con las típicas gachas, para así evitar que en aquella inquietante noche entraran por ellas a sus casas.
Y este recuerdo de los queridos difuntos se estiraba devoto durante todo noviembre en una ciudad en donde había muchas cofradías dedicadas a las benditas Ánimas del Purgatorio; era el mes de Ánimas, el dichoso mes, que entra con los Santos y sale con san Andrés.
El tiempo fue suavizando las costumbres de aquel día, los rezos empezaron a relegarse y la cena fue perdiendo su carácter solemne y de tristes o respetuosos recuerdos. Y ahora solo queda una sombra de esta tradición, tan presionada por superficiales y comerciales costumbres estadounidenses, pero a pesar de todo sigue sobreviviendo y teniendo su encanto… Por cierto, parece ser que el hecho de hacer una gran cena familiar era costumbre peculiar de la ciudad de Jaén y no de otros lugares del entorno, teniendo un origen y motivación desconocidos pero de raiz muy popular… Quizás habría que remontarse al Samaín…
El Samaín, como se dice en Galicia, o Samhain para los británicos o Samonios para los galos, es la festividad de origen celta que está en la base de las tradiciones de los días de Todos los Santos y de Difuntos. Era la más importante de la antigua religión que no solo hay que considerar celta y que dominó Europa hasta la llegada e imposición del cristianismo a partir de finales del siglo II, celebrándose en tiempos más recientes siempre en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre pero que originalmente abarcaba tres noches que oscilaban alrededor del 5 de noviembre, en medio del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, cuando hubiera Luna llena. En el Samhain, que en su etimología gaélica significa “fin del verano”, se celebraba el final de la temporada de cosechas y sobre todo el Año Nuevo celta, que comenzaba con la estación oscura o invernal de seis meses que duraba hasta primeros de mayo; además era la fecha clave para reverenciar a los antepasados. Por tanto, era una fiesta de transición, por el paso de un año a otro, y también de apertura al otro mundo, el de los muertos, con una serie de festividades que duraban tres días con sus noches y que finalizaban con la fiesta de los espíritus en la noche de Luna llena, y con ello se iniciaba el Año Nuevo.


Los celtas celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los sacerdotes druidas, sirviendo como médium, se comunicaban con los antepasados esperando su guía en esta vida o la preparación para la otra en el Más Allá. Se creía que los espíritus de los ancestros venían en esa fecha a visitar sus antiguos hogares y la comunicación con ellos era más fácil. Se encendían velas y se dejaban en las habitaciones o en las ventanas para ayudar a guiar al hogar a los espíritus de los antepasados y de los seres queridos fallecidos. Incluso algunos ponían más sillas en las mesas y alrededor de las chimeneas para los invitados invisibles. En algunos sitios se preparaba una comida especial para los difuntos, que solía ser algún tipo de pastel o torta. Para los espíritus perdidos o que no tenían descendientes se ponían manzanas en las calles y en los caminos, y para mantener a otros espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares dejaban comida fuera, en las puertas o en los altares. Se vaciaban nabos o melones, posteriormente también calabazas tras el descubrimiento de América, para ponerles velas dentro como recordatorio de los difuntos y hacer una especie de procesión de almas. Algunas de estas costumbres siguen vivas con el sabor original en zonas de Galicia (donde ya se ha dicho se llama Samaín) y también de León, Zamora y el norte de Cáceres. Y Samhain o Samonios es como se llamaba para los antiguos celtas su primer mes del año, el que ahora es el mes de noviembre, con lo que todo el mes podría estar dedicado a las ánimas, como era costumbre en Jaén.
En la mitología celta, los áes sidhe o pueblos feéricos, es decir, de las hadas, también celebraban Samhain y dejaban más abierta la posibilidad de interactuar con los humanos. En la víspera de noviembre las hadas, de aspecto y altura humanos, podían tomar maridos mortales y se abrían todas las grutas de las hadas para que cualquier hombre que fuera lo suficientemente valiente pudiera entrar y admirar sus palacios llenos de tesoros. Pero eran muy pocos los hombres que se aventuraban voluntariamente en aquel reino encantado, pues sentían por las hadas un gran respeto mezclado con temor.


De esta manera, en Samhain o Samaín se abría el portal hacia el mundo de los muertos y otras dimensiones, era el momento perfecto para la comunicación, la adivinación y las invocaciones.

Extraído de uno de los capítulos del libro "Jaén paranormal".