martes, 28 de mayo de 2013

¿HACIA QUÉ PASADO MIRAN LOS MOAIS?

En el océano Pacífico, lejos de cualquier otra tierra, se encuentra la isla de Pascua, Rapa Nui, uno de los lugares más enigmáticos del planeta. Sus originales estatuas, los moais, son los testigos de su pasado misterioso. La mayoría de los moais se muestran como una gran cabeza con parte del torso, algunas veces solo parecen ser una cabeza.
Podría pensarse que los moais son así, pero hay que tener en cuenta que están semienterrados. Los hay que se dejan ver completos, los que se encuentran en las plataformas  ceremoniales, mostrando que se tratan de figuras hasta la cadera.
La mayoría de los libros y documentales sobre la isla de Pascua obvian esta cuestión, haciendo creer a la gente que la mayoría de los moais son solo cabezas y poco más. Pero desde hace tres años se está informando, eso sí, con no mucha difusión, de que todos los moais tienen cuerpo, cuestión que ha sido un descubrimiento para muchos pero que ya se sabía como poco desde 1.915, en concreto fueron Katherine y William Scoresby los que primeramente expusieran los diagramas de los primeros torsos de los moais.
De todas formas ha supuesto una agradable sorpresa, y resulta magnífico poder observar los cuerpos de algunos moais que hasta hace poco estaban bajo tierra, cuerpos que en algunos casos supera los 8 metros de profundidad. Esto ha sido gracias a la labor de una entidad privada sin ánimo de lucro, "Easter Island Statue Project", http://www.eisp.org/, que ha asumido la competencia de las excavaciones. Siempre hay detractores que preferirían que dejaran las cosas tal y como están, pero los arqueólogos de esta entidad afortunadamente han seguido haciendo su trabajo.

Es curioso, por no decir extraño, que sabiendo que los moais son estatuas con cuerpo no se hayan excavado en tanto tiempo desde hace un siglo, con la única excepción de algunos en los años 70. Además, el interés por verlos completos es grande pues presentan relieves e inscripciones que podrían ser de la escritura autóctona denominada rongo rongo. Quizá la clave de que no haya tenido la atención que se merecen por parte de la comunidad científica es que la profundidad de la parte enterrada de los moais puede hacer variar la datación de su construcción. Si se demuestra que la profundidad es de hasta 8 metros en la excavación, estaríamos sin duda ante una antigüedad de varios miles de años, y no de los entre mil y quinientos años que ahora se les concede. Algunos piensan incluso que esa profundidad de enterramiento podría suponer una antigüedad superior a los 10.000 años, quizá incluso a 15.000 años, lo que nos colocaría en la época de finales de la última glaciación, algo que sería incompatible con la existencia de una civilización con escritura en base a los actuales dogmas científicos. Esa época sería la datada para la antigua civilización madre, la conocida mayoritariamente como Atlántida.
Los datos no cuadran a juzgar por las evidencias, a menos que los enterraran, pero menudo trabajo hacerlo con cientos de estatuas cuando ya el pueblo de Rapa Nui estaba en imparable y dramático declive.
Quizá estamos ante otra evidencia de que la civilización es mucho más antigua de lo que se piensa. Además aquella civilización sí podría tener los saberes y medios para hacer y transportar estas enormes estatuas de piedra, porque de los pascuenses de nuestra era siento decir que se duda con razón. Sus leyendas hablan de métodos no convencionales, utilizando una misteriosa energía.
Por el momento los datos de la escritura presente en los moais permanece sin darse a conocer porque, según parece, los expertos que están intentando descifrar los textos no saben descifrarla y hay ciertas controversias; algunos creen que se refieren a medidas del tiempo, otros a labores de marineros que tan importantes eran para los pascuenses. En fin, habrá que esperar a ver si es posible desentrañar su significado.
Mientras tanto, alguno se atreve a dar hipótesis sobre lo que pudo pasar en el pasado remoto: Lo más probable es que una ola gigante barrió la isla y su antigua civilización, que se perdió en las brumas del tiempo. Las estatuas no fueron enterradas, pero el paso del tiempo, el escombro y el polvo borraron a esta civilización, de la cual no se sabe nada. Se cree pudo estar relacionado con el mito de la Atlántida y del continente cuyas leyendas resurgieron con este descubrimiento excepcional.

De nuevo la gran inundación, el Diluvio, el cataclismo que hizo desaparecer a la Atlántida, la civilización madre cuya influencia alcanzó todo el planeta.
Espero que no pase mucho tiempo para que conozcamos más datos de los responsables de la excavación y de la traducción de los textos encontrados en algunas de las estatuas que están desenterrando.
¿Hacia qué pasado miran las gigantescas estatuas? Muchas miran hacia el centro de la isla, el lugar sagrado de enterramiento de su mítico líder, Hotu Matu'a. Otras miran desde la costa hacia el sol poniente, hacia el oeste; se dice que algunas están orientadas hacia ciertas posiciones de la constelación de Orión o de las Pléyades, como otros monumentos de la antigüedad en diversos lugares del mundo.
Fijaos en las palabras del Consejo de Ancianos de Rapa Nui:
“De acuerdo con las más antiguas tradiciones y genealogías, fue Hotu Matu’a el primer Ariki Henua, supremo título real que se daba al Soberano de la Isla, quien vino desde Hiva, donde hubo un cataclismo y tuvo que emigrar de allí arribando a esta isla con su gente, tras el previo envío de siete emisarios, siguiendo las orientaciones del consejero Hau Maka.
El fenómeno del cataclismo no es ajeno a las inmensas aguas del Pacífico, y son varias las hipótesis sobre la situación de Hiva, lugar donde se produjo este cataclismo. Pero es el archipiélago de las Marquesas en el que hallamos sorprendente coincidencia histórico-tradicional y toponímica: Hiva Oa, Fatu Hiva y Nuku Hiva; las tres islas mencionadas llevan incorporado el nombre de Hiva.
...Tradicionalmente, la población sucedió a partir de la migración de un pueblo que emigró debido al cataclismo que inminentemente hundía la tierra natal llamada Hiva, no siendo la única afectada, sino que se extendió a todas las demás islas del Pacífico”.
Hiva, la tierra de sus orígenes, la gran isla que se hundió tras un cataclismo y que estaría al oeste de Pascua; sus restos podrían ser las islas Marquesas o según otros la isla de Rapa Iti, justo al oeste de Rapa Nui. El enigma de Pascua continua, pero ya empezamos a tener más pistas gracias al redescubrimiento de los impresionantes cuerpos de los moais.

martes, 23 de abril de 2013

CERVANTES Y SHAKESPEARE, UNIDOS EN LA MUERTE

El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, declarado por la Unesco en 1995, por ser el día de 1616 en el que coincidieron las muertes de los dos escritores más universales, el español Miguel de Cervantes y el inglés William Shakespeare. Sin embargo, esto no es así.
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547. Hay quienes dudan de su lugar y fecha de nacimiento, aunque lo dicho es lo que se admite mayoritariamente debido a que su acta de nacimiento, fechada el 9 de octubre, está en Alcalá de Henares y que él mismo dijo que era de esta villa madrileña en la "Información de Argel" de 1580. 
Está considerado una de las máximas figuras de la literatura mundial y es conocido sobre todo por haber escrito "Don Quijote de la Mancha", que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal, además de ser el libro más editado y traducido de la historia, sólo superado por la Biblia. Su influencia, por tanto, se ha extendido a lo largo del tiempo hasta nuestros días.
"El príncipe de los ingenios", sobrenombre que se le concedió a Cervantes, muere en Madrid a la edad de 68 años, se decía de hidropesía pero más bien pudiera ser de diabetes, en la conocida Casa de Cervantes, situada en la esquina entre la calle León y la calle Francos, ahora calle Cervantes, en el denominado Barrio de las Letras de la capital de España. Cervantes deseó ser enterrado en la iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas, en el mismo barrio, ya que cuando él fue llevado preso a Argel la congregación de los trinitarios ayudó, haciendo de intermediarios y recogiendo fondos, para que él y su hermano Rodrigo fueran liberados. Fue amortajado con el hábito de san Francisco, sin pompas ni ceremonias, con la cara descubierta y con una sencilla cruz de madera en su mano derecha, y llevado desde la calle León hasta el convento de la Trinitarias por sus hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, en la que profesó el 2 de abril anterior. Esto ocurrió el 23 de abril, es decir, fue sepultado en esta fecha, pero su muerte seguramente ocurrió el día de antes, el 22 de abril, como sostenía Luis Astrana Marín, uno de los mayores especialistas en Cervantes, pues la costumbre en aquella época, como ahora, es que se dejase pasar al menos un día desde la muerte hasta el entierro, velando el cadáver durante la noche. Por tanto, si fue sepultado el 23 de abril es que murió el 22, como lo testifican los propios franciscanos, que fueron los que le enterraron.
En el momento en que Cervantes fue enterrado  en el convento de Trinitarias este tenía una capilla pequeña con acceso por la calle Huertas, pero posteriormente fue edificada una iglesia mayor en el mismo sitio y se trasladó a este nuevo templo a las personas que se encontraban enterradas en el anterior. El cuerpo de Cervantes también fue trasladado pero se desconoce el lugar exacto en el que se encuentra, añadiéndose otra incertidumbre a la biografía del insigne escritor. Algunos investigadores se han propuesto encontrar sus restos mortales sin éxito, pues pudiera ser incluso que su cuerpo fuera echado junto a los de otros en una escombrera en el mismo convento o fuera de él en el transcurso de las obras unas décadas después; murió pobre y fue enterrado con humildad, y ese era el tratamiento que a los cuerpos de los pobres se les daba incluso en un convento.
Por lo menos una digna placa de mármol puesta por la Academia Española en la fachada del convento nos recuerda que fue enterrado aquí por su voluntad.
Nos queda lo más importante, sus obras, como las "Novelas ejemplares" o "Los trabajos de Persiles y Segismunda", y a la cabeza la obra maestra de "Don Quijote de la Mancha", que tantas lecturas y significados puede tener partiendo desde el más sencillo de la parodia ejemplarizante de las novelas de caballerías hasta el que, sin duda, oculta la búsqueda interior del héroe que hace lo que tiene que hacer según su conciencia aunque para la mayoría pueda resultar incomprensible y, por tanto, lo tomen por loco, ocultando de esta manera muchos detalles en sus textos de carácter esotérico e iniciático.
William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra, el 26 de abril de 1564. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon, o simplemente El Bardo, Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y el más conocido de la literatura universal. Destacó sobre todo como dramaturgo, siendo sus obras las que se representan más veces y en mayor número de países que las de cualquier otro escritor. Su influencia en la cultura actual es grande, en la literatura por supuesto, pero muy notoria en el cine, industria dominada, como sabemos, por los paises anglosajones.
Se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su afiliación religiosa (secretamente católico en contra del protestantismo anglicano que se imponía a la fuerza) e incluso la autoría de sus obras. Esto último es lo que más controversias ha levantado hasta hoy. Una importante minoría piensa que Shakespeare no sería más que un hombre de paja que encubriría la verdadera autoría de otro dramaturgo que habría preferido mantener en secreto su identidad. Esta teoría tiene diferentes bases: ambigüedades y lagunas en la documentación histórica acerca de Shakespeare; el convencimiento de que las obras requerirían un nivel cultural más elevado del que se cree que tenía Shakespeare; supuestos mensajes en clave ocultos en las obras; y paralelos entre personajes de las obras de Shakespeare y la vida de algunos dramaturgos. Recientemente las dudas sobre la autoría de Shakespeare se han acrecentado tras las declaraciones de Derek Jacobi y Mark Rylance. Ambos han divulgado la denominada "Declaración de duda razonable" sobre la identidad del famoso dramaturgo. La declaración cuestiona que Shakespeare, un plebeyo en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon, escribiera las geniales obras que llevan su nombre. El comunicado argumenta que un hombre con una educación limitada, como reconocían sus contemporáneos, y que no viajó nunca fuera de su país no pudo poseer los rigurosos conocimientos legales, históricos, geográficos y matemáticos que salpican las tragedias, comedias y sonetos atribuidos a Shakespeare. A lo largo del tiempo han existido teorías que subrayan que William Shakespeare era tan sólo un alias tras los que podían esconderse otros ilustres nombres como el escritor Christopher Marlowe (1564-1593), gran dramaturgo quien, como espía, habría fingido su propia muerte para seguir con sus actividades tanto en Inglaterra como en el extranjero mientras escribía las obras que se le asignaron a Shakespeare, que admitió ser su tapadera pues era además empresario teatral; o el filósofo y hombre de letras Francis Bacon (1561-1626) o Edward de Vere (1550-1604), decimoséptimo conde de Oxford. Jacobi asegura inclinarse por Edward de Vere, que frecuentó la vida cortesana en el reinado de Isabel I (1533-1603), y lo califica como su candidato preferido dadas las supuestas similitudes entre la biografía del conde y numerosos hechos relatados en los libros de Shakespeare.
Pero para el motivo principal de este artículo lo importante es la fecha de la muerte de Shakespeare. Falleció el 23 de abril de 1616, pero hay que tener en cuenta que esta fecha es del calendario juliano que todavía se seguía usando en Inglaterra. En el calendario gregoriano la fecha es el 3 de mayo. Lo mismo pasa entonces con su nacimiento, que sería el 6 de mayo de 1564.
Entonces resulta que Shakespeare murió el 3 de mayo y Cervantes el 22 de abril, eso sí, del mismo año, 1616, que no deja de ser curioso; en pocos días fallecieron los que están considerados los más célebres escritores de la historia.
Siempre se ha tendido a asociar la muerte de Shakespeare con la bebida, pues se ha dicho comúnmente que murió como resultado de una fuerte fiebre producto de su estado de embriaguez tras haberse reunido con Ben Jonson y Michael Drayton para festejar algunas nuevas ideas literarias. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es muy probable que el escritor inglés padeciera de cáncer.
Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras, una cantidad considerable en la época. El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia (de la que no quedan descendientes directos suyos) sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave.
Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano. Tal vez temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, el propio Shakespeare habría compuesto el siguiente epitafio para su lápida:

Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.

Una leyenda afirma que las obras inéditas de Shakespeare yacen con él en su tumba. Nadie se ha atrevido a comprobar la veracidad de la leyenda, tal vez por miedo a la maldición del citado epitafio. Sea por respeto o miedo la cuestión es que se ha respetado el cuerpo de Shakespeare en la iglesia de la Trinidad de Stratford, no como lamentablemente ocurrió con Cervantes en la iglesia del convento de las Trinitarias de Madrid, a lo que contribuyó su humilde y anónimo lugar de enterramiento.

martes, 19 de febrero de 2013

EL JAÉN CASI PERDIDO

Milenaria ciudad llena de historia, leyendas y misterios, andaluza y castellana, sobria y bella, con un discreto pero poderoso encanto que todos los viajeros desde antiguo destacaron, Jaén legó a sus hijos hasta bien entrado el siglo XIX un patrimonio monumental histórico y artístico casi intacto de gran valor. Pero llegó la modernidad mal entendida, el saneamiento y ensanche de muchas de sus calles, los nuevos estilos urbanísticos y arquitectónicos, pero también la desidia y la ignorancia, y desgraciadamente pagaron por todo esto algunos, demasiados, de los edificios de valor histórico con su derrumbe y desaparición que tanto se lamenta ahora. Menos mal que Jaén mantiene todos sus monumentos de primer orden a excepción del gran convento de San Francisco con su capilla real de la Veracruz, el teatro Cervantes o alguna de las magníficas puertas de la muralla como la de Santa María y la de Noguera. Pero la pérdida de muchos palacios, casas solariegas y tradicionales, algunas iglesias, conventos y ermitas, y la gran mayoría de las puertas y torres de la muralla, sustituidos en buena parte por edificios sin ningún valor y gusto, cuando no por nada, han hecho que el original y general encanto y belleza de la ciudad se haya perdido aunque permanezca todavía en algunas zonas y calles.
Esa tendencia a destruir y no a conservar, restaurar y reutilizar cambió solo hace unas décadas, acompañada por una mayor concienciación de la ciudadanía, aunque escasa, cuestión de minorías que se enfrentan a una corriente todavía fuerte. Ahora la tan traída crisis ha desacelerado esta nueva tendencia que solo puede ser mantenida por una concienciación mayor de los jiennenses que reivindiquen de forma activa la conservación, restauración y puesta en valor de nuestro patrimonio casi perdido. Y de este Jaén casi perdido que merece atención, respeto y conservación trata este extenso artículo, elaborado con numerosas fotografías pues una imagen vale más que mil palabras. No incluyo la zona de expansión moderna de Marroquíes Bajos, donde se encuentran los importantísimos restos arqueológicos de la ciudad calcolítica a la que otras veces he dedicado artículos y he citado, que ha sufrido y está sufriendo las cortas miras modernas que se contentan con construir bloques de viviendas, en gran parte insulsos, o el abandono de las parcelas con los hallazgos que se quieren presuntamente conservar, actualizando así nuestra desidia tradicional.
Les invito a un paseo por esta antigua ciudad, desde el sur hasta el norte, para recordar y descubrir, según los casos, ese Jaén que espera el cariño, la sensibilidad y la acción de sus instituciones y habitantes, incluso hasta de sus visitantes y turistas que valoran el patrimonio histórico que en realidad es de todos. Síganme a ver gran parte del Jaén casi perdido.
Desde casi la cima de la impresionante peña del monte de Santa Catalina que ocupa el castillo y la cruz, desciende de forma vertiginosa la muralla a medias conservada hacia el sur de la ciudad en donde ya desaparecen sus muros. Así es el trayecto de la muralla medieval por Jaén, apareciendo y desapareciendo como el Guadiana, lamentablemente más lo segundo que lo primero.
Junto a la principal puerta que se levantaba en esa zona sur de la población, la de Granada, en la Carrera de Jesús, encontramos un buen ejemplo de cómo se puede recuperar lo que estaba casi perdido, la iglesia de San José y su camarín de Nuestro Padre Jesús, sede original de la principal advocación de Jesús en Jaén. Sin duda ha sido el peso popular representado en su cofradía la que ha motivado su restauración tras más de un siglo de abandono y, aunque el resto del convento carmelitano al que perteneció se perdió, los jiennenses se han reencontrado con un monumento señero que ahora acoge por fin a Nuestro Padre Jesús, que aparte de su valor religioso tiene mucho valor artístico como escultura de gran nivel del siglo XVI.
Al lado tenemos otra agradable sorpresa; nos encontramos con el mejor tramo conservado de la muralla, la que discurre presidida por la torre del conde de Torralba por la dicha calle de la Carrera de Jesús en dirección hacia la Catedral, en una bella estampa muy típica.
El observar los tramos restaurados y semirecuperados que tienen enfrente al intacto convento de Santa Teresa nos dan una imagen en principio optimista que pronto vamos a perder en esta misma calle.
Y esto empieza a ocurrir cuando vemos que este tramo de muralla finaliza con una torre cilíndrica de mal aspecto, agobiada de cables y que está coronada por una terraza con una fea barandilla. Sin duda esto es reutilizar lo antiguo pero no de la forma que nos gustaría ni creo que la conveniente. Imaginen esta esbelta torre bien restaurada dominando esta calle del Arco de los Dolores sirviendo de vigía de lo que fue el portillo de San Sebastián... mejor, ¿verdad?
En esta misma calle, enfrente de la torre cilíndrica, hay una casa que tiene en su fachada los restos recuperados de la portada de piedra de una antigua casa solariega del barrio derrumbada, y encima, coronándola, medio escudo imperial. El haber conservado la portada no está mal, mejor que haberla perdido como otras tantas, y del gran escudo imperial a medias se puede pensar que es lo que se pudo recuperar de esa misma casa u otra, pero no es así. En la Alameda de Capuchinos encontraremos la solución, un caso de esos que se dan en pocos sitios como en Jaén.
Otra casa en esta corta y empinada calle del Arco de los Dolores conserva la portada del antiguo hospital de la Veracruz que estaba en otro lugar; dos ejemplos juntos de una conservación mal entendida que durante un tiempo se realizó. Y enfrente de esta calle, en la acera contraria de la Carrera de Jesús encontramos dos edificios nobles, uno en lento proceso de restauración y acondicionamiento como residencia de mayores, el palacio de los condes de Corbull, y otro totalmente paralizado en sus obras como futuro centro de la obra social de Caja de Jaén (Unicaja), el palacio de los vizcondes de Los Villares, mal llamado del Conde Duque. En el primero podemos observar el mal gusto de pintar de rojo granate algunos elementos de la fachada principal, fuera de toda tradición jiennense, incluyendo el mismísimo escudo señorial de piedra que debería de lucir sin pintar (¿cómo se permiten estos desvaríos estéticos?). El  segundo se presenta como un lamentable edificio ahuecado con su fachada sostenida por pilares metálicos y el cartel de cómo se debería quedar el bonito patio interior. Espero que las columnas y arcos del patio, y la monumental escalera señorial que poseía estén bien guardadas esperando que la entidad bancaria decida por fin invertir en cultura.
Estamos a todo esto junto al Ayuntamiento, cruzamos la plaza de Santa María a la sombra de la magnífica catedral y siguiendo la dicha Carrera de Jesús, que continua por el lateral de este templo, nos topamos con otra desagradable sorpresa: un enorme y horrible solar junto a ni más ni menos la Sacristía catedralicia, obra maestra de Andrés de Vandelvira. Este solar no ayuda precisamente a dar un buen entorno a la catedral, tan importante para las aspiraciones de este monumento como Patrimonio de la Humanidad. Además otra razón que urge a resolver este problema es que en él se encuentran restos medievales incluyendo otro pequeño trozo de la fuerte muralla en lo que era el portillo de las Cadenas, por eso la callecita contigua se llama Portillo.

Una fea valla rodea el lugar que acoge estos muros que enlazaban con la famosa e impresionante torre del Alcotón, desaparecida por una buena causa, la construcción de la Sacristía de la catedral, por donde empezaron las obras del templo renacentista.
Esa vieja muralla descendía hasta lo que fue la importante puerta Noguera, la gran puerta protegida por torres por la que entró el rey Enrique IV en su visita a la ciudad cuando en esta gobernaba su hombre de confianza, el famoso condestable Miguel Lucas de Iranzo. Esta sí fue derrumbada sin motivos de peso, los consabidos planes de ensachamiento que parecían pensados nada más que para destruir y que continuaron no hace tanto para demoler también el restaurado portillo auxiliar que esta gran puerta tenía para que no molestara al tráfico de automóviles. Qué gran sentido común... Pues ahí tienen, unos muros, el arranque de los arcos del portillo y una hornacina moderna como recuerdo de otra antigua. Bonito, ¿a que sí?
Con el ánimo más bajo alargamos nuestro paseo hacia el este del casco antiguo atravesando el barrio de San Ildefonso, que también posee algunos ejemplos de mala conservación pero al mismo tiempo cosas positivas que han mantenido cierto encanto en algunas de sus calles y rincones. De esta manera llegamos al bello lugar ocupado por la Puerta del Ángel y el contiguo convento de las Bernardas, en cuyo muro que mira hacia la Alameda de Capuchinos encontramos adosada una amplia y elegante fuente que luce en su centro la mitad superior de un escudo imperial, sí, la otra mitad de aquel escudo de la calle Arco de los Dolores. Este escudo partido en dos mitades era el que tenían las antiguas Carnicerías de la plaza San Francisco, a lado de la Catedral. Aquel edificio era un buen ejemplo de arquitectura pública tradicional, pero como tantos otros fue tirado y su gran escudo imperial conservado y reubicado de esta manera tan peculiar. Otra vez estas cosas creo que pasan en pocos sitios como en Jaén. ¿No sería posible unir las dos piezas para que el escudo luzca como merece? Quizás en la fuente quedaría mejor. En esta ciudad se me antoja tarea difícil pues para empezar seguro que nadie se ha planteado esto.
Rafael Cañada, experto en heráldica y buen conocedor de la historia de Jaén, opina que estas dos mitades no son del mismo escudo sino de dos distintos. Entonces tendríamos un caso peor pues quiere decir que hemos perdido las mitades de dos bellos escudos.
Desde aquí no está muy lejos el cementerio viejo, el de San Eufrasio. La calle donde está se llama Camino de las Cruces, por ser la ruta de un antiguo Vía Crucis del que solo queda la muestra, es decir, una cruz de piedra.
Al final de la calle llegamos al cementerio, que está siendo uno de los casos actuales más preocupantes de posible pérdida de patrimonio. Un derrumbe reciente en parte de los nichos más antiguos ha provocado el cierre injustificado de una necrópolis que cobija tumbas y panteones, algunos con valor artístico, de muchos de los principales personajes jiennenses desde mediados el siglo XIX.
Ya hacía tiempo que el mal estado general de conservación de este histórico cementerio estaba siendo denunciado por la asociación cultural PATMOS, que organizó varias visitas guiadas para dar a conocer con éxito sus valores históricos, pero ahora esa labor se ha interrumpido bruscamente por la decisión del Ayuntamiento, que lamento decir está actuando con lentitud y hasta desidia, sí, esa antigua compañera de Jaén, para dar soluciones válidas para su restauración y buen uso cultural.
Por ahora, la joven asociación PATMOS, presidida por José Manuel Higueras, continua encabezando la reivindicación mientras que solo podemos ver tras sus cerrados muros a cal y canto una patética muestra de su estado de conservación, una crucecita a punto de caerse por el paso de los años y el olvido.
Enfrente del cementerio acababa el Vía Crucis en una cuestecilla que se culmina en la ermita del Calvario. Del encanto que antaño, no hace tanto, tuvo el paraje no queda nada, invadido por naves industriales y torretas de la luz. La ermita da la sensación que se encuentra solitaria y triste, testigo afortunadamente conservado de lo que fue un lugar popular que tenía unas vistas impresionantes de la ciudad. Desde por aquí el holandés Anton van den Wyngaerde dibujó Jaén en 1567, siendo la mejor panorámica antigua que tenemos de la ciudad. La ermita, bien construida y amplia, del siglo XVIII, está custodiada por la Orden Tercera franciscana, que hace lo justo para mantenerla en un estado decente y que la tiene cerrada siempre incumpliendo la ley que le obliga a abrirla al menos cuatro veces al mes. Una cosa es tener la cesión recibiendo subvenciones para su mantenimiento y uso racional, y otra creerse que pueden hacer lo que quieran. También aquí la asociación PATMOS quiere actuar para poner en valor este histórico templete que se merece más atención al igual que el lugar donde se ubica.
Deshacemos nuestros pasos en este paseo en dirección otra vez hacia la plaza Santa María pero no me resisto que esta vez pasemos por la calle Bernabé Soriano, la emblemática Carrera, para recordar dos edificios insignes que ya desaparecieron y que son ejemplo de las malas actuaciones del pasado, el teatro Cervantes abajo de la calle y el convento de San Francisco con su Real Capilla de la Veracruz arriba de la calle en la plaza de San Francisco, llamada así en su honor. Menos mal que en el solar del convento fue construido el Palacio de la Diputación Provincial, un estupendo edificio al contrario que el que sustituyó al teatro Cervantes, un horrible mamotreto gris y otro edifico muy normal.
Desde la plaza San Francisco, que tuvo las antiguas Carnicerías cuyo escudo ya hemos visto repartido en dos mitades, pasamos por la calle Campanas, ya en un lateral de la Catedral. Esta calle, otra emblemática que habría que cuidar al máximo, tiene desperfectos en los soportales como ciertos desprendemientos y desconchones que son intolerables sobre todo si tenemos en cuenta que es parte del entorno de la Catedral que debemos adecentar si queremos que ayude a la declaración del templo como Patrimonio de la Humanidad. De esta manera llegamos ya a la plaza Santa María, sobrio pero elegante y amplio espacio, no del gusto de todos, que se abre delante de la impresionante fachada principal de la Catedral; el Ayuntamiento y el Obispado enfrente de la Catedral dan un aspecto monumental a la plaza pero nos encontramos con algunas casas que no están a la altura de tan señalado lugar por su mal estado de conservación, abandonadas hasta el peligro de algún desprendimiento, como una bonita casa modernista que hace esquina con la calle Maestra. Parece increíble que una casa como esta, junto a otra a sus espaldas, estén como están sin uso en un lugar como este. En fin, por ahora solo podemos esperar que si algún día hay un desprendimiento no le caiga a nadie en la cabeza en un lugar tan concurrido como este.
Seguimos camino por la calle Maestra y llegamos al cercano Arco de San Lorenzo, que es lo que se conservó de la medieval iglesia de San Lorenzo. Para su conservación se consiguió sorprendentemente que se declarara Monumento Nacional en 1877. Algunos ilustres ciudadanos jiennenses lo consiguieron para defender un magnífico ejemplo de capilla gótico-mudéjar con exterior de apariencia militar pero muy original por el arco que salva la calle Almendros Aguilar, la antigua Maestra Alta.
De la derrumbada iglesia a la que pertenecía creo que queda algo, muy poco, no sé si recuperable por lo menos para que quede la muestra de hasta donde llegaba el templo, pues casi treinta metros más arriba, en la calle de San Lorenzo, encontramos en un lateral de un pequeño y sucio solar un viejo muro con un arco ojival de ladrillo característico del gótico-mudéjar. Quizás un intervención arqueológica podría descubrir algo más, ojalá. Otro testimonio más del Jaén casi perdido, más perdido que casi.
Continuamos por la calle Almendros Aguilar, que fue via señorial, de lo que quedan poco ejemplos, hasta la plaza de Santiago, denominada así porque allí estuvo la iglesia homónima. Otro templo que fue derrumbado a finales del siglo XIX pero esta vez casi por completo; quizás solo queden algunos muros en lo que fueron los cimientos de otras casas posteriores que a su vez han sido derrumbadas, pero el mayor testimonio que queda de la iglesia son parte de los muros de su cripta que se adaptó como refugio antiaéreo en la Guerra Civil, que tras ser restaurado hace poco ahora lamentablemente está cerrado a las visitas.
Detrás de esta parte de la plaza que forma un cantón por el desnivel del terreno se abre un enorme solar tan abandonado que parece un trozo de campo en medio del casco antiguo de la ciudad. Algunos muros se adivinan entre la vegetación, a lo mejor alguno de la antigua parroquia. Qué pena que este lugar que fue iglesia sede de la Orden de Santiago y luego amplia plaza con cierta elegancia en su tiempo esté en tan lamentable estado y sin visos de que cambie.
Descendemos por la calle de los Ángeles hasta la calle Martínez Molina, antigua Maestra Baja, para llegarnos hasta delante de lo que fue la Casa de los Corregidores. ¿Qué queda de la fachada, del gran patio, de los salones del que fue el edifico de gobierno de la ciudad? Nada, solo como testigos tres escudos en la fachada de la moderna casa que se contruyó en su lugar: un escudo imperial, otro nobiliario y el de Jaén. Un buen ejemplo de lo que nunca se debió ni se debe hacer con un casa de valor histórico y artístico. Pareciera que por poner los escudos de la antigua casa ya se cumple con el recuerdo de lo que allí hubo, mucho más bello e importante que lo que ahora allí hay, una casa más de vecinos.
Cerca, en esta misma calle, está lo que fue el palacio de los Coello de Portugal, cuya fachada neoclásica por lo menos se ha respetado completa por su nuevo dueño, Telefónica. Y más adelante una vieja casa con bonita portada almohadillada y cancela parece resistir el paso del tiempo como testigo de las casas solariegas que engalanaban este tramo de la calle aunque algo descuidada según su aspecto; esperemos que resista y que esté o caiga en buenas manos y se conserve tal como está.
Cerca descendemos por una de las pocas callejuelas típicas que sigue conservando el encanto del antiguo Jaén a pesar de que tiene algunas casas en mal estado, pero otras no están mal, encaladas, sencillas, que en un pequeño tramo casi se tocan de tan estrecha que es esta calle del Barranco de la Coronada.
Abajo llegamos hasta la calle San Bartolomé para ver otro ejemplo de lo que no se debe hacer con una casa solariega: dejar como testigo solo los escudos y poco más, como puede ser el dintel de la puerta, en un edificio de construcción moderna, insulsa y poco respetuosa con el estilo original y tradicional.
En un lateral de esta casa está la hornacina del Cristo de la Amargura, un bonito rincón tradicional que está en peligro por el contiguo solar que se ha hecho tras tirar la casa que allí había. La hornacina casi milagrosamente no ha sufrido daños sabiendo como se actúa en esta ciudad a la hora de tirar una casa. En otros sitios se han perdido estas hornacinas que tan unidas están a la religiosidad de sus habitantes y que embellecían sus recoletas calles y plazuelas.
Desde allí pronto llegamos hasta la Fuente de los Caños, en una plazuela en donde destaca un edificio con bello escudo de la ciudad de Jaén, las antiguas Carnicerías que luego pasó a ser una escuela y que ha estado abandonado mucho tiempo.
En sus bajos se conservan importantes restos de unos baños árabes, los Baños del Naranjo. No se puede considerar que ahora esté abandonado puesto que hace muy poco el Ayuntamiento ha puesto sus ojos en él ya que parece destinado a que sea la sede de la Casa Sefarad-Israel, y se le han hecho unas obras de urgencia para evitar derrumbes en los medievales baños.
Ahí vemos su bonito patio de ladrillo que se ve desde una puerta lateral tapada por un cristal apedreado, esperando que pronto se confirme su recuperación. Su utilización como la única delegación territorial por ahora en Andalucía de la Casa Sefarad sería gracias en buena parte al constante trabajo reivindicativo de la asociación Iuventa, que tanto ha luchado y lucha por la recuperación de la judería de Jaén cuyo abandono durante décadas es vergonzoso. Esta ejemplar asociación, presidida por Rafael Cámara, ha tenido entre sus prioridades la recuperación del legado sefardita en Jaén, que incluye por supuesto la mejora de las calles de la judería, algo conseguido a medias cuando el Ayuntamiento por fin arregló una de sus callejuelas más significativas pero la más maltratada, la de Santa Cruz. Sus muros fueron restaurados, blanqueados, se pusieron farolas, asientos, la calle pavimentada, pero todo en un entorno todavía triste de solares y huertos tradicionales descuidados, con restos arqueológicos de antiguas casas entre las que destaca la que tuvo que ser de un notable judío.
La iglesia de San Andrés con su octogonal Santa Capilla, que pudo ser una sinagoga, parece asomarse con cierta añoranza a este lugar del que todos esperamos su total recuperación para que sea digno de su historia, y más que ahora Jaén forma parte de la red de juderías de España, logro que también debemos en buena parte a Iuventa. Por fin en uno de sus solares se van a construir unas viviendas de protección oficial, a ver si a pesar de las dificultades se sigue esta estela y se termina por conseguir el sueño de tener una judería como Jaén se merece. Mientras tanto los gamberros no paran de ensuciar con sus grafitis los blancos muros de la recientemente arreglada calle Santa Cruz. En fin, es lo que por ahora parece que nos merecemos.
Nos dirigimos hacia la emblemática y señorial calle San Andrés, que tanto encanto tuvo y que ahora solo conserva retazos de lo que fue: la sencilla fachada y portada de la iglesia de San Andrés con su Santa Capilla, la casa de piedra de enfrente y la recientemente restaurada casa de los Torres de Navarra en lo alto de la calle para uso del IMEFE (del Ayuntamiento). Digo restaurada por decir algo, porque el trabajo es malo y de mal gusto: la portada de piedra con algunos elementos originales, como las pilastras o el magnífico escudo de la que fue la familia más poderosa de la ciudad, se sitúa en una fachada cuadrada, lisa, sin ventanas y con unas espantosas puertas metálicas de los transformadores; el interior se puede pensar que tiene algo de gusto pero si lo comparamos a lo que fue, con un bello y recoleto patio con pozo, entonces nos llevamos otra decepción. Elementos perdidos, no se sabe cómo ni cuándo, y para algo que se conserva se encaja en un edificio horrible. Menudo honor hacemos a nuestros antepasados.
Continuamos camino hasta el barrio de la Magdalena, y en un lado de la emblemática plaza conocida popularmente como la del Pato, por su bonita y simbólica fuente del pato-oca que lucha con la serpiente, nos topamos con un solar que tiene una obra parada a medio empezar, porque ni siquiera se puede decir que esté medio hecha. Este lugar, en la calle de los Uribe, porque aquí estuvo la casa de esta noble familia, que sirve ahora de improvisado aparcamiento, todavía deja ver unos interesantes restos, que en parte han sido tapados, de las antiguas conducciones medievales del raudal de la Magdalena, que surtían de agua al palacio árabe que en toda esta zona hubo y a los baños árabes que afortunadamente se conservan en la dicha plaza del Pato, en los sótanos del renacentista palacio del conde de Villardompardo, los más grandes y mejores de los que hay en España y que hace unos días han sido reabiertos tras quince meses de reacondicionamiento, un periodo de tiempo demasiado largo.
Son bien visibles las conducciones de aguas, que se han conservado en un edificio contiguo perteneciente al Ayuntamiento, y hay unos fuertes muros sobre ellas que parece que fueron cimientos de estancias posiblemente anexas al convento de Santo Domingo que está al lado. Precisamente en el muro que pega al convento se puede ver una puerta tapiada con unas bonitas molduras. En ese lado está la iglesia del convento. ¿Una olvidada puerta de acceso al templo dominico? Quizás, a ver si algún amable lector de este artículo puede confirmarlo.
Y al lado de este solar, claro está, nos encontramos con el estupendo convento de Santo Domingo, actual Archivo Provincial. Las dependencias alrededor del bellísimo patio están bien restauradas pues son las que alojan el archivo y sus oficinas, pero la iglesia, que tuvo unas obras, no termina de restaurarse y se puede ver cómo una entrada posterior tiene a sus pies todavía restos de las obras y una fea valla.
El edificio continua por su parte posterior con un aspecto poco digno de lo que es, con restos de obra y descuido, y con unos carteles que anuncian su rehabilitación para acoger una exposición itinerante del barroco andaluz ¡del año 2007! Ni se acabó la restauración y su puesta en valor ni nada, y los carteles ahí colgados. Siento decirlo pero es patético.
Como patético, aún más, es el estado de la Casa de la Virgen, lugar sagrado de leyendas y milagros, casa solariega donde había un bello patio y arquitectura gótico-mudéjar. Alguno de sus elementos están protegidos en el Museo Provincial (un precioso arco con el escudo de los Torres), otros no tengo ni idea, a la espera de ver qué se hace con este espacio histórico y sentimental que con tantos años de abandono hasta está cayendo en el olvido de la gente. 
Y casi olvidada está la cercana iglesia de San Miguel, que fue templo parroquial de todo este pequeño barrio o collación. Iglesia medieval de estilo gótico-mudéjar, como lo era San Lorenzo y lo es San Bartolomé y San Andrés, en 1874 se demolió gran parte debido a que estaba en ruina como otros edificios en la época, un tiempo en el que se puso de moda tirar lo antiguo porque molestaba o para "hermosear la población". Quedó la parte baja de la torre, de fuerte cantería, reutilizada como casa ahora también abandonada.
Se salvó la portada renacentista de la fachada principal que fue diseñada por Andrés de Vandelvira, trasladándose unos años después al Museo Provincial, donde luce en su patio. Donde estuvo esta portada y la fachada principal ahora solo hay una sencilla casa y la entrada a un corralón que sirvió en su día hasta de almacén para leña.
En un lado de esta casa, en la calle Escalerillas, se pueden observar restos del lateral de la iglesia, a destacar un arco apuntado disimulado por viejas capas de cal. Más abajo de esta calle las casas que invadieron parte del derrumbado templo y otras que se hicieron al lado están en estado ruinoso con una valla que ocupa parte de la calle.
Desde la calle no se puede var nada más pero pude acceder a una casa contigua desde cuyo patio pude "descubrir" con sorpresa que ¡el ábside de la iglesia se conserva entero!, por lo menos todo lo que es su estructura exterior.
A pesar de los muchos años de abandono y sufrir su mal uso pegando con casas de vecinos, ahora unas en ruina o caidas, los fuertes muros del ábside semicircular destacan con orgullo conservando unos arcos de estilo mudéjar que en su día permitirían la entrada de luz al templo.
Qué agradable sorpresa y a la vez qué pena que los importantes restos de un monumento de este calibre sigan ignorados. Ojalá el sitio se pudiera despejar por fin de las parásitas casas en ruinas que amenazan incluso a las casas de al lado y que, soñemos, se pudiera el ábside y otros restos que seguro que hay dentro recuperar para bien de nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso.
Cerca pasamos por el antiguo hospital e iglesia de San Juan de Dios, un buen ejemplo, quizás el mejor, de restauración y rehabilitación, preciosa sede del Instituto de Estudios Giennenses, y callejeando llegamos hasta el convento de Santa Úrsula, solitario desde hace poco tiempo porque las escasas monjas que lo habitaban lo dejaron. Espero que este importante edificio no se abandone porque si no pronto empezará a tener problemas de conservación y a formar parte del Jaén casi perdido.
A su lado está la emblemática iglesia de Santa María Magdalena, que enfrente tiene otro monumento casi abandonado, la fuente de la Magdalena. Quizás sea exagerado decir que está abandonado el más importante nacimiento histórico de aguas de la ciudad, cobijo del legendario Lagarto - Dragón de la Magdalena, pero es que a pesar de que su arco triunfal de entrada está bien conservado y los accesos son nuevos, el interior está ocupado por un mamotreto moderno que era sala de interpretación para los visitantes que sí está abandonado porque se estropeó la instalación por inundarse de agua debido a los temporales de lluvia de hace tres inviernos, y así sigue en estos momentos y no se sabe por cuánto tiempo más. ¿A quién se le ocurre poner esta instalación con monitores ocupando y tapando el espacio de una fuente histórica inundable? Pues al Ayuntamiento de Jaén. Por tanto, ahí tenemos la fuente cerrada por una fea reja moderna (que sustituye a otra antigua más bonita que al menos dejaba ver mejor el interior y las vistas al castillo) dejando boquiabiertos a los pocos visitantes que se asoman a ella y no precisamente por admiración. Por favor, ¿hasta cuándo va a estar un sitio tan señero como este así? ¿Tanto cuesta rehabilitarlo en condiciones? Su acertada recuperación tendría que quitar ese enorme tapón moderno y dejar la fuente como lo que es, una fuente con sus conducciones bien visibles en el hemiciclo monumental y estaría bien adornarla con las reproducciones que hicieron en la Escuela de Artes y Oficios "José Nogué" de las dos bellas estatuas romanas que se encontraron aquí, pues de siempre este ha sido un lugar destacado y sagrado, mucho más respetado que en el presente.
Y terminamos nuestro largo paseo mirando de nuevo al cerro de Santa Catalina, a sus imponentes murallas, esta vez las de la ladera norte, que suben entre el pinar hasta el castillo, iluminadas mágicamente por la noche. Afortunadamente su trazado se ha conservado, unos trozos bien pues fueron restaurados como la torre del postigo de la Llana.
Otros regular e incluso mal, pues las ligeras labores de restauración se hicieron hace muchos años y serían necesarias unas obras de mantenimiento. Hay que tener en cuenta que algunas partes tienen los sillares de recubrimiento pero otras muchas no, con los tapiales, aunque duros, al descubierto frente a las inclemencias meteorológicas.
De esta manera hemos llegado al fin de este recorrido por el Jaén casi perdido, que asombra y entristece a todos los que amamos nuestra vieja ciudad, la ciudad de nuestros ancestros que nos legaron un patrimonio que, como hemos visto, está en parte en peligro, afeando sus calles y nuestras conciencias. Espero que a pesar de las dificultades económicas puedan recuperarse a tiempo con la iniciativa de una reivindicación inteligente, unida y constante que encuentre soluciones válidas, y que tenga eco en las administraciones públicas y en la acción privada.
Este artículo está realizado por y para Jaén, como un toque de atención que si sirve para potenciar nuestra concienciación y autoestima como ciudadanos, aunque sea un poco, me daré por contento. Ánimo, hagámoslo por Jaén; en definitiva, por todos nosotros.