Mostrando entradas con la etiqueta esoterismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esoterismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL CABALLERO Y EL CABALLO

Todos tenemos la imagen del caballero medieval a lomos de su caballo guerreando por su rey o señor y su fe. Pero la figura del caballero trasciende lo obvio. El simbolismo del caballero está muy vinculado con el concepto hermético del desarrollo del hombre. El caballero es el dominador, el logos, principio que prevalece sobre la materia, que sería la cabalgadura. Así pues, la mística de la caballería estaría fundamentada en ese esfuerzo por lograr un tipo humano, el caballero, que sería superior en conocimiento y virtud al resto de los hombres. El simbolismo del caballero lo encontramos en todas las tradiciones. Ananda Coomaraswamy, citada por Cirlot, dice que "el caballo es el símbolo del vehículo corporal y el caballero es el espíritu; cuando alguien llega al término de su evolución, la silla queda desocupada y la montura muere necesariamente".


La representación del caballo es una de las más antiguas, apareciendo ya en las figuras rupestres del Paleolítico. En su origen, y a pesar de que su simbolismo resulte complejo, fue interpretado como un ser ctónico, es decir, vinculado a la tierra, si bien a menudo se le relacionó con los dominios lunares. En la religión zoroástrica, el caballo tiene su lado oscuro y negativo. En la mitología griega los centauros, mitad hombre y mitad caballo, son una clara exposición de la parte instintiva del ser humano. El caballo está presente como animal que acompaña a algunos dioses de esta mitología relacionados con lo ctónico y lo material, como es el caso principalmente de los caballos negros de Hades y los caballos de Poseidón y su esotérica consorte, Deméter, la señora de los caballos, la diosa madre - materia también conocida como Cibeles y Ceres. Además, Helios, el dios Sol, surca el cielo con su carro tirado por cuatro caballos blancos. El caballo blanco posee toda una simbología positiva y solar, constituyendo la representación del vigor, la virilidad y la juventud. Jung consideraba al caballo como la expresión del lado mágico que hay en el hombre. Quizás con ese sentido hay que considerar a Pegaso, el caballo alado que podía volar hasta llegar al cielo en presencia de los dioses, siendo el caballo favorito de Zeus, el dios supremo de la mitología griega.
Se puede entonces considerar al caballo simbólicamente como parte del hombre, esa parte material que sirve de medio corporal al espíritu para que se desarrolle, que es el caballero. En las leyendas y en los relatos medievales aparece con frecuencia la figura del caballero negro y, también, la del caballero verde y la del caballero rojo. Tales colores tienen un profundo significado hermético que habla de la transformación del individuo, desde un estado de oscuridad y regeneración (negro), pasando por un estado de aprendizaje (verde) hasta llegar a la sublimación (rojo).
El término caballero, como el de caballería y, por tanto, el de caballo, estarían relacionados, según algunos autores, con los conceptos de la cábala. Su origen etimológico seguramente no sea el mismo y sea cuestión de casualidad, pero no lo es que la cábala hermética constituye una clave indispensable para conocer el auténtico contenido de los llamados libros cerrados (esos textos cuya enseñanza no debía ser conocida por los profanos) y que los que conocían esta cábala, los que hablaban la lengua de los sabios herméticos, eran los magos - alquimistas, los trovadores y los caballeros.
De esto surge en realidad la figura del caballero andante que busca desafíos y hacer el bien, es decir, superarse personalmente en una búsqueda individual, un auténtico camino de iniciación. Se rige por un código de honor, el comportamiento caballeresco que todavía entendemos en nuestros días, para sí mismo y por el prójimo, sea hombre o mujer, teniendo hacia esta última un respeto inusual en siglos pasados, del que proviene el amor cortés hacia la dama que tanto cantaron los trovadores. El caballero andante, esotérico, es una figura literaria, es un ejemplo de comportamiento del que busca el conocimiento. Son ejemplos destacados y paradigmáticos los personajes semilegendarios de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo, como Lanzarote y Perceval; y los literarios Amadís de Gaula o Don Quijote de la Mancha, el cual guarda tras su capa superficial un verdadero caballero andante.



Incluso las órdenes militares de caballería en sus más altos niveles tienen que ver con ese concepto del esotérico caballero. Hospitalarios y templarios encabezan estas órdenes, a destacar estos últimos que son considerados en las principales obras griálicas como los caballeros del Santo Grial, es decir, sus custodios, relacionándose, por tanto, con los artúricos, que buscan el Grial para protegerlo, un brillante Grial que debería interpretarse como alto conocimiento.



Y siempre el caballero con su caballo, inseparable compañero de camino, hasta el punto que es parte de él, pues es el medio con el cual recorre su camino de búsqueda, ese camino hacia el bien y la verdad.

viernes, 31 de octubre de 2014

TODOS LOS SANTOS EN JAÉN... SAMAÍN.

Era costumbre, y sigue siendo todavía en buena medida para mucha gente, celebrar en Jaén el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, con una gran cena familiar de casi la misma importancia que la de Navidad. Antiguamente ese día el sonido de las campanas dominaba toda la ciudad. Desde las tres de la tarde, después de los credos, doblaban a muerto en la catedral, en las iglesias, en los conventos; lentas, reiterativas, las campanas se hacían dueñas de la población y encogían los ánimos; también durante la noche, y en lo alto de las torres los campaneros encendían fuegos que arrojaban siniestros resplandores.



Las visitas al cementerio, el desfile de coronas y de flores, de mantos y lutos, los responsos entre las tumbas, las carteleras de “Don Juan Tenorio”, todo contribuía a impresionar, a predisponer a las gentes para conmemorar el inmediato día de los Fieles Difuntos y asistir a las tres misas de privilegio.


Por las calles de la ciudad se situaban las castañeras, los paveros y los vendedores de mieles. Después de cantadas en los templos las vísperas de difuntos, las familias se reunían para rezar el rosario, comenzar la novena o el mes de ánimas. Se juntaban en casa de los abuelos o de los padres, si aquéllos faltaban, y se encendían lamparillas, una por el alma de cada allegado, otras por todos los difuntos. También se prendían las mariposas, muchas veces puestas dentro de las calabazas y melones ahuecados que tanto les gustaban, y gustan, a los niños para pasearlos por las calles. Y con ocasión de estas reuniones familiares se cenaban los platos propios del otoño. Una sopa sustanciosa, una verdura y el pavo de los Santos, acompañado de las primeras aceitunas de cornezuelo y de buenos vinos, y de postre castañas y batatas asadas, y las gachas con picatostes; luego se incorporaron dulces como los huesos de santo o los buñuelos. Después de la cena tan copiosa el tiempo transcurría entre los recuerdos de los que se fueron, hasta el momento de irse a dormir en una noche que para muchos era de sobrecogimiento y temor. El miedo a las almas errantes hacía que en la noche de vísperas del día de difuntos las gentes taparan las cerraduras de las puertas con las típicas gachas, para así evitar que en aquella inquietante noche entraran por ellas a sus casas.
Y este recuerdo de los queridos difuntos se estiraba devoto durante todo noviembre en una ciudad en donde había muchas cofradías dedicadas a las benditas Ánimas del Purgatorio; era el mes de Ánimas, el dichoso mes, que entra con los Santos y sale con san Andrés.
El tiempo fue suavizando las costumbres de aquel día, los rezos empezaron a relegarse y la cena fue perdiendo su carácter solemne y de tristes o respetuosos recuerdos. Y ahora solo queda una sombra de esta tradición, tan presionada por superficiales y comerciales costumbres estadounidenses, pero a pesar de todo sigue sobreviviendo y teniendo su encanto… Por cierto, parece ser que el hecho de hacer una gran cena familiar era costumbre peculiar de la ciudad de Jaén y no de otros lugares del entorno, teniendo un origen y motivación desconocidos pero de raiz muy popular… Quizás habría que remontarse al Samaín…
El Samaín, como se dice en Galicia, o Samhain para los británicos o Samonios para los galos, es la festividad de origen celta que está en la base de las tradiciones de los días de Todos los Santos y de Difuntos. Era la más importante de la antigua religión que no solo hay que considerar celta y que dominó Europa hasta la llegada e imposición del cristianismo a partir de finales del siglo II, celebrándose en tiempos más recientes siempre en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre pero que originalmente abarcaba tres noches que oscilaban alrededor del 5 de noviembre, en medio del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, cuando hubiera Luna llena. En el Samhain, que en su etimología gaélica significa “fin del verano”, se celebraba el final de la temporada de cosechas y sobre todo el Año Nuevo celta, que comenzaba con la estación oscura o invernal de seis meses que duraba hasta primeros de mayo; además era la fecha clave para reverenciar a los antepasados. Por tanto, era una fiesta de transición, por el paso de un año a otro, y también de apertura al otro mundo, el de los muertos, con una serie de festividades que duraban tres días con sus noches y que finalizaban con la fiesta de los espíritus en la noche de Luna llena, y con ello se iniciaba el Año Nuevo.


Los celtas celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los sacerdotes druidas, sirviendo como médium, se comunicaban con los antepasados esperando su guía en esta vida o la preparación para la otra en el Más Allá. Se creía que los espíritus de los ancestros venían en esa fecha a visitar sus antiguos hogares y la comunicación con ellos era más fácil. Se encendían velas y se dejaban en las habitaciones o en las ventanas para ayudar a guiar al hogar a los espíritus de los antepasados y de los seres queridos fallecidos. Incluso algunos ponían más sillas en las mesas y alrededor de las chimeneas para los invitados invisibles. En algunos sitios se preparaba una comida especial para los difuntos, que solía ser algún tipo de pastel o torta. Para los espíritus perdidos o que no tenían descendientes se ponían manzanas en las calles y en los caminos, y para mantener a otros espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares dejaban comida fuera, en las puertas o en los altares. Se vaciaban nabos o melones, posteriormente también calabazas tras el descubrimiento de América, para ponerles velas dentro como recordatorio de los difuntos y hacer una especie de procesión de almas. Algunas de estas costumbres siguen vivas con el sabor original en zonas de Galicia (donde ya se ha dicho se llama Samaín) y también de León, Zamora y el norte de Cáceres. Y Samhain o Samonios es como se llamaba para los antiguos celtas su primer mes del año, el que ahora es el mes de noviembre, con lo que todo el mes podría estar dedicado a las ánimas, como era costumbre en Jaén.
En la mitología celta, los áes sidhe o pueblos feéricos, es decir, de las hadas, también celebraban Samhain y dejaban más abierta la posibilidad de interactuar con los humanos. En la víspera de noviembre las hadas, de aspecto y altura humanos, podían tomar maridos mortales y se abrían todas las grutas de las hadas para que cualquier hombre que fuera lo suficientemente valiente pudiera entrar y admirar sus palacios llenos de tesoros. Pero eran muy pocos los hombres que se aventuraban voluntariamente en aquel reino encantado, pues sentían por las hadas un gran respeto mezclado con temor.


De esta manera, en Samhain o Samaín se abría el portal hacia el mundo de los muertos y otras dimensiones, era el momento perfecto para la comunicación, la adivinación y las invocaciones.

Extraído de uno de los capítulos del libro "Jaén paranormal".

jueves, 7 de agosto de 2014

LA TABLA ESMERALDA

La Tabla Esmeralda es un pequeño y conciso texto atribuido a Hermes Trismegisto, el gran sabio mítico, para unos, o totalmente real, para otros, que se relaciona con el dios egipcio Tot (Dyehuty), dios de la sabiduría, que conlleva serlo de la escritura, la música y la magia.


Este texto sería uno de los muchos atribuidos a este sabio primordial, pero este se considera la base de la alquimia, pues en él está condensado el arte de la Gran Obra, objetivo de la alquimia o arte del perfeccionamiento. Como la Tabla Esmeralda contiene el secreto de la Gran Obra, todo adepto se esfuerza en seguir sus preceptos para así elevar sus conocimientos en el camino hacia la perfección.


Esta obra se data entre los siglos VI y VII porque las referencias y los textos más antiguos conocidos de ella son de esa época. Se tratan de textos árabes como el Kitab Sirr al-Khaliqa wa Sanat al-Tabia (hacia 650 d.C.) y el Kitab Sirr al-Asar (hacia 800 d.C.). Se considera que llegó al Occidente cristiano entre los siglos X y XI a través de traducciones árabes, pero aceptar esto supone pensar que ya existía de antes, de textos griegos, por lo menos de la época dorada del movimiento hermético en el Egipto ptolemáico. Para los hermetistas su origen sería mucho más antiguo, es decir, escrito directamente por Tot - Hermes hace varios miles de años, incluso en tiempos antediluvianos o atlantes. Hay muchas leyendas alrededor de la Tabla Esmeralda, pero la básica dice que su nombre se debe a que cuando apareció estaba grabada en dos columnas de mármol verde o en una placa de esmeralda.



El mensaje de la Tabla Esmeralda es expresado de modo simbólico, su sola lectura no revela su significado. El acceso a la Gran Obra requiere trascender nuestra limitación racional, de ahí que todo alquimista conlleve una transmutación personal paralela que le permita acceder al lenguaje del símbolo. El Todo, el Uno, tan sólo se expresa simbólicamente, y es necesario el aprendizaje en la hermenéutica del símbolo. De no ser así, su sola simplicidad generará incredulidad.

El texto dice así:

Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero.
Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar los milagros de una sola cosa.
Y como todas las cosas proceden del Uno, por mediación del Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por adaptación.
Su padre es el Sol, su madre la Luna, el viento lo ha llevado en su vientre; su nodriza es la Tierra.
El padre de toda la perfección del mundo entero está aquí.
Su fuerza permanece íntegra si es convertido en Tierra.
Separarás la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, suavemente y con gran entendimiento.
Asciende de la Tierra al Cielo y vuelve a descender a la Tierra, recogiendo las fuerzas de lo que está arriba y lo que está abajo. Así tendrás la gloria del mundo entero, y toda oscuridad se alejará de ti.
Esta es la fuerza, fuerte con toda la fuerza, pues vence toda cosa sutil y penetra toda cosa sólida.
Así el mundo fue creado.
De ello saldrán admirables adaptaciones, cuyo medio es ofrecido aquí.
Por eso soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía universal.
Lo que he dicho sobre la obra del Sol está completo.

Edición del texto en latín de Chrysogonus Polydorus. Nuremberg, 1541.

jueves, 1 de mayo de 2014

BELTANE

Beltane (Buenfuego en irlandés) es una antigua festividad, una de las principales del calendario celta (y europeo en general), celebrada el 1 de mayo. Tiene mayor calado en Irlanda o Escocia, aunque también se celebra en otras regiones como Gales, Bretaña (Francia), Cornualles (Inglaterra) o Galicia (España). Sobrevive en la actualidad con prácticas folclóricas en Europa y la América anglosajona, y ha experimentado cierto grado de renacimiento tanto en lo folclórico como con ciertos ritos neopaganos.
Para los celtas, la noche de Beltane marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral, cuando las manadas de ganado se llevaban hacia los pastos verdes que solían ser las tierras de pasto de las montañas. Pero su motivo era la celebración de la fiesta en honor al dios Belenos. Este nombre significa brillante, resplandeciente y designaba al dios de la luz, el Sol y el fuego, energías renovadoras. Los romanos lo sincretizaron con Apolo. A Belenos se le asoció como compañera a la diosa Sirona. En Asturias su nombre ha quedado reflejado en la toponimia local; por ejemplo, en el concejo de Ponga se encuentra la localidad de Beleño, cuyo nombre deriva del dios celta.
En esta fiesta de renovación y fertilidad presidida por el dios de la luz y el Sol, Belenos, junto a su compañera Sirona, está claro su sentido primaveral, en la que con el creciente influjo del Sol la Naturaleza muestra su fertilidad. Por tanto, la simbología de lo masculino y de lo femenino se muestra abiertamente.



Una de las principales actividades de la festividad consistía en encender hogueras en las montañas y colinas por la noche. En la antigua Irlanda, la principal hoguera de Beltane se encendía en la colina central de Uisneach, "el ombligo de Irlanda", centro de rituales del país, el cual se encuentra ahora situado en lo que es Westmeath. En Irlanda, el prendimiento de hogueras parece haber sobrevivido mejor únicamente hasta el presente en el condado de Limerick, especialmente en la ciudad de Limerick con su noche de hoguera anual, aunque algunos grupos culturales han expresado interés en revivir el hábito en Uisneach y quizás en la Colina de Tara.
En el norte de España también hay presencia de celebraciones ancestrales en estas fechas. En Galicia se celebraba con una recogida nocturna en los campos de cultivo con antorchas llamadas fachucos, cuyas cenizas eran esparcidas por la tierra. En Cantabria, en el primer día de mayo se celebra desde tiempo inmemorial la fiesta de la Maya, o Consagración de la Primavera, en la que se planta un gran tronco de árbol en el centro de las aldeas y se le engalana con cintas y ramas de colores, con una clara simbología de reverencia fálica que se relaciona con la fertilidad de la estación primaveral. Se elige asimismo a la Mayadama, una moza que es vestida con ropas blancas adornadas con flores y motivos vegetales. En todas las tierras del centro de España se celebra ancestralmente el "pingado del mayo", como inicio de la primavera, con especial tradición en las tierras altas de Castilla, especialmente de Segovia, Burgos y Soria.



En general estamos hablando de la Festividad de los Mayos, también conocida como los Mayos simplemente o como Fiestas de Mayo. Esta celebración primaveral generalmente se hacía coincidir con el primer domingo de dicho mes y tenía antiguamente connotaciones rituales totémicas a la divinidad primaveral o de los árboles, que se han ido perdiendo con el paso de los tiempos.
La celebración de las fiestas mayales es común en muchos países de Europa donde existen variantes similares de la misma festividad, originada por Beltane como estoy exponiendo. Esta tradición fue asimilada por los romanos en su adoración y culto a multitud de dioses. También asimilaron esta tradición mayumea en honor de la llegada de la primavera y de las primeras flores del año, el día que corresponde con el actual primer día de mayo. Todo poblado romano tenía además de los dioses oficiales los propios autóctonos. En Hispania se adoraba a la diosa Bona Dea, también llamada MayaMaia o Fauna, diosa de la fertilidad en la mitología romana con la que se celebraba la llegada de la primavera. Precisamente la maya o el mayo es un tronco o palo alto (árbol de mayo) que se alza o se alzaba en algunas regiones de Europa, en la plaza o lugar público durante el mes de mayo y donde concurrían los mozos y mozas a divertirse con bailes y festejos. Los jóvenes competían por trepar por el árbol hasta llegar a la parte superior donde debían coger una bandera, mientras las muchachas les animaban desde abajo bailando y cantando en torno al árbol. Aunque hable en pasado es evidente que estas tradiciones perviven de un modo u otro.



El Cristianismo ha asimilado esta Fiesta de Mayo como otras festividades paganas. Así, en relación con la Fiesta de Mayo, surgieron celebraciones como la Cruz de Mayo, reemplazando el tótem sagrado del árbol o el mástil por el símbolo cristiano de la Cruz, que sabemos que debe mucho como símbolo al árbol. Asimismo, en otras variantes, se identifica esta celebración con la introducción de la veneración a la Virgen María, sincretizando la fiesta de la Naturaleza y la fertilidad femeninas del pasado.

Pero Beltane tiene una vertiente más oscura. Se trata de la Noche de Walpurgis, celebrada en la noche del 30 de abril al 1 de mayo, principalmente en grandes regiones de Europa Central y del Norte. Es la conocida también como "la noche de brujas".
El origen de la festividad procede de antiguas celebraciones paganas germanas, adorando e invocando a los dioses de la fertilidad durante esa noche, pero este Beltane se adoptó para usos de brujería. Cuando llegó el cristianismo pronto, por tanto, se le atribuyó relación con el mal, incluso se le relacionó con un supuesto cumpleaños de Satanás. Puede ser una exageración, pero parece estar basada esta acusación en que realmente estos ritos paralelos a Beltane coqueteaban con el lado oscuro disfrazado de luz.
En la antigua Roma, el mes de mayo estaba consagrado a los antepasados (maiores). Era un mes en que en toda Europa se consideraba que los aparecidos hacían sus incursiones entre los vivos, entre ellos también los malintencionados, pudiendo haber aparecidas o mujeres embrujadas que quisieran engañar a los hombres casándose con ellos, con lo que había que tener mucha precaución durante este periodo.
En el centro y norte de Europa estaba muy extendida la creencia de que existía una divinidad que protegía a las brujas y que las reunía una vez al año en una montaña. Se decía que las brujas salían de sus casas formando cortejos hacia el punto de reunión. También es, como sabemos, una creencia en España, el conocido como akelarre. En la sierra del Harz, en concreto en su cima más alta, el Blocksberg, se celebraba una de las principales reuniones en esa noche. Así lo relata un autor de principios del siglo XVII:
Con relación a lo que pueden hacer las brujas se dice que untándose con ciertos ungüentos, hechos con grasa de gato o de lobo, leche de burra y no sé qué cosa más, pueden salir de sus casas montadas en palos o escobas por una vía común e incluso por un agujero angosto y volar por los aires, y así transportarse de un lugar a otro hasta donde celebran sus festines y francachelas con diablos. Se halla divulgada la especie de que las brujas de toda Germania, después de hacer su unto, son llevadas en cortísimo tiempo, durante la noche de las calendas de mayo, al monte llamado Blocksberg y Heinberg, en tierras de los bructeros, parte por sus demonios familiares y dilectos, que adoptan formas de macho cabrío, puerco, ternero y otros animales semejantes, parte sobre horcas y báculos, pasando luego toda la noche en juegos, comilonas y danzas con sus amantes.



¿Invención, exageración o verdad? Pienso que de todo un poco. Partiendo de una base, en la que quizás sí se hacían ritos dirigidos a entidades oscuras, se exageró sus manifestaciones y hasta se metieron en el mismo saco otros ritos tradicionales de esta fiesta de Beltane.
Es curioso que fue durante la Noche de Walpurgis de 1776 cuando el alemán Adam Weishaupt creó en los bosques bávaros a los Illuminati, los Iluminados de Baviera, ese grupo secreto que se dice ha perdurado hasta nuestros días y que supuestamente ejercen desde entonces el mal, disimulado de luz y liberalidad, como una escogida élite para dominar la Humanidad. Como parte de sus maquinaciones perversas también estaría la celebración misma del día del trabajador, que es, como sabemos, el 1 de mayo. Ese día de 1886, unos obreros anarquistas de Chicago organizan una huelga y muchos mueren por disparos represivos. Tres años después se designó ese día como del trabajador. Según los conspiracionistas, los mismos que organizaron la huelga tenían preparada la represión, formando parte de los Illuminati. De esta manera, daban en este día una falsa celebración a los trabajadores que en realidad no son más que esclavos que creen ganar derechos en un sistema socioeconómico que dominan ellos, que lo que hacen en ese día es celebrar su cumpleaños como organización, una organización que inventa y promueve los movimientos que llamamos de izquierda y derecha, y sus enfrentamientos. Una especie de burla satánica que se celebra ese día del 1 de mayo.
Es más, muchos piensan que el mismo dios Belenos no es más que el falso dios de la luz, Lucifer, con lo que tendría sentido que los que profundizasen en su culto, llámense brujas y brujos, o los Illuminati, en realidad lo hacían o lo hacen con la oscuridad, con el mal.

viernes, 31 de enero de 2014

LOS TESOROS OCULTOS DE LOS TEMPLARIOS

Las grandes riquezas de la Orden de caballeros del Temple despertaron la codicia del rey de Francia Felipe IV el Hermoso y del papa Clemente V. La sede del Temple en París casi se había convertido en el centro monetario internacional, depósito del tesoro real francés, generando envidias, especulaciones y leyendas en torno a esta orden que parecía ya tan alejada de su lema "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam" (nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre).



Entre las especulaciones y leyendas generadas destacaron sobremanera las referidas a la existencia y ubicación de un fabuloso tesoro una vez que la orden se disolvió en 1307, lo que motivó su búsqueda hasta incluso nuestros días. Poco antes de las detenciones, el gran maestre Jacques de Molay hizo quemar muchos libros y reglas de la orden. Hay datos que aseguran que un grupo de caballeros protagonizó una fuga organizada en la que pudieron llevarse el tesoro, sacado en secreto de la preceptoría de París, de noche, antes de las detenciones del 13 de octubre. Fue transportado hasta la costa atlántica, muy posiblemente hasta el puerto de La Rochelle, base naval de la orden, y cargado en dieciocho galeras.


Se habla de que los templarios pudieron custodiar no uno sino varios tesoros. Uno sería económico, otro de documentos y otro de reliquias, las más codiciadas de la cristiandad. A partir de aquí se ha dicho mucho de esta orden que se considera por algunos la primera banca de la historia: que estuvieron en América explotando minas de plata doscientos años antes del descubrimiento oficial; que dejaron sus secretos cifrados en el arte arquitectónico; que establecieron el culto a las vírgenes negras como símbolo de femenina sabiduría; que conservaron durante un siglo la Sábana Santa; que custodiaban el Santo Grial; que encontraron las Tablas de la Ley, el Arca de la Alianza y la Mesa de Salomón. En fin, tantas cosas que han hecho al Temple la orden más misteriosa de la historia.
Parece claro que el objetivo primordial de los nueve primeros hombres de la Orden de los Caballeros del Templo, cuando se asientan en 1118 en las caballerizas del antiguo templo de Salomón en Jerusalén, era la búsqueda de algo de capital importancia. Investigadores como Louis Charpentier creen que al cabo de nueve años de búsqueda, Hugo de Payens y sus ocho caballeros encontraron en Jerusalén el Arca junto a otras piezas de gran valor que llevaron a Francia, a la región del Languedoc, el último bastión de los cátaros antes de su exterminio a mediados del siglo XIII. Años después, tras la extinción de los templarios, una cúpula dirigente y clandestina se debió de instalar al otro lado de los Pirineos, en determinadas fortalezas templarias de los reinos de Aragón y de León, quizás con alguno de sus secretos tesoros. Desde hace muchos siglos, el Arca ha sido buscada en los subterráneos del antiguo templo de Salomón, en Aksum (norte de Etiopía), en alguna cámara secreta de las pirámides de Egipto, en la capilla de Rosslyn en Escocia, en alguna catedral gótica francesa o en castillos templarios como el de Ponferrada (León).
Para muchos, por tanto, el tesoro templario debió de ser la posesión del Arca de la Alianza durante un cierto tiempo. Arca que, además de contener las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná, podría ser un artefacto de un alto nivel tecnológico cuya existencia no podía ser revelada a nadie por la peligrosidad que confería su uso y hasta su mera posesión. Hay un relieve del Arca con una inscripción en el portal norte de la catedral de Chartres; la inscripción dice "Hic amittitur archa cederis" (Aquí queda depositada, obrarás según el Arca). ¿Una prueba de que el Arca fue encontrada por los templarios?


Para otros, el gran tesoro templario sería más bien el Santo Grial. Según la literatura griálica medieval, encabezada por el Pasifal (Parzival - Perceval) de Wolfram von Eschenbach, el brillante Grial era custodiado por un tipo de caballeros que hace pensar en los templarios. Además, el castillo donde se guardaba estaba, según los indicios, en el sur de Francia, en el Languedoc de los cátaros. Quizás estos junto a los templarios guardaron este tesoro. Se cuenta que del castillo de Montségur, uno de los últimos reductos cátaros que resistían, el día antes de caer en manos francesas en aquel tremendo asedio de 1244, escaparon por las escarpadas rocas un grupo de hombres con algo muy preciado, quizás el Santo Grial, que se llevó a las cuevas de Lombrives o más bien cruzó los Pirineos hacia otros cobijos en la península Ibérica; luego, a lo mejor, formó parte de ese tesoro templario que se trasladó a otras tierras incluso más allá del Atlántico. La leyenda o historia de los templarios como guardianes del Grial ha sido seguramente la que más literatura ha motivado, con personajes precursores como el nazi Otto Rahn, que con tanto ahínco investigó y buscó el Grial en las tierras pirenaicas.


Porque el tesoro oculto templario podría estar relacionado con sus viajes transoceánicos, lo que además explicaría otro de sus enigmas: el origen de sus inmensas riquezas que luego sirvieron para financiar la gran cantidad de templos góticos que presuntamente mandaron construir.
Y las claves podrían estar en la capilla de Rosslyn. La historia nos dice que el tercer conde de Saint Clair construyó en Rosslyn una capilla octogonal, de inspiración templaria y repleta de simbolismo esotérico, que es considerada por masones de todo el mundo como su lugar sagrado y en la que se dice enterraron los templarios sus tesoros, incluido el Santo Grial. En ella hay esculpidas mazorcas de maíz y otras plantas americanas. Esta es una de las evidencias que sustentan la autenticidad de una posible expedición realizada a América en 1398 por el noble Henry Saint Clair, con la ayuda de los hermanos Zeno, avezados navegantes venecianos. Su intención era fundar una nueva Jerusalén. En el caso de que fuera cierto este viaje se podría especular con la idea de que escondieran allí sus riquezas tanto materiales como religiosas. Uno de los indicios de la incursión templaria en América nace de una leyenda familiar en Escocia de la que tenemos datos gracias a la obra de uno de los descendientes de Saint Clair, Andrew Sinclair, titulada "La espada y el grial" (1992). Nos dice que el príncipe Henry Saint Clair partió en 1398 con trescientos colonos y doce embarcaciones. Su travesía  condujo a la expedición hasta la costa nordeste de los actuales Estados Unidos, que desembarcó en Nueva Escocia y dejó sus huellas en la costa de Massachusetts. Allí pasaron la primavera de 1399 para, después, regresar algunos de ellos a su lugar de origen. En una losa de la capilla de Rosslyn, construida en 1446 por un nieto de Henry, los miembros del clan Sinclair descubrieron la vinculación de sus antepasados con los templarios y comprobaron como, tras la disolución de la orden, un grupo de caballeros se refugió en las propiedades escocesas de los Sinclair, llevando consigo parte de sus documentos y riquezas. La familia Sinclair gastó, desde entonces, gran cantidad de dinero que, al parecer, procedían de América. Un secreto que ha quedado reflejado en un antiquísimo sello, datado en 1214, en el que puede leerse Secretum Templi al tiempo que muestra a un supuesto indio con plumas.




Y no es el único. En Francia, en el tímpano de la catedral de Vézelay, fechado alrededor de 1150, se halla representado otro amerindio con grandes orejas. O la presencia de indígenas americanos adornados con plumas en los conocidos graffitis de la catedral de Gisors.
Esta posibilidad de presencia templaria en América que muestran los Sinclair entronca con las investigaciones de Jacques de Mahieu, según el cual la flota templaria habría llegado a México en 1307 desde La Rochelle huyendo de la sabida persecución, a través de una ruta que los propios templarios ya habrían marcado desde tiempo antes, entre los años 1272 y 1294. Y el citado Charpentier cree que esas minas de plata estarían ubicadas en el Yucatán (México). Ahora bien, las islas Canarias podrían servirles de escala, vía América, y además como refugio y escondite del tesoro, ya que eran lugares seguros al no estar todavía conquistados, cosa que pasaría siglo y medio después por la corona castellana. De esta forma, el santuario de Nuestra Señora de la Candelaria contendría las claves de los tesoros materiales y espirituales que habrían sido puestos a salvo antes de la abolición de la orden. Esta tesis la mantienen investigadores españoles como Rafael Alarcón, Emiliano Bethencourt, Félix Rojas o José Antonio Hurtado, así como el noruego Thor Heyerdahl, quien afirmó en su día que Colón ya había viajado a América varios años antes de su descubrimiento oficial formando parte de una expedición danesa, pero parece más probable que más bien Colón sabía de las rutas hacia América por sus contactos, como proponen algunos, con personas que habían heredado el conocimiento templario a través de ciertas órdenes españolas y portuguesas fundadas tras la abolición de la orden del Temple.
Además, en los ropajes de la Virgen de la Candelaria original existían talladas unas extrañas letras cuyo significado aún se desconoce. La actual talla también lleva impresas estas letras. ¿Un mensaje cifrado relacionado con el Temple?



Si de las riquezas económicas poco se sabe, poco más se sabe de los tesoros religiosos o de conocimiento secreto. Ya he comentado la posibilidad del Arca de la Alianza y el Santo Grial. También estaría la Mesa de Salomón, que se cuenta no encontraron en Jerusalén sino más bien en Europa, siendo muchos los que opinan que estaba guardada en España, mayoritariamente se suele considerar que en Toledo o Jaén, ciudades a las que habría llegado de mano de los visigodos tras saquear Roma, que a su vez habría robado la Mesa del Templo de Salomón. La cuestión de si estaba en Toledo o en Jaén es fundamentalmente por el motivo de si hubo traslado de este importante objeto sagrado con la conquista árabe; hay quien cree que la Mesa no salió del mágico Toledo, en la enigmática Cueva de Hércules u otras poblaciones cercanas de la provincia, y otros piensan que sí fue trasladada por los árabes para llevársela fuera de España hasta Damasco pero que unos fieles guardianes consiguieron arrebatársela a tiempo por tierras de Jaén y allí se quedó en secreto. Luego, con el pasar de los siglos, el Temple se interesó por su paradero, quizás se quedó conforme sabiendo que estaba bien protegida, a lo mejor colaboraron, y en el tiempo de su persecución y abolición intentaron tomar la reliquia, con lo que se envió para ello desde París a un tal Petrus Verginus, o Pedro Bergino, pero parece ser que no se lo permitieron sus fieles guardianes en Jaén o Toledo. Fuera como fuese, de la Mesa de Salomón no sabemos nada seguro en nuestros días, solo leyendas y pistas que se pueden interpretar de distintas maneras.



Del gran tesoro de conocimiento y espiritual de los templarios tenemos como gran símbolo el Bafomet, esa extraña cabeza barbuda que tanto sirvió para acusarlos de herejía e idolatría. Unos dicen que sería la representación del rostro de Jesús de la Sábana Santa que ellos custodiaron durante un siglo, otros que era un ídolo de antiguos cultos oscuros, y otros que representaba el saber, la Sofía, que tanto anhelaban los caballeros templarios. ¿Conocimiento desde la oscuridad o desde la luz? El desconocimiento de lo que se traían en concreto entre manos los templarios hace que se nos muestren como ambiguos; lo que nos muestran precisamente sus supuestos tesoros, lo mismo amontonando riqueza material que espiritual, lo mismo del lado del mal que del bien, o eso parece...

jueves, 12 de diciembre de 2013

LAS CLAVES ESOTÉRICAS DE LA ALHAMBRA

El palacio de la Alhambra, el gran monumento emblemático de la ciudad de Granada, tiene un significado esotérico que impregna toda la construcción, el cual una parte se refleja en su configuración y belleza pero otra permanece discreta y paciente.
Muhammad I, el fundador de la dinastía nazarí, más conocido como Alhamar y que nació en la también enigmática Arjona (Jaén), empezó las obras del palacio de la Alhambra a mediados del siglo XIII que hasta entonces solo era una fortaleza. Y Muhammed V, aliado de Pedro I en la guerra civil castellana y que tan belicoso fue con las tierras jiennenses cuna de su estirpe real, mandó construir el Patio de los Leones en 1377, finalizándose en 1390, siendo el culmen del palacio granadino. En poco más de un siglo la Alhambra tomó su forma fundamental conteniendo todas sus claves esotéricas. Para presentar estas claves, que vamos a considerar como siete, me apoyaré en el profesor y escritor Antonio Enrique, autor del "Tratado de la Alhambra hermética "(Port Royal, 2004).
Emplazada en un lugar privilegiado de al-Ándalus, confluencia de tres ríos y siete colinas que valió a diversos autores de la Antigüedad compararlo con los míticos Campos Elíseos, la Alhambra yergue sus contornos de fantasía bajo el palio de las nieves perpetuas de Sierra Nevada y sobre los verdes de su Vega legendaria, desde la cual parece un fantástico navío encallado en la colina de la Asabika, donde el palacio se asienta.


Y esta es la primera clave del monumento: la Alhambra surge ante nuestra vista como una prolongación natural y armónica del paisaje donde se asienta, no como una imposición humana de poder sobre un territorio. Existe, pues, continuidad entre paisaje y monumento, como si la Alhambra no hubiese sido tallada por mano humana, sino construida por la propia fuerza de los elementos telúricos.


Una segunda clave, ya en el interior, nos llevaría al mágico aserto de que «lo de arriba es igual a lo de abajo». Es así como la Alhambra semeja suspendida en el aire. La razón es muy concreta: la construcción posee superestructura (arcos, bóvedas, techumbres) mucho más sólida que la infraestructura (columnas, basas, capiteles) donde se apoya. Luego su efecto visual es este: la masa no parece pesar; de alguna manera la construcción semeja burlar las leyes gravitatorias. Así, el gótico europeo invierte aquí el sentido de su equilibrio, puesto que no se adelgaza hacia arriba, sino al contrario: de arriba hacia abajo. Lo cual redunda en la escenificación mágica del desdoblamiento espacial debido al reflejo de la construcción en las aguas de los estanques que le anteceden. Tal es el sentido del palacio de Comares, sobre el estanque de los Arrayanes, o de la torre de las Damas sobre la alberca del Partal.



La tercera clave ha de referirse forzosamente a la proporción de todos y cada uno de los volúmenes que se integran y articulan en la Alhambra. Absolutamente todas sus partes conforman un código de medidas áuricas. Como paradigma, pudiéramos referirnos al salón del Trono, inserto en la torre de Comares. La altura de la pirámide que corona tan increíble estancia es igual al radio del perímetro de sus cuatro lados, la suma de los cuales equivale a la altura total de la torre en cuyo interior se ubica. Antiguamente se denominaba cuadratura del círculo a tal efecto. La epínomis universal puede perfectamente constatarse en el patio de los Arrayanes, cuyo cociente entre ancho y largo nos ofrece el resultado de la mitad del número pi, esto es, la epínomis. Y si desde el mismo patio, contemplamos la torre sobre su arcada, arriba del estanque, podemos constatar que el total (suma de la altura total más la altura desde el suelo al listón que separa frontal de la torre y techumbre de la arcada) es igual a la mayor (altura total), como la menor (altura hasta el listón) es igual a la mayor.


La cuarta clave es para su simbolismo. Existe un simbolismo teológico y otro escatológico, como también de orden cromático y geométrico, y aún botánico, pues en la Alhambra todo es en razón a cuanto representa. El teológico contempla el salón del Trono como su mejor emplazamiento. Su techumbre es toda una escenificación del Paraíso, tal como lo establece la sura coránica que ornamenta una de las cenefas de sus muros. Pero lo es en la secuenciación geométrica, no figurativa. Vemos ahí, en este supremo artesonado, los siete cielos de su estructura, con origen en el último, o más alto, un cupulino que, en su centro, representa el ojo de Alá, el cual no es sino dos cuadrados cruzados en un octógono. Y es de aquí, de esta célula madre, de donde parte toda geometría prolongando sus segmentos, los cuales configuran polígonos sin fin, las ruedas de sus lacerías (zafates y candilejos), como plasmación de un firmamento constelado. El sultán se situaba en majestad exactamente debajo de este trono divino, como su contrapartida humana y tal como si hubiese de recibir su inspiración sagrada. Toda la Alhambra no es sino la prolongación de los ejes e intersecciones laberínticas que parten de este octógono; sus volúmenes se insertan en ellos, graduándose conforme una visualidad que confunde los perfiles. El simbolismo escatológico contempla, análogamente, el palacio de Comares como la representación de los distintos tránsitos de una jina, o itinerario astral, según el Libro copto de los Muertos: las siete puertas del Amenti (los siete arcos del Pórtico norte), el propio Amenti (sala de la Barca, con su artesonado de barca invertida), el Ialou (salón del Trono con las siete esferas de su bóveda), a lo que hay que añadir el iconográfico mar de Num (el propio estanque de Arrayanes, planta asociada –como el ciprés– a la inmortalidad). De manera que, caminando, trasponemos el Espacio al Tiempo. Mayor metáfora de eternidad no existe.


Otro tanto podría decirse del patio y palacio de los Leones. El arquetipo no es ya el Edén, sino su referencia coránica en el mundo terrenal: el oasis sagrado de Sabá, Iram de las Columnas, el palacio de Salomón. Pues es lo cierto, por inquietante que parezca. La Alhambra está concebida como Templo y Palacio de Salomón, según lo define el Libro de los Reyes. Y su proporción es exacta. El Templo de Salomón es Comares y el Palacio de Salomón Los Leones, con su fuente de mar de bronce. La célebre Fuente de los Leones es, sin duda alguna, uno de los elementos más misteriosos de la Alhambra. La fuente se ha comprobado con la reciente restauración que es un conjunto del siglo XIV realizado con mármol de Macael (Almería); por tanto, es contemporánea al palacio aunque posiblemente imita modelos más antiguos. Lo que parece indudable es que la fuente y sus leones constituyen una evocación salomónica. Al igual que el célebre Mar de Bronce (aunque con leones y no toros), son 12 los animales que sustentan la fuente. Estos tendrían también una significación astrológica, identificándose con los 12 signos del zodiaco y los 12 meses del año. Este detalle vendría refrendado por el hecho de que 3 de los leones miran hacia el norte, 3 hacia el sur, 3 hacia el oeste y 3 hacia el este, mirando los centrales de cada terna exactamente a esos puntos cardinales; además, de la fuente surgen los cuatro ríos del Paraíso señalados por los cuatro leones cardinales, ríos que fluyen cada uno a las cuatro estancias que rodean al patio. Todo ello sin olvidar que en la frente de algunos de estos leones descubrimos enigmáticos símbolos grabados...



Con ello, damos de pleno en la quinta clave, que no es sino la de su eclecticismo ideológico e iconográfico. ¿Eran conscientes los nazaríes del Reino de Granada de constituir el ápice de sabiduría, resultante de la transmisión cultural de todos los pueblos precedentes en al-Ándalus? ¿Fueron, por otra parte, como se especula, ciertos sus contactos con la orden templaria, desde sus encomiendas en la serranía de Cazorla, a través de familias jiennenses depositarias de su legado? Pues la Alhambra es una síntesis estilizada de elementos de muy diversa extracción: persas, egipcios, romanos, mozárabes, hebreos. Sobre todo, hebreos. Granada se llamaba entonces Gárnatha al-yeud, la Granada de los judíos. En la Alhambra, en su excepcional programa iconográfico, en su ocultismo cabalístico, dejaron constancia, puede decirse, de su código genético.


La sexta clave es para la luz, la luminosidad como elemento arquitectónico dinámico, implícito en la construcción misma. Esta luminosidad, inseparable del agua, que la refracta y reverbera, medida con precisión, minuciosa y primorosamente, es lo que provoca la sensación de irrealidad que nos asalta. Es una irrealidad, sin embargo, que se palpa, que se siente: una irrealidad, por así decir, tangible. El efecto es de espejismo. Los perfiles son nítidos en Comares, pero ondulantes, insinuantes, en Los Leones, porque en la Alhambra, como en todo edificio iniciático, existe una zona yang (épica, ascética, masculina) y otra yin (femenina y lírica, mística). Hay un vapor de oro que todo lo anega, procedente de las aéreas arcadas, que gradúan toda luminosidad, e irisa y descompone en todos los matices del espectro. Así puede observarse en los ajimeces y celosías de los cielos suntuarios de las salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, ésta última constituida en crisol de operación alquímica bajo la regencia del signo de Géminis, según consta en el poema inscrito en sus estucos de Ibn Zamrac. E igualmente por la noche, cuando el agua de las fuentes y mil hontanares cesa, y los mármoles irradian el plateado fulgor lunar, y el azul de las estrellas más remotas.



Y clave séptima final: la soledad, el sigilo, el recogimiento interior. Como todo monumento sagrado, la Alhambra transforma. Simplemente, hay que dejarse ir. La lección de la Alhambra consiste en constatar que no existe nada más apremiante para el ser humano de hoy que la constatación del gozo interior, recobrar el sentido del júbilo y la alegría de vivir. Comenzando por uno mismo, es posible entregar a los demás lo más positivo de nosotros mismos. Recuperando el instinto estético, en el más universal de los monumentos españoles, contribuimos a la paz y el entendimiento entre Oriente y Occidente, porque la Alhambra significa eso mismo: coexistencia, armonía, equilibrio entre lo uno y lo otro, y entre lo que se ve y no puede verse: la pura magia de los sentidos.


domingo, 1 de diciembre de 2013

LOS CAMINOS DEL ALMA, DE JUAN MIGUEL BUENO


Una preciosa exposición se muestra en estos días en el Museo Provincial de Jaén: "Los caminos del alma", de Juan Miguel Bueno. Su interés va más allá del artístico, que lo tiene y mucho; es también simbolismo, esoterismo, espiritualidad...


Juan Miguel Bueno Montilla nace en Sevilla en 1967 pero a los seis años se traslada con su familia a Porcuna, pues su familia es de la provincia de Jaén. Su formación artística comienza a temprana edad en el estudio de su padre, el pintor Manuel Bueno Carpio. Se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Granada, ciudad que supuso un revulsivo en su vida; a partir de entonces empezó a acumular experiencias vitales siempre muy unidas a su búsqueda de conocimiento espiritual, que ya estaba presente desde niño, y nunca olvidando su raíces, su pueblo, Porcuna, que tanto refleja en sus obras. Ahora, Juan Miguel es budista tibetano, que combina perfectamente con su conocimiento de nuestra cultura ancestral, que le sirve de arraigada base para crecer.

Dama íbera

Porcuna bajo la Luna

En "Los caminos del alma", Juan Miguel Bueno nos muestra su obra más íntima, aquella que hizo para ilustrar una búsqueda espiritual de más de treinta años. Su pintura está inspirada en la obra de místicos de diversas tradiciones. Sus cuadros nos invitan a iniciar un viaje hacia el interior de nosotros mismos. Con la inocencia de un niño nos adentramos en el cuerpo de la Gran Madre. Los versos de san Juan de la Cruz, las enseñanzas de Ibn al-Arabi, los escritos iluminados de los libros de alquimia, el amor cortés de los trovadores de Occitania, la cábala de la antigua Sefarad y el budismo tántrico de los lamas tibetanos nos orientarán hacia ese lugar donde sólo existe el momento presente; entonces, nuestra mente, liberada de todos sus miedos, podrá descansar en su paz natural y comprenderá la conexión espiritual que une a todos los seres del mundo.
Este último párrafo es casi literal del texto que aparece en el folleto de la exposición y que inicia también el libro catálogo de esta. Resume muy bien el sentido de la obra expuesta, y si se sabe algo de simbología y esoterismo es lo que se capta y se siente; incluso sin saber, la fuerza de sus imágenes arcanas y arquetípicas llegan al alma del visitante, que, como dice Juan Miguel Bueno, suele salir de la sala del museo con una significativa sonrisa y calma.

El Monte

La protección

Lo ancestral está muy presente en su obra, lo ibérico, lo medieval cristiano y andalusí; el arte de Diego Velázquez o de William Blake; lo contemporáneo de Picasso y del onírico Dalí; y lo local de Lorenzo Goñi o Manuel Kayser. Las estrellas de ocho puntas o tartésicas, las estrellas de seis puntas o Semillas de la Vida, el toro, la Luna, la granada, el corazón, la llave, la Mano de Fátima, el lagarto y casi siempre la Diosa Madre... una pléyade de símbolos utilizados sabiamente, desde el alma.

Todos tienen una estrella dentro

Turris eburnea

Todo junto se transforma, como si de un trabajo alquímico se tratara, en una obra única, fascinante, de una gran energía, llena de búsqueda sincera y aprendizaje enriquecedor, de Verdad, es decir, de ese conocimiento que es común a todas las religiones y filosofías, y que solo profundizando en sus vertientes más esotéricas se puede empezar a vislumbrar. Todo un viaje iniciático al que el autor invita humilde pero poderosamente a todo el curioso visitante.

Maternidad


Quisiera agradecer la amabilidad de Juan Miguel Bueno explicándome detenidamente su obra, tan ligada a su vida, a sus inquietudes espirituales, a su búsqueda de la Verdad...
Ha sido todo un placer conocer su sorprendente obra y, sobre todo, a él.
Muchas gracias. Un cordial saludo.