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jueves, 30 de enero de 2025

LIBRO "JAÉN SAGRADO Y MISTERIOSO"

 


El día 18 de diciembre de 2024 se publicó mi tercer libro, también dedicado a la ciudad de Jaén, aunque también aparecen lugares de algunas poblaciones de la provincia por su relación con ella.

Esta obra recoge el testigo de "El Dragón de Jaén" y "Jaén paranormal" tomando la información más destacada que aparece en ellos pero actualizándola, ampliándola y mostrando temas y datos inéditos fruto de la investigación en estos últimos años, para así convertirse "Jaén sagrado y misterioso" en el libro más completo de los que se han realizado de estas temáticas. Es el libro de los enigmas de la ciudad de Jaén y sus lugares históricos y sagrados.

Líneas ley o corrientes de energías telúricas y los lugares históricos por donde pasan, las leyendas fundamentales y más significativas, correlaciones estelares en la ciudad, a destacar la del Dragón y la Virgen de la Capilla, la Mesa de Salomón, Jaén como centro sagrado ancestral desde al menos la época ibera, misterios y leyendas paranormales...

Como se dice en el texto de la contraportada:

Esta obra es una guía de los lugares sagrados de la ciudad de Jaén y de cómo se relacionan en conjunto en la geografía del municipio, que de esta manera se muestra con una sorprendente geografía sagrada que este libro plasma como si fuera un atlas.

Por sus páginas aparecen lugares muy conocidos y otros no tanto o nada, desde la catedral hasta yacimientos prehistóricos, pasando por iglesias o palacios, exponiéndose historia y leyendas, religión y mitos, santos y dioses, arte y símbolos, ortodoxia y heterodoxia, pues todo convive en un Jaén de origen pentamilenario, que es una de las ciudades más antiguas y enigmáticas de España, la ciudad del Lagarto - Dragón, y que pudo ser el centro sagrado ancestral de un amplio territorio.

En sus manos tiene amplia información basada en la documentación y la investigación, la cual ha dado como frutos nuevos datos y reveladores descubrimientos que hasta ahora no se habían publicado sobre la capital del Santo Reino.


Disponible en las librerías de Jaén: Escolar, Metrópolis, Delfos y Don Libro.

Compra online para España peninsular:
https://www.libreriadonlibro.com/libro/jaen-sagrado-y-misterioso_1418676

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL CABALLERO Y EL CABALLO

Todos tenemos la imagen del caballero medieval a lomos de su caballo guerreando por su rey o señor y su fe. Pero la figura del caballero trasciende lo obvio. El simbolismo del caballero está muy vinculado con el concepto hermético del desarrollo del hombre. El caballero es el dominador, el logos, principio que prevalece sobre la materia, que sería la cabalgadura. Así pues, la mística de la caballería estaría fundamentada en ese esfuerzo por lograr un tipo humano, el caballero, que sería superior en conocimiento y virtud al resto de los hombres. El simbolismo del caballero lo encontramos en todas las tradiciones. Ananda Coomaraswamy, citada por Cirlot, dice que "el caballo es el símbolo del vehículo corporal y el caballero es el espíritu; cuando alguien llega al término de su evolución, la silla queda desocupada y la montura muere necesariamente".


La representación del caballo es una de las más antiguas, apareciendo ya en las figuras rupestres del Paleolítico. En su origen, y a pesar de que su simbolismo resulte complejo, fue interpretado como un ser ctónico, es decir, vinculado a la tierra, si bien a menudo se le relacionó con los dominios lunares. En la religión zoroástrica, el caballo tiene su lado oscuro y negativo. En la mitología griega los centauros, mitad hombre y mitad caballo, son una clara exposición de la parte instintiva del ser humano. El caballo está presente como animal que acompaña a algunos dioses de esta mitología relacionados con lo ctónico y lo material, como es el caso principalmente de los caballos negros de Hades y los caballos de Poseidón y su esotérica consorte, Deméter, la señora de los caballos, la diosa madre - materia también conocida como Cibeles y Ceres. Además, Helios, el dios Sol, surca el cielo con su carro tirado por cuatro caballos blancos. El caballo blanco posee toda una simbología positiva y solar, constituyendo la representación del vigor, la virilidad y la juventud. Jung consideraba al caballo como la expresión del lado mágico que hay en el hombre. Quizás con ese sentido hay que considerar a Pegaso, el caballo alado que podía volar hasta llegar al cielo en presencia de los dioses, siendo el caballo favorito de Zeus, el dios supremo de la mitología griega.
Se puede entonces considerar al caballo simbólicamente como parte del hombre, esa parte material que sirve de medio corporal al espíritu para que se desarrolle, que es el caballero. En las leyendas y en los relatos medievales aparece con frecuencia la figura del caballero negro y, también, la del caballero verde y la del caballero rojo. Tales colores tienen un profundo significado hermético que habla de la transformación del individuo, desde un estado de oscuridad y regeneración (negro), pasando por un estado de aprendizaje (verde) hasta llegar a la sublimación (rojo).
El término caballero, como el de caballería y, por tanto, el de caballo, estarían relacionados, según algunos autores, con los conceptos de la cábala. Su origen etimológico seguramente no sea el mismo y sea cuestión de casualidad, pero no lo es que la cábala hermética constituye una clave indispensable para conocer el auténtico contenido de los llamados libros cerrados (esos textos cuya enseñanza no debía ser conocida por los profanos) y que los que conocían esta cábala, los que hablaban la lengua de los sabios herméticos, eran los magos - alquimistas, los trovadores y los caballeros.
De esto surge en realidad la figura del caballero andante que busca desafíos y hacer el bien, es decir, superarse personalmente en una búsqueda individual, un auténtico camino de iniciación. Se rige por un código de honor, el comportamiento caballeresco que todavía entendemos en nuestros días, para sí mismo y por el prójimo, sea hombre o mujer, teniendo hacia esta última un respeto inusual en siglos pasados, del que proviene el amor cortés hacia la dama que tanto cantaron los trovadores. El caballero andante, esotérico, es una figura literaria, es un ejemplo de comportamiento del que busca el conocimiento. Son ejemplos destacados y paradigmáticos los personajes semilegendarios de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo, como Lanzarote y Perceval; y los literarios Amadís de Gaula o Don Quijote de la Mancha, el cual guarda tras su capa superficial un verdadero caballero andante.



Incluso las órdenes militares de caballería en sus más altos niveles tienen que ver con ese concepto del esotérico caballero. Hospitalarios y templarios encabezan estas órdenes, a destacar estos últimos que son considerados en las principales obras griálicas como los caballeros del Santo Grial, es decir, sus custodios, relacionándose, por tanto, con los artúricos, que buscan el Grial para protegerlo, un brillante Grial que debería interpretarse como alto conocimiento.



Y siempre el caballero con su caballo, inseparable compañero de camino, hasta el punto que es parte de él, pues es el medio con el cual recorre su camino de búsqueda, ese camino hacia el bien y la verdad.

martes, 26 de agosto de 2014

LOS FANTASMAS DE LOS BAÑOS ÁRABES Y EL PALACIO DE VILLARDOMPARDO EN JAÉN

Los conocidos como los “Baños del Niño” (Hadman al Walad) del siglo XI se encuentran en los bajos del palacio de Villardompardo que mandó edificar a finales del siglo XVI Fernando de Torres y Portugal, primer conde de Villardompardo y virrey del Perú. Permanecieron ocultos hasta que fueron descubiertos en parte por Enrique Romero de Torres en 1913. Tras declararlos Monumento Nacional se pasó a restaurarlos, labor que realizó el arquitecto Luis Berges Roldán, descubriéndose la mayoría de las salas enterradas y acabando las obras en 1984; su gran trabajo mereció el prestigioso premio “Europa nostra”. Estos baños árabes son los más grandes de España y uno de los mejor conservados, siendo visita ineludible para todos los jiennenses y turistas.



Se supone en la ciudad que fue el rey moro Alí el que construyó estos baños y que murió asesinado en ellos, a pesar de que la biografía de este personaje esté poco clara. Gonzalo Argote de Molina (finales del s. XVI) en “Nobleza de Andalucía” nos relata la historia-leyenda de Alí:
“En los años luego siguientes aunque la Historia General dice en el año 1022, siendo rey en Córdoba Alhatán, cuenta la misma historia que le hizo la guerra un poderoso moro llamado Alí y que habiéndose dado en aquel año la batalla el uno al otro, Alhatán fue vencido y Alí vencedor, fuese a Jaén con todos los suyos donde lo recibieron por señor. El cual reinando quieta y pacíficamente, estándose recreando en unos baños que había hecho, entraron dentro del baño unos eunucos vasallos de Alhatán y lo mataron allí…”
Aunque teniendo en cuenta otras fuentes históricas parece ser que el rey Alí fue en realidad Alí ben Hammud, primer califa no omeya de al-Ándalus, trono al que había llegado por medio de una traición que culminó degollando él mismo al califa omeya Sulaymán al-Musta’in en 1016. Al poco tuvo que enfrentarse con el antes aliado Jayrán por el dominio de Almería y Jaén, y murió asesinado en 1018 en los baños del Alcázar de Córdoba en manos de unos siervos pagados por Jayrán, quizás formando parte de una conspiración de los seguidores de los omeyas.
Como vemos, seguramente la historia real fue al contrario de lo que dice la leyenda, con lo que el rey Alí murió asesinado en unos baños de Córdoba por unos esclavos sobornados por un reyezuelo rival de Jaén.
¿Y cómo murió Alí según la leyenda? Se dice que estaba recreándose en los baños a esto de las doce del mediodía cuando entraron tres enemigos y, mientras uno cerraba las puertas, otro hacía lo mismo con las ventanas del techo (lucernas) clausurando las salidas, mientras que un tercero avivaba el fuego de la caldera, con lo que se dirigía mucho más caudal de aire caliente al entramado de conductos que hay bajo el suelo, de tal modo que la temperatura aumentó tan considerablemente que el pobre Alí se puso a sudar y a sudar hasta que no le quedó gota de sudor, muriendo. Es por eso que su fantasma se siente a esa hora concreta y absorbe la energía de los visitantes.


Otra versión dice que estando en la sala caliente le sorprendieron los eunucos fieles a Alhatán y le dieron unos espadazos que lo dejaron malherido, y, siguiendo una costumbre musulmana, le dijeron donde quería ser rematado para morir, eligiendo Alí una de las columnas de la sala templada contigua, y allí mismo en efecto fue rematado y murió. Hay personas sensibles que dicen que una de las columnas en la bella sala templada emana calor e incluso cierta energía positiva, precisamente la columna junto a la cual la leyenda dice que el rey Alí eligió morir. En cambio, de la sala caliente, la que está junto a las calderas, se considera que emite energía negativa.
Estando de visita por los baños, muchas personas se han sentido mal, con pocas fuerzas y algunas hasta casi se han desvanecido. Se han experimentado bajadas bruscas de temperatura, y además alguna vez, sin motivo aparente, se han descargado baterías de móviles o cámaras, o se han velado películas fotográficas. Es decir, estaríamos ante casos de pérdida de energía en personas y máquinas debido a la presencia de algún/os espíritu/s de bajo nivel o/y por ser un lugar con energía negativa, aunque hay zonas, como la sala templada o por lo menos parte de ella, donde la leyenda relata que murió Alí, que se considera con energía positiva.
Se suele pensar, por tanto, que el fantasma del rey Alí es el que vaga por el edificio, sobre todo por la sala templada de los baños y a la hora del “Ángelus”, las doce del mediodía, cuando la leyenda dice que murió, absorbiendo la energía de sus visitantes, aunque otras veces no han sentido eso los pocos testigos que han podido ver al fantasma… porque sí, se le ha visto, aunque siempre ha sido con tal naturalidad que no se ha sospechado inicialmente que fuera una aparición espectral. Quizás el caso más destacado fue aquel en el que hace unos años unas mujeres veinteañeras que visitaban los baños formando parte de un grupo, estando en la sala caliente vieron como un hombre vestido con una especie de túnica o bata larga hasta los pies pasaba repetidamente por delante de la puerta de esta sala en donde estaban, es decir, que el misterioso hombre estaba en la sala templada, y las miraba vigilante, pero las chicas al cruzar la puerta y asomarse para ver quién era, no veían a nadie, con lo que el miedo empezó a apoderarse de ellas y la inquietud en el resto del grupo con lo que contaban; para rematar el extraño suceso, cuando el grupo ya se disponía a terminar su visita e iban saliendo de la sala templada, de repente se apagaron las luces quedando casi a oscuras, imagínense la escena de pavor, nervios y casi histeria que se originó hasta que el guía que lo acompañaba fue hasta el lugar donde estaban los interruptores y volvió a dar la luz; seguidamente el guía preguntó al personal que trabajaba allí y que estaban en el palacio, encima de los baños, el motivo de apagar las luces, pero todos dijeron y casi juraron que nadie había bajado hasta los baños y menos aún habían apagado las luces en un momento en el que decenas de personas estaban visitándolos… ¿quién fue entonces? Muchos pensaron con un escalofrío que había sido el extraño hombre, quizás era el mismísimo rey Alí, que se había dejado ver por esas chicas mostrando impaciencia, y que fue él quien apagó las luces “invitando” a los visitantes a que abandonaran sus baños cuanto antes.
Sea cual sea la identidad de la presencia fantasmal y aparte de que se hayan dado muy puntualmente casos como el narrado más arriba, lo cierto es que el lugar en general provoca sensaciones extrañas a una significativa proporción de las personas que lo visitan o que trabajan allí aunque no lleguen a ser testigos de un hecho paranormal. Se puede achacar que esas sensaciones son debidas a que los baños son una construcción subterránea, con lo que ello conlleva de humedad, temperatura, etc., pero esas sensaciones van claramente más allá de lo normal… Sentirse observado, incómodo, destemplado, es algo relativamente habitual, a muchos turistas le ha pasado, llegando a casos extremos de desmayos como ya se ha dicho, y a algunos miembros del personal que trabaja allí por supuesto que también, ellos son los que más saben de la extrañeza del edificio pues son los que más tiempo pasan allí. Es una pena que la normal discreción con el asunto se haya convertido más bien en un estúpido tabú debido principalmente a ciertas órdenes de “arriba”; en otras latitudes el tener fama de lugar encantado se considera un valor atractivo y turístico, en cambio aquí, como en tantos otros sitios de nuestro país, parece ser un motivo de descrédito, una mancha que hay que ocultar.


Pues se quiera o no, los fenómenos están ahí, y no se limitan a los baños árabes sino que se extienden por todo el edificio que era el antiguo palacio del conde de Villardompardo, el cual a partir de 1751 se convirtió en el Hospicio, al que se le sumó luego también la Casa Cuna y Maternidad, y que ahora, tras una buena labor de restauración, acoge el Museo de artes y costumbres populares, y el Museo de arte Naif. La casa palaciega es grande, con muchas salas, escaleras y recovecos de sabor antiguo que se disponen alrededor de un bello patio renacentista.


Un susurro por una escalera, un objeto del museo que se mueve levemente en alguno de los salones, una sombra que cruza un pasillo, un rostro que durante un instante se asoma desde una ventana a uno de los pequeños patios… y todo ello sin que haya nadie… los visitantes al palacio son escasos, algunas veces nadie anda por sus viejas habitaciones y solo el vigilante permanece allí...


Como aquella vez que fiel a su trabajo permanecía un vigilante de sala sentado leyendo el periódico esperando la hora del cierre que ya estaba cercano; un hombre vestido con colores oscuros discretamente pasó frente a él con lo que apenas si lo miró; el hombre se había metido en una sala del museo y pronto la hora de las visitas llegó a su fin con lo que el trabajador se dirigió hacia ella para avisar al visitante que tenía que ir abandonando el edificio, pero allí no había nadie… y de la sala solo se podía salir pasando de nuevo por delante del puesto del vigilante. ¿El espectro de Fernando de Torres y Portugal, conde de Villardompardo? ¿Alguno de sus descendientes? La tradición y testimonios actuales no dicen o aclaran nada al respecto, puede ser no uno sino varios los fantasmas que estén en la casona palaciega, han sido tantas las personas que han vivido allí a lo largo de los siglos…

Fernando de Torres y Portugal. Cuadro en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Lima.


Extraído de uno de los capítulos del libro "Jaén paranormal".

jueves, 7 de agosto de 2014

LA TABLA ESMERALDA

La Tabla Esmeralda es un pequeño y conciso texto atribuido a Hermes Trismegisto, el gran sabio mítico, para unos, o totalmente real, para otros, que se relaciona con el dios egipcio Tot (Dyehuty), dios de la sabiduría, que conlleva serlo de la escritura, la música y la magia.


Este texto sería uno de los muchos atribuidos a este sabio primordial, pero este se considera la base de la alquimia, pues en él está condensado el arte de la Gran Obra, objetivo de la alquimia o arte del perfeccionamiento. Como la Tabla Esmeralda contiene el secreto de la Gran Obra, todo adepto se esfuerza en seguir sus preceptos para así elevar sus conocimientos en el camino hacia la perfección.


Esta obra se data entre los siglos VI y VII porque las referencias y los textos más antiguos conocidos de ella son de esa época. Se tratan de textos árabes como el Kitab Sirr al-Khaliqa wa Sanat al-Tabia (hacia 650 d.C.) y el Kitab Sirr al-Asar (hacia 800 d.C.). Se considera que llegó al Occidente cristiano entre los siglos X y XI a través de traducciones árabes, pero aceptar esto supone pensar que ya existía de antes, de textos griegos, por lo menos de la época dorada del movimiento hermético en el Egipto ptolemáico. Para los hermetistas su origen sería mucho más antiguo, es decir, escrito directamente por Tot - Hermes hace varios miles de años, incluso en tiempos antediluvianos o atlantes. Hay muchas leyendas alrededor de la Tabla Esmeralda, pero la básica dice que su nombre se debe a que cuando apareció estaba grabada en dos columnas de mármol verde o en una placa de esmeralda.



El mensaje de la Tabla Esmeralda es expresado de modo simbólico, su sola lectura no revela su significado. El acceso a la Gran Obra requiere trascender nuestra limitación racional, de ahí que todo alquimista conlleve una transmutación personal paralela que le permita acceder al lenguaje del símbolo. El Todo, el Uno, tan sólo se expresa simbólicamente, y es necesario el aprendizaje en la hermenéutica del símbolo. De no ser así, su sola simplicidad generará incredulidad.

El texto dice así:

Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero.
Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar los milagros de una sola cosa.
Y como todas las cosas proceden del Uno, por mediación del Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por adaptación.
Su padre es el Sol, su madre la Luna, el viento lo ha llevado en su vientre; su nodriza es la Tierra.
El padre de toda la perfección del mundo entero está aquí.
Su fuerza permanece íntegra si es convertido en Tierra.
Separarás la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, suavemente y con gran entendimiento.
Asciende de la Tierra al Cielo y vuelve a descender a la Tierra, recogiendo las fuerzas de lo que está arriba y lo que está abajo. Así tendrás la gloria del mundo entero, y toda oscuridad se alejará de ti.
Esta es la fuerza, fuerte con toda la fuerza, pues vence toda cosa sutil y penetra toda cosa sólida.
Así el mundo fue creado.
De ello saldrán admirables adaptaciones, cuyo medio es ofrecido aquí.
Por eso soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía universal.
Lo que he dicho sobre la obra del Sol está completo.

Edición del texto en latín de Chrysogonus Polydorus. Nuremberg, 1541.

lunes, 16 de junio de 2014

CRITERIOS BÁSICOS SOBRE LA ATLÁNTIDA DE PLATÓN


De acuerdo con la narración de Platón (diálogos Timeo y Critias), los participantes de la conferencia en la isla de Milos (Grecia), del 11 al 13 de julio del 2005, convinieron en 24 criterios que un área geográfica debe satisfacer para poder calificar como sitio en donde la Atlántida habría podido existir y su descripción básica:
1. El reino o ciudad principal (metrópolis) de la Atlántida debe haber estado localizada donde había una isla (Nêsos) y donde partes de ella pueden aún existir.
2. El reino o ciudad principal de la Atlántida debe haber tenido una geomorfología bastante distinta u original integrada por anillos concéntricos de tierra y agua alternados (dos y tres).


3. La Atlántida debe haber estado situada fuera de las Columnas de Hércules (seguramente en el Atlántico).


4. El reino de la Atlántida era mayor que Libia y Asia juntas (Libia o el norte de África magrebí, Anatolia, Próximo y Medio Oriente y Sinaí).
5. La Atlántida debe haber abrigado a una población que sabía leer y escribir con habilidades metalúrgicas y de navegación.
6. El reino o ciudad principal de la Atlántida debe haber sido rutinariamente accesible desde Atenas por el mar.


7. Alguna vez la Atlántida debió haber estado en guerra con Atenas.
8. El reino o ciudad principal de la Atlántida debe haber sufrido una destrucción física devastadora de proporciones sin precedentes.
9. El reino o ciudad principal de la Atlántida debió haberse hundido enteramente, o en parte, debajo del agua.
10. El reino o ciudad principal de la Atlántida fue destruido 9.000 años egipcios antes del siglo VI a.C.
11. Una parte de la Atlántida estaba a 50 estadios (7,5 kilómetros) de la ciudad (se trataría de la zona exterior, a destacar la parte que daba al mar y que estaba unida a la ciudad por un canal de 50 estadios de longitud).


12. La Atlántida tenía una alta densidad demográfica, lo suficiente para apoyar a un ejército grande (10.000 carros, 1.200 naves, y 1.200.000 hoplitas).
13. En la Atlántida se practicó el sacrificio de toros.
14. La destrucción de la Atlántida fue acompañada por un terremoto.
15. Después de la destrucción de la Atlántida, el paso de naves fue bloqueado.
16. Los elefantes estaban presentes en la Atlántida.
17. Ningún proceso físico o geológico imposible estuvo implicado en la destrucción de la Atlántida.
18. Fuentes calientes y frías, con depósitos minerales, estaban presentes en la Atlántida.


19. La Atlántida se extendía en un llano costero de 2.000 por 3.000 estadios (300 por 450 km.) rodeado por montañas que llegaban hasta el mar.
20. La Atlántida controló a otros estados del período.
21. Los vientos en la Atlántida provenían del norte (solamente en el hemisferio norteño).
22. Las rocas en la Atlántida eran de varios colores: negro, blanco y rojo.
23. Había canales para la irrigación en la Atlántida.
24. Cada el 5º y 6º año sacrificaban toros.


Esto es lo básico en cuanto a la Atlántida, y son muchos datos, algunos abiertos a otras interpretaciones, sobre todo en cuanto a la traducción del texto en griego de Platón.
Por ejemplo, "nesos" se suele traducir como isla pero también puede ser península. O cuando se dice que la Atlántida era más grande que Libia y Asia juntos quizás se refiera no al tamaño sino a su poder, es decir, que sería más poderosa que esos territorios, que era como decir más fuerte que más de la mitad del mundo conocido en la época griega clásica.

viernes, 31 de enero de 2014

LOS TESOROS OCULTOS DE LOS TEMPLARIOS

Las grandes riquezas de la Orden de caballeros del Temple despertaron la codicia del rey de Francia Felipe IV el Hermoso y del papa Clemente V. La sede del Temple en París casi se había convertido en el centro monetario internacional, depósito del tesoro real francés, generando envidias, especulaciones y leyendas en torno a esta orden que parecía ya tan alejada de su lema "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam" (nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre).



Entre las especulaciones y leyendas generadas destacaron sobremanera las referidas a la existencia y ubicación de un fabuloso tesoro una vez que la orden se disolvió en 1307, lo que motivó su búsqueda hasta incluso nuestros días. Poco antes de las detenciones, el gran maestre Jacques de Molay hizo quemar muchos libros y reglas de la orden. Hay datos que aseguran que un grupo de caballeros protagonizó una fuga organizada en la que pudieron llevarse el tesoro, sacado en secreto de la preceptoría de París, de noche, antes de las detenciones del 13 de octubre. Fue transportado hasta la costa atlántica, muy posiblemente hasta el puerto de La Rochelle, base naval de la orden, y cargado en dieciocho galeras.


Se habla de que los templarios pudieron custodiar no uno sino varios tesoros. Uno sería económico, otro de documentos y otro de reliquias, las más codiciadas de la cristiandad. A partir de aquí se ha dicho mucho de esta orden que se considera por algunos la primera banca de la historia: que estuvieron en América explotando minas de plata doscientos años antes del descubrimiento oficial; que dejaron sus secretos cifrados en el arte arquitectónico; que establecieron el culto a las vírgenes negras como símbolo de femenina sabiduría; que conservaron durante un siglo la Sábana Santa; que custodiaban el Santo Grial; que encontraron las Tablas de la Ley, el Arca de la Alianza y la Mesa de Salomón. En fin, tantas cosas que han hecho al Temple la orden más misteriosa de la historia.
Parece claro que el objetivo primordial de los nueve primeros hombres de la Orden de los Caballeros del Templo, cuando se asientan en 1118 en las caballerizas del antiguo templo de Salomón en Jerusalén, era la búsqueda de algo de capital importancia. Investigadores como Louis Charpentier creen que al cabo de nueve años de búsqueda, Hugo de Payens y sus ocho caballeros encontraron en Jerusalén el Arca junto a otras piezas de gran valor que llevaron a Francia, a la región del Languedoc, el último bastión de los cátaros antes de su exterminio a mediados del siglo XIII. Años después, tras la extinción de los templarios, una cúpula dirigente y clandestina se debió de instalar al otro lado de los Pirineos, en determinadas fortalezas templarias de los reinos de Aragón y de León, quizás con alguno de sus secretos tesoros. Desde hace muchos siglos, el Arca ha sido buscada en los subterráneos del antiguo templo de Salomón, en Aksum (norte de Etiopía), en alguna cámara secreta de las pirámides de Egipto, en la capilla de Rosslyn en Escocia, en alguna catedral gótica francesa o en castillos templarios como el de Ponferrada (León).
Para muchos, por tanto, el tesoro templario debió de ser la posesión del Arca de la Alianza durante un cierto tiempo. Arca que, además de contener las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná, podría ser un artefacto de un alto nivel tecnológico cuya existencia no podía ser revelada a nadie por la peligrosidad que confería su uso y hasta su mera posesión. Hay un relieve del Arca con una inscripción en el portal norte de la catedral de Chartres; la inscripción dice "Hic amittitur archa cederis" (Aquí queda depositada, obrarás según el Arca). ¿Una prueba de que el Arca fue encontrada por los templarios?


Para otros, el gran tesoro templario sería más bien el Santo Grial. Según la literatura griálica medieval, encabezada por el Pasifal (Parzival - Perceval) de Wolfram von Eschenbach, el brillante Grial era custodiado por un tipo de caballeros que hace pensar en los templarios. Además, el castillo donde se guardaba estaba, según los indicios, en el sur de Francia, en el Languedoc de los cátaros. Quizás estos junto a los templarios guardaron este tesoro. Se cuenta que del castillo de Montségur, uno de los últimos reductos cátaros que resistían, el día antes de caer en manos francesas en aquel tremendo asedio de 1244, escaparon por las escarpadas rocas un grupo de hombres con algo muy preciado, quizás el Santo Grial, que se llevó a las cuevas de Lombrives o más bien cruzó los Pirineos hacia otros cobijos en la península Ibérica; luego, a lo mejor, formó parte de ese tesoro templario que se trasladó a otras tierras incluso más allá del Atlántico. La leyenda o historia de los templarios como guardianes del Grial ha sido seguramente la que más literatura ha motivado, con personajes precursores como el nazi Otto Rahn, que con tanto ahínco investigó y buscó el Grial en las tierras pirenaicas.


Porque el tesoro oculto templario podría estar relacionado con sus viajes transoceánicos, lo que además explicaría otro de sus enigmas: el origen de sus inmensas riquezas que luego sirvieron para financiar la gran cantidad de templos góticos que presuntamente mandaron construir.
Y las claves podrían estar en la capilla de Rosslyn. La historia nos dice que el tercer conde de Saint Clair construyó en Rosslyn una capilla octogonal, de inspiración templaria y repleta de simbolismo esotérico, que es considerada por masones de todo el mundo como su lugar sagrado y en la que se dice enterraron los templarios sus tesoros, incluido el Santo Grial. En ella hay esculpidas mazorcas de maíz y otras plantas americanas. Esta es una de las evidencias que sustentan la autenticidad de una posible expedición realizada a América en 1398 por el noble Henry Saint Clair, con la ayuda de los hermanos Zeno, avezados navegantes venecianos. Su intención era fundar una nueva Jerusalén. En el caso de que fuera cierto este viaje se podría especular con la idea de que escondieran allí sus riquezas tanto materiales como religiosas. Uno de los indicios de la incursión templaria en América nace de una leyenda familiar en Escocia de la que tenemos datos gracias a la obra de uno de los descendientes de Saint Clair, Andrew Sinclair, titulada "La espada y el grial" (1992). Nos dice que el príncipe Henry Saint Clair partió en 1398 con trescientos colonos y doce embarcaciones. Su travesía  condujo a la expedición hasta la costa nordeste de los actuales Estados Unidos, que desembarcó en Nueva Escocia y dejó sus huellas en la costa de Massachusetts. Allí pasaron la primavera de 1399 para, después, regresar algunos de ellos a su lugar de origen. En una losa de la capilla de Rosslyn, construida en 1446 por un nieto de Henry, los miembros del clan Sinclair descubrieron la vinculación de sus antepasados con los templarios y comprobaron como, tras la disolución de la orden, un grupo de caballeros se refugió en las propiedades escocesas de los Sinclair, llevando consigo parte de sus documentos y riquezas. La familia Sinclair gastó, desde entonces, gran cantidad de dinero que, al parecer, procedían de América. Un secreto que ha quedado reflejado en un antiquísimo sello, datado en 1214, en el que puede leerse Secretum Templi al tiempo que muestra a un supuesto indio con plumas.




Y no es el único. En Francia, en el tímpano de la catedral de Vézelay, fechado alrededor de 1150, se halla representado otro amerindio con grandes orejas. O la presencia de indígenas americanos adornados con plumas en los conocidos graffitis de la catedral de Gisors.
Esta posibilidad de presencia templaria en América que muestran los Sinclair entronca con las investigaciones de Jacques de Mahieu, según el cual la flota templaria habría llegado a México en 1307 desde La Rochelle huyendo de la sabida persecución, a través de una ruta que los propios templarios ya habrían marcado desde tiempo antes, entre los años 1272 y 1294. Y el citado Charpentier cree que esas minas de plata estarían ubicadas en el Yucatán (México). Ahora bien, las islas Canarias podrían servirles de escala, vía América, y además como refugio y escondite del tesoro, ya que eran lugares seguros al no estar todavía conquistados, cosa que pasaría siglo y medio después por la corona castellana. De esta forma, el santuario de Nuestra Señora de la Candelaria contendría las claves de los tesoros materiales y espirituales que habrían sido puestos a salvo antes de la abolición de la orden. Esta tesis la mantienen investigadores españoles como Rafael Alarcón, Emiliano Bethencourt, Félix Rojas o José Antonio Hurtado, así como el noruego Thor Heyerdahl, quien afirmó en su día que Colón ya había viajado a América varios años antes de su descubrimiento oficial formando parte de una expedición danesa, pero parece más probable que más bien Colón sabía de las rutas hacia América por sus contactos, como proponen algunos, con personas que habían heredado el conocimiento templario a través de ciertas órdenes españolas y portuguesas fundadas tras la abolición de la orden del Temple.
Además, en los ropajes de la Virgen de la Candelaria original existían talladas unas extrañas letras cuyo significado aún se desconoce. La actual talla también lleva impresas estas letras. ¿Un mensaje cifrado relacionado con el Temple?



Si de las riquezas económicas poco se sabe, poco más se sabe de los tesoros religiosos o de conocimiento secreto. Ya he comentado la posibilidad del Arca de la Alianza y el Santo Grial. También estaría la Mesa de Salomón, que se cuenta no encontraron en Jerusalén sino más bien en Europa, siendo muchos los que opinan que estaba guardada en España, mayoritariamente se suele considerar que en Toledo o Jaén, ciudades a las que habría llegado de mano de los visigodos tras saquear Roma, que a su vez habría robado la Mesa del Templo de Salomón. La cuestión de si estaba en Toledo o en Jaén es fundamentalmente por el motivo de si hubo traslado de este importante objeto sagrado con la conquista árabe; hay quien cree que la Mesa no salió del mágico Toledo, en la enigmática Cueva de Hércules u otras poblaciones cercanas de la provincia, y otros piensan que sí fue trasladada por los árabes para llevársela fuera de España hasta Damasco pero que unos fieles guardianes consiguieron arrebatársela a tiempo por tierras de Jaén y allí se quedó en secreto. Luego, con el pasar de los siglos, el Temple se interesó por su paradero, quizás se quedó conforme sabiendo que estaba bien protegida, a lo mejor colaboraron, y en el tiempo de su persecución y abolición intentaron tomar la reliquia, con lo que se envió para ello desde París a un tal Petrus Verginus, o Pedro Bergino, pero parece ser que no se lo permitieron sus fieles guardianes en Jaén o Toledo. Fuera como fuese, de la Mesa de Salomón no sabemos nada seguro en nuestros días, solo leyendas y pistas que se pueden interpretar de distintas maneras.



Del gran tesoro de conocimiento y espiritual de los templarios tenemos como gran símbolo el Bafomet, esa extraña cabeza barbuda que tanto sirvió para acusarlos de herejía e idolatría. Unos dicen que sería la representación del rostro de Jesús de la Sábana Santa que ellos custodiaron durante un siglo, otros que era un ídolo de antiguos cultos oscuros, y otros que representaba el saber, la Sofía, que tanto anhelaban los caballeros templarios. ¿Conocimiento desde la oscuridad o desde la luz? El desconocimiento de lo que se traían en concreto entre manos los templarios hace que se nos muestren como ambiguos; lo que nos muestran precisamente sus supuestos tesoros, lo mismo amontonando riqueza material que espiritual, lo mismo del lado del mal que del bien, o eso parece...

lunes, 21 de octubre de 2013

LEYENDAS DE TESOROS DEL JAÉN OCULTO

Algunas de las leyendas de nuestro querido Jaén que más llaman la atención son las de los tesoros ocultos; tesoros escondidos por nuestros antepasados no se sabe bien por qué motivo.
En la plaza de los Huérfanos, en donde estaba una de las imponentes puertas de la muralla, la de Baeza, de la que ahora solo queda poco más que los cimientos, se sitúa una de las leyendas de este tipo más curiosas y esotéricas que se conservan.
Cuenta que unos ganaderos que estaban de viaje pidieron pasar la noche en una casa entre la plaza de los Huérfanos y la calle del mismo nombre. Aceptando la dueña por la generosa retribución que le ofrecían los pastores, estos se alojaron en el sótano, como ellos querían. A media noche la hija de los dueños se despertó y oyó unos extraños susurros que procedían de los sótanos de la casa, y sigilosamente descendió hacia ellos y vió, sin que los hombres se percataran de su presencia, como estos se encontraban alrededor de una vela encendida y pronunciaban unas palabras en un idioma que no comprendía, tras lo cual se abrió mágicamente uno de los muros; sin pausa, los pastores entraron por la grieta y al poco salieron cargados de monedas, joyas y otros objetos preciosos. Apagaron la vela y entonces la brecha del muro se cerró. Al día siguiente los ganaderos abandonaron la casa, y la muchacha, que había memorizado las extrañas palabras que oyó pronunciar, pidió a su madre, tras decirle escuetamente lo que había visto, que la acompañara al sótano esa misma noche. Encendió la vela, que estaba ya muy pequeña por el uso de los pastores, y repitió el ritual que había observado, pronunciando las palabras mágicas; entonces, efectivamente, se abrió de nuevo el muro, ante el gran asombro de la madre. Mientras que la madre se quedó sosteniendo la vela, la hija entró en la cueva y deslumbrada ante el magnífico tesoro que cobijaba se entretuvo y no hizo caso de la advertencia de la madre avisándole de que la vela estaba ya tan gastada que estaba a punto de apagarse y que, por tanto, cogiera lo que pudiera y que saliera enseguida, hasta que por fin la vela se apagó sin que la muchacha reaccionara a tiempo ante los gritos de la madre que veía cómo la entrada a la cueva se cerraba. La madre, desesperada, se lanzó hacia el muro, pero este ya era de nuevo una sólida pared de piedra. Allí dentro se quedó la muchacha y ya no tenía remedio, pues solo ella conocía las palabras del ritual.
Esta bonita y misteriosa leyenda recuerda poderosamente al cuento perteneciente a "Las mil y una noches" de la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones: la cueva que guarda un inmenso tesoro y que solo puede ser abierta y cerrada con la pronunciación de unas palabras mágicas, y en la que hay que tener mucho cuidado de no quedar encerrado.

Hay que tener en cuenta que la plaza de los Huérfanos está en lo que fue la entrada de la judería de Jaén, por la que se accedía desde el exterior por la Puerta de Baeza, que tenía a sus pies el barranco y arroyo de los judíos, con su puente homónimo. De esta manera se ha dicho que los ganaderos no eran sino judíos que volvieron a por sus riquezas que habían escondido en los sótanos de su casa antes de que fueran expulsados.

Plaza de los Huérfanos. Judería de Jaén.

Pero viendo el cariz esotérico de la leyenda también se les puede considerar como unos magos, seguramente judíos, que sabían de los tesoros ocultos de Jaén, pero esos tesoros no tienen que ser siempre materiales, sino que serían sagrados y tendrían que ver con el secreto conocimiento que guarda la ciudad. Otras leyendas jiennenses insisten en ello, en las galerías y cuevas que poseen un tesoro, y todo en un contexto misterioso y oculto que hay que respetar.
Existe otra leyenda en la ciudad que cuenta que en alguno de los muros del Castillo de Santa Catalina o en lo que era el recinto más amplio del Alcázar Viejo, había una cabeza de toro esculpida en piedra. Esta cabeza de toro tenía debajo un letrero con la siguiente frase: Enfrente del toro está el tesoro.

El barrio de la Magdalena a los pies del monte y el castillo de Santa Catalina.

Muchos fueron los que subieron al monte de Santa Catalina con picos y palas para buscar el tesoro que presuntamente indicaba el toro. El terreno de los alrededores de la cabeza estaba lleno de agujeros y montones de arena y piedras debido a las excavaciones, pero nadie daba con el ansiado tesoro.
Un día llegó un testarudo buscador de fortuna. Buscó durante muchas horas por todas partes. Comenzó, como todos hacían, por la parte de enfrente del toro, que es lo que indicaba la inscripción. Luego cavó a la derecha, después a la izquierda, más tarde por un lado, por otro, detrás... El resultado, al igual que sus antecesores, es que no encontró nada. La frustración y el enfado de haber trabajado tanto inútilmente y verse en la misma situación de tantos otros que lo habían intentado le llevó al arrebato de coger el pico, acercarse a la cabeza del toro y con gran fuerza e ira le propinó un tremendo golpe a la escultura de piedra en toda la frente, haciéndole un buen desperfecto. Más tranquilo tras vengarse de esa manera de la engañosa cabeza, se dio media vuelta dispuesto a abandonar el lugar, pero de repente escuchó un intenso tintineo metálico. Al volver la mirada hacia la escultura, vio con asombro que un gran chorro de monedas de oro surgía del agujero en la frente del toro. Había encontrado el tesoro que tanto deseaba. Y se dio cuenta que la inscripción que había debajo de la cabeza del toro no engañó nunca a nadie, sino que debía ser interpretada correctamente: al decir "enfrente del toro está el tesoro" se debía adivinar que era "en frente", pues era en la frente del animal donde esperaba ser descubierto el tesoro, no en las tierras que tenía enfrente.

Uno de los toros ibéricos encontrados en Cerrillo Blanco, Porcuna. Museo de Jaén.

Quizás nos esté queriendo contar algo más allá de lo evidente, como es normal en las verdaderas leyendas, pues estas buscan transmitir un mensaje a través del tiempo. Y sospecho que a lo mejor esta leyenda del toro y el tesoro oculta una idea, pues son varios los detalles que parecen indicarlo.
Primero, el lugar y su advocación, en lo alto del sagrado monte de Santa Catalina, donde se encuentra el castillo del mismo nombre, siendo una santa esotérica como pocas, de origen egipcio y en general del Mediterráneo oriental, sincretismo de las diosas de la sabiduría como eran Isis y, sobre todo, Hécate.
En este lugar dedicado, por tanto, a la Diosa del Conocimiento estaba la cabeza del toro, animal de ancestral culto en la Península Ibérica y que es símbolo del dios masculino, solar, de la fertilidad y la muerte, y también del conocimiento. Entonces hay una especie de dualidad femenina-masculina tan común en todos los cultos antiguos.
En Egipto, el toro sagrado era Apis, sobre cuya frente se colocaba el ureus y el disco solar, indicativos de su divinidad. Era símbolo de todo lo que he dicho anteriormente y era heraldo del dios primigenio Ptah. Luego, en época ptolemaica, el toro Apis se sincretizó con Osiris, dando origen a Serapis, manteniendo la figura del toro como su símbolo principal. Y es que para Grecia, de donde era originaria la dinastía ptolemaica, el toro también estaba unido a sus principales deidades masculinas, como Zeus, Poseidón o Helios, los grandes dioses del poder, el conocimiento y el Sol respectivamente.
Para los habitantes de Oriente Próximo el toro tenía un significado similar, como por ejemplo en relación al gran dios masculino Baal / Bel de los fenicios y cartagineses.
Y en todos los cultos al toro se incluían los sacrificios del animal en honor al dios que representara, para de esta forma conseguir su beneplácito y sus dones.
De esta manera, el toro es el dios masculino, del conocimiento solar, cuyo símbolo es el dorado disco del Sol, la luz dorada, el oro...

Toro Apis, con disco solar y ureus sobre su frente. Museo Nacional de Roma.

Sabiendo todo esto no sería entonces tan extraño pensar que esta leyenda nos informa de antiguos cultos en Jaén a la deidad masculina simbolizada por el toro, el cual se sacrificaba (¿en la leyenda, fuerte golpe en la frente?) para recibir los dones de fertilidad o/y conocimiento (¿el tesoro de monedas de oro que surge de la frente, la cabeza, la parte más sagrada del animal?).
No hay que olvidar que hay una significativa referencia histórica al toro en Jaén: en el barrio de la Magdalena, el lugar fundacional de la ciudad en donde está el sagrado nacimiento de agua a los pies del monte de Santa Catalina, existían unos famosos baños, y estos eran conocidos como los del Toro pues se decía que estaban presididos por una gran escultura de este animal...
Pero es otro mítico animal el que es símbolo del barrio de la Magdalena y de toda la ciudad: el lagarto. Esta leyenda del Lagarto de la Magdalena o de Jaén es la más popular de la ciudad y su fama es tal que la identifica. La versión más extendida es la de que en la cueva de la fuente que hay enfrente de la iglesia de la Magdalena se cobijaba un lagarto gigantesco que cuando salía se comía a las personas y animales que iban a por agua. Era tal el estado de miedo y desesperación que la población no sabía ya qué hacer. Pero resulta que había un preso en la cárcel condenado a muerte que pidió que se le perdonara si lograba matar al lagarto. Desesperados, los vecinos accedieron a su proposición. Entonces él pidió un caballo, una lanza, un saco de pólvora, una piel de cordero y un costal de panes calientes recién hechos. Fue de noche frente a la cueva con el costal de panes calientes y cuando el lagarto los olió, salió de la cueva; al ver al hombre fue hacia él pero este salió cabalgando y le iba echando los panes al lagarto, cruzando así la ciudad, cuyos habitantes permanecían en sus casas horrorizados. El preso llevó de esta manera al monstruoso lagarto hasta junto a la iglesia de San Ildefonso y allí le tiró el saco de pólvora envuelto en la piel del cordero y el lagarto se lo tragó creyendo que era un cordero y al poco de devorarlo la pólvora estalló y el lagarto reventó.
De esta manera la ciudad se pudo librar del terrible animal gracias al valor y la astucia del preso, que, por supuesto, fue liberado.

Monumento al Lagarto de la Magdalena en la calle de Santo Domingo. Jaén.


Una variante de la leyenda dice que fue un pastor el que hizo reventar al lagarto arrojándole la piel de un cordero rellena de yesca ardiendo, con lo que el lagarto se abrasó y murió. Ximénez Patón, en su "Historia de la antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén", de 1628, recoge esta versión de la leyenda. La otra versión menos popular y conocida, recogida por Alfredo Cazabán a principios del siglo XX, es la que cuenta que fue un caballero de reluciente armadura, o de armadura de espejos, el que se plantó delante del lagarto y este se quedó deslumbrado al brillar el sol en la armadura, hecho que aprovechó el caballero para matarlo de un espadazo.

Alfredo Cazabán.

Hay que tener en cuenta que en las crónicas antiguas no se habla de un lagarto sino de una gran sierpe, es decir, una enorme serpiente, es decir, típica denominación en los textos antiguos para este tipo de monstruos que no dejan de ser los legendarios dragones, y eso precisamente es, un dragón, lo que aparece en el escudo de la catedral de Jaén y lo que tradicionalmente se ha dicho asemeja la ciudad acostada a los pies del cerro de Santa Catalina, como dice Ximena Jurado en el siglo XVII y el deán Mazas en el XVIII.
El dragón es el guardián de los tesoros ocultos, normalmente en cuevas y lugares subterráneos, y el héroe debe luchar contra él para conseguir ese tesoro. ¿Ven las similitudes con las otras leyendas de tesoros? Y es que todo Jaén podría ser un tesoro en el que ciertos lugares destacarían, que serían los lugares sagrados ocupados por templos desde hace, como poco, la Edad Media, seguramente muchos siglos antes. Siguiendo la pista de que la antigua ciudad se parece a un dragón, elaboré una completa investigación que se hizo libro con el título de “El Dragón de Jaén”: los lugares sagrados desde el castillo hasta la catedral forman la figura celeste de la constelación del Dragón, el guardián de las tres manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, las hijas de Atlas; Dragón que fue muerto por el héroe por excelencia, Hércules, que se llevó su preciado y dorado tesoro de las tres frutas… Esto nos puede retrotraer hasta tiempos ancestrales e indefinidos en los que ya la búsqueda de tesoros era una tarea fundamental, pero no para lo material sino para el conocimiento y lo espiritual.

Hércules matando al dragón del Jardín de las Hespérides. Rubens. Museo del Prado, Madrid.


Artículo publicado en el nº 7, junio de 2013, de la revista Rayud, del colegio Ramón Calatayud de Jaén. Mi agradecimiento a Pedro Antonio López Yera, coordinador general de esta publicación, por invitarme a colaborar en ella.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL CAMINO MOZÁRABE DE SANTIAGO EN JAÉN

El Camino Mozárabe es el que recorrían los mozárabes del sur peninsular en peregrinaje hacia Santiago de Compostela, y que se une a la Vía de la Plata en Mérida. Los mozárabes eran los cristianos que durante la Edad Media vivían en territorio bajo dominio musulmán, conservando a pesar de las dificultades buena parte de sus costumbres y cultura hispanas; por tanto, también ellos desde un principio hacían su propio Camino de Santiago siguiendo las antiguas vías hacia el noroeste. Desde hace unos años este milenario camino ha sido rescatado y puesto parcialmente en valor para que los modernos peregrinos puedan seguir los pasos de nuestros ancestros. La ruta principal del Camino Mozárabe es desde Granada (concretamente desde su catedral) hasta Mérida pasando por Córdoba. Tres ramas se unen a esta ruta principal: una rama une Almería con Granada, otra Jaén con Alcaudete (Jaén) y la tercera Málaga con Baena (Córdoba). De esta forma el Camino Mozárabe nos lleva por las tierras de Almería, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba y Badajoz en un recorrido histórico, religioso y cultural de enorme interés y valor.
Jaén capital, como he dicho, es el inicio de una de las ramas del Camino Mozárabe. Esta rama tiene dos etapas: la primera es hasta Martos pasando por Torredelcampo y Jamilena; la segunda es desde Martos hasta Alcaudete, donde se une al camino principal que viene de Alcalá la Real y en origen de Granada.
En este artículo vamos a recorrer el Camino por el casco histórico de Jaén, que tiene bien señalizada la ruta, y de camino, valga la redundancia, vamos a hacer unos apuntes históricos y misteriosos de los lugares por donde pasaremos.
El inicio es en la plaza de Santa María, el lugar más emblemático de la ciudad, a los pies del templo más importante y sagrado, la Catedral de la Asunción de María. Su imponente fachada asombra por su majestuosidad, grandeza y belleza, dejando en segundo plano los otros dos edificios de interés de la plaza que le terminan de dar su carácter monumental, el Ayuntamiento y el Obispado.



Si nos fijamos en el pavimento de la plaza, enfrente de la puerta de la catedral que guarda san Miguel, veremos una baldosa que nos indica que estamos en el principio del Camino Mozárabe de Santiago.


Antes de empezar la ruta es conveniente hacer una visita a la catedral, bien por curiosidad o, mejor, para iniciar el Camino introduciéndonos en la atmósfera especial de este templo que nos preparará convenientemente para nuestra peregrinación.


Y para ello es recomendable llegar hasta la capilla de Santiago, en un lugar de honor en la cabecera junto a la Capilla Mayor. En la capilla encontramos en el retablo neoclásico un cuadro de Santiago Matamoros y otro de la aparición de la Virgen del Pilar a este apóstol. Puede ser un buen sitio para reflexionar sobre el Camino, que es un camino espiritual en la búsqueda de nosotros mismos, de nuestra divinidad en unión con el Todo-Dios. Pero otro sitio puede servirnos para este menester, y no es otro que debajo, ni más ni menos, que de la preciosa cúpula, centro de la catedral, pues en una de sus cuatro pechinas está el relieve de Santiago a lomos de su caballo; las otras tres pechinas están ocupadas por las representaciones de san Miguel, santa Catalina y san Eufrasio, siendo estos dos últimos patrones de Jaén y, el último, discípulo del mismo Santiago. Esto nos indica la importancia que a Santiago se le da en la catedral de Jaén.


Como ven, Santiago está muy presente en la catedral jiennense, teniendo incluso dedicados a él dos asientos del magnífico coro.


Esta obra maestra del Renacimiento, obra del genial Andrés de Vandelvira bien seguido por otros arquitectos como Juan de Aranda o Eufrasio López de Rojas, invita siempre a mirar hacia arriba, a elevar la mirada hacia sus bóvedas, a elevar el espíritu hacia el cielo...
Salimos de la catedral con buen ánimo de iniciar la ruta y desde la misma baldosa del Camino Mozárabe miramos en la dirección que nos indica, hacia la calle Maestra, eje principal de la antigua ciudad como su propio nombre indica.


En su inicio, un poco escondida en la fachada de la casa de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, está la plaquita de llamativo color que nos confirma el Camino, y de esta manera recorremos esta calle, también de las más emblemáticas de Jaén con sus elegantes casas tradicionales bien conservadas en general, y sus restaurantes y bares que sirven de punto de reunión y descanso a numerosos jiennenses y turistas. Solo los desperfectos en parte de su embaldosado enturbia el agradable paseo que nos ofrece.


La calle Maestra no es larga y en su final nos encontramos con el antiguo palacio del Condestable Iranzo (o lo que queda de él), personaje de gran importancia para Jaén y Castilla por aquellos años del siglo XV que vió el reinado de Enrique IV y la transición hasta el mandato de los Reyes Católicos. En realidad el palacio lo construyó en una posesión de los Torres, de la familia más importante de la ciudad, pues su esposa era María Teresa de Torres y Portugal, que entabló posteriormente a la muerte de su marido amistad con la reina Isabel I. Fue don Miguel Lucas de Iranzo un hombre especial que dio un impulso importante a la ciudad, se relacionó con diversos sectores de la población marginados como los judíos y gustaba de las celebraciones, todo ello aderezado por su interés por lo mágico, entre lo que se puede contar una especie de recorrido esotérico por los lugares sagrados de la ciudad. Murió asesinado en 1473 mientras rezaba en la catedral por sus enemigos políticos con la excusa de su apoyo a los judíos, quizá por algo más...


El palacio pasó a ser tras los siglos el Casino Primitivo y ahora es el Palacio Municipal de Cultura, conservando parte del edificio original, como unas arcadas del patio y un salón mudéjar. El insigne lugar ha tenido hasta presencias fantasmales...
Al lado de la fachada que da a la calle Maestra nos encontramos con una bifurcación en cuya esquina está un detallado panel del Camino Mozárabe de Santiago que incluye todas las poblaciones de la ruta, un plano con el recorrido por la ciudad de Jaén y una breve descripción de este.


Tomamos entonces la dirección indicada dejando la calle Maestra y tomando la calle Madre de Dios, llamada así por el antiguo hospital que en ella había, fundada por Luis de Torres, hijo del condestable Iranzo y Teresa de Torres.


En lo alto de esta corta pero empinada calle encontramos un curioso monumento, el Arco de San Lorenzo, cuya capilla fue precisamente utilizada por el hospital de la Madre de Dios.


El Arco es lo que queda de la desaparecida iglesia de San Lorenzo, y para salvarse fue declarado monumento nacional en 1877. Es una pequeña joya gótica mudéjar que merece la pena un alto en el camino. En él está enterrado Juan de Olid, secretario del condestable Iranzo, y se veló el cadáver de Fernando IV el Emplazado, que murió en Jaén en 1312; sí, se trata de ese rey al que maldijeron en Martos por mandar ejecutar a los Carvajales y cuya historia se mezcla con la leyenda y el misterio que envolvía aquellos tiempos de persecución a los caballeros templarios.


El carácter fúnebre parece perseguir a este monumento bajomedieval, que tiene hasta su leyenda fantasmal, la del padre Canillas, que se aparece precisamente para una misa de difuntos.


Sea como fuere, la cuestión es que el Arco de San Lorenzo conserva un encanto difícil de explicar en su interior y hasta en su exterior, pues pasando por él parece que cruzamos un pequeño túnel del tiempo hasta el medievo... a pesar del muchas veces molesto tráfico de vehículos que nos recuerda el tiempo actual que vivimos.


Junto a él una placa nos señala el Camino y tomamos la calle Almendros Aguilar, la antigua calle Maestra Alta, a diferencia de la que dejamos hace un rato que era la calle Maestra Baja, las dos columnas vertebrales del casco histórico.


La calle Almendros Aguilar fue antaño señorial, con grandes casonas de las que ahora por desgracia poco queda, destacando entre ellas una de monumental fachada renacentista de la que se dice fue propiedad en un principio del obispo Alonso Suárez a principios del siglo XVI, teniendo muchos usos a lo largo del tiempo hasta ahora que es una casa de vecinos.


Llegamos así hasta la plaza de Santiago, y aquí se nos cuela la decepción. Qué pena que esta ciudad no tenga su iglesia de Santiago, derrumbada en ese fatídico siglo XIX en el que empezaron a perderse muchos edificios históricos. Fue un templo cabeza de una parroquia y que tenía su importancia debido a su evidente relación con los santiaguistas. Una ruta jacobea sin templo dedicado a Santiago; en fin, nos queda un muro lateral que da a la calle Almendros Aguilar, muro que guarda parte de la cripta de la antigua iglesia y que se convirtió en refugio de la Guerra Civil. Por lo demás, estamos en un espacio urbano degradado por el enorme solar que ocupa la parte superior de la plaza, pero al menos la vista se alegra con las bellas vistas del monte de Santa Catalina con su Cruz y el Castillo que ya se ve de refilón.



Otra indicación junto al muro de la desaparecida iglesia, donde se encuentra la entrada al refugio, nos confirma la dirección a seguir, que es continuando por la calle Almendros Aguilar. Andamos ahora por un tramo más estrecho y humilde de la calle hasta llegar a su final donde otra placa jacobea nos vuelve a confirmar que sigamos recto en nuestro caminar para adentrarnos en el barrio de San Juan. Esta placa está en la esquina junto a la calle Elvín, que muestra una típica estampa con un tradicional espacio al fondo a manera de carmen escalonado; algunos proyectos para poner en valor tan pintoresco lugar han ido cayendo en el olvido, como aquel que quería hacer de este carmen ajardinado un punto de encuentro e interpretación de las culturas medievales de la ciudad. Ahí sigue esperando...


Llegamos pronto a la plaza de San Juan, dominada por la iglesia de San Juan Bautista con su torre del Concejo. Del templo gótico original no queda mucho, pero sus trazas están ahí con sus arcos apuntados, y la dicha torre medieval sigue señalando la hora oficial de la ciudad. Si al peregrino le apeteciera podría hacer una visita a su remodelado interior, donde encontrará alguna obra de gran valor, como el grupo escultórico del Calvario del siglo XVI.


En la primera esquina (por cierto, descuidada estéticamente) que nos encontramos en la plaza está la indicación de que el Camino ahora debe descender por una calle lateral a la iglesia, la calle de San Juan, y no por la que el plano del panel que vimos al final de la calle Maestra, que nos indicaba otra un poco más allá de la plaza en la que estamos.


La diferencia es poca entre una calle y otra, no tiene mayor importancia. Sin más, descendemos por la calle de San Juan, que tiene su encanto junto al muro de la iglesia.


Y llegamos a la calle Martínez Molina, con lo que regresamos a la antigua Maestra Baja que, como recordarán, era la calle que ahora en su inicio se llama solo Maestra y que fue el principio de nuestra ruta. La baldosa del Camino Mozárabe, que apenas si se ve en el pintado y pintorrejeado muro del solar de San Andrés, nos señala el sentido que debemos tomar. Estamos detrás de la iglesia de San Juan, cuya cabecera está bien cuidada en contraste con lo que tiene enfrente, en el otro lateral de la calle, el solar de San Andrés, polémico y en actualidad por la muy posible destrucción de unos importantes restos de casas medievales y huertos tradicionales con la excusa de la construcción de un instituto de enseñanza secundaria; estamos junto a la judería, y en este solar se han encontrado objetos valiosos, como un puntero y un amuleto hebreos. Ojalá se puede resolver a buen beneficio de la ciudad.


En este tramo de la calle Martínez Molina nos reencontraremos de nuevo con más movimiento de gentes, entre ellas los turistas que siguen esta vía desde la plaza de Santa María para visitar principalmente los Baños Árabes, situados en los bajos del palacio del conde de Villardompardo, en concreto de Fernando de Torres y Portugal, el más conocido de su linaje de los Torres que tan poderosos fueron en la ciudad, llegando a ser virrey del Perú en unos años durante el reinado de Felipe II.


Ahí es donde llegamos, al palacio de tan insigne conde, con su grande y sobria fachada que esconde un bello patio renacentista (que por ahora no se puede visitar por obras para acondicionar bien el edificio para los museos que acoge) y en sus cimientos los Baños Árabes del siglo XI, los más grandes de los que existen en España y muy bien conservados. Es un lugar con historia, arte, leyendas y misterios; si el peregrino gustara podría hacer una visita pero nosotros no nos vamos a detener en este edificio porque el Camino debe proseguir, nos esperan otros tres lugares más relacionados con nuestro andar espiritual. Y el primero está en la misma plaza donde se encuentra este palacio, la plaza de Santa Luisa de Marillac, conocida popularmente como la del Pato, por la fuente que en la imagen pueden ver.


La fuente, que encargara otro insigne personaje de Jaén, José del Prado y Palacio, para la antigua plaza del Mercado y que finalmente se trajo aquí, se compone de una oca, no un pato, que lucha con una serpiente que intenta morderle el cuello. La oca, símbolo inequívoco del Camino de Santiago, ha querido la providencia, o no, que se encuentre aquí, en una plaza del centro histórico que forma parte del tradicional Camino Mozárabe de Santiago. La oca, con sus patas palmípedas, su alas, encima de una pirámide octogonal, la serpiente, la lucha, el agua... símbolos claros de la Diosa Madre de la Sabiduría en su enfrentamiento con el reptil que quiere impedir la transmisión del conocimiento, una dualidad muy significativa para reflexionar. En fin, símbolos comunes en el Jaén esotérico que desde la catedral hasta la Magdalena toma sentido: la Diosa Madre, el conocimiento, el lagarto - dragón que lo guarda y protege, el héroe que vence al reptil, la cueva con agua...


En una esquina de esta plaza del Pato tenemos la indicación jacobea para que prosigamos nuestra ruta, ya con la sensación de que estamos guiados por la simbólica oca en nuestra búsqueda del conocimiento. Nos adentramos en la calle Santo Domingo, dirección hacia la Magdalena. Llegamos pronto a la elegante fachada principal del convento de Santo Domingo, en realidad de Santa Catalina. Aconsejo entrar en su patio, una obra magnífica, un lugar amplio, un remanso de paz... a pesar de que fuera sede de los inquisidores dominicos, de sus escuelas y de un orfanato; ahora es el Archivo Histórico Provincial, y su actividad y su equilibrada arquitectura hace, como he dicho, que sea en verdad un sitio tranquilo, que invita al descanso, a la reflexión, a conocer... santa Catalina, santa de sabiduría, patrona de Jaén, heredera de la Diosa...


Al fondo ya se ve, estamos llegando... ya hemos llegado al centro de la emblemática Magdalena. Otra placa a la derecha nos confirma el Camino.


Pero pronto nuestra mirada se gira hacia la izquierda, al monumento del Lagarto de la Magdalena o de Jaén. El lagarto de la famosísima leyenda, el lagarto que en realidad es un esotérico dragón...


Avanzamos un poco y ya contemplamos la sencilla belleza de la iglesia de María Magdalena; su torre coronada por un campanario octogonal parece saludarnos a nuestra llegada a la plaza del mismo nombre.


A nuestra izquierda se nos recuerda la presencia de otras culturas en Jaén, como fue la judía, por ese hexagrama que luce en la tradicional fachada de la casa que fue hace once siglos el sitio de nacimiento de Hasday ibn Shaprut, el sabio judío que fue uno de los principales personajes del califato de Córdoba.


A unos pasos, enfrente de la iglesia, se encuentra la Fuente de la Magdalena, alrededor de la cual se fundó la ciudad por lo menos desde época romana, quizás antes, pues seguramente ya era importante y sagrado para los iberos. Se trata del nacimiento de aguas desde una cueva en la que la leyenda sitúa la guarida del lagarto - dragón que tuvo que ser vencido por un héroe, pero para ello tuvo que recorrer las calles de Jaén hasta el otro extremo en un recorrido similar a este que estamos siguiendo con motivo del Camino Mozárabe y que yo he denominado la ruta sagrada del dragón como ya muchos sabéis por las investigaciones que he realizado.


Nos encontramos en un lugar muy especial en el que se unen todos los misterios históricos, religiosos y esotéricos de Jaén, es un lugar de iniciación, como parece indicarnos la advocación del lugar, santa María Magdalena, la gran iniciada del cristianismo.


La bonita portada gótico isabelina, la torre morisca, el antiquísimo patio de la mezquita que fue, el interior de la iglesia, sus nervios góticos, los símbolos... Pasée por ella el peregrino, empápese del lugar, de la luz sobre sus piedras y ladrillos, del rumor del agua de la alberca del patio, de sus rincones, de sus columnas, de las vistas al castillo de Santa Catalina (oh, fiel fortaleza siempre allí arriba protegiéndonos en nombre de la santa sabia), del entorno... 
Va a ser el último sitio sagrado que visitemos en la ciudad, pero es un inicio...


Dejamos con cierta nostalgia este lugar tan especial para seguir nuestro Camino, y la placa, bien puesta, nos señala la dirección a seguir por la calle Magdalena Baja.


Unos doscientos metros más allá llegamos a un pequeño ensanche de la calle con una vista estupenda del castillo a través de la calle Cruz de la Magdalena. El castillo nos ofrece quizás su mejor vista cerca ya del final de nuestra ruta urbana y parece recordarnos que sigue ahí como si fuera un eterno guardián de la ciudad y sus secretos.


Al final del dicho ensanche otra placa, que es la última, nos vuelve a indicar perfectamente el Camino, que ya continua por la calle de la Puerta de Martos, que nos recuerda que nos acercamos al lugar donde estuvo la salida hacia Martos, ciudad que es el final de la primera etapa del Camino Mozárabe.


Y, tras un centenar de metros, llegamos al sitio donde se alzó la gran Puerta de Martos, lamentablemente derrumbada, la salida de la muralla hacia el camino secular hasta la también histórica y misteriosa localidad de Martos, a unos 20 kilómetros, pasando antes por Torredelcampo y Jamilena.


A partir de aquí, el casco antiguo se acaba, la vieja ciudad se terminaba, ya era extramuros, los mozárabes pisaban un camino envuelto de campos y montes, de naturaleza y alguna que otra ermita y fuente, ese ya es otro camino, otra forma de andar, de sentir, interiorizando lo que se observó, anhelando el siguiente paso que le acerque poco a poco a Santiago de Compostela.
Por mi parte es todo, hasta aquí llego. Me vuelvo a las faldas de Santa Catalina... Quizás algún día vaya más allá de la Puerta Martos, y, a lo mejor, se lo cuente a ustedes. Pero, a lo mejor, algunos de ustedes se animarán antes que yo y me lo contarán a mí...
Buen viaje.