Una puerta abierta a las variadas facetas y misterios de la historia, la religión, la espiritualidad y el conocimiento heterodoxo. Desde los temas locales (Jaén, España) hasta los universales. BIENVENIDOS.
viernes, 21 de octubre de 2011
LA ESPAÑA MÁGICA
lunes, 22 de agosto de 2011
LAS NUEVAS CARAS DE BÉLMEZ
viernes, 22 de julio de 2011
MARÍA MAGDALENA
Por otro lado, la mayoría de los padres de la Iglesia Católica sostuvieron que estas tres personas fueron una y la misma. Posteriormente, los protestantes creen que eran dos, y tal vez tres personas distintas.
Si el argumento anterior se mantiene correcto, María de Betania y la “pecadora” son una y la misma persona con María Magdalena. Con san Juan aprendimos el nombre de la “mujer” que ungió los pies de Jesús previo a la Última Cena. Podemos notar aquí que parece innecesario mantener esto porque san Mateo y san marcos dijeron “dos días antes de la Pascua” mientras que san Juan dice “seis días”, hay, por lo tanto, dos distintas unciones una tras la otra. San Juan no necesariamente quiere decir que la Cena y la unción tuvieron lugar seis días antes, sino que Cristo llegó a Betania seis días antes de la Pascua. Entonces, en aquella Cena María recibió el glorioso encomio, “ella ha realizado una buena obra en mí...al ungir mi cuerpo para mi entierro...donde sea que este Evangelio sea predicado...que también lo que ella ha hecho por mí sea relatado en memoria de ella”. Considerando todo esto, ¿es creíble que esta María no tuviera lugar a los pies de la Cruz, como tampoco en la tumba de Cristo? Sin embargo, es María Magdalena quien, de acuerdo a todos los evangelistas, estuvo a los pies de la cruz y asistió en el funeral y fue la primera testigo registrada de la Resurrección. Y mientras san Juan la llama “María Magdalena” en 19,25; 20,1 y en 20,18, la llama simplemente “María” en 20,11 y 20,16.
Bajo esta visión, la serie de eventos constituyen un todo consistente; la “pecadora” aparece temprano en el ministerio buscando el perdón; ella es descrita inmediatamente después como María Magdalena, “mujer de la cual salieron siete demonios”; poco después la encontramos “sentada a los pies del Señor y escuchando sus palabras”. En un período posterior María y Marta se vuelven a Cristo y El les devuelve a su hermano Lázaro; poco tiempo después, lo invitan a cenar y María nuevamente repite el acto que había realizado como penitente. En la Pasión ella está a su lado; ella lo ve yaciendo en la tumba; y es la primera testigo de su Resurrección.
La Iglesia Griega sostiene que la santa tras la resurrección del Maestro se retiró a Éfeso (en la actual Turquía) con María, la madre de Jesús, y allí murió. Sus reliquias fueron transferidas a Constantinopla en el año 886 y son preservadas allí. Gregorio de Tours (De miraculis, I, xxx) apoya la idea que ella se fue a Éfeso.
La santa le dijo al padre Elías, testigo de la aparición en la gruta, que habían llegado en gran número a Marsella desde Jerusalén, arrojados sobre una nave y abandonados a la gracia de Dios. Marsella los acogió y abrazó la fe cristiana como casi toda la comarca. Una inspiración del cielo condujo sus pasos a una cueva solitaria, y apenas moraba en ella cuando, al fijar sus ojos en la fuente preparada por la Providencia, percibió en la sombra una serpiente de aspecto horrible, una enorme boa. Al ver a la santa se levanta y a sus espantosos silbidos saltan una innumerable multitud de sierpes de toda especie, que dirigen contra ella sus ojos y su furor. Por el pavor que le causaron, aunque no temía a la muerte, rogó a Jesús. La enorme serpiente la cogió entre sus afilados dientes, pero al momento se apareció un ángel que la arrancó de los dientes del dragón y le dijo: “Feliz eres por haber creído, ¡oh María!”. Y hollando después al dragón dijo: “Sal de aquí, tú y tus serpientes”. Y el dragón y las serpientes, volando aquél, y éstas arrastrando, se precipitaron al desierto. Desapareció el ángel después de haber purificado con su aliento de fuego la caverna. Cuando la Magdalena hubo recorrido todo este recinto, y vió que era inaccesible para los hombres, se puso de rodillas llorando y exclamó: “¡Bendito seáis, oh Jesús mio, por haber cumplido mis deseos! Dignaos ahora también a hacer manar para vuestra sierva agua de este peñasco”. Al momento mismo la enorme peña se abrió y empezó a derramar un manantial. Luego advirtió que en la parte derecha de la gruta había muchos espíritus que le aconsejaban que abandonara las plegarias, con lo que comprendió que eran demonios. Al clamar a Dios el arcángel san Miguel se presentó, puso en fuga a los ángeles de las tinieblas y le dijo que el Altísimo vela sobre ella. Y esto diciendo, plantó una cruz en la entrada de la gruta.
Continúa la tradición diciendo que el cuerpo de Santa María Magdalena, después de su muerte, arrojaba de sí un olor delicioso. El obispo Maximino, acompañado del clero, le hizo los honores del entierro, y se añade que fueron tantos los milagros con que la santa señaló y engrandeció esta pompa funeral que los fieles en los tiempos sucesivos erigieron en su obsequio el hermoso mausoleo de alabastro que aún se conserva en la capilla subterránea. El día 22 de julio del año 81, observa uno de sus historiadores, fue el de la muerte de la Magdalena. Se ignora exactamente los años que vivió porque carecemos de fundamento sólido en que apoyarnos; pero según lo escrito por algunos historiadores de su vida, murió con 79 años. A los 15 dió principio a sus liviandades, doce vivió de este modo, tres empleó en acompañar a Jesús, dieciséis consumió en la predicación y treinta y tres permaneció en la soledad de su amada cueva.
San Maximino declaró al clero que cuando muriera quería ser sepultado a los pies de la santa. Procuró dar a conocer al pueblo el lugar de la penitencia de la Magdalena e hizo accesible la gruta a la veneración de los fieles. Se extendió tanto la devoción a la Magdalena que la roca fue habitada en el año 450 por los casianistas y después por los monjes de san Benito. Unos y otros estuvieron también sucesivamente en Saint-Maximin para custodiar la reliquias de la santa cuya devoción florecía en los dos lugares. Se alteró la Provenza después por la incursiones de los musulmanes y se resolvió ocultar aquel precioso tesoro confiando a algunas personas el secreto del lugar donde se escondía en el año 716. Carlos de Anjou, hijo de Carlos I, rey de Jerusalén, de Sicilia y conde de Provenza se hallaba en la ciudad de Aix en 1278 mientras su padre, hermano de san Luis rey de Francia, estaba ocupado en los negocios de Italia. Sabiendo este príncipe la historia de la Magdalena, quiso encontrar los preciosos restos. Apeló a la oración y a los santos ejercicios, y refieren las crónicas que la misma santa le reveló el lugar en que se había ocultado su cuerpo, es decir, en un campo inmediato a la iglesia de Saint-Maximin, donde se encontraba una frondosa planta de hinojos, haciendo el hallazgo en 1279. Es de advertir que el padre fray Isidoro de Sevilla dice que esta revelación de la santa a Carlos de Anjou tuvo lugar en Barcelona y no en la Provenza, pues en 1279 fue hecho prisionero por un general de la mujer de Pedro III de Aragón, y estando preso en Barcelona, en la noche del 21 de julio, se le apareció la santa, le libró milagrosamente y le hizo la revelación. Sea lo que sea, el príncipe mandó cavar en aquel punto y descubrió el sepulcro de alabastro y los otros tres de mármol. Subido después este príncipe al trono, como Carlos II, fomentó esta devoción a las reliquias de la santa con una feria franca anual en la ciudad de Saint-Maximin.
jueves, 30 de junio de 2011
UN VIAJE AL CENTRO
Al día siguiente, día del solsticio de verano, entramos por primera vez en la catedral, y fue como traspasar el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro que soñamos… Allí, en la nave central intuimos más que vimos el laberinto, oculto por numerosas sillas y la poca luz del templo, y en esa casi penumbra acentuada por el día nublado, se elevan las bóvedas de crucería hacia el cielo, el cielo azul de las maravillosas vidrieras, que te dejan hipnotizado por unos instantes al observarlas… es el azul de Chartres…
Aquel día no se produjo “el milagro del Sol”, porque las nubes impidieron que el rayo solar pasara por el pequeño orificio de una vidriera hasta el punto señalado en el suelo, pero ¿qué más da?, eso solo es una curiosidad elaborada siglos después de la construcción del templo, lo importante es que estábamos allí, sintiendo por primera vez el verdadero milagro de ese lugar, su energía, que se manifestaba en su poder de convocarnos y de invitarnos a la introspección, pues muchos sentimos la necesidad de permanecer allí solos, buscando en nuestras sensaciones y pensamientos, buscando el centro de nosotros…
Los dos días siguientes fueron los de la búsqueda de los sitios relacionados con la catedral de Chartres.
Primeramente fuimos al encuentro de los megalitos que rodean la ciudad, testigos de que estábamos en un lugar sagrado milenario… ¿ de hace 5.000, 10.000 años? No lo sabemos, pero los indicios indican una antigüedad más próxima a la segunda cifra. Lo más importante del día fue comprobar el estado energético y su posible corrección del dolmen “madre”, de enormes rocas semicaidas. Las personas más sensitivas, cuatro mujeres, afirmaron que lo habían corregido y que desde ese momento la red energética que lo une con los otros megalitos de la región se había reconectado, y humildemente los demás aportamos nuestra ayuda al lugar y a la red. En aquel día pasamos de la lluvia insistente de la mañana al radiante sol, justo cuando el trabajo energético en el dolmen comenzaba; ¿una señal, un indicio…? De la lluvia al sol, del agua al fuego… Y ya con el día abierto, soleado y ventoso, recorrimos otros sitios megalíticos de norte a sur en los que pudimos sentir su energía, y muchas veces presente en el horizonte las lejanas torres de la catedral, como una guía, un faro…
Al día siguiente opté por visitar junto a unas personas estupendas otra catedral relacionada con Chartres. Otra de la misma época y advocación: Notre Dame de París. Una verdadera joya que a pesar del gran número de turistas no pierde su encanto, pues es de una gran belleza, y de mucha energía… Afuera, en las torres, las quimeras mirando al horizonte, entre ellas el Pensador, ¿qué piensa, qué espera?, ¿habrá llegado ya el tiempo que piensa y que espera? Dentro el tiempo pasó rápido rodeados de luminosas vidrieras, abajo verdes y azules, arriba azules y rojas… y las sensaciones fueron muchas, incluidas la emoción y el compañerismo, que se acentuaron cuando “casualmente” nos encontramos con otros compañeros de aventura de Chartres. Y digo “compañeros” porque así lo sentimos todos desde el primer día: que estábamos todos allí para vivir unos días inolvidables, juntos y unidos con un pensamiento, un sentimiento y un afán similares.
Aprovechando la estancia en París recorrimos una línea considerada sagrada, la línea rosa, el antiguo meridiano cero que en esta preciosa ciudad se señala en la iglesia de St. Sulpice y que hacia el norte atraviesa St. Germain des Prés, antiguo templo merovingio, y llega hasta la plaza del Louvre, entre las dos pirámides de cristal. Simbolismo, arte, historia y modernidad mezclados…
Y llegó el viernes día 24, el de san Juan Bautista, y el laberinto de Chartres se despejó para poderse recorrer. Para ese día los compañeros españoles y de otros países habían aumentado en número, y todos dimos prioridad, cómo no, a hacer el laberinto. Realmente es algo único hacer el camino del laberinto, enroscado como una serpiente. El laberinto te invita y te lleva de nuevo a la introspección, te acerca y te aleja de su centro varias veces, consiguiendo que también lo hagas interiormente y que mientras tanto diversas sensaciones, pensamientos y hasta visiones vengan a los que lo recorren, dicen que por influencia del cambio de frecuencia energética que tiene el laberinto en sus distintas partes, hasta que por fin permite que llegues a su centro, a tu centro, y que sientas con claridad el calor de la serpiente telúrica, el calor de la serpiente interna.
Incluso los que no nos consideramos especialmente sensitivos pudimos notar la fuerza del laberinto. Imagínense los que sí lo son… Y todo ello en un ambiente de tranquilo y sereno entusiasmo.
En estas experiencias lo subjetivo es muy importante, pero no desde el punto de vista de que es algo imaginado o fruto de la sugestión, sino porque precisamente esto está dirigido para que cada uno tenga y viva las sensaciones que le correspondan para su elevación mental y espiritual. Por lo general no es algo que se pueda ni deba explicar, ya que uno mismo debe sacar sus conclusiones y enseñanzas con el tiempo. El que con mente abierta y tranquilidad ha permanecido en cualquier lugar sagrado lo comprenderá.
Y había una cuestión común: de alguna forma sabíamos que habíamos conseguido bajar energía del cielo hacia la Tierra, y que nosotros habíamos sido su canal al mismo tiempo que nos beneficiábamos de ella. Fue un descenso de la luz para que la Madre Tierra y nosotros nos eleváramos. ¿Es por eso que esta catedral está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción?
Entre aquella noche y la mañana siguiente nos despedimos de aquella extraordinaria máquina energética y espiritual que es la catedral de Chartres, al mismo tiempo que nos despedíamos los compañeros, nunca con tristeza, sino con alegría y cordialidad, con la sensación de que nos conocíamos de hace mucho tiempo y con la conciencia de haber vivido ya unos días únicos que nos hermanarán para siempre. Nos volveremos a ver en el camino, no dudéis de esto.












